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CAPÍTULO IV EL PROBLEMA DE LAS MINORÍAS RACIALES |
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[e91] [i85] EL problema racial ha sido extremadamente oscurecido por su retrospección y presentación histórica y en gran parte carece de fundamento y es falso; además ha sido oscurecido por antiguos odios y envidias nacionales, son inherentes a la naturaleza humana y nutridos y fomentados por el prejuicio y aquellos que están animados por intenciones ulteriores y egoístas. El rápido despertar de nuevas ambiciones fomentan también las dificultades, ambiciones correctas y sanas, especialmente en el caso del negro, que han sido frecuentemente explotadas y deformadas por intereses políticos egoístas y por agentes agitadores. Otros factores condicionan el problema racial, y son: la escasez económica que padece la mayoría, el control imperialista de ciertas naciones, la errónea educación, o una civilización tan antigua que ya da señales de degeneración. Estos y muchos otros factores existen en todas partes; condicionan el pensar humano; engañan a quienes están afectados por el problema, y entorpecen grandemente los esfuerzos de quienes tratan de lograr una acción correcta y desarrollar una actitud más equilibrada y constructiva en esas minorías. Las minorías, conjuntamente con el resto del género humano, están sujetas a la infalible fuerza de la evolución y luchan por una existencia mejor y superior, condiciones de vida más saludables, mayor libertad [e92] individual y racial y un nivel más elevado de correctas relaciones humanas. La sensibilidad de estas minorías, el carácter enardecedor de su apremiante ambición y la violencia y los prejuicios de quienes hablan y luchan a su favor, impiden que la mayoría enfrente [i86] el problema con calma y fría reflexión y reconozca la relación con toda la humanidad que su problema fundamentalmente requiere. Los defectos raciales son más ampliamente reconocidos que las virtudes raciales; las cualidades raciales están en conflicto con las características nacionales o las tendencias mundiales, todo lo cual tiende a aumentar las dificultades. El esfuerzo de los ciudadanos bien intencionados, que son numerosos, y los planes de los humanitarios convencidos para ayudar a estas minorías, se basan con mucha frecuencia únicamente en un buen corazón, en los principios cristianos y en el sentido de justicia; sin embargo, estas excelentes cualidades a veces van acompañadas de una profunda ignorancia de los hechos reales, de los valores históricos y de las diversas relaciones implicadas. Además las minorías están impulsadas por un fanatismo agresivo hacia las mayorías, rayano en el odio, y son las responsables, según ellas, de la cruel injusticia que sufren. Tampoco reconocen que tienen defectos, y que en cierta medida son responsables también de algunas dificultades, defectos y dificultades raciales francamente ignorados por las mismas minorías y sus adeptos. Los defectos raciales pueden ser el resultado del grado de evolución alcanzado, de las condiciones injustas que prevalecen en el medio ambiente y de cierto tipo de temperamento, como en el caso de la minoría negra de los Estados Unidos de América, que no considera que ella es fundamentalmente responsable de las dificultades. La responsabilidad de la minoría agresiva quizas sea mayor de lo que está dispuesta a admitir, como en el caso de la minoría judía del mundo, pueblo antiguo y civilizado, con una [e93] cultura propia, además de ciertas características innatas que pueden ser en gran parte la causa de su dificultad. También la dificultad puede ser mayormente histórica, fundada en ciertas incompatibilidades esenciales como las que existen entre un pueblo conquistado y el conquistador, y entre un grupo [i87] militante y otro pacifista y negativo. Estas incompatibilidades existen hoy entre los musulmanes y la población hindú de la India -problema muy antiguo que los ingleses han heredado. A todos estos factores que contribuyen a crear el problema de las minorías, se deben agregar las tendencias separatistas que los diferentes sistemas religiosos han fomentado y que deliberadamente continúan fomentando en la actualidad. La estrechez de los credos religiosos es una poderosa causa contribuyente. Al comenzar este estudio sería conveniente recordar que el problema que estamos considerando puede retrotraerse a la tan destacada debilidad humana, el gran pecado o herejía de la separatividad. Con seguridad no existe pecado mayor que éste, el cual es responsable de la extensa gama de males humanos. Fomenta la lucha entre hermanos; considera únicamente de suprema importancia el interés personal y egoísta; lleva inevitablemente al crimen y a la crueldad, y constituye el obstáculo más grande para la felicidad del mundo, porque pone un hombre contra otro, un grupo contra otro, una clase contra otra y una nación contra otra nación. Engendra un sentido destructivo de superioridad y conduce a la perniciosa doctrina de naciones y razas superiores e inferiores; produce el egoísmo económico; da origen a la explotación económica de los seres humanos, a las barreras económicas, a la condición de los que poseen y los desposeídos, a la posesión territorial y a los extremos de pobreza y riqueza; da excesiva importancia a las adquisiciones materiales, a las fronteras, a la peligrosa doctrina de la soberanía nacional y a sus diversas implicaciones egoístas; fomenta desconfianza entre los [e94] pueblos y odio en todo el mundo, y ha conducido, desde el origen del tiempo, a crueles y destructoras guerras. Actualmente ha llevado a todos los habitantes del planeta a la presente y espantosa situación, a tal punto, que los hombres de todas partes comienzan a darse cuenta de que si no hay un cambio fundamental, el género humano podrá [i88] ser destruido. Pero ¿quién hará el cambio necesario y dónde está el líder que podrá hacerlo? La humanidad debe afrontar este estado de cosas en su totalidad. Si enfrenta esta expresión básica del mal universal podrá traer el cambio necesario y ofrecérsele la oportunidad para actuar correctamente, lo cual conducirá a establecer correctas relaciones humanas. Desde el punto de vista de este tema, el problema de las minorías, ese sentido de separatividad -en sus numerosos y amplios efectos- se divide en dos categorías principales, las que se hallan tan íntimamente relacionadas que es casi imposible considerarlas por separado. Primero, existe el espíritu de nacionalismo con su sentido de soberanía y sus deseos y aspiraciones egoístas. Uno de sus peores aspectos es poner a una nación contra otra, fomentar el sentido de superioridad nacional y conducir a los ciudadanos de una nación a considerarse, ellos y sus instituciones, superiores a los de otra nación; cultiva el orgullo de raza, la historia, las posesiones y el progresó cultural; fomenta arrogancia, jactancia y desprecio por otras civilizaciones y culturas, lo cual es maléfico y denigrante; engendra también la tendencia a sacrificar los intereses de otros en bien de los propios, y a no querer admitir que "Dios ha hecho iguales a todos los hombres". Este tipo de nacionalismo es universal y predomina en todas partes; ninguna nación está libre de él; indica ceguera, crueldad y falta de proporción, por lo cual el género humano está pagando ya un excesivo precio, y si esto persiste llevará a la humanidad a la ruina. [e95] Es innecesario decir que existe un nacionalismo ideal, que es lo contrario de todo esto, pero aún sólo existe en las mentes de unos pocos iluminados de cada nación, aunque no es todavía un aspecto efectivo y constructivo de nación alguna; continúa siendo un sueño, una esperanza y queremos [i89] creer, una intención fija. Este tipo de nacionalismo fomenta en forma correcta su civilización individual, pero como contribución al bien general de la comunidad de naciones y no como medio de su propia glorificación; defiende su constitución, sus territorios y su pueblo a través de la rectitud de su expresión viviente, la belleza de su modo de vivir y el altruismo de sus actitudes, no infringe, bajo ningún pretexto, los derechos de otros pueblos o naciones. Aspira a mejorar y a perfeccionar su propio modo de vivir, para que todo el mundo se beneficie. Es un organismo viviente, vital y espiritual, y no una organización materialista y egoísta. Segundo, tenemos el problema de las minorías raciales, que constituye hoy un problema, debido a su relación con esas naciones dentro de y entre las cuales se encuentran. En gran parte es el problema de la relación entre los débiles y los fuertes, los pocos y los muchos, los desarrollados y los subdesarrollados, un credo religioso y otro más poderoso y dominante; está estrechamente vinculado con el problema del nacionalismo, del color, del proceso histórico y del propósito futuro, siendo en la actualidad y en todo el mundo, el problema más grande y candente. Al considerar este problema crucial (del cual depende en gran parte la paz futura del mundo) debemos esforzarnos por mantener en segundo plano nuestra actitud mental y nacional y visualizar el problema que surge a la luz del enunciado bíblico, de que existe "un sólo Dios, Padre de todos, que está sobre todo, a través de todo y en todos nosotros". Vamos a considerar esto científicamente y no como una religiosa y piadosa esperanza. Dios nos ha hecho a [e96] todos de la misma sangre, y ese Dios -bajo cualquier nombre o aspecto que se lo conozca, trascendente o inmanente, se lo considere como energía o inteligencia, o se lo denomine Dios, Brahma, el Abstracto o el Absoluto- es universalmente reconocido. También bajo la gran [i90] Ley de la Evolución y del proceso de la creación, los hombres están sujetos a las mismas reacciones hacia su medio ambiente, los mismos dolores, alegrías, ansiedades, apetitos, impulsos de mejoramiento, aspiraciones místicas, egoísmos, tendencias y deseos pecaminosos; la misma sorprendente actitud para la heroica expresión divina, el mismo amor y belleza, orgullo innato, sentido de divinidad y los mismos esfuerzos fundamentales. Bajo el gran proceso evolutivo los hombres y las razas difieren por su desarrollo mental, vigor físico, posibilidades creadoras, comprensión, percepción humana y lugar en la escala de la civilización, todo lo cual es temporario, porque las mismas potencialidades que existen en todos nosotros, sin excepción, se manifestarán. Tales diferencias, que en el pasado han separado a pueblos y razas, van desapareciendo rápidamente por la difusión de la educación, los descubrimientos unificadores de la ciencia, que nos acercan y nos unen cada vez más, y el poder de pensar, leer y planear. Toda evolución es de carácter cíclico; las naciones y las razas pasan por los mismos períodos de niñez, crecimiento, pubertad. madurez, decadencia y desaparición, como ocurre con todo ser humano. Pero detrás de estos ciclos el triunfante espíritu del hombre pasa de una cumbre a otra, de una realización a otra; va hacia una meta final que ningún hombre ha percibido todavía, la cual está resumida en la posibilidad de llegar a ser en el mundo lo que el Cristo fue; tal la esperanza que nos da el Nuevo Testamento y todos los Hijos de Dios, que han venido en el transcurso de las épocas en todos los países, y también en todos los credos religiosos. [e97] Al considerar el tema debemos hacer dos cosas: primero, saber qué es lo que hace que un pueblo, una raza o una nación, se conviertan en una minoría, y luego, cómo llegar a una solución. El mundo está invadido por [i91] el clamor de las minorías, que, correcta o erróneamente, acusan a las mayorías, algunas de las cuales se preocupan sinceramente de que se haga justicia a las minorías que luchan y reclaman; otras las utilizan como "puntos de debates" para sus propios fines, o apoyan la causa de las naciones pequeñas y débiles, no por razones humanitarias, sino por poder político. Las Minorías. Existen minorías nacionales e internacionales. En el orden internacional tenemos poderosas mayorías tales como los Tres Grandes, los Cuatro Grandes, los Cinco Grandes y numerosas naciones más pequeñas que demandan todas igualdad de derechos, de votos y de posición; las naciones pequeñas temen a las más poderosas y a su capacidad para imponer su voluntad y también a ser explotadas por alguna nación o conjunto de naciones poderosas; desconfían de los favores del apoyo de éstas, por temor a que reclamen la deuda en el futuro y se sientan incapaces de imponer su voluntad o expresar sus deseos, debido a su debilidad militar e impotencia política. Por eso tenemos hoy en el mundo naciones grandes e influyentes como la URSS, la Confederación Británica de Naciones y los Estados Unidos de América; existen también potencias que han sido poderosas, pero perdieron el derecho a ser reconocidas como tales; tenemos otras potencias como Francia y España que son de influencia secundaria, resentidas grandemente por ello y, finalmente, muchas naciones pequeñas, cada una con su propia vida, civilización y cultura individual. Todas, sin excepción, se caracterizan por un espíritu nacionalista, la determinación de retener a toda costa lo que es o ha sido [e98] suyo, poseyendo todas un pasado histórico y tradiciones locales que condicionan su modo de pensar, tienen su propia cultura desarrollada o en desarrollo, y están vinculadas a lo que llamamos civilización moderna, basada hoy en el materialismo, [i92] que ha fracasado grandemente en dar a los hombres un sentido verdadero de los valores -valores que por sí solos pueden unir a la humanidad y poner fin a la gran herejía de la separatividad. Todas estas naciones grandes y pequeñas han sufrido cruelmente durante los años de guerra (1914-1945), y están destinadas a sufrir aún más en los próximos años de reajuste. Unas sufrieron más que otras y tienen la oportunidad de demostrar la purificación resultante si así lo desean; otras eligieron durante la guerra el camino más fácil, no apoyaron a ninguna y perdieron con ello una gran oportunidad espiritual, basada en el principio de compartir; éstas tendrán que aprender de otro modo y más lentamente la lección del dolor; las naciones del hemisferio occidental no sufrieron agudamente, porque sus territorios no fueron invadidos y la población civil vivió con comodidad, holgura y abundancia; también perdieron algo y tendrán que aprender en alguna forma la gran lección humana de identificación y no separatividad. Las naciones grandes y pequeñas enfrentan hoy un nuevo mundo, porque todas perdieron la fe en los antiguos métodos, y pocas desean realmente ver restablecidos los antiguos modos de vivir; las naciones grandes y pequeñas luchan diplomática, política y económicamente por obtener todo lo que pueden para sí, siendo la desconfianza y la crítica generales; no existe verdadero sentido de seguridad, especialmente entre las minorías. Algunas de las grandes naciones, con una sólida comprensión de que no habrá paz en el mundo, mientras no haya justicia para todos, se esfuerzan en crear una organización que dé lugar y oportunidad a todas las naciones; pero sus esfuerzos están [e99] basados, en gran parte, en un sentido común egoísta y en el conocimiento de que la seguridad material y la provisión de productos materiales debe ser el resultado de la contemporización entre lo que ha sido y la todavía imposible visión del [i93] idealista. Sin embargo, sus objetivos son aún materialistas, físicos y tangibles, presentados como ideales, pero con móviles egoístas. No obstante lo cual es un gran paso adelante. El ideal es universalmente reconocido, aunque sea todavía un sueño. Al enfrentarnos con el panorama mundial, debemos apreciarlo en sus verdaderos matices y comprender que si se dan los pasos espirituales y materiales para beneficiar a las minorías más pequeñas y menos importantes, se creará una situación que revertirá totalmente la política mundial y se inaugurará una era civilizada totalmente nueva y una cultura más iluminada. Sin embargo, probablemente no ocurra esto; están tan estrechamente entrelazados los intereses egoístas, que el empleo de un sistema de perfectas justicia y equidad, en cualquier caso dado, dañará los principales intereses materiales, infringirá los así denominados derechos de las naciones poderosas, apropiándose de fronteras ya establecidas, y ultrajará a grupos poderosos hasta en los países más lejanos. Hoy, en escala internacional, continúa la lucha de las minorías; Rusia trata de ejercer su influencia en todas direcciones; Estados Unidos trata de sostener su posición de máximo control en Sud América y en el Lejano Oriente, comercial y políticamente, mereciendo el mote en esos países (correcta o incorrectamente) de imperialista; Gran Bretaña se esfuerza por proteger su "línea vital" hacia Oriente, mediante movimientos políticos en el Cercano Oriente; Francia trata de reconquistar el poder perdido, obstruyendo el trabajo de la ONU y apoyando la causa de las pequeñas naciones europeas. A medida que las grandes potencias hacen política y procuran afirmarse en su lugar y posición, las [e100] masas en todos los países, grandes y pequeños, están llenas de temores e interrogantes, hartas de la guerra, enfermas de incertidumbre, desnutridas y atemorizadas por las perspectivas del futuro, cansadas hasta en sus propias almas de luchar y discutir, hastiadas de la tiranía ejercida por las huelgas de los trabajadores, deseando [i94] únicamente vivir con seguridad y poseer lo necesario para la existencia, educar a sus hijos dentro de cierta medida de cultura civilizada y vivir en un país que posea una sana economía, una religión activa y un adecuado sistema educativo. El gran pecado de la separatividad está levantando de nuevo su horrible cabeza en todos los países; las minorías abundan y son maltratadas; existen divisiones en todas partes; los partidos reclaman atención y buscan adherentes; los grupos religiosos fomentan las disensiones y tratan de aumentar el número de sus miembros a expensas de otros grupos; los ricos se organizan para controlar las finanzas del mundo; los pobres luchan por sus derechos y mejores condiciones de vida; la tiranía de la política egoísta impregna tanto al capital como al trabajo. Este es un cuadro trágico y verdadero, pero felizmente no es el único, existe otro, cuyo estudio nos conducirá a un renovado optimismo, a una fe constante en los planes divinos y a la belleza del ser humano. En todas las naciones se encuentran aquellos que poseen una visión más clara de un mundo mejor; piensan, hablan y planean en términos de Humanidad, y comprenden que los diversos grupos políticos, religiosos, educativos y obreros, están constituidos por hombres y mujeres que esencialmente son hermanos, aunque sean inconscientes de ello. Observan el mundo en su totalidad y trabajan hacia una inevitable unificación; reconocen los problemas de las naciones grandes o pequeñas, y la difícil situación en que se encuentran hoy las minorías. Saben que el empleo de la fuerza produce resultados que no son realmente eficaces (pues su precio es demasiado elevado) y [e101] generalmente transitorios. Se dan cuenta que la única esperanza verdadera es una opinión pública iluminada que debe ser el resultado de sanos métodos educativos y de una propaganda auténtica y justa. Evidentemente no es posible ocuparse de todas las minorías en el campo internacional, [i95] ni tratar por ejemplo la lucha que libran las pequeñas naciones para que se las reconozca, y por lo que consideran (correcta o equivocadamente) sus justos derechos. Llevaría años escribir y leer la historia de las pequeñas nacionalidades, y sería la historia de la humanidad. Todo lo que podemos hacer es reconocer que tienen un caso para presentar y un problema que debe ser resuelto, pero la justicia y el juego limpio, la oportunidad y la participación equitativa de los recursos económicos del mundo, serán posibles sólo cuando ciertos principios, amplios y generales, hayan sido impuestos por el peso de la opinión pública. Los problemas de dos minorías atraen hoy la atención pública. Si ellos pueden ser solucionados, se habrá dado un gran paso adelante hacia la comprensión mundial: 1. El Problema judío. Los judíos constituyen una minoría internacional muy emprendedora, extraordinariamente bulliciosa, que constituye una minoría prácticamente en todas las naciones del mundo; su problema es por lo tanto excepcional. 2. El Problema de los Negros. Otro problema que puede ser considerado también excepcional. Los negros son mayoría en el gran continente africano (aún subdesarrollado), y minoría en los Estados Unidos de Norte América, problema que preocupa mucho. Es único en el sentido de que es esencialmente un problema de los blancos, y ellos mismos tendrán que resolverlo porque lo han producido y perpetuado. [e102] Si tuviéramos alguna idea de la significación de estos problemas, material y espiritualmente, y percibiéramos las responsabilidades implicadas, sería de gran utilidad. En el caso de los judíos, el pecado de la separatividad es profundamente innato en la raza misma y en aquellos entre quienes viven; pero los judíos son, en gran parte, responsables de que [i96] la separación se perpetúe. En el caso de los negros el instinto de separatividad proviene de los blancos. Los negros luchan para ponerle fin, por lo tanto, las fuerzas espirituales del mundo están del lado de los negros. El Problema Judío Este problema es muy antiguo y conocido, y resulta difícil decir algo sobre él que no sea vulgar ni demuestre algún tipo de prejuicio (desde el punto de vista del lector), ni despierte en el judío una reacción indeseable. Sin embargo de nada sirve decir lo que será aceptable o que coincida con todos los puntos de vista, o reiterar todo lo dicho hasta ahora. Hay cosas que deben decirse, que no son conocidas y raras veces se han dicho, o fueron dichas con espíritu de crítica o antisemita, y no con espíritu de amor, como se intenta hacerlo aquí. Examinemos brevemente la situación de los judíos, anterior al encarnizado e imperdonable ataque de Hitler contra ellos, antes de la guerra (1939-1945). Los judíos vivían en todos los países y eran ciudadanos de dichos países; en el país de nacimiento mantenían intactos sus propia identidad racial, modo de vivir y religión nacional (privilegio de todos) y una estrecha y peculiar adhesión a su propia raza. Otros grupos también lo han hecho, pero en menor grado, y con el tiempo fueron absorbidos y asimilados por la nación de su ciudadanía. Los judíos han constituido siempre una nación dentro de otra, aunque no tanto en Gran Bretaña, Holanda, Francia e Italia, de allí que en los países antedichos no existe un fuerte sentimiento antisemita. [e103] En todos los países y en el transcurso de las épocas, ellos se han dedicado al comercio y a la manipulación del dinero; son [i97] personas estrictamente comerciantes y solidarias y demostraron poco interés por la agricultura, excepto últimamente en Palestina, bajo el movimiento sionista. A sus tendencias marcadamente materialistas han agregado un sentido de lo bello y un concepto artístico que ha dado mucho al mundo del arte; siempre fueron los protectores de lo bello, y figuran también entre los grandes filántropos del mundo, a pesar de sus métodos comerciales indeseables y dudosos, que ha dado motivo a que en el mundo de los negocios se les tenga gran antipatía y desconfianza. Son y siguen siendo un pueblo esencialmente oriental -cosa que el occidental frecuentemente olvida; si éste lo recordara, se daría cuenta que el concepto oriental sobre la verdad y la honestidad y el empleo y posesión del dinero, es muy diferente del occidental, y aquí reside precisamente parte de la dificultad. No es cuestión de lo correcto o lo incorrecto, sino de las diferentes normas e inherentes actitudes raciales compartidas por todo Oriente. El judío moderno es también el producto de siglos y siglos de persecución y emigración; ha vivido errante de un país a otro y de una ciudad a otra, y en el curso de este peregrinaje ha desarrollado inevitablemente ciertos hábitos de vivir y pensar que el occidental no reconoce ni tiene en cuenta; por ejemplo, los judíos son la consecuencia de vivir en carpas, durante siglos; dan la impresión de gente desprolija en cualquier comunidad en que viven, y que ni el más organizado occidental (morador de las cavernas) acepta. También son el producto de la necesidad de vivir durante siglos a costa de los pueblos entre los que han peregrinado; de aprovechar la oportunidad para apoderarse de lo que deseaban; de procurar que sus hijos tengan lo mejor, no importa lo que cueste a los demás; de aferrarse a su pueblo en medio de las razas foráneas que el destino los [i98] ha ubicado [e104] y de mantener inviolada, hasta donde era posible, su religión y tabúes, y sus antiguas tradiciones nacionales. Esto ha sido esencial para subsistir a través de las persecuciones; se han visto obligados a conservar, dentro de lo factible, estos factores en sus antiguas formas, a fin de demostrar a otros hebreos, de nuevas tierras y ciudades, que eran judíos tal como lo pretendían, lo cual los hace la raza más reaccionaria y conservadora del mundo. Las características raciales se han hecho cada vez más pronunciadas, debido a que durante siglos el judío ortodoxo contrajo enlace entre sí y él puso el énfasis sobre el pasado y la pureza racial. Los judíos jóvenes y modernos no hacen tanto hincapié sobre esto; por lo común no objetan el casamiento con gentiles, pero esto es sólo un hecho reciente y moderno, el cual no es aprobado por la vieja generación. También los gentiles en muchos casos lo objetan. El judío es un buen ciudadano, respetuoso de la ley, de modales bondadosos y decentes, ansioso de desempeñar su parte en la vida comunal y dispuesto a ayudar con su dinero cuando se le pide -pero se mantiene separado. La tendencia al "ghetto", como se la podría denominar, se está difundiendo por todas partes, especialmente en las grandes ciudades. A través de las épocas, los judíos tienden a agruparse y a buscarse, como medida de protección y para tranquilidad comunal; los gentiles entre los cuales vivían, fomentaron esa tendencia y así crearon hábitos de asociación que todavía predominan. Además, y debido a la acción separatista de los gentiles, empezaron a aparecer en muchos países, en zonas y ciudades restringidas donde a ningún judío se le permitía residir, comprar propiedades ni establecerse. Debido a la aptitud del judío de prosperar y vivir dentro de una nación, obteniendo beneficio de acuerdo a sus costumbres, cultura y civilización, manteniendo su identidad propia sin [i99] asimilarse a la vida nacional, ha estado siempre sujeto a persecuciones; por eso como raza no es querida en [e105] ninguna parte y la gente se protege contra ella y sus métodos. Esta afirmación general es frecuentemente errónea en lo que concierne al judío individualmente. En toda nación y localidad hay judíos muy queridos por quienes los tratan, sean judíos o gentiles, respetados por todos cuantos los rodean y a veces solicitados y apreciados. Pertenecen a la gran aristocracia espiritual de la humanidad y, aunque actúen en cuerpos judíos y lleven nombres judíos, unen sus fuerzas a las de los hombres y mujeres de todas las demás naciones que pertenecen a la humanidad y trascendieron sus características nacionales y raciales. Estos hombres y mujeres, cuyo número aumenta cada día son, como grupo, la esperanza de la humanidad y la garantía de un mundo nuevo y mejor que todos esperamos. Cuando se hace una amplia generalización sobre una raza o nación, el individuo sufre necesariamente, pero las declaraciones hechas respecto a esa raza y nación como un todo, son correctas, verdaderas y comprobables. Quizás el principal factor que hizo que el judío fuera separatista y desarrollara en él el complejo de superioridad que lo caracteriza (bajo una apariencia externa de inferioridad), es su fe religiosa. Su credo es uno de los más antiguos del mundo, varios siglos más antiguo que el budismo, mucho más que la mayoría de los credos hindúes y más aún que el cristianismo, credo que además tiene características que han hecho del judío lo que es. Es una religión de prohibiciones, creada cuidadosamente para proteger al judío errante, que va de una comunidad a otra, religión que tiene una base materialista bien definida que hace resaltar "la tierra de abundante leche y miel", lo cual no era simbólico en aquellos días, sino que fue el objetivo de sus viajes. Lo que cobra esta religión es el separatismo, Dios es el Dios de los judíos; [i100] los judíos son el pueblo elegido por Dios; deben conservar su pureza física; su bienestar [e106] es lo de mayor importancia para Jehová; tienen sentido mesiánico, y creen que Jehová está celoso de cualquier contacto e interés que puedan manifestar por otro pueblo u otro Dios. Como pueblo han obedecido estos requisitos divinos, lo cual explica su situación en el mundo moderno. La palabra "amor", en lo que concierne a la relación con otros pueblos, ha sido omitida en esta religión, aunque se enseñe el amor a Jehová con las debidas amenazas; el concepto de una vida futura que depende de la conducta, del comportamiento, respecto a los demás, y de la correcta acción en el mundo de los hombres, ha sido totalmente omitido en El antiguo Testamento y en ninguna parte se hace resaltar la inmortalidad, aparentemente dependiendo la salvación del respeto a numerosas leyes y reglas físicas, relacionadas con la limpieza física. Llegan al extremo de establecer estas reglas en sus negocios al menudeo -en un mundo moderno donde se aplican métodos científicos para mantener la pureza de los alimentos. Estos factores y otros de menor importancia son los que mantienen apartados a los judíos, y los cumplen, no importa cuán anticuados o inconvenientes sean para los demás. Estos factores demuestran la complejidad del problema desde el punto de vista judío y su antagónica y enervante naturaleza hacia los gentiles, factor que el judío rara vez reconoce. El gentil de hoy no recuerda ni se preocupa de que los judíos fueron quienes crucificaron a Cristo (según El Nuevo Testamento), y se inclina más bien a recordar que Cristo fue judío y se asombra de que ellos no sean los primeros en aclamarlo y amarlo. El gentil recuerda más bien los métodos agudamente comerciales de los judíos, y el hecho de que el judío, si es ortodoxo, considera impuro el alimento del gentil, y secundaria a sus obligaciones raciales su ciudadanía. El gentil considera que el judío sigue una religión caduca; siente intensa [i101] antipatía por el cruel y celoso Jehová de los judíos y considera El Antiguo Testamento [e107] como la historia de un pueblo muy cruel y agresivo -aparte de los Salmos de David que todos los hombres aman. Éstos son puntos a los que el judío nunca prestó atención y en su conjunto, sin embargo, lo han separado de ese mundo en el cual quiere vivir y ser feliz y donde es víctima de una herencia que podría beneficiosamente ser modernizada. En ninguna parte es tan necesario el surgimiento de una nueva religión mundial como en el caso de los judíos del mundo moderno. Sin embargo, Dios ha hecho iguales a todos los hombres; el judío es un hombre y un hermano, y tiene los mismos derechos que el gentil en forma inalienable e intrínseca. El gentil lo ha olvidado, y grande es su responsabilidad por sus acciones erróneas y crueles. Durante épocas el gentil no ha querido a su hermano judío, el cual fue perseguido de un lado a otro, viéndose constante e incesantemente obligado a seguir su camino a través del desierto, desde Egipto a Tierra Santa, de ésta, siglos después, al valle de la Mesopotamia; desde entonces han emigrado ininterrumpidamente grandes corrientes de judíos errantes, marchando incesantemente al norte, sur, oeste y una pequeña corriente hacia el este, expulsados de ciudades y países durante la Edad Media, y después de un período de relativa tranquilidad fueron nuevamente desplazados, viéndose obligados a vagar por Europa, sin hogar, de un lado a otro (junto con millares de personas de otras nacionalidades), inermes, en manos de un cruel destino, algunos no desamparados, sino organizados por ciertos grupos políticos con fines internacionales y egoístas. En los países donde no existió el sentimiento antisemita prácticamente, durante décadas, tal antagonismo está surgiendo; incluso en Gran Bretaña puede verse cómo levanta su maligna cabeza, y en Estados Unidos de América representa una creciente amenaza. [i102] A los gentiles les corresponde poner fin, de una vez por todas, a este ciclo de persecuciones, y a los judíos dar los pasos necesarios para no despertar la antipatía de los cristianos entre los cuales viven. [e108] La necesidad de los judíos actualmente es solucionar este antiguo problema que ha perturbado la paz de los países en el transcurrir de los siglos. La responsabilidad de los gentiles, a la luz de las demandas humanitarias es vital; el informe de la persecución de los judíos es una historia cruel y terrible, cuyo único paralelo se halla en el tratamiento dado por ellos a sus enemigos, según lo relata El Antiguo Testamento. El destino de los judíos, en esta guerra mundial, es un terrible relato de crueldad, tortura y asesinato en masa; el trato dado a los judíos en el transcurso de las épocas es uno de los capítulos más negros de la historia humana, que no tiene justificación ni disculpa; la gente que piensa correctamente, y los hay en todas partes, se dan cuenta de ello, y claman ansiosamente para que terminen tales persecuciones. Las fuerzas espirituales del mundo y los instructores espirituales de la humanidad (tanto los que trabajan en el plano externo como los que guían desde el plano interno) buscan una solución. Esto se solucionará únicamente cuando los mismos judíos procuren hallar una solución y abandonen sus exigencias de que los gentiles y cristianos hagan todas las concesiones, solucionen el problema y sin la ayuda de los judíos pongan fin a la mala situación. Los judíos claman constantemente por justicia y ayuda; culpan de sus desgracias a las naciones no judías; nunca reconocen que existen condiciones de su parte que justifican así la antipatía general que despiertan; tampoco tienen en cuenta las civilizaciones y culturas en que viven, e insisten en permanecer separados; culpan a otros de su aislamiento, pero el hecho real es que, como ciudadanos, se les ha dado iguales oportunidades en todos los países de [i103] mente abierta. Su contribución a la solución de este antiguo problema es de orden materialista y no han demostrado penetración psicológica ni reconocimiento de los valores espirituales implicados. En la actualidad, no se puede solucionar totalmente problema [e109] alguno siguiendo un criterio materialista. El hombre, como un todo, ha trascendido eso. El problema de los judíos penetra profundamente en la cuestión de las correctas relaciones humanas, el cual sólo puede ser resuelto sobre esta base incluyente. Concierne a la interacción entre pueblos de distintas razas que proclaman la hermandad de la familia humana; incluye todo el problema sobre egoísmo y altruismo, consideración y justicia, factores que deben condicionar a todos. Los judíos deben reconocer que han creado la antipatía que los persigue por todas partes; los gentiles deben cargar con su responsabilidad por las interminables persecuciones y pagar el precio de la restitución. El judío ha evocado y evoca todavía antipatía y esto es absolutamente innecesario. Resumiendo, él ha establecido antiguas normas de vivir dentro de otras naciones; como ciudadano, con todos los derechos que da la ciudadanía, ha levantado una muralla de prohibiciones, hábitos y costumbres religiosas, que lo separa de su medio ambiente y le impide su asimilación. Esto debe desaparecer, para que pueda convertirse en un ciudadano no sólo de nombre sino también de hecho. No existe otro problema igual en el mundo -es un pueblo de raza, religión, objetivos, características y cultura, bien definidos; es una civilización excepcionalmente antigua y muy reaccionaria; está diseminado como minoría en todas las naciones; plantea un problema internacional; posee grandes riquezas e influencias; reclama ciudadanía en cada nación, pero retiene deliberadamente su identidad racial; crea disensiones entre las naciones, y no procura, en manera alguna, hacer frente a su complejo problema en forma armónica, con la debida comprensión o consideración psicológica del medio ambiente gentil, [i104] al cual debe apelar incesantemente, presentando sólo soluciones materialistas y la demanda constante, casi abusiva, de que los gentiles carguen con toda la culpa y pongan término a las dificultades. [e110] A la par de lo antedicho podemos agregar la larga y triste historia de la persecución de los gentiles a los judíos, muy difundida en la Edad Media (sin ir más lejos) y esporádicamente en los tiempos modernos, que culminó con el trato cruel dado a los mismos durante la guerra mundial. Sin embargo, no fueron los judíos únicamente quienes sufrieron este trato, sino también los polacos y los griegos y los desamparados de muchas naciones. Los judíos parecen olvidarlo. No sólo ellos fueron perseguidos, y sólo constituyeron nada más que el 20 % de las personas desplazadas en Europa después de la guerra. En esta triste historia de la crueldad gentil puede incluirse también el creciente antisemitismo que se observa hasta en esos países que se han liberado relativamente de él. Hay una constante discriminación contra los judíos en los círculos comerciales; aumentan en todas partes en las zonas de restricción. Es penoso, por ejemplo, ver la situación de los escolares judíos en los Estados Unidos. Son objeto de discriminación, burlas y abusos, algo chocante de ver. Ningún país quiere abrirle sus puertas ni ofrecerle asilo; ninguna nación quiere admitirlos en gran número. Las personas reflexivas de cada nación buscan y continuarán buscando una solución, y la hallarán. Este problemático hijo dentro de la familia de naciones es un hijo del Padre Uno, espiritualmente identificado con todos los hombres. Los pueblos saben que no hay "ni judío ni gentil", como lo expresó San Pablo (enfrentando este mismo penoso problema hace 2000 años), y los hombres y mujeres de ambos grupos han comprobado constante y acrecentadamente la verdad de tal afirmación. [i105] Tal el problema de la minoría judía, expuesto con tal franqueza que originará muchas críticas; pero fue expresado así con la esperanza de que al ser inspirado por el amor, los judíos carguen con sus propias responsabilidades y no pidan a los gentiles que resuelvan el problema por sí solos, [e111] empiecen a cooperar con sentido pleno de comprensión espiritual y colaboren con los miles de gentiles que sinceramente quieren ayudarlos. Nunca ha existido una época en que el mundo gentil se haya interesado tanto por los judíos, ansíe resolver su problema y quiera compensarlo por todo lo que ha sufrido. Ambos deben cambiar las actitudes internas, pero los judíos deben poner más de su parte. Hay evidencia de que estas nuevas actitudes están germinando, aunque se tarde mucho en hallar la correcta solución. Actualmente los judíos dicen lo mismo que se expone aquí. El Problema de los Negros Este problema es totalmente distinto del de los judíos. En el caso de los judíos tenemos un pueblo extraordinariamente antiguo, que durante miles de años ha desempeñado su parte en la palestra de la historia del mundo, ha desarrollado una cultura y se ha identificado con una civilización que le permitió ocupar su lugar en iguales condiciones de los llamados "pueblos civilizados". El caso de los negros podría ser considerado como un pueblo que (durante los últimos doscientos años) empezó a ascender la escala de las realizaciones humanas y durante ese tiempo ha progresado en forma sorprendente, enfrentando grandes dificultades y oposiciones. Hace doscientos años todos los negros se hallaban en Africa, y aún viven allí millones; hace doscientos años eran lo que los europeos y americanos consideraban "salvajes", divididos en innumerables tribus, viviendo un estado natural primitivo y guerrero, sin educación, desde el punto de vista moderno, regidos por caciques guiados por [i106] los dioses de la tribu y dominados por tabúes; de características muy diferentes -el pigmeo y el guerrero de Bechuanalandia no tienen semejanza entre sí, excepto el color-, luchaban constantemente entre ellos e invadían mutuamente sus territorios. [e112] Durante siglos los negros han sido explotados y esclavizados, primero por los árabes, luego por quienes los compraban a los tratantes de esclavos, llevándolos a los Estados Unidos o a las Antillas. Han sido explotados también por las naciones europeas que se apoderaron de vastos territorios en Africa y se enriquecieron con los productos de esos países y el trabajo de sus habitantes -los franceses en el Sudán francés, los belgas en el Congo Belga, los holandeses y británicos en Sud África y, en la costa Occidental, y los alemanes e italianos en el África Oriental. Es una penosa historia de crueldad, latrocinio y explotación de parte de la raza blanca, sin embargo y a pesar de todo esto, le ha hecho mucho bien a la raza negra. La historia de estas relaciones no ha terminado aún y, a no ser que en el futuro haya rectitud y justicia, terminará trágicamente. Sin embargo, ha mejorado grandemente la historia interna de estos territorios, justificándose el optimismo. El problema de los negros puede dividirse en dos partes: El problema del porvenir negro africano y el del negro en el hemisferio occidental. África es un continente aún en potencia y el destino de sus incontables millones de habitantes está aún en estado embrionario; la relación de los verdaderos habitantes con las razas foráneas que tratan de dominarlos, corresponde a las maniobras políticas de la codicia comercial. Sin embargo, debe recordarse que a pesar de todos los males que surgen de la explotación, por parte del blanco, el impacto de las razas blancas [i107] en el continente negro ha traído gran desarrollo evolutivo y beneficios tales como: educación, asistencia médica, el fin de las incesantes guerras entre tribus, sanidad y un sistema religioso más iluminado, en lugar de los cultos bárbaros y las crudas prácticas religiosas. El explorador, el misionero y el traficante han hecho mucho mal, pero también mucho bien, especialmente los misioneros. El negro es de naturaleza religiosa y de tendencia mística, y los [e113] principales dogmas de la fe cristiana tienen para él gran atractivo; los aspectos emocionales de la enseñanza cristiana (que hacen resaltar el amor, la bondad y la vida del más allá) son comprendidos, porque el negro es de tipo emocional. Detrás de los diversos cultos religiosos separatistas del continente negro surge un misticismo fundamental y puro que abarca desde el culto a la naturaleza y el animismo primitivo, hasta un profundo conocimiento oculto y una comprensión esotérica, que algún día podrán hacer de África el lugar donde se asentará la forma más pura de enseñanza y vida ocultistas, lo cual tardará varios siglos. Al considerar el problema del negro africano debemos tener una amplia visión del constante surgimiento del poder en millones de personas que hasta ahora sólo dieron los primeros pasos hacia la civilización y la cultura modernas, pero que están dando otros con rapidez impresionante. Los aspectos indeseables de la civilización prevalecen, pero los beneficios obtenidos sobrepasan en mucho a éstos, y el negro a pesar de su antagonismo natural y comprensible, debería reconocerlos como una deuda que tiene con las naciones blancas agresivas y acaparadoras. El contacto con ellas ha estimulado su percepción intelectual; el modo de vivir del blanco ha sacado a los negros africanos del estado primitivo y les ha llevado a otro más moderno; la educación y los modos modernos de pensar y planear preparan rápidamente a los negros para ocupar su lugar en un mundo moderno; la ciencia, los transportes [i108] y el conocimiento que les ha llegado -a través de la raza blanca- los vincula estrechamente con el plan de evolución de la historia moderna; el nuevo mundo con su mejor modo de vivir es tanto para el blanco como para el negro. Más allá de este necesario reconocimiento de la deuda y el esfuerzo hecho, para beneficiarse con las condiciones expuestas, e ignorar lo malo e indeseable, el problema del negro, tanto en África como en el mundo occidental le [e114] corresponde en gran parte, sino totalmente, a la raza blanca, la cual tiene la responsabilidad de resolverlo. La población negra en África es mayor que la blanca; siendo ésta una minoria tan pequeña se encuentra en una situación muy difícil, pues vive entre una vasta y numerosa población negra. En Occidente y en América la situación se invierte, y los negros constituyen una diminuta minoría, superada numéricamente por los blancos. En África el negro es viril y militante, pero en los Estados Unidos y en las Antillas casi ha perdido su virilidad y ha sido derrotado psicológicamente por largos años de trabajos forzados y esclavitud. Esta existe también en Africa, pero es de otro orden y no ha producido los mismos resultados que en Occidente. El problema que enfrentan ahora las razas blancas en Africa, consiste en entrenar a negros que están bajo su dominio, en tal forma que sean aptos para un verdadero gobierno propio; se los debe ayudar para que se hagan cargo de su propio destino, inculcarles el sentido de responsabilidad, enseñarles a que se den cuenta que Africa puede pertenecer a su propio pueblo y, al mismo tiempo, cooperar en las empresas del mundo. Esto podrá ocurrir sólo cuando finalice el antagonismo entre los pueblos blancos y las razas negras y ambos demuestren mutua buena voluntad. Se deben establecer firmemente correctas relaciones humanas entre el imperio negro que surge y el resto del mundo; fomentar en la conciencia receptora del negro los nuevos [i109] ideales y las nuevas tendencias mundiales, así la África negra se convertirá en un centro radiante de luz, se gobernará a sí misma y expresará verdadera libertad. Las razas negras no reaccionarán emocionalmente a las circunstancias y acontecimientos, y enfrentarán todas las cosas con comprensión mental y percepción intuitiva, lo que los igualarán y quizás aventajarán a muchos de los que hoy condicionan el medio ambiente y la posición de los negros. [e115] Podríamos expresar las posibilidades en los siguientes términos: ¿Lograrán los negros de África dominar su propio continente, arrojando fuera de él violentamente a las razas blancas que los gobiernan, o lo obtendrán mediante un largo período de guerras entre los diferentes grupos de negros que pueblan ese continente? ¿O se arreglará la cuestión con el transcurso del tiempo mediante una política previsora y comprensiva por parte de los blancos, y un plan de colaboración mutua para el futuro? ¿Irá esto unido a la capacidad de la raza negra de avanzar lenta y prudentemente. para evitar derramamiento de sangre y rencores, percibir los dudosos métodos de los egoístas agentes políticos que tratan de explotarlos, poner de manifiesto la capacidad de manejar sus propios asuntos y producir sus propios líderes que, natural y automáticamente, sin conflictos ni violencias, empuñarán las riendas del gobierno y eliminarán gradualmente el dominio de los blancos? Las naciones blancas que hoy explotan comercialmente a Africa y retienen la tierra, ¿abandonarán sus denominados derechos (fundados en el hecho de que la posesión constituye nueve partes de la ley) implantando los métodos de la Nueva Era: correctas relaciones humanas, colaboración inteligente, participación de los variados y ricos recursos de ese maravilloso continente, contribuyendo con su capacidad, sus comprobadas ventajas comerciales y su conocimiento científico, y todo lo que tiene Africa para ofrecer al mundo en materiales útiles y productivos? Las [i110] naciones europeas y los pueblos británicos están llevando a cabo un programa que pondrá a Africa en manos de su propio pueblo. Al mismo tiempo con gran paciencia deberán conducir a los pueblos africanos y procurar que se concentren sobre los procesos educativos y los desarrollos agrícola y económico. El destino de este gran continente se esclarecerá por sí mismo y Africa ocupará su lugar como centro de luz cultural que brilla en una tierra Civilizada. [e116] A no ser que ambas razas, la negra y la blanca, encaren el problema de sus relaciones, con cordura y gran visión, con paciencia y sin odios ni temores, la historia cultural de nuestro planeta se atrasará en muchos años. El poder, no utilizado ni organizado hasta ahora, de los muchos millones de seres que habitan en Africa, debería ser considerado detenidamente por la raza blanca. Ella puede poner a los pueblos negros, lo más pronto posible, en un pie de igualdad, respecto a oportunidades y derechos constitucionales y humanos, y ayudarlos a pasar del período de adolescencia, en que se encuentran ahora, a una plena y útil madurez, pudiendo manejar sus propios problemas y territorios. Este proceso se está llevando a cabo ahora, y Africa tendrá su lugar (por medio de sus numerosos grupos nacionales) en la gran familia de naciones, que traerá a la palestra humana una raza que tiene una asombrosa contribución que hacer al acervo espiritual, a los valores culturales y a las posibilidades creadoras. Las facultades innatas de los negros encierran un rico contenido. El negro es creador, artista y capaz del más elevado desarrollo mental si se lo educa y enseña -tan capaz como el hombre blanco, lo cual ha sido comprobado una y otra vez por artistas y hombres de ciencia surgidos de la raza negra y por el hecho de sus aspiraciones y ambiciones. Ha llegado el momento en que el hombre blanco no mire al negro como peón labrador y jornalero y bestia de carga, capacitado únicamente para [i111] desempeñar trabajos domésticos, los cuales no requieren habilidad alguna, sino que debe ser respetado y dársele la oportunidad que le corresponde. El negro africano está surgiendo rápidamente, y dentro de pocos años, cuando la educación, el estudio y los viajes le hayan proporcionado cultura, el problema de Africa será aún más agudo de lo que es. Sin embargo, no será peligroso si la raza blanca demuestra sabiduría, comprensión, altruismo y disposición para dar completa libertad a la raza negra. [e117] La paz futura del mundo depende hoy de los estadistas iluminados y previsores, y de que se valore la verdad de que Dios ha hecho libres a todos los hombres. El problema del negro en el hemisferio occidental constituye una historia muy fea que compromete y deshonra seriamente al blanco. Los negros fueron llevados a los Estados Unidos y a las Antillas hace más de dos siglos y esclavizados por la fuerza. Los negros nunca recibieron un trato correcto ni tuvieron buenas oportunidades. De acuerdo a la Constitución de Estados Unidos todos los hombres son considerados libres e iguales; sin embargo, el negro no es libre ni igual, especialmente en los estados del sur. La situación en las Antillas se parece mucho a la de los estados del norte, donde las condiciones de los negros son algo mejores, pero no existe aún igualdad de oportunidad y hay mucha discriminación racial. El trato dado a los negros en los Estados del sur es una mancha para el país; se lucha para mantenerlos subyugados constantemente, negarles igualdad de educación y oportunidad, mantener su norma de vida en el nivel más bajo posible y muy por debajo de la del blanco, y negarles reconocimiento político en un país democrático donde todos los hombres tienen derecho al voto y se les impide que participen de este privilegio constitucional. En los Estados del norte no existen estas condiciones en la misma medida, pero constantemente se establecen diferencias; se les niega igualdad de oportunidad, y deben luchar [i112] por cada uno de los privilegios. Algunos senadores ignorantes y corrompidos atacan constantemente las buenas intenciones del pueblo estadounidense, perpetuando estas malas condiciones y luchando por todos los medios posibles para impedir que cambien; fomentan los temores de sus constituyentes y bloquean todo movimiento que pueda traer una situación mejor y más limpia, que estuviera de acuerdo a la Constitución. Estos políticos miopes tratan de desviar la cuestión y echar tierra a los ojos de los constituyentes, haciendo ver que luchan por la libertad de las distantes y pequeñas [e118] naciones europeas; al mismo tiempo desafían continuamente a su propia Constitución, negándole a los negros su libertad y liberación en su propio país. No hay excusa posible para tal actitud, y sigue siendo un misterio para las mentes iluminadas de las naciones, porque un pueblo de amplia mentalidad como el de Estados Unidos -que clama a gritos por la libertad personal e insiste sobre la defensa de la Constitución- permite que tal condición exista y se mantenga en sus cargos a hombres que constantemente infringen los derechos constitucionales de ciudadanos estadounidenses. En el sur, la pretensión de que el negro por su educación no está preparado para votar, es refutada por el hecho de que puede votar y vota en los Estados del norte, en muchos casos tan inteligentemente como su hermano blanco, pudiendo ser comprado su voto por los políticos como el del blanco. La afirmación de que la mujer blanca debe ser protegida contra el instinto animal del negro, nada significa, porque igualmente necesita protección contra el instinto animal del blanco, hecho debidamente comprobado por las estadísticas; la demanda de que el negro necesita paternalismo y que únicamente el blanco del sur sabe cómo manejarlo, es rechazada por el negro mismo; su repudio demuestra un sólido sentido de los valores y de que sabe distinguir entre el paternalismo (que lo mantiene [i113] atrasado, ignorante y sujeto al blanco) y la libertad, que quiere compartir con todos los hombres del mundo. El negro es por naturaleza sencillo, adaptable, bondadoso y ansía agradar y ser agradable; si hoy encontramos tantos negros arrogantes, vengativos, llenos de odio y ansiosos de imponerse, los blancos los han hecho así. Los blancos enfrentan una grave responsabilidad y en sus manos está cambiar las condiciones; cuando lo hagan verán que el negro responde a un trato bueno y justo, a igual oportunidad y a iguales condiciones de vida, así como responde a veces a la mala educación, a la política y a las malas condiciones bajo [e119] las cuales trabaja. Lo que digo aquí se refiere al problema de los negros que habitan en el hemisferio occidental. No es posible discriminar siempre en contra del negro; no se le puede pedir que defienda su país y negarle luego los derechos comunes de la ciudadanía. La opinión pública está en favor de los negros, y existe la creciente determinación entre los ciudadanos blancos decentes del hemisferio occidental, de que se les conceda a los negros los derechos constitucionales, iguales oportunidades comerciales y facilidades educativas, lo mismo que buenas condiciones de vida. El pueblo estadounidense debe hablar con claridad y exigir que se les otorgue a los negros sus derechos. Todo estadounidense blanco debe cargar con su responsabilidad por esta minoría y estudiar su problema, aprender a conocer personalmente al negro como amigo y hermano y procurar desempeñar su pequeña parte para cambiar la situación actual. Sobre el tema del matrimonio entre razas, las personas y los pensadores más capaces y sensatos, tanto de la raza blanca como de la negra, deploran los matrimonios mixtos, los cuales no traen felicidad para ninguna de las partes. Sin embargo, al considerar este tema, [i114] se debe recordar que el matrimonio entre blancos y amarillos (chinos y japoneses) es igualmente deplorable y -salvo raras excepciones- y pocas veces resultan satisfactorios desde el punto de vista de los hijos. La guerra mundial 1914-1945, por ejemplo, produjo una gran mezcla de razas; donde pasan los ejércitos hay inevitablemente promiscuidad, cuyo resultado ha sido una nueva población; en el mundo de hoy se producen y se seguirán produciendo los resultados de estas llamadas uniones ilícitas entre soldados de todas las naciones y los pueblos adonde ellos llegan. Los hijos de esta mezcla de razas, lo mismo que los mestizos y los eurasianos, podrán ser, en gran parte, la solución del problema. Habrá centenares de miles de niños, hijos de padres mezclados, que formarán parte de [e120] la población del mundo en la nueva generación y en el ciclo inmediato, y constituirán un grupo que deberá tenerse en cuenta. La Solución Comprenderán, sin duda, que encontrar una solución al problema de las minorías es, sencillamente, hallar una solución a la gran herejía de la separatividad. Esto es inmensamente difícil, no sólo por la tendencia de la humanidad que la predispone en este sentido, sino porque la naturaleza humana no se puede cambiar con facilidad ni tan rápidamente. Este cambio y la destrucción del espíritu de separatividad se lograrán en este mundo de hombres que actualmente desconfían, temen y apenas son conscientes de lo que realmente se necesita y sólo son capaces de clamar al unísono: ¡Queremos paz en nuestra época! Si por medio de una legislación se confiriera de inmediato plenos derechos constitucionales a la minoría negra, el problema continuaría, porque los corazones y las mentes de los hombres no habrían cambiado y la solución seria completamente [i115] superficial, aunque los judíos lograron lo que deseaban y se les entregó Palestina, el sentimiento antisemita actual -prácticamente sin excepción alguna- en cada nación sigue exactamente lo mismo que antes, además del derramamiento de sangre en Palestina. El problema es más profundo de lo que con frecuencia se cree; es inherente a la naturaleza humana y al producto de incontables siglos de desarrollo fomentado y de un erróneo tipo de educación de las masas. Todavía una nación está en contra de otra, un grupo en contra de otro (en la palestra política), un partido en contra de otro y un hombre en contra de otro hombre. Los seres inteligentes y previsores, aquellos que están impulsados por un sano y altruista sentido común, los idealistas y los hombres y mujeres de [e121] buena voluntad, se hallan en todas partes y se esfuerzan por encontrar una solución y construir una nueva estructura mundial de ley, orden y paz, que asegure las correctas relaciones humanas, pero son a su vez una ínfima minoría, en comparación con la vasta multitud de seres humanos que pueblan nuestra tierra, siendo su tarea difícil, y, en el nivel en que trabajan, a veces les parece que las dificultades son casi insuperables. Ciertas preguntas surgen inevitablemente en las mentes de las personas de buena voluntad de todas partes, y son: ¿Se podrá confiar en que las Grandes Potencias actúen con altruismo a favor de las pequeñas potencias y de la humanidad en general? ¿Se podrá olvidar y poner fin a la política de poder y a los diversos imperialismos nacionales? ¿Se podrá trazar una política mundial que asegure la justicia para todas las naciones, grandes o pequeñas? ¿Podrá ser suficientemente fuerte la opinión mundial en favor de las correctas relaciones humanas, como para coartar la acción de los agresores egoístas y dar oportunidad a quienes pocas veces la han tenido? La esperanza de establecer una era de correctas relaciones humanas, dentro de cada nación o internacionalmente, ¿es un [i116] sueño imposible, pérdida de tiempo o únicamente un simple deseo? La meta de las correctas relaciones humanas, igualdad de derechos y de oportunidades para todos los hombres, ¿es suficiente incentivo para que todas las personas bien intencionadas trabajen con alguna esperanza de éxito? ¿Cuáles son los primeros pasos que debieran darse a fin de fomentar tales esfuerzos y proporcionar una base segura para la buena voluntad mundial? ¿Qué podría hacerse para despertar a la opinión pública a fin de que los legisladores y políticos de todas partes [e122] puedan dar los pasos necesarios para establecer correctas relaciones humanas? ¿Qué debieran hacer las minorías para obtener la satisfacción de sus justas demandas, sin provocar nuevas disensiones ni alimentar el fuego del odio? ¿Cómo se podrían eliminar esas grandes líneas divisorias existentes entre razas, naciones y grupos, y también las separaciones existentes en todas partes, para que surja la "Humanidad Una" en todos los asuntos mundiales? ¿Qué se podría hacer para desarrollar la conciencia de que lo bueno para la parte debe ser también bueno para el todo, y que el mayor bien de la unidad dentro del todo garantiza el bien de ese todo? Estas y muchas otras preguntas surgen y demandan una respuesta. La respuesta es una trivialidad generalmente aceptada y lamentablemente considerada sin importancia alguna: El establecimiento de correctas relaciones humanas mediante el desarrollo del espíritu de buena voluntad. Sólo entonces tendremos un mundo de paz, preparado para avanzar hacia una era nueva y mejor. Aunque una trivialidad en la mayoría de los casos es la afirmación de una verdad reconocida, resulta difícil en este caso hacer que la gente acepte su factibilidad. Sin embargo, debido a que es una verdad, ella se demostrará oportunamente como tal, no sólo en la mente de unas pocas personas dispersas aquí y allá, sino en amplia [i117] escala por todo el mundo. La gente espera ansiosamente que suceda algo inesperado y extraordinario; anticipa un milagro y que Dios (cualquiera sea el significado que se dé a esta palabra) actúe desligándola de la responsabilidad y haciéndole el trabajo que a ella le corresponde. Los hombres no progresan con tales métodos; tampoco aprenden ni evolucionan eludiendo la responsabilidad. Podría suceder el milagro y aparecer lo bello y lo inesperado, pero esto sólo sucederá cuando los hombres hayan creado el clima propicio y hecho posible, mediante la maravilla de su [e123] propia realización, la manifestación de una expresión aún más maravillosa de la rectitud. No podremos obtener una expresión mayor de la divinidad hasta que los hombres actúen en forma más divina de lo que lo han hecho hasta ahora. Tampoco volverá Cristo ni se despertará la conciencia crística hasta que El esté más despierto y alerta en cada hombre, de lo que actualmente está; el Príncipe o el Espíritu de la Paz no hará sentir Su presencia de paz en la tierra hasta que las intenciones pacíficas de los hombres cambien el aspecto de los problemas del mundo. La unidad no será característica distintiva del género humano hasta que los hombres hayan derribado las murallas separatistas y eliminado las barreras entre una raza y otra, una nación y otra nación, una religión y otra y un hombre y otro hombre. La maravilla de la actual situación y la gran oportunidad que encierra es que, por primera vez y en escala planetaria, los hombres se dan cuenta de que debe ser eliminado el mal; en todas partes se discute y se planea, se organizan reuniones y asambleas, conferencias y comités, que van desde las grandes deliberaciones de las Naciones Unidas, hasta las pequeñas reuniones celebradas en alguna aldea remota. La belleza de la actual situación estriba en que aún en la comunidad más pequeña se les ofrece a sus habitantes una expresión práctica de lo que se necesita mundialmente; [i118] las diferencias existentes entre familias, iglesias, municipalidades, ciudades, naciones, razas, e internacionalmente, claman por el mismo objetivo y por el mismo proceso de reajuste: el establecimiento de correctas relaciones humanas. La técnica o el método para obtenerlo es siempre y en todas partes el mismo: el empleo del espíritu de buena voluntad. La buena voluntad es la expresión más simple del verdadero amor y lo que se comprende más fácilmente. El empleo de la buena voluntad, respecto a los problemas que la humanidad debe enfrentar, libera a la inteligencia para [e124] la acción constructiva; donde hay buena voluntad se derriban las barreras de la separación y de la incomprensión. El amor y la comprensión se manifestarán oportunamente después que se exprese en forma práctica la buena voluntad como un factor eficiente para establecer todo tipo de relación humana, y como medio de contacto entre grupos, entre naciones y sus minorías, entre una nación y otra, y también en el campo internacional de la política y la religión. Quizás esté muy distante la expresión del verdadero amor como un factor importante en la vida de nuestro planeta, pero la buena voluntad es una posibilidad del momento actual, y es una necesidad apremiante organizar la buena voluntad. Actualmente se habla mucho de buena voluntad y estos términos se emplean continuamente; existe la sana intención de aplicarla en todos los campos del pensamiento humano, respecto a cualquier problema humano; evidentemente hoy se hace un verdadero esfuerzo para lograr que la buena voluntad sea un agente eficaz para negociar la paz y la comprensión mundiales y para establecer correctas relaciones humanas. Es necesario que las personas de buena voluntad de todo el mundo desarrollen inmediatamente una campaña para que el significado de la buena voluntad sea bien comprendido, y hagan resaltar su carácter práctico, reuniendo a un grupo mundial eficaz y activo de hombres y mujeres de buena voluntad, no con el fin de crear una superorganización sino para convencer al desdichado, [i119] deprimido o maltratado, de la enorme ayuda inteligente que tiene a su disposición. Los hombres de buena voluntad deben también demostrar su capacidad para fortalecer las manos de los trabajadores que bregan por establecer correctas relaciones humanas y probarles que existe el poder de la fuerza de una opinión pública entrenada y viviente (entrenada por hombres de buena voluntad) la cual pueden utilizar. Así establecerán en cada nación, ciudad y pueblo, un núcleo de personas de [e125] buena voluntad comprensivas, con sentido común práctico, con conocimiento de los problemas mundiales, dispuestas a difundir la buena voluntad y a descubrir en su medio ambiente a esas personas que piensan como ellos. Educar es el trabajo de las personas de buena voluntad; ellas no dan ni abogan por una solución milagrosa de los problemas del mundo, pero saben que el espíritu de buena voluntad, especialmente cuando está entrenado y complementado por el conocimiento, puede producir un clima y una actitud propicios para la solución de los problemas. Cuando se reúnen hombres de buena voluntad, no importa a qué partido político, nación o religión pertenezcan, no hay problema que no puedan resolver a entera satisfacción de las diversas partes implicadas. El trabajo principal de los hombres de buena voluntad consiste en crear este clima y despertar esta actitud, y no en dar soluciones manidas. El espíritu de buena voluntad debe primar siempre aunque haya desacuerdos fundamentales entre las partes. Pero eso rara vez sucede hoy. Un verdadero espíritu de buena voluntad prevalece en algunas sesiones de la Organización de las Naciones Unidas, en lo que respecta a ciertos puntos difíciles y delicados, y ello es cada vez más evidente. No hay razón para creer que el desarrollo de la buena voluntad mundial sea un proceso lento y gradual. Sucederá lo contrario si los hombres y mujeres que hoy sienten una genuina [i120] buena voluntad y no tienen prejuicios, trataran de unirse y trabajar juntos para difundirla. A toda persona que tenga prejuicios, sea fanática religiosa o acérrima nacionalista, le es difícil despertar la buena voluntad, lo cual es fácil de lograr si realmente aman a su semejante y no lo coarta, pero antes tendrá que descubrir en su propia mente esa zona oscura donde existe ese muro separatista y derribarlo. También deberá desarrollar (con toda premeditación) la verdadera buena voluntad (no tolerancia) hacia el objeto de su prejuicio, hacia el hombre de diferente [e126] religión y hacia la nación o raza que mira con desdén y despierta su antagonismo. Un prejuicio es el primer ladrillo de la pared separadora. La buena voluntad está mucho más difundida en el mundo de lo que la gente cree; necesita solamente ser descubierta, entrenada y estar activa. Sin embargo no debe ser explotada por los grupos que trabajan para sus propios fines, aunque los crean honestos y correctos o sinceros. Si así fuera sería desviada hacia fines partidistas. Los hombres de buena voluntad se hallan entre un grupo opuesto y otro, a fin de crear las condiciones donde es posible el debate y la contemporización. Siguen constantemente el "noble sendero medio" del Buddha, que pasa entre los pares de opuestos y va directamente al corazón de Dios; huellan el "estrecho camino" del amor, al que se refirió el Cristo, lo cual indica que están recorriéndolo a través de la expresión del único aspecto del amor que la humanidad puede comprender actualmente: la Buena Voluntad. Cuando la buena voluntad sea expresada y organizada, reconocida y utilizada, todos los problemas mundiales, cualesquiera sean, se solucionarán a su debido tiempo. Cuando la buena voluntad sea un factor verdadero y activo en los asuntos humanos, obtendremos una comprensión más amplia y plena de amor y lograremos expresar algunos de los aspectos [i121] más elevados de ese amor divino. Cuando la buena voluntad esté difundida entre los hombres, veremos establecidas las correctas relaciones humanas y descubriremos en el género humano una nueva confianza, fe y compresión. Existen millares de hombres y mujeres de buena voluntad en todas las naciones y en el mundo entero, que deben ser descubiertos, llegar hasta ellos y ponerlos en contacto y hacerlos trabajar para crear un correcto ambiente en los asuntos del mundo y en sus propias comunidades; deben saber que unidos son omnipotentes y pueden educar y entrenar a la opinión pública, para que la actitud del mundo [e127] hacia los problemas mundiales sea justa, correcta y esté de acuerdo al Plan divino; tienen que darse cuenta además que la solución de los problemas cruciales que enfrenta la humanidad al entrar en la Nueva Era, no vendrá imponiendo al público determinada línea de acción con campañas y propaganda, sino abogando por el espíritu de buena voluntad y desarrollándolo, lo cual traerá como resultado un ambiente y una sana actitud, más un corazón comprensivo La era cristiana fue introducida por un mero puñado de hombres -los doce Apóstoles, los setenta discípulos y las quinientas personas que reconocieron el mensaje del Cristo. La nueva era, en la que el Cristo "verá el afán de su Alma y quedará satisfecho", la están introduciendo centenares de miles de personas de buena voluntad, que están activas hoy en el mundo, y lo estarán más si se las reconoce, se llega hasta ellas y se las organiza. |
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