Telepatía y el Vehículo Etérico - Segunda Parte - Capítulo V

      


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SEGUNDA PARTE

CAPITULO V

LA NATURALEZA DEL ESPACIO

 

     [e141] [i177] Ciertas amplias generalizaciones respecto al cuerpo etérico pueden ser traídas a colación en este punto. Su existencia, en relación a todas las formas tangibles y exotéricas, es aceptada hoy por muchas escuelas científicas; sin embargo, la enseñanza original ha sido modificada a fin de que esté de acuerdo a las teorías usuales de la energía y sus formas de expresión. Hoy, los pensadores reconocen de hecho la naturaleza de la energía (empleo los términos "de hecho" premeditadamente); la energía es ya considerada como todo lo que ES; la manifestación es manifestación de un mar de energías, con algunas de las cuales se construyen las formas, otras constituyen el medio en que viven, se mueven y tienen su ser dichas formas, y aun otras animan tanto a las formas como a su medio ambiente sustancial. Debe recordarse también que las formas existen dentro de las formas, tal es la base del simbolismo representado en las esferas de marfil talladas por los artífices chinos, donde una bola está dentro de otra, primorosamente talladas, aunque libres y sin embargo confinadas. Un ejemplo lo tenemos en nosotros mismos, cuando nos hallamos en una habitación, somos una forma dentro de otra forma; esa habitación es una forma dentro de otra que es la casa, y ésta a su vez es similar a otras casas, colocadas unas sobre otras o al lado de otras, y juntas constituyen una forma mayor. Sin embargo, estas diversas formas están compuestas de sustancia tangible que - al ser coordinadas y reunidas por algún canon o idea reconocida en la mente de algún pensador - crea una forma material. Esta sustancia intangible está compuesta de energías vivientes que vibran en estrecha relación; no obstante, tiene su propia cualidad y [i178] vida cualificada. Gran parte de esto fue considerado en Tratado sobre Fuego Cósmico y sería de utilidad volver a releerlo. No lo repetiré aquí porque trato de encararlo de otra manera.

     Sería útil señalar que todo el universo es etérico y vital por naturaleza, y de una extensión que excede las cifras astronómicas, y está fuera de la comprensión de la mente más aguda de la época, [e142] si esta afirmación tiene sentido. Esta extensión no es calculable ni siquiera en términos de años luz; dicha zona etérico cósmica es campo de incontables energías y base de todas las computaciones astrológicas; es el escenario de todos los ciclos históricos - cósmicos, del sistema y planetarios - y está relacionada con las constelaciones, los mundos de los soles, las estrellas más distantes y los numerosos universos conocidos, como también con nuestro propio sistema solar, los innumerables planetas y con este planeta sobre el cual vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser, así como también con la forma más ínfima de vida, conocida por la ciencia y comprendida por ese término sin sentido: "átomo". Todo existe en el Espacio, el cual es etérico por naturaleza, y según dice la ciencia esotérica, el Espacio es una Entidad. La gloria del hombre reside en el hecho de que es consciente del Espacio y puede imaginar dicho espacio como el campo de la actividad viviente divina, plena de formas inteligentes y activas, cada una ubicada en el cuerpo etérico de esta Entidad desconocida, y todas relacionadas mutuamente por medio del poder, que no sólo mantiene su existencia sino que conserva su posición en relación con las demás; cada una de estas formas diferenciadas posee, no obstante, su propia vida diferenciada, su propia y excepcional cualidad o colorido integral y su propia específica y peculiar forma de conciencia.

     El cuerpo etérico - vasto y desconocido, en cuanto a su extensión - es de naturaleza ilimitada, y de capacidad estática, hablando comparativamente; conserva una forma fija [i179] de la que nada sabemos, la forma etérica de la Entidad desconocida. A esta forma la ciencia esotérica da el nombre de ESPACIO; es la zona fija donde toda forma, desde un universo hasta un átomo, encuentra su ubicación.

     Hablamos a veces de un universo en expansión, queriendo significar, en realidad, que es una conciencia que se expande, porque este cuerpo etérico de la Entidad llamada Espacio, es el receptor de muchos tipos de energía penetrante que produce formas, siendo también el campo de la actividad inteligente de las Vidas que moran internamente en el universo, en las numerosas constelaciones, en las distantes estrellas, en nuestro sistema solar, en los planetas que se hallan dentro del sistema y en todo lo que constituye la suma total de estas formas separadas y vivientes. El factor que las relaciona no es más que la conciencia, y el campo de percepción consciente es creado mediante la interacción de todas las formas vivientes inteligentes, dentro de la zona del cuerpo etérico de esa gran Vida que llamamos ESPACIO.

     Cada forma dentro del cuerpo etérico es como un centro en un planeta o en un cuerpo humano, y esta semejanza - basada sobre [e143] lo que he dado aquí respecto a los centros humanos - es correcta y puede ser comprobada.

     Cada forma - puesto que constituye una zona compuesta de vidas sustanciales o átomos - es un centro dentro del cuerpo etérico de la forma, de la cual es parte integrante. Como base de existencia tiene un punto dinámico viviente que integra la forma y mantiene su ser esencial. Esta forma o centro - grande o pequeño, un hombre o un átomo de sustancia - está relacionada con todas las otras formas y energías que se expresan en el espacio circundante, siendo automáticamente receptiva para unas y rechazando a otras, por el proceso de no reconocimiento. Trasmite o retrasmite las energías que irradian de otras formas y a su vez se convierte en un agente de impresión; por lo tanto podrá verse dónde se unen y fusionan las verdades diferenciadas, obligándonos a usar los [i180] mismos términos para expresar las mismas verdades o ideas.

     Además, cada punto de vida dentro de un centro tiene su propia esfera de radiación o su propio y creciente campo de influencia, campo que depende necesariamente del tipo y de la naturaleza de la Conciencia que mora en él. Esta interacción magnética, entre los numerosos y extensos centros de energía del espacio, es la base de todas las relaciones astronómicas entre universos, sistemas solares y planetas. Sin embargo, recuérdese que el aspecto CONCIENCIA hace que la forma sea magnética, receptiva, repulsiva y trasmutadora; esta conciencia difiere de acuerdo a la naturaleza de la entidad que da forma o actúa a través de un centro, grande o pequeño. Recuerden también que aquello que fluye por todos los centros y anima la totalidad del espacio es la vida de una Entidad; es la misma vida que existe en todas las formas, limitada en tiempo y espacio por la intención, el deseo, la forma y la cualidad de la conciencia moradora; los tipos de conciencia son numerosos y diversos, pero la vida es siempre la misma e indivisible, pues es la VIDA UNA.

     La esfera de radiación está condicionada siempre por el punto de evolución de la vida dentro de la forma; la vida misma es el factor que correlaciona, integra y relaciona un centro con otro y establece contacto; la vivencia es la base de toda relación aunque esto no sea inmediatamente evidente para el lector; la conciencia cualifica el contacto y colora la radiación. Aquí veremos nuevamente la misma triplicidad fundamental, a la que di los nombres de Vida, Cualidad y Apariencia en un libro anterior. (1) En consecuencia una forma es un centro de vida dentro de algún aspecto [e144] del cuerpo etérico de la Entidad llamada Espacio, en lo que respecta a una existencia animada y viviente, como la de un planeta. Lo mismo ocurre con todas las formas menores, como las que existen sobre y dentro de un plano.

     [i181] Este centro contiene en sí un punto de vida relacionado con todas las energías que lo rodean; posee su propia esfera de radiación o influencia, que depende de la naturaleza o fuerza de su conciencia y del factor dinámico condicionador de la entidad que anima su vida mental. Estos puntos merecen una cuidadosa consideración. Finalmente, cada centro posee su triángulo central de energías; una de ellas expresa la vida animadora de la forma; otra, la cualidad de su conciencia; mientras la tercera - vida integrante y dinámica que mantiene unida la forma y la conciencia en una vivencia expresiva - condiciona la radiación de la forma, su sensibilidad o insensibilidad, a la energía circundante, a la naturaleza general de la vida que le da forma, más su capacidad creadora.

     Gran parte de lo que he dado aquí sirve para dilucidar lo que he escrito sobre astrología esotérica; (2) les dará la clave de esa ciencia de relaciones, clave esencial de la astrología, y también de la ciencia de Laya Yoga. Esta última ciencia (afortunadamente para la raza aria) ha caído en desuso desde los últimos días de la Atlántida; sin embargo, será restaurada y utilizada en una vuelta más alta de la espiral, durante los próximos quinientos años, cuando sea correctamente interpretada y debidamente restaurada; no se pondrá el énfasis sobre la naturaleza del centro involucrado sino sobre la cualidad de la conciencia, que caracteriza a cualquier centro, que necesariamente condicionará su esfera de radiación. De acuerdo a la gran Ley de Correspondencia o Analogía, el estudiante puede aplicar, todo lo que he dado aquí, a cada forma de vida: a un universo, a un sistema solar, a un planeta, a un ser humano o cualquier forma subhumana, y al átomo más insignificante de sustancia (¡y todo lo que para ustedes signifique este último término!)

Notas:

(1) Tratado sobre los Siete Rayos. T. I.
(2) Tratado sobre los Siete Rayos. T. III - El Destino de las Naciones.

 


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