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CAPÍTULO II

EL PROBLEMA DE LOS NIÑOS DEL MUNDO

[e35] [i32] ESTE problema es sin excepción el más urgente que enfrenta hoy la humanidad. El futuro de la raza está en las manos de la juventud de todas partes. Son los progenitores de las futuras generaciones y los ingenieros que deben complementar la nueva civilización. Lo que hagamos por y para la juventud tiene enorme importancia en sus implicaciones. Nuestra responsabilidad es grande y nuestra oportunidad excepcional.

Este capítulo se ocupa de los niños y adolescentes menores de dieciséis años.  Ambos grupos constituyen el elemento más prometedor en un mundo que se ha hecho pedazos ante nuestros ojos. Constituyen la garantía de que nuestro mundo puede ser reconstruido y -si hemos aprendido algo de nuestro pasado y de sus terribles consecuencias en nuestra vida- debe serlo en líneas distintas, con objetivos e incentivos diferentes, metas bien definidas e ideales cuidadosamente considerados.

Sin embargo, recordemos que los sueños y las esperanzas visionarias y místicas, la expectativa y la formulación de planes teóricos altamente organizados, son útiles hasta donde indican interés, sentido de responsabilidad y posibles objetivos, pero son de escasa importancia en toda empresa eficaz y transitoria, a no ser que haya plena [e36] comprensión del problema y posibilidades inmediatas, además de la voluntad de cumplir esos compromisos que prepararán el terreno para el éxito del trabajo futuro, que es mayormente el de la educación. Hasta ahora se ha hecho muy poco para relacionar las necesidades del futuro y los actuales métodos de educación, los cuales evidentemente han fracasado en preparar [i33] a la humanidad para un vivir cooperativo y exitoso. Tampoco han presentado los nuevos aspectos de entrenamiento mental, ni han establecido vínculos científicos, ni han hecho grandes esfuerzos para correlacionar lo mejor de los métodos actuales (pues no todos son malos) con los futuros métodos para la evolución de la juventud del mundo, a fin de enfrentar una nueva civilización que inevitablemente está en camino. Hasta ahora el idealista visionario ha luchado contra los actuales métodos de enseñanza establecidos, pero su falta de espíritu práctico y su negación a la contemporización ha retardado el proceso y la humanidad ha pagado el precio. Ha llegado el día en que el místico práctico y el hombre de gran desarrollo mental y visión espiritual deberán ocupar su lugar, proporcionando ese entrenamiento que permitirá a la juventud de todas las naciones integrarse exitosamente en el panorama mundial.

Comenzaremos reconociendo que nuestros sistemas educativos no han sido adecuados, ni han entrenado a los niños para vivir correctamente; tampoco se les ha inculcado esos modos de pensar y actuar que conducirán a establecer correctas relaciones humanas -relaciones esenciales para obtener la felicidad y el éxito y la plena experiencia en cualquier sector elegido de la actividad humana.

Las mentes mejor dotadas y los pensadores preclaros del campo educativo apoyan constantemente tales ideas; los movimientos progresistas educativos algo han hecho para eliminar antiguos abusos e implantar nuevas técnicas, pero ellos constituyen una minoría tan pequeña que son [e37] relativamente ineficaces. Sería bueno recordar que si la enseñanza dada a la juventud en siglos anteriores hubiera sido de otro carácter, quizás no hubiese tenido lugar la guerra mundial.

Se han dado muchas y diversas razones para explicar la guerra total que nos engolfó, lo cual ha planteado el interrogante de si el fracaso de los sistemas educativos, o la ineptitud de las iglesias, son las causas [i34] fundamentales que están detrás de todo. Pero hemos sufrido la guerra, y nuestra vieja civilización fue arrasada. Muchos quisieran que tal civilización volviese y que se reconstruyera la antigua estructura, pues anhelan retornar a la pacífica situación de antes de la guerra. No debe permitírseles que reconstruyan de acuerdo con las antiguas líneas ni que utilicen los antiguos planes, aunque necesariamente tendremos que construir sobre los viejos cimientos. La tarea de los educadores es evitarlo.

Debemos reconocer que los países donde se practican pacíficamente los antiguos métodos de educación pueden representar un peligro, no sólo para sí mismos, porque perpetúan malos y antiguos métodos, sino que constituyen además una amenaza para los países que se hallan en la afortunada posición de poder cambiar sus instituciones educativas e inaugurar un nuevo modo de preparar mejor a la juventud para un vivir más pleno. La educación es una empresa profundamente espiritual. Concierne al entero hombre, e incluye su espíritu divino.

Si la educación estuviera en manos de alguna iglesia implicaría un desastre. Nutriría el espíritu sectario, fomentaría las actitudes reaccionarias conservadoras, tan fuertemente apoyadas, por ejemplo, por la Iglesia Católica y por los fundamentalistas de las Iglesias protestantes. Prepararía fanáticos y erigiría barreras entre los hombres y, con el tiempo, haría, en forma poderosa e inevitable, que se alejaran de todas las religiones aquellos que [e38] aprendieron finalmente a pensar cuando llegaron a la madurez.

Esto no es acusar a la religión, sino una acusación a los métodos antiguos de las iglesias y de las viejas teologías que no han sabido presentar al Cristo tal como es esencialmente; tampoco a los que han trabajado por la riqueza, el prestigio y el poder político y trataron por todos los medios disponibles de acrecentar el número de sus adherentes y aprisionar el libre espíritu del hombre. Tenemos hoy sabios y buenos eclesiásticos que se dieron cuenta de ello y trabajan [i35] firmemente por el acercamiento a Dios en la nueva era, pero son relativamente pocos. No obstante luchan contra la cristalización teológica y los pronunciamientos académicos. Ellos triunfarán inevitablemente, y salvarán así el espíritu religioso.

Procuremos ver cuál debería ser la meta del nuevo movimiento educativo y cuáles son las señales que indican el camino hacia esa meta. Tratemos de formular un amplio plan que no sea obstaculizado por los métodos actuales, sino que vincule el pasado y el futuro, utilizando todo lo verdadero, lo bello y lo bueno (heredado del pasado), pero acentuando ciertos objetivos básicos que hasta ahora han sido mayormente ignorados. Estos nuevos métodos y técnicas deben desarrollarse en forma gradual, lo cual acelerará el proceso de integración del entero hombre.

No habrá esperanzas para el mundo futuro si la humanidad no acepta la realidad de la divinidad, aunque rechace la teología, que reconoce la presencia del Cristo viviente, y las interpretaciones formuladas por el hombre sobre Él y Su mensaje, y que pone el énfasis sobre la autoridad del alma humana.

El porvenir que tenemos por delante está lleno de promesas. Fundemos nuestro optimismo en la humanidad misma. Reconozcamos el hecho, probado por sí mismo, de que existe una cualidad peculiar en cada hombre, innata e inherente característica a la cual damos el nombre de [e39] "percepción mística", que significa un imperecedero, aunque frecuentemente no reconocido sentido de divinidad; implica la constante posibilidad de visualizar y hacer contacto con el alma, y también la comprensión (con acrecentada aptitud) de la naturaleza del Universo. Esto permite al filósofo apreciar el mundo de significados y -mediante tal percepción- alcanzar la Realidad, y es ante todo, el poder de amar e ir hacia aquello que no es el no-yo. Confiere la capacidad de captar ideas. La historia del género humano es, [i36] fundamentalmente, la historia del crecimiento de las ideas comprendidas en forma progresiva y la determinación del hombre de vivir de acuerdo a ellas; este poder otorga la capacidad de presentir lo desconocido, creer en lo improbable, buscar, investigar y exigir la revelación de lo que está oculto y es desconocido, y que será revelado, siglo tras siglo, debido al exigente espíritu de investigación. Tal poder consiste en reconocer lo bello, lo verdadero y lo bueno, y comprobar su existencia por medio de las artes creadoras. Esta inherente facultad espiritual ha producido a todos los Grandes Hijos de Dios, a todas las personas verdaderamente espirituales, a todos los artistas, científicos, humanistas y filósofos, y a todos aquellos que aman a sus semejantes y se sacrifican por ellas.

En esto radica el fundamento del optimismo y de la valentía de los verdaderos educadores, y el verdadero incentivo para todos sus esfuerzos.

El Problema Actual de la Juventud

El mundo, como lo conocieron los hombres de más de cuarenta años, se ha derrumbado y está desapareciendo rápidamente. Los viejos valores se están desvaneciendo y lo que llamamos civilización (que fue considerada tan maravillosa) va desapareciendo. Algunos lo consideran una [e40] bendición, yo entre ellos; otros un desastre; pero todos lamentamos que los medios de tal disolución hayan traído a la humanidad tanta agonía y sufrimiento.

Podemos definir la civilización como la reacción de la humanidad respecto al propósito y a las actividades de un determinado período mundial y su modo de pensar. En cada época actúa una idea y se expresa en idealismo racial y nacional. Su tendencia fundamental ha producido, en el transcurso de los siglos, nuestro mundo moderno, el cual ha sido materialista. Ha tenido por objetivo la comodidad física; las ciencias y las artes fueron degradadas, a fin de darle al hombre un ambiente confortable y si es posible [i37] bello; los productos de la naturaleza han sido empleados para dar cosas a la humanidad. La educación ha tenido como objetivo, hablando en forma general, el entrenamiento del niño para competir con sus conciudadanos en "la lucha por la vida", acumular posesiones, vivir cómodamente y alcanzar el mayor éxito posible.

Esta educación también ha sido predominantemente competidora, nacionalista y, por lo tanto, separatista. Ha entrenado al niño a considerar los valores materiales como de gran importancia, a creer que su propia nación también lo es y todas las demás son secundarias; ha nutrido su orgullo y fomentado la creencia de que él, su grupo y su nación, son infinitamente superiores a otras personas y otros pueblos. En consecuencia se enseña a los niños a ser unilaterales, a tener un concepto erróneo acerca de los valores mundiales, a ser parciales y a tener prejuicios en sus actitudes hacia la vida. Se les enseña los rudimentos de las artes, creyendo que así podrán actuar con la necesaria eficacia en un clima de competencia y en su medio ambiente vocacional. Lectura, escritura y aritmética elemental son considerados requisitos mínimos, y también algunos conocimientos históricos y geográficos. Además se le dan nociones de la literatura del mundo. El nivel [e41] cultural pedagógico es relativamente elevado, pero falseado e influenciado por prejuicios religiosos y nacionalistas, que se le inculcan al niño en la infancia, pues no son innatos. No se les enseña la ciudadanía mundial, ignorando sistemáticamente su responsabilidad hacia sus semejantes; se procura desarrollar la memoria, enseñándoles hechos sin correlación alguna -muchos de los cuales no tienen nada que ver con la vida cotidiana.

Nuestra civilización presente quedará en la historia como la civilización más burdamente materialista. Ha habido muchas épocas materialistas en la historia, pero ninguna tan ampliamente difundida como la actual, y que haya implicado incontables millones de personas. [i38] Se repite constantemente que la causa de la guerra es económica; ciertamente lo es, pero la verdadera razón se debe a que hemos exigido tantas comodidades y "cosas" para vivir razonablemente bien. Necesitamos mucho más de lo que necesitaron nuestros antepasados; preferimos una vida confortable y relativamente fácil; el espíritu precursor -base de todas las naciones- se ha convertido, en la mayoría de los casos, en una civilización indolente. Esto es particularmente verdad en el hemisferio occidental.

Nuestro nivel de vida civilizada es demasiado elevado desde el punto de vista de las posesiones, y demasiado bajo desde el ángulo de los valores espirituales, o cuando se lo considera desde un inteligente sentido de proporción. Nuestra civilización moderna no podría resistir la prueba química del ácido para los valores. Hoy se considera que una nación es civilizada cuando da demasiado valor al desarrollo mental, cuando premia el sentido analítico y crítico y dirige todos sus recursos para satisfacer los deseos físicos, producir cosas materiales, desarrollar propósitos materialistas y predominar competitivamente en el mundo, acumular riquezas, adquirir propiedades, alcanzar un alto nivel de vida materialista y acaparar los productos de la [e42] tierra -mayormente en beneficio de ciertos grupos de hombres ambiciosos y acaudalados.

Ésta es una drástica generalización, siendo básicamente correcta en sus implicaciones principales, pero incorrecta en lo que concierne a los individuos. Debido a esta triste y lamentable situación (obra de la humanidad misma) sufrimos el castigo de la guerra. Ni las iglesias ni nuestros sistemas educativos han sido suficientemente sanos para presentar la verdad que pudiera contrarrestar tal tendencia materialista. La tragedia consiste en que los niños de todo el mundo han pagado y están pagando el precio de nuestra actuación errónea. Las guerras tienen sus raíces en la codicia; la ambición material ha sido el único móvil de todas las naciones sin excepción; todos nuestros planes tuvieron [i39] por objeto la organización de la vida nacional con el único fin de que predominaran las posesiones materiales, el espíritu de competencia y los intereses egoístas individuales y nacionales. Todas las naciones han contribuido a ello a su manera y medida; ninguna tiene las manos limpias; de allí el por qué de las guerras. La humanidad tiene por hábito el egoísmo y un amor innato por las posesiones materiales. Esto trajo la civilización moderna y por esta razón está siendo cambiada.

El factor cultural de toda civilización reside en la conservación y consideración de lo mejor que el pasado haya producido y la valorización y el estudio de las artes, la literatura, la música y la vida creadora de todas las naciones, en el pasado y en el presente. Concierne a la refinada influencia que ejercen estos factores sobre una nación y esos individuos que se hallan en tal situación -generalmente económica- que pueden apreciar y beneficiarse con ello. El conocimiento y la comprensión así obtenidos permiten al hombre culto relacionar el mundo de significados (heredado del pasado) con el mundo de [e43] las apariencias en que vive, y considerarlos como un solo mundo que existe principalmente para su propio beneficio individual. Sin embargo, cuando a la valorización de nuestra herencia planetaria y racial, tanto creadora como histórica, se agregue la comprensión de los valores morales y espirituales, sabremos más o menos lo que el hombre verdaderamente espiritual está destinado a ser. En relación con la población del planeta tales hombres son pocos y están muy diseminados, pero constituyen para el resto de la humanidad la garantía de una genuina posibilidad.

¿Se darán cuenta de esta oportunidad las personas cultas? ¿Nuestros civilizados ciudadanos aprovecharán la oportunidad de construir esta vez no una civilización material, sino un mundo de belleza y de correctas relaciones humanas, mundo en que los niños puedan realmente crecer a semejanza del Padre Uno, mundo en el cual los hombres podrán volver a la sencillez de los valores espirituales, de la belleza, de la verdad y la bondad?

[i40] Sin embargo, frente a la reconstrucción mundial exigida y a la tarea poco menos que imposible de salvar a los niños y a la juventud del mundo, hay quienes se dedican a recolectar fondos para reconstruir iglesias y restaurar viejos edificios, a pedir dinero que sería mucho más necesario para curar cuerpos destrozados, traumas psicológicos y despertar amor y comprensión en quienes no creen que tales cualidades existen.

La Necesidad Inmediata de los Niños

Los problemas que debemos enfrentar son de tal magnitud que pueden anonadarnos e impedirnos responder a los numerosos interrogantes que surgen rápidamente en nuestras mentes. ¿Cómo podemos sentar las bases para un programa de largo alcance de reconstrucción, de educación y desarrollo de la juventud del mundo, y garantizar [e44] un mundo nuevo y mejor? ¿Cuáles son los planes fundamentales que deben ser forjados y adecuados para las muchas y diversas razas y nacionalidades? ¿Cómo podemos hacer un sólido comienzo ante los comprensibles odios y prejuicios profundamente arraigados?

Los valores éticos y morales entre los niños y especialmente entre los adolescentes, también se han deteriorado, y es necesario despertar en ellos los valores espirituales. Sin embargo se evidencia directamente que este despertar espiritual se está produciendo en Europa, y quizás de ese continente vendrá la nueva oleada espiritual que llevará al entero mundo a cosas mejores, y dará la seguridad de que nuestra civilización materialista se ha ido para siempre. Inevitablemente se producirá un renacimiento espiritual, y en ninguna parte es tan necesario como en los países que han escapado a los peores aspectos de la guerra. Para tal renacimiento debemos esperar y prepararnos.

[i41] El siguiente y urgente problema es ciertamente el de la rehabilitación psicológica de la juventud. Es cuestión de si los niños de Europa, China, Gran Bretaña y Japón, alguna vez se recuperarán totalmente de los efectos de la guerra. Los primeros y formativos años de su vida, fueron vividos bajo condiciones bélicas que -adaptables como son los niños- bien pudieron haber dejado vestigios de lo que han visto, oído y sufrido. Quizás habrá excepciones especialmente en Gran Bretaña y en partes de Francia.

Sólo el tiempo indicará la extensión del daño causado. Sin embargo mucho puede hacerse para contrarrestarlo y hasta eliminarlo por la acción inteligente de los padres, médicos, enfermeras y educadores. Es penoso informar que los neurólogos y sicólogos poco o nada han hecho en esta necesaria línea de salvación; no obstante su trabajo especializado es muy necesario y tan urgente como es la demanda de vestimenta o alimento.

[e45] Sería de valor al forjar nuestros planes y expresar nuestras buenas intenciones, recordar que las diversas naciones implicadas en la guerra mundial, cuyos países han soportado el peso de la ocupación, están elaborando sus propios planes. Saben lo que quieren; están decididas a cuidar en lo posible a su propio pueblo, salvar a sus niños y restaurar su específica cultura y sus territorios. La tarea de las Grandes Potencias (con sus inmensos recursos) y la de los filántropos y humanistas de todo el mundo, consistirá en cooperar con esas naciones, lo cual no es imponerles lo que, desde su posición ventajosa, consideran bueno para ellas. Estas naciones quieren cooperación comprensiva, implementos agrícolas y ayuda inmediata de alimentos y ropas, además de lo necesario para instaurar nuevamente sus instituciones educativas, organizar sus escuelas y equiparlas con lo necesario. No quieren una hueste [i42] de personas con buenas intenciones que se hagan cargo de sus instituciones educativas o médicas, o que les impongan ideologías democráticas, comunistas o de cualquier otra índole.

Naturalmente deben eliminarse los principios del nazismo y del fascismo, pero las naciones deben ser libres para desarrollar su propio destino, pues cada una tiene sus tradiciones, su cultura y su raigambre propias, viéndose forzadas a construir nuevamente, pero lo que construyen debe ser algo propio, característico y la expresión de su propia vida interna. La función de las naciones más ricas y libres es ayudar a las otras a construir, para que el nuevo mundo pueda venir a la existencia. Cada nación debe encarar el problema de su restauración a su propia manera.

Esta necesidad no significa de ningún modo desunión; debería significar un mundo más rico y más colorido. Tampoco significa separación, erección de barreras o encastillamiento tras los muros del prejuicio y las tradiciones raciales. Hay dos relaciones vinculadoras importantes que [e46] deben ser cultivadas y traerán una comprensión más estrecha en el mundo de los hombres, y son: la educación y la religión. En este capítulo estamos considerando el factor educación, que ha fracasado en promover la unidad mundial en el pasado (como lo ha demostrado la guerra), pero en el futuro podrá controlarlo inteligentemente.

En la actualidad presenciamos la lenta pero constante formación de grupos internacionales reunidos para preservar la unidad mundial, proteger el trabajo, ocuparse de la economía del mundo y conservar la integridad y la soberanía de las naciones, comprometiéndose todas y cada una de ellas a tomar parte definida en el trabajo de asegurar las correctas relaciones humanas en todo el planeta. Estemos de acuerdo o no, con los detalles o los compromisos específicos, con la formación de Juntas Consultivas Internacionales y sobre todo con las Naciones Unidas, éstas son esperanzadas indicaciones del progreso de la humanidad hacia [i43] un mundo en el cual las correctas relaciones humanas se consideran esenciales para la paz del mundo, donde la buena voluntad será reconocida y se harán las previsiones necesarias para desarrollar las condiciones que evitarán la guerra y la agresión.

En el campo de la educación es esencial un tipo así de acción unida. Sin lugar a dudas debería regir una unidad de objetivos en los sistemas de educación de las naciones, aunque no sea posible la uniformidad de métodos y técnicas.

Diferencias de idioma, de trasfondo y de cultura, siempre han existido y deberán existir, y constituyen el bello tapiz que conforman la vida humana a través de las épocas. Pero mucho de lo que hoy ha conspirado contra las correctas relaciones humanas, debe y tiene que ser eliminado.

En la enseñanza de la historia, por ejemplo, ¿hay que volver a los antiguos métodos por los que cada nación se [e47] glorifica frecuentemente a expensas de las demás, donde los hechos se alteran sistemáticamente y las diversas guerras, en el transcurso de la épocas, son el eje alrededor del cual gira la historia? -una historia de agresión, surgimiento de una civilización materialista y egoísta, de espíritu nacionalista y por ende separatista, que ha engendrado odios raciales y estimulado orgullos nacionales. La primera fecha histórica que generalmente recuerda el niño británico común es "Guillermo el Conquistador, en 1066". El niño estadounidense recuerda el desembarco de los Padres Peregrinos y el gradual despojo del país a sus legítimos habitantes, o quizás el incidente del té, en Boston. Los héroes de la historia son todos guerreros: Alejandro el Magno, Julio César, Atila el rey de los Hunos, Ricardo Corazón de León, Napoleón, Jorge Washington y muchos otros. La geografía es en cierto modo otra forma de historia, presentada en forma similar; historia de descubrimientos, investigaciones y rapiñas, seguida generalmente del trato cruel e inicuo dado a los habitantes de las tierras descubiertas. La avaricia, la ambición, [i44] la crueldad y el orgullo, son los principios fundamentales de nuestra enseñanza de la historia y la geografía.

Guerras, agresiones y latrocinios, que han caracterizado a toda gran nación sin excepción, son realidades y no pueden ser negadas. Ciertamente se podría destacar el mal que esos hechos (que culminaron en las guerras 1914-1945) han producido, y también demostrar las antiguas causas de los prejuicios y aversiones actuales y poner de manifiesto su futilidad. ¿No sería posible construir la historia sobre las grandes y nobles ideas que han conformado a las naciones e hicieron de ellas lo que son, y acentuar el espíritu creador que las ha caracterizado? ¿No podríamos darle mayor preponderancia a las grandes épocas culturales surgidas espontáneamente en alguna nación, que enriquecieron [e48] al mundo entero y dieron a la humanidad su literatura, su arte y su visión?

La guerra mundial causó grandes emigraciones. Los ejércitos marcharon y combatieron en todas partes del mundo; los pueblos perseguidos huían de un país a otro; algunos seres altruistas y abnegados iban de un país a otro ayudando a los soldados, cuidando a los enfermos, alimentando a los hambrientos y estudiando las condiciones prevalecientes. En la actualidad el mundo es muy pequeño, y los hombres están descubriendo (a veces por primera vez en su vida) que la humanidad es una, que todos los hombres, sin tener en cuenta el color de su piel o el país en que viven, son sus semejantes. Las distintas razas están muy entremezcladas. Estados Unidos está compuesto por personas de todos los países; más de cincuenta razas o naciones distintas componen la Rusia Soviética. El Reino Unido es una comunidad de naciones independientes unidas en un sólo grupo. La India está compuesta por una infinidad de pueblos, religiones y lenguas, de allí su problema. El mundo mismo es un gran crisol en el cual se está forjando la Humanidad Una. De lo expuesto se deduce que es necesario cambiar drásticamente [i45] los métodos de presentación de la historia y la geografía. La ciencia ha sido siempre universal. Las grandes obras del arte y de la literatura han pertenecido siempre al mundo. Sobre estos hechos ha de construirse la educación que deberá darse a los niños del mundo -erigida sobre nuestras similitudes, nuestras realizaciones creadoras, nuestros idealismos espirituales y nuestros puntos de contacto. Si esto no se realiza, nunca se curarán las heridas de las naciones ni se derribarán las barreras que han existido durante siglos.

Los educadores que enfrentan la actual oportunidad mundial deberán preocuparse por sentar bases sólidas para la civilización futura y procurar que sea general y universal en sus alcances, veraz en su presentación y constructiva en su acercamiento. Los pasos iniciales que den los [e49] educadores de los distintos países determinarán inevitablemente la naturaleza de la civilización venidera. Ellos deberán prepararse para un renacimiento de las artes y un nuevo y libre fluir del espíritu creador del hombre. Tendrán también que insistir sobre la importancia de los grandes momentos de la historia humana, donde brilló la divinidad del hombre e indicó nuevos modos de pensamiento y de planificación humanos, que cambió para siempre la tendencia de los asuntos humanos. Esos momentos produjeron la Carta Magna; acentuaron, mediante la Revolución Francesa, los conceptos de libertad, igualdad y fraternidad; formularon la Declaración Norteamericana de Derechos y, en alta mar, en su momento y día, nos dieron la Carta del Atlántico y las Cuatro Libertades. Éstos son los grandes conceptos que deben regir la nueva era con su naciente civilización y su futura cultura. Si a los niños de hoy se les enseña el significado de estas cinco declaraciones y al mismo tiempo se les habla sobre la futilidad del odio y de la guerra, habrá esperanzas de un mundo mejor, más feliz y que ofrezca más seguridad.

Dos conceptos principales debe enseñárseles a [i46] los niños de todos los países: el valor del individuo y la realidad de la humanidad una. Durante la guerra los niños han aprendido, por lo que han visto, que la vida humana tiene poco valor; los países fascistas han enseñado que el individuo no tiene valor alguno, excepto para cumplir los designios de algún dictador. En otros países se considera importantes a ciertas personas y grupos -debido a la posición heredada o a la situación económica- y de poca importancia al resto de la nación, y también en otros el individuo se considera que él y sus derechos de hacer lo que le plazca son de tanta importancia, que pierde completamente la relación con el todo. Sin embargo, el valor del individuo y la existencia de ese todo denominado Humanidad, están estrechamente relacionados. Esto debe ponerse de relieve. Cuando ambos principios sean [e50] debidamente enseñados y comprendidos, conducirán al individuo a poseer una cultura más amplia y a reconocer que tiene responsabilidades como parte integrante de la humanidad.

Hemos considerado la rehabilitación física y psicológica de los niños y de los jóvenes del mundo. Se ha sugerido que los libros de texto deben ser redactados nuevamente en términos de correctas relaciones humanas y no desde el punto de vista actual separatista y nacionalista. También se han expuesto algunas ideas fundamentales que deberían ser inculcadas de inmediato: el extraordinario valor que tiene el individuo, la belleza de la humanidad, la relación del individuo con la totalidad y la obligación de adaptarse al cuadro general en forma constructiva y voluntaria; se acentuó la futilidad de la guerra, la codicia y la agresión, y que es necesario prepararse para un gran despertar de la facultad creadora del hombre, cuando se haya establecido la seguridad y se haya advertido la inminencia del próximo renacimiento espiritual.

Uno de los objetivos más inmediatos de la educación debe consistir en la eliminación del espíritu de competencia, que debe ser sustituido [i47] por una conciencia colaboradora. De aquí surgen los siguientes interrogantes: ¿cómo puede lograrse esto y al mismo tiempo alcanzarse un alto nivel de realización individual? ¿No es la competencia un gran acicate para cualquier esfuerzo? Hasta ahora ha sido así, pero no es necesario que lo sea. El desarrollo de un ambiente que fomente el sentido de responsabilidad en el niño y lo libere de las inhibiciones generadas por el temor, le permitirá alcanzar resultados más elevados. Desde el punto de vista del educador, implicará la creación de un correcto ambiente alrededor del niño, en el cual florecerán determinadas cualidades y surgirán ciertas características de responsabilidad y buena voluntad. ¿Cuál debe ser la naturaleza de esta atmósfera?

1.      Un ambiente de amor, donde el temor desaparezca y el niño se dé cuenta que su timidez no tiene razón de ser. [e51] Un ambiente donde reciba un trato cortés, esperándose de él igual corrección hacia los demás. No es común encontrar esto en las aulas o en el hogar. Este ambiente de amor no debe ser emocional o sentimental, sino estar basado en la comprensión de las potencialidades del niño como individuo, estar libre de prejuicios y antagonismos raciales y, sobre todo, de una verdadera compasiva ternura. Esta actitud compasiva estará basada en el conocimiento de las dificultades de la vida diaria; en la sensibilidad a la respuesta afectuosa y normal del niño, y en la convicción de que con amor se extrae lo mejor que hay en todos.

2.      Un ambiente de paciencia, donde el niño pueda aprender los primeros rudimentos de la responsabilidad. Los niños que nacen en esta época poseen un alto grado de inteligencia; sin saberlo poseen vivencia espiritual y el primer indicio es el sentido de responsabilidad. Saben que son [i48] los custodios de sus hermanos. Inculcar pacientemente esta cualidad y hacer el esfuerzo para que cumpla con sus pequeños deberes, compartiendo la responsabilidad, requerirá mucha paciencia de parte del maestro, pero ello es fundamental para determinar definidamente el carácter del niño y su futura utilidad en el mundo.

3.      Un ambiente de comprensión. Son pocos los maestros y los padres que explican al niño las razones de las actividades y exigencias que se les impone. Esta explicación evocará inevitablemente respuesta, porque el niño piensa más de lo que creemos, y este proceso le inculcará la necesidad de considerar los móviles. La mayoría de las cosas que hace comúnmente no son malas en sí; están impulsadas por un frustrado espíritu inquisitivo, por el deseo de desquitarse de alguna injusticia (originada en la falta de comprensión de los adultos respecto a los móviles que los guían), por la incapacidad de emplear el tiempo correcta y útilmente y por el deseo de llamar la atención. Éstos son simplemente los rasgos principales del individuo que [e52] emerge. Las personas mayores tienden a fomentar en el niño un temprano e innecesario sentido de que todo lo hace mal, y a darle importancia a las cosas pequeñas que deberían ignorarse, aunque sean molestas. En el niño no se desarrollará el sentido de que está obrando mal por la falta de correctas relaciones grupales, pero si se lo maneja con comprensión surgirán en su correcta perspectiva y a su tiempo las cosas verdaderamente malas: el infringimiento de los derechos de los demás y la imposición de los deseos individuales sobre las necesidades del grupo para beneficio propio. Los educadores deberán recordar que millares de niños han visto constantemente las malas acciones de las personas mayores, lo cual ha pervertido su perspectiva e inculcado normas erróneas y socavado la autoridad de sus mayores. Un niño puede llegar a ser antisocial cuando no es comprendido y las circunstancias le exigen demasiado.

[i49] Un ambiente adecuado, la enseñanza de algunos principios correctos y mucha comprensión afectuosa, son los principales requisitos de este difícil período de transición que enfrentamos. Un modo de vivir organizado será de gran ayuda, pero los niños que hemos considerado han conocido muy poca disciplina. La principal preocupación de los adultos y de los niños ha sido luchar encarnizadamente por la supervivencia. Al principio será difícil reaccionar correctamente al ritmo de vida impuesto. La disciplina será necesaria, pero debe ser una disciplina de amor, y al niño se le debe explicar cuidadosa y exhaustivamente el por qué de la misma, a fin de que comprenda las razones que existen detrás de este misterioso nuevo orden de conducta. Las dificultades a presentarse en las primeras etapas serán la fatiga, la inercia y la falta de interés, derivadas de la guerra y la desnutrición. Los educadores y maestros deberán imponerse a sí mismos como disciplina, la paciencia, la comprensión y el amor, lo cual no será fácil porque irá a la par de un profundo sentido de las dificultades a superar y de los problemas a enfrentar. Deben buscarse y movilizarse en todos [e53] los países a los hombres y mujeres que poseen visión; dárseles el entrenamiento necesario y el respaldo de aquellos en quienes confían. No se les debe exigir demasiado al principio, pues la necesidad inmediata no es impartir hechos sino disipar el temor, demostrar que el amor existe en el mundo e inculcar el sentido de seguridad. Sólo entonces podrán continuarse esos procesos más definidos que harán posible la realización del plan de largo alcance que algunos hemos visualizado.

El Plan de Largo Alcance.

Formulemos ahora un plan más extenso para la futura educación de los niños del mundo. Hemos visto que a pesar de los procedimientos universales educativos [i50] y de los numerosos centros de enseñanza en todos los países, aún no hemos logrado dar a nuestros jóvenes la clase de educación que les permita vivir plena y constructivamente. En los últimos dos o tres mil años el mundo de la educación fue desarrollándose progresivamente sobre tres líneas principales, que comenzaron en Oriente y culminan ahora en Occidente. En Asia sólo se ha dado, durante siglos, un intenso entrenamiento a determinados individuos cuidadosamente seleccionados, y se ha ignorado completamente a las masas. Asia y sólo Asia ha producido esos descollantes personajes que aun hoy son objeto de veneración universal -Lao Tse. Confucio, el Buddha, Shri Krishna y el Cristo. Éstos han dejado su impronta sobre millones de seres y continúan haciéndolo.

En Europa se concentró la atención de la educación sobre unos pocos grupos privilegiados, a los cuales se les dio un entrenamiento cultural cuidadosamente planeado; en cambio a las masas sólo se les enseñó únicamente los rudimentos indispensables del saber, lo cual trajo periódicamente importantes eras culturales, tales como el período [e54] Isabelino, el Renacimiento, los poetas y escritores de la época Victoriana, los poetas y músicos de Alemania, así como las agrupaciones de artistas cuya memoria se perpetúa en las Escuelas italiana, holandesa y española.

Finalmente, en los países más nuevos del mundo como los Estados Unidos, Australia y Canadá, se implantó la educación masiva, lo cual fue en gran parte adoptada por el mundo civilizado. El nivel general de la cultura fue excesivamente más inferior, pero el nivel de la información masiva y la competencia fue considerablemente superior. Surge ahora otra pregunta: ¿Cuál será el próximo desarrollo evolutivo en el mundo de la educación? ¿Qué sucederá después de este derrumbe mundial y del reconocido fracaso del sistema educativo en evitarlo? Cabe recordar algo muy importante y es lo que la educación puede hacer en líneas indeseables, [i51] demostrado en Alemania, con la destrucción del idealismo, la implantación de las relaciones y actitudes humanas erróneas y la exaltación de todo lo más egoísta, brutal y agresivo. Alemania ha probado que cuando los procesos de la educación están bien organizados y supervisados, planeados y engranados sistemáticamente en una ideología, son de un efecto poderoso, especialmente si se toma al niño desde una edad temprana y se lo priva de toda enseñanza contraria, durante un tiempo suficientemente prolongado. Desde entonces Rusia ha empleado el mismo sistema. Recordemos que esta probada potencia puede actuar de dos modos y lo que ha sido forjado en líneas erróneas puede igualmente tener éxito en líneas correctas y en una saludable atmósfera de libertad.

Debemos también hacer dos cosas: Primero, educar a los menores de dieciséis años, y cuanto más jóvenes mejor; segundo, utilizar los elementos que tenemos, aunque reconozcamos las limitaciones de los sistemas actuales; reforzar esos aspectos buenos y deseables; eliminar los que han sido inadecuados para adaptar al hombre a hacer frente a su [e55] medio ambiente; desarrollar las nuevas técnicas y actitudes que capacitarán al niño para una vida plena, haciéndolo verdaderamente humano, es decir, un miembro creador y constructivo de la familia humana. Lo mejor del pasado debe ser conservado, pero considerado sólo como base para establecer un sistema mejor y un acercamiento más inteligente a la meta de la ciudadanía mundial.

Sería de valor definir en este momento lo que puede ser la educación si está impulsada por la verdadera visión, y si responde a las necesidades mundiales percibidas y a las demandas de la época.

La educación es el entrenamiento inteligentemente impartido que permitirá a la juventud del mundo hacer contacto con el medio ambiente, con inteligencia y sensatez y adaptarse a las condiciones existentes. Esto tiene una importancia [i52] primordial y es uno de los pilares indicadores que quedan hoy en el mundo.

La educación es el proceso mediante el cual el niño recibe la información que lo entrenará para actuar como buen ciudadano y desempeñar las funciones de padre inteligente. Deben tenerse en cuenta sus tendencias inherentes, sus atributos raciales y nacionales y esforzarnos por agregar a éstos el conocimiento que lo llevará a trabajar constructivamente en su mundo particular y a ser un ciudadano útil. La tendencia general de su educación deberá tener una orientación más psicológica que en el pasado, y el conocimiento adquirido quedará de este modo sujeto a su caso particular. Todos los niños poseen cierto acervo que tienen que aprender a aplicar, el cual lo comparten con toda la humanidad, sin tener en cuenta la raza o la nacionalidad. Los educadores, por lo tanto, deberían ocuparse en el futuro de poner el énfasis sobre: [e56]

1.      El control mental de la naturaleza emocional.

2.      La visión o la capacidad de ver, más allá de lo que es, lo que podría ser.

3.      El conocimiento efectivo heredado, sobre el cual sería posible superponer la sabiduría del futuro.

4.      La capacidad inteligente de manejar las relaciones y reconocer y asumir la responsabilidad.

5.      El poder para emplear la mente de dos modos:

a.     Como "sentido común" (dándosele a esta palabra su antiguo significado), que analiza y sintetiza la información impartida por los cinco sentidos.

b.     Como faro que penetra en el mundo de las ideas y de la verdad abstracta.

El conocimiento llega de dos direcciones: como resultado del inteligente empleo de los cinco sentidos, que también se desarrolla mediante la intención de captar y [i53] comprender las ideas, complementadas ambas por la curiosidad y la investigación.

La educación debería ser de tres tipos, pues los tres son imprescindibles para llevar a la humanidad al punto necesario de desarrollo. En primer lugar es el proceso de adquirir el conocimiento de los hechos, pasados y presentes, y luego aprender a deducir y a extraer de este conjunto de información, gradualmente acumulada, lo que pueda ser de aplicación práctica en cualquier situación dada. Este proceso implica los fundamentos de los procesos educativos actuales. En segundo lugar, es un proceso de adquirir la sabiduría como derivada del conocimiento y la captación comprensiva del significado, que se halla detrás de los hechos externos impartidos. Es además el poder de aplicar el conocimiento de tal manera, que dé como resultado natural una vida sensata y un comprensivo punto de vista, [e57] además de una inteligente técnica de conducta. Esto implica también el entrenamiento de esas actividades especializadas, basadas en las tendencias innatas, en el talento o en el genio.

Éste es un proceso por el cual se cultiva la unidad o sentido de síntesis. A los jóvenes del futuro se les enseñará a pensar en sí mismos como que están relacionados con el grupo, la familia y la nación que el destino les ha deparado. Se les enseñará también a pensar en términos de relaciones mundiales y a considerar a su nación en relación con otras. Esto incluye el entrenamiento para la ciudadanía, la paternidad y la comprensión mundiales, lo cual es fundamentalmente psicológico y debería impartirles una comprensión de la humanidad. Cuando este tipo de enseñanza quede establecida, se desarrollarán hombres y mujeres cultos y civilizados, que poseerán la capacidad de progresar (a medida que la vida transcurre) hacia ese mundo de significados que está detrás del mundo de los fenómenos externos, y empezarán a contemplar los acontecimientos humanos [i54] en términos de los valores espirituales y universales más profundos.

La educación debería ser un proceso mediante el cual se enseña a la juventud a razonar de la causa al efecto, a conocer la razón de por qué ciertas acciones se hallan inevitablemente sujetas a producir ciertos resultados y por qué -dado cierto equipo emocional y mental, además de una determinada graduación psicológica- se pueden determinar las tendencias definitivas de la vida; ciertas profesiones y carreras de la vida proporcionan el correcto ambiente para el desarrollo y un campo de experiencia útil y provechoso.

En algunas escuelas y colegios se han hecho ensayos sobre este particular, a fin de comprobar las aptitudes psicológicas del niño o la niña, para determinadas vocaciones, pero toda la tarea realizada es aún obra de aficionados. Si se hace en forma más científica abrirá las puertas para [e58] el aprendizaje de las ciencias, otorgará significado y significación a la historia, a la biografía y a la enseñanza, lo cual evitará la escueta información de los hechos y el burdo proceso de ejercitar la memoria, características todas de los métodos del pasado.

La nueva educación considerará al niño teniendo en cuenta su herencia, posición social, condiciones nacionales, medio ambiente, capacidad mental y emocional individuales; tratará además de abrirle las puertas al mundo del esfuerzo y de indicarle que las barreras aparentes que se oponen al progreso son únicamente acicates para renovados esfuerzos. Así "tratarán de sacarlo" (verdadero significado de la palabra "educar") de cualquier condición limitadora, entrenándolo para que piense en términos de una ciudadanía mundial constructiva. Lo que se deberá acentuar es: Progreso y más progreso.

El educador del futuro encarará el problema de la juventud desde el punto de vista de la reacción instintiva del niño, de su capacidad intelectual y de su potencialidad intuitiva. Durante la infancia y los primeros grados de la escuela [i55] debe vigilarse y cultivarse el desarrollo de las correctas reacciones instintivas; en los grados posteriores, equivalentes a los de la escuela o colegio secundario, se acentuará el desarrollo intelectual y el control de los procesos mentales; mientras que en la universidad y en la enseñanza superior se fomentará el desarrollo de la intuición, la importancia de los ideales e ideas y el desenvolvimiento del pensamiento abstracto y de la percepción; este último aspecto debe basarse firmemente en el sólido cimiento intelectual anterior. Estos tres factores -instinto, intelecto, intuición- dan la tónica para las tres instituciones escolares a través de las cuales deberán pasar todos los jóvenes, y actualmente pasan muchos miles.

En las escuelas modernas (primarias, secundarias y universidades) tenemos un cuadro simbólico, pero imperfecto, [e59] del triple objetivo de la educación venidera: Civilización, Cultura y Ciudadanía Mundial o Unidad.

Las escuelas, primarias deberán considerarse como custodios de la civilización; tendrán que comenzar por entrenar al niño sobre la naturaleza del mundo en el cual deberá desempeñar su parte, enseñarle el lugar que ocupa en el grupo, prepararlo para vivir inteligentemente y mantener correctas relaciones sociales. Se enseñará lectura, escritura y aritmética, historia elemental (acentuando la historia universal), geografía, poesía y ciertos hechos básicos e importantes de la vida, además de inculcarle el autocontrol.

Las escuelas secundarias deberán considerarse como los custodios de la cultura; acentuar los más grandes valores de la historia y de la literatura y enseñar algo sobre arte. Comenzarán a entrenar a los niños para esa futura profesión o modo de vida, que evidentemente los condicionará. Se les enseñará la ciudadanía en términos más amplios y el mundo de los verdaderos valores, [i56] y se cultivará el idealismo en forma consciente y definida. Se dará mayor impulso a la aplicación práctica que a los ideales.

Nuestras escuelas superiores y universidades deberán ser una ampliación superior de todo lo que ya se ha realizado. Tendrán que embellecer y completar la estructura ya constituida y tratar más directamente con el mundo de significados. Deberán ser considerados los problemas internacionales -económicos, sociales, políticos y religiosos- y vincular más estrechamente al hombre o a la mujer con la totalidad. Esto de ninguna manera indica un olvido de los problemas o compromisos individuales o nacionales, sino que trata de incorporarlos en el todo como partes integrantes y efectivas, evitando así las actitudes separatistas que han causado el derrumbe de nuestro mundo moderno.

Más adelante (cuando se restablezca la verdadera religión) este entrenamiento puede ser fundamentalmente espiritual, significando con esta palabra: comprensión, servicio, [e60] hermandad, correctas relaciones humanas y creencia en la realidad del mundo detrás de los fenómenos. La preparación del hombre para ser ciudadano del reino de Dios no es una actividad religiosa que debe ser manejada exclusivamente por las iglesias y la enseñanza teológica, aunque podrían ser de mucha ayuda. Ciertamente la tarea de la educación es dar significación a todo propósito y lo que se ha realizado.

La siguiente secuencia surge por sí sola al considerarse el programa de estudio que deberá planificarse para la juventud de las próximas generaciones:

Enseñanza     primaria           civilización                    edad     4 a 12 años.

Enseñanza     secundaria      cultura                            edad   12 a 18 años.

Enseñanza     superior           ciudadanía mundial      edad   18 a 25 años.

En el futuro la educación utilizará la psicología mucho más ampliamente que hasta ahora. Ya se observa una marcada tendencia en este sentido. Se investigará cuidadosamente la naturaleza física, vital, emocional y [i57] mental del niño, y se dará una buena orientación a los propósitos de su vida incoherente; se le enseñará a reconocerse como el que actúa, siente y piensa. Así se le enseñará la responsabilidad del "Yo" central, el habitante del cuerpo. Esto hará cambiar por completo la actual actitud de la juventud del mundo hacia su medio ambiente y fomentará desde temprana edad el reconocimiento de la parte que debe desempeñar y la responsabilidad a asumir. La educación será considerada como método preparatorio para un futuro útil e interesante.

Por lo tanto, es cada vez más evidente, que la futura educación podría definirse, en un sentido nuevo y más amplio, como la Ciencia de las Correctas Relaciones Humanas y de la Organización Social. Esto otorga un propósito relativamente nuevo a cualquier programa de estudios y, no obstante, indica que nada de lo que hasta ahora fue [e61] incluido debe excluirse, a no ser que sea evidente un móvil mejor y se evite una presentación nacionalista y egoísta. Por ejemplo, si la historia se presentara basada en las ideas condicionantes que han hecho avanzar a la humanidad y no en las guerras agresivas y en el latrocinio nacional e internacional, entonces la educación se ocuparía de la correcta percepción y empleo de las ideas, de su transformación en ideales activos y de su aplicación como voluntad al bien, voluntad a la verdad y voluntad a la belleza. Esto producirá la necesaria alteración de los objetivos humanos, trasladándolos de nuestros actuales objetivos de competencia y materialismo, a otros fines que expresarán con más propiedad la Regla de Oro y establecerán internacionalmente correctas relaciones entre los individuos, los grupos, los partidos y las naciones.

La educación deberá preocuparse cada vez más, tanto de la totalidad de la vida como de los detalles de la vida individual cotidiana. Se desarrollará, capacitará, entrenará e impulsará al niño como individuo, y [i58] se le enseñará sus responsabilidades para con la totalidad y el valor de la contribución que puede y debe dar al grupo.

Quizás sea una trivialidad decir que la educación debería ocuparse necesariamente de desarrollar la capacidad de razonar del niño y no dedicarse especialmente, como ocurre en la actualidad, a entrenar la memoria y a recordar hechos mecánicamente, fechas e informaciones sin relación entre sí y mal asimilados. La historia del desarrollo de las facultades perceptivas del hombre, bajo condiciones raciales y nacionales distintas, es de profundo interés. Las figuras descollantes de la historia, de la literatura, del arte y de la religión, se estudiarán, seguramente, desde el punto de vista del efecto que produjeron y la influencia buena o mala que ejercieron en su época, considerándose además la calidad y el propósito de su liderazgo. Así el niño absorberá una vasta información histórica sobre la actividad creadora, [e62] el idealismo y la filosofía, no sólo con gran facilidad, sino que producirá efectos permanentes en su carácter.

Se procurará que el niño dirija su atención sobre la continuidad del esfuerzo, los efectos que la antigua tradición ha producido en la civilización, los acontecimientos buenos y malos y la acción recíproca de los diversos aspectos culturales de la civilización, descartándose la información estéril, las fechas y los nombres. Así todas las ramas del conocimiento humano podrán vivificarse y alcanzar un nuevo nivel de utilidad constructiva. Existe ya una tendencia definida en ese sentido, y es buena y sólida. El pasado de la humanidad, como fundamento de los acontecimientos actuales, y el presente, como factor determinante del futuro, serán cada vez más reconocidos y efectuarán grandes y necesarios cambios en la psicología humana.

La aptitud creadora del ser humano debe también recibir una atención más profunda en la nueva era y se estimulará al niño para que realice un esfuerzo individual que convenga a [i59] su temperamento y capacidad. De ésta manera se lo inducirá a contribuir con la parte de belleza que es capaz de dar al mundo y el correcto pensar que pueda aportar a la totalidad del pensamiento humano; se lo alentará para que investigue, dándosele acceso al mundo de la ciencia. Detrás de la aplicación de estos incentivos residen los móviles de la buena voluntad y de las correctas relaciones humanas.

Finalmente, la educación planteará la hipótesis de la existencia del alma en el hombre, como el factor interno que produce lo bello, lo verdadero y lo bueno. Por lo tanto, la expresión creadora y el esfuerzo humanitario tendrán una base lógica. Esto no se hará mediante un planteamiento teológico o doctrinario, como ocurre en la actualidad, sino presentando un problema para ser dilucidado, en un esfuerzo para responder a las siguientes preguntas: ¿Qué es el hombre? y ¿ cuál es su propósito intrínseco en el esquema [e63] de las cosas? Se deberá estudiar la vivencia de la influencia y el propósito definido que hay detrás de la constante aparición de líderes mundiales, espirituales, culturales y artísticos, surgidos a través de las épocas, cuyas vidas estarán sujetas a la investigación tanto histórica como psicológica. Esto abrirá ante la juventud del mundo todo el problema del liderazgo y del móvil. En consecuencia, la educación se dará con el fin de despertar el interés humano, el logro humano y la posibilidad humana.

Esto se hará de tal manera que el contenido de la mente del estudiante no sólo se enriquecerá con los hechos históricos y literarios, sino que su imaginación se iluminará y su ambición y aspiración se despertarán en líneas veraces y correctas, así se le presentará en su perspectiva el esfuerzo humano realizado en el pasado, y se le abrirá el futuro como un llamado a su esfuerzo individual y su contribución personal.

Lo antedicho no implica de manera alguna una acusación a los métodos del pasado, excepto hasta donde el mundo mismo actualmente representa una acusación; tampoco constituye una [i60] visión impracticable ni una esperanza mística, basadas en un ávido deseo. Se refiere a esa actitud hacia la vida y el futuro que muchos miles de personas sustentan hoy, entre las cuales se encuentran muchos educadores de todos los países. Son evidentes los errores y equívocos de las técnicas pasadas, pero no hay que perder tiempo recalcándolos ni acumulando ejemplos. Lo que se necesita es una comprensión de la oportunidad inmediata, además del reconocimiento de que el cambio requerido en los objetivos y en los métodos llevará mucho tiempo. Tendremos que entrenar a nuestros educadores en forma distinta aunque pase mucho tiempo, buscando a tientas nuevos y mejores modos, preparando nuevos textos y descubriendo hombres y mujeres a quienes se les pueda inculcar la nueva visión y quieran trabajar para la nueva civilización. Tratamos aquí [e64] de recalcar los principios, sabiendo que muchos de ellos no son nuevos, pero es necesario que se les dé un nuevo énfasis. Este es el día de la oportunidad.

Por lo tanto, debe elaborarse un sistema de educación mejor que el actual, que presente a la humanidad la posibilidad de vivir de tal modo que se destruyan las barreras existentes, desaparezcan los prejuicios y se le dé un entrenamiento al niño en desarrollo, que le permitirá, cuando alcance su mayoría de edad, vivir en armonía y buena voluntad con los demás. Esto puede hacerse si se cultiva la paciencia y la comprensión, y si los educadores se dan cuenta de que "donde no hay visión, los pueblos perecen".

Un sistema internacional de educación que surgiera de una conferencia de educadores dotados de amplitud mental, con autoridades educacionales de todos los países, constituye hoy una urgentísima necesidad y sería un factor de éxito para conservar la paz mundial. Ya se ha hecho algo en este sentido y, en la actualidad, grupos de educadores se reúnen para discutir la formación de un mejor sistema de educación que garantice a los niños de las distintas naciones (comenzando por los millones de niños que actualmente demandan [i61] ser educados) la enseñanza de la verdad en forma imparcial y sin prejuicios.

La democracia mundial tomará forma cuando todos los hombres se consideren en realidad iguales, cuando se enseñe a los niños que no importa si un hombre es asiático, americano, europeo, británico, judío o gentil, sino que cada uno tiene un trasfondo histórico que le permitirá contribuir en alguna medida al bien del todo, siendo el principal requisito la actitud de buena voluntad y el esfuerzo constante para fomentar correctas relaciones humanas. La Unidad Mundial será una realidad cuando se enseñe a los niños del mundo que las diferencias religiosas son en su mayor parte una cuestión de nacimiento; que si un ser nace en Italia, será probablemente católico romano; si nace entre judíos [e65] seguirá las enseñanzas judaicas; si nace en Asia es probable que sea mahometano,  budista y/o pertenezca a algunas de las sectas hindúes; si nace en otros países puede ser protestante y así sucesivamente. Aprenderá que la mayoría de las diferencias en materia religiosa son el resultado de las polémicas originadas por las diversas interpretaciones que se hacen de la verdad. Así, gradualmente, nuestras reyertas y diferencias serán contrarrestadas y suplantadas por la idea de la Humanidad Una.

Deberá ponerse un mayor cuidado cuando se seleccione y entrene a los educadores del futuro y, especialmente, a quienes en los países devastados por la guerra procuran llevar la educación a los pueblos. Se tendrá muy en cuenta la capacidad mental y el conocimiento de la especialidad a que se dedica, pero más importante aún será estar libre de prejuicios y ver a todos los hombres como miembros de una gran familia. El educador del futuro deberá tener un mayor entrenamiento psicológico que el del actual. Además de impartir la enseñanza escolar común, deberá darse cuenta que su tarea principal consiste en despertar en sus estudiantes el verdadero sentido de responsabilidad, no importa lo que deba enseñar -historia, geografía, [i62] matemáticas, idiomas, las diversas ramas de la ciencia o filosofía-, todo lo cual debe relacionarlo a la Ciencia de Correctas Relaciones Humanas, tratando de dar a la organización social una perspectiva más real que en el pasado.

Cuando la juventud del futuro -educada bajo estos principios- sea civilizada y culta y responda a la ciudadanía mundial, tendremos un mundo de hombres despiertos y creadores, que poseerán un verdadero sentido de los valores y una perspectiva sólida y constructiva, respecto a los asuntos mundiales. Realizar todo esto llevará mucho tiempo pero no es imposible, la historia misma lo ha probado. Algún día se hará un análisis de la contribución hecha por los tres grandes continentes -Europa, Asia y América- [e66] al desarrollo general de la humanidad. La revelación progresiva de la gloria del espíritu humano necesita aún expresarse por escrito -la gloria del conjunto y no sólo los aspectos que son estrictamente nacionales-, gloria basada en el hecho de que cada raza y todas las naciones han producido seres que han expresado lo más excelso que era posible en su día y época -hombres que unificaron en sí mismos esa triplicidad básica: instinto, intelecto e intuición. Fueron relativamente pocos en las primeras etapas del desarrollo de la humanidad, pero en la actualidad este número aumenta rápidamente.

Sin embargo, es sólo cuestión de sentido común comprender que tal integración no es posible para todos los educandos que pasan por las manos de nuestros educadores. Los educandos tendrán que ser clasificados desde los tres puntos de vista que forman el trasfondo de este capítulo. Los que pueden:

1.      Ser civilizados, lo cual se refiere a la masa humana. 

2.      Ser llevados al mundo de la cultura, que abarca a un gran número de personas. [i63]

3.      Agregar al acervo de la civilización y la cultura, la capacidad de actuar como almas, no sólo en los dos mundos del vivir instintivo e inteligente sino también en el mundo de los valores espirituales, haciéndolo en una total y triple integración.

Sin embargo, todos los hombres, cualquiera sea su capacidad inicial, pueden ser entrenados en la Ciencia de Correctas Relaciones Humanas y ser capaces de responder a los objetivos principales de los futuros sistema educativos. Esto ya se observa en todos los países, pero aún no se insiste bastante en la necesidad de preparar maestros y ejercer influencia sobre los padres. Mucho han hecho ciertos grupos iluminados en todas partes, y lo han realizado mientras estudiaban los requisitos para la ciudadanía, y [e67] trataban, a través de numerosas organizaciones, de inculcar a los seres humanos el sentido de la responsabilidad por la felicidad y el bienestar humanos. Pero esta tarea debería ser iniciada en la infancia, para que la conciencia del niño (tan fácil de dirigir) pueda, desde sus primeros días, asumir una actitud altruista hacia sus semejantes.

Lo que debe hacerse ahora es tender el puente -un puente entre lo que existe hoy y lo que podrá existir en el futuro. Si durante los próximos años desarrollamos la técnica de eliminar las numerosas divisiones que existen en la familia humana y neutralizar los odios raciales y las actitudes separatistas de las naciones y pueblos, habremos logrado establecer un mundo en que la guerra será imposible y la humanidad se verá a sí misma como una sola familia y no como un conglomerado agresivo de muchas naciones y pueblos, que en forma competitiva tratan de aventajar a los demás, fomentando exitosamente prejuicios y odios. Como hemos visto, ésta es la historia del pasado.

El hombre ha evolucionado, de un animal aislado impulsado sólo por los instintos de la autoconservación, alimentación y procreación, a través de las etapas [i64] de la vida familiar, tribal y nacional, hasta llegar al punto en que puede captar un ideal aún más amplio -el de la unidad internacional, es decir, el equilibrado funcionamiento de la Humanidad Una. Este creciente idealismo se abre camino hacia el primer plano de la conciencia humana, a pesar de todos los antagonismos separatistas, idealismo que es en gran parte responsable del actual caos y por eso se han organizado las Naciones Unidas. Ha producido las ideologías contradictorias que buscan una expresión mundial, y causado también la dramática aparición de los denominados salvadores nacionales, profetas, trabajadores mundiales, idealistas, oportunistas, dictadores, investigadores y humanistas. Estos idealismos antagónicos, constituyen un signo saludable, estemos o no de acuerdo con ellos. Son reacciones [e68] definidas hacia la demanda humana -imperiosa y correcta- de mejores condiciones, más luz y comprensión, mayor colaboración, seguridad, paz y abundancia en lugar de terror, temor y hambre.

Conclusión.

Es difícil para el hombre moderno concebir una época en que no existiera en el pensamiento humano, conciencia racial, nacional o religión separatistas. Le fue igualmente difícil al hombre prehistórico concebir una época en que predominara el pensamiento nacional, lo cual es algo digno de ser recordado. Está todavía muy distante la época en que la humanidad pueda pensar en términos universales, pero el hecho de que podamos hablar de ello, desearlo y planearlo, es la garantía más segura de que no es imposible. La humanidad ha evolucionado siempre de una etapa de iluminación a otra y de una gloria a otra. Actualmente nos encaminamos hacia una civilización mucho mejor que la que el mundo ha conocido y hacia condiciones que aseguren una humanidad mucho más feliz, que verá el fin de las diferencias nacionales, de las distinciones de clases [i65] (basadas en la ascendencia y posición económica), que asegurará para todos una vida más plena y rica.

Evidentemente transcurrirán muchas décadas antes de que sea posible tal estado de cosas -pero serán décadas y no siglos, siempre que la humanidad aprenda la lección de las guerras e impida que los grupos reaccionarios y conservadores de todas las naciones hagan retroceder la civilización a los antiguos moldes. Esto puede ser comenzado inmediatamente. La sencillez debe ser nuestra consigna, porque eliminará nuestro antiguo modo materialista de vivir. La buena voluntad colaboradora es sin duda la primer idea que debe darse a las masas y enseñarse en las escuelas como garantía de una nueva y mejor civilización.

[e69] La comprensión amorosa, aplicada inteligentemente, debe ser la característica de los grupos cultos e inteligentes, a lo cual debe agregarse su esfuerzo, para relacionar el mundo de significados con el mundo de los esfuerzos externos, en beneficio de las masas. La ciudadanía mundial como expresión de buena voluntad y de comprensión, debe ser la meta de los iluminados y el signo característico del hombre espiritual. En estas tres expresiones están establecidas las correctas relaciones entre educación, religión y política.

El principio fundamental de la nueva educación es, esencialmente, la correcta interpretación de la vida pasada y presente, y su relación con el futuro del género humano; el principio fundamental de la nueva religión deberá ser y lo será, el correcto acercamiento a Dios, trascendente en la naturaleza e inmanente en el hombre; mientras que el principio fundamental de la nueva ciencia política y de gobierno, serán correctas relaciones humanas, y la educación debe preparar al niño para ambos.


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