De Belén al Calvario - Notas Preliminares

      


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CAPÍTULO 1

NOTAS PRELIMINARES SOBRE LA INICIACIÓN


[e11] [i3] PENSAMIENTO CLAVE

"Existe una humana apetencia de Dios, pero también hay apetencia divina por el hombre. Dios es la idea suprema, la preocupación y el deseo supremo del hombre. El hombre es la idea suprema, la preocupación y el deseo supremo de Dios. El problema de Dios es un problema humano. El problema del hombre es un problema divino... El hombre es la contraparte de Dios y de Su bienamado, del cual espera amor recíproco. El hombre es la otra persona del divino misterio. Dios necesita al hombre. Su voluntad no sólo es que Él exista, sino que exista también el hombre, el Amante y el amado".

Wrestlers with Christ,
por KARL PFLEGER, pág. 236.


1

Estamos en el proceso de pasar de una era religiosa a otra. Las actuales tendencias espirituales se van definiendo cada vez más. Los corazones de los hombres nunca han estado más abiertos que ahora a la impresión espiritual, y la puerta hacia el propio centro de la realidad está abierta de par en par. Sin embargo, paralelamente, este significativo desarrollo ha dado un giro en dirección contraria y las filosofías materialistas y las doctrinas negativistas prevalecen cada vez más. Para muchos, toda la cuestión de la validez de la religión cristiana debe aún determinarse. Se sostiene que el cristianismo ha fracasado y que el hombre no necesita el relato del Evangelio con sus implicancias de divinidad y su incitación al servicio y al sacrificio.

El Evangelio ¿es históricamente verdad? ¿Se trata de una narración mística de gran belleza y de verdadero valor educativo, que sin embargo no es de importancia vital para los hombres y mujeres inteligentes que se enorgullecen hoy de sus poderes de
[e12] razonar, de su independencia de los antiguos impedimentos mentales y de las viejas y polvorientas tradiciones? Acerca de la descripción sobre la perfección del carácter de Cristo no existe duda alguna. Los enemigos del cristianismo admiten Su excepcionalidad, Su básica profundidad, Su comprensión de los corazones de los hombres. Reconocen lo inteligente de Sus ideas y las apoyan en sus propias filosofías. Los desarrollos que el Carpintero de Nazareth causó en la trama de la vida humana, Sus ideales sociales y económicos y la belleza de la civilización que podría fundarse sobre las enseñanzas éticas del [i4] Sermón de la Montaña, son destacados con frecuencia por la mayoría de quienes rehúsan reconocer Su misión como expresión de la divinidad. Desde el punto de vista racional, la cuestión de la autenticidad histórica del relato de Su vida permanece aún sin resolverse, aunque Su enseñanza sobre la Paternidad de Dios y la hermandad del hombre, está respaldada por las mentalidades más sobresalientes de la raza. Los que se mueven en el mundo de las ideas, de la fe y de la experiencia viviente, dan testimonio de Su divinidad y de nuestro posible acercamiento a Él. Pero tal testimonio es considerado a menudo con ligereza, como místico, fútil y carente de pruebas. La creencia individual, después de todo, no es de valor para nadie, excepto para el propio creyente, o en lo que tiende a acrecentar el testimonio hasta asumir tales proporciones que con el tiempo se convierta en una prueba. Respaldarse en un "tipo de creencia", puede indicar una experiencia viviente y constituir una especie de autohipnotismo y una "vía de escape" de las dificultades y problemas de la vida cotidiana. El esfuerzo por comprender, adquirir experiencia, experimentar y expresar lo que se conoce y cree, es frecuentemente demasiado difícil, para la mayoría, por eso se respaldan en una creencia basada en el testimonio de quienes inspiran confianza, como la forma más fácil de salir del paso.

Los problemas de la religión y los del cristianismo ortodoxo, no son una ni la misma cosa. H. Fielding (1) aclara bien esta diferencia, diciendo:

"Lo que llaman religión, yo lo llamo solamente razonamiento acerca de la religión. Los dogmas y los credos no constituyen la religión. Son síntesis de las razones que dan los hombres para explicar los hechos de la vida que constituyen la religión, así como las filosofías son síntesis de las teorías que expresan los hombres para explicar otros hechos. Tanto los credos como las filosofías surgen de la razón. Son especulaciones, no hechos. Son términos pesimistas del cerebro. La religión es algo distinta, es una serie de hechos".

[e13] Gran parte de la crítica e incredulidad que nos circunda, así como también la negación a lo que llamamos verdades, se basa en el hecho de que la religión ha sido reemplazada en gran parte por un credo, y la doctrina ha tomado el lugar de la experiencia viviente, que es la nota clave de este libro.

Quizás otra razón por la cual la humanidad cree actualmente tan poco, o duda tan lamentablemente sobre lo que se cree, sea el hecho de que los teólogos trataron de sacar al cristianismo del lugar que ocupa en el esquema de las cosas y pasaron por alto su posición en la gran continuidad de la revelación divina. Trataron de acentuar su excepcionalidad, considerándola totalmente una independiente y aislada expresión de la religión espiritual. Con ello destruyen su raigambre, sacuden sus cimientos y hacen que resulte difícil, para la mente humana que se va
[i5] desarrollando constantemente, aceptar su presentación. Sin embargo, San Agustín dice que "la denominada religión cristiana existió entre los antiguos, y no desde el comienzo de la raza humana hasta que Cristo encarnó, en esa época la verdadera religión que ya existía comenzó a llamarse cristianismo". (2) La sabiduría que expresa relación con Dios, las reglas del sendero, que guían nuestros errantes pasos de retorno al hogar del Padre, y las enseñanzas que trae la revelación, siempre han sido las mismas a través de las edades, e idénticas a las que Cristo enseñó. Este conjunto de verdades internas y esta riqueza de conocimiento divino han existido desde tiempo inmemorial. Tal es la verdad que Cristo reveló, pero hizo algo más. Reveló en Sí Mismo y a través de Su vida, lo que estos conocimientos y sabiduría podrían hacer por el hombre. Demostró la total expresión de la divinidad en Sí Mismo y ordenó a sus discípulos hacer lo propio.

En la continuidad de la revelación, el cristianismo entra en su ciclo de expresión bajo la misma ley divina que rige a toda manifestación –la Ley de la Aparición Cíclica. La revelación pasa primero por todas las fases de la manifestación o apariencia de la forma, luego por el crecimiento y desarrollo y, finalmente (cuando el ciclo se aproxima a su fin), la cristalización, y un gradual pero constante énfasis puesto sobre la letra y la forma, hasta que la muerte de la forma sea inevitable y oportuna. Pero el espíritu sigue viviendo y toma nuevas formas. El Espíritu de Cristo es inmortal, y así como Él vive eternamente, lo que Él encarnó para demostrarlo, también debe vivir. La célula en la matriz, la etapa de lo diminuto, el desarrollo del niño, hasta convertirse en hombre,
[e14] a todo esto se sometió el Cristo, pasando por todos los procesos que configuran el destino de cada hijo de Dios. Debido a esta sumisión y a que "porque padeció, aprendió la obediencia", (3) se confió en que Él podía revelar a Dios al hombre y (si puede decirse) lo divino en el hombre a Dios. Los Evangelios [i6] demuestran que Cristo continuamente proclamaba este reconocimiento del Padre.

Esta gran continuidad de la revelación es nuestra posesión más preciada, y en ella encaja y debe encajar la religión de Cristo. Dios nunca ha quedado sin testigos y nunca quedará. Con frecuencia olvidamos el lugar que ocupa el cristianismo como realización del pasado y como peldaño hacia el futuro, siendo quizás ésta una de las razones de por qué la gente habla de un cristianismo decadente y espera esa revelación espiritual que parece ser tan necesaria. De no hacer hincapié sobre esta continuidad y del lugar que ocupa en ella la fe cristiana, puede llegar la revelación y no ser reconocida.

"Se dice que antiguamente todo país que poseía una civilización, tenía una doctrina esotérica, un sistema denominado SABIDURIA, y a quienes se dedicaban a su divulgación se los denominaba al principio eruditos o sabios... Pitágoras denominó a este sistema... Gnosis o Conocimiento de las cosas existentes. De acuerdo a la noble designación de SABIDURIA, los antiguos maestros, los sabios de la India, los magos de Persia y de Babilonia, los videntes y profetas de Israel, los hierofantes de Egipto y de Arabia y los filósofos de Grecia y de Occidente, abarcaron todo el conocimiento, que consideraron esencialmente divino, clasificándolo en parte como esotérico y el resto como externo". (4)

Conocemos mucho sobre enseñanza exotérica. El cristianismo ortodoxo y teológico se funda en ella, como toda formulación ortodoxa de las grandes religiones. Sin embargo, cuando se olvida la enseñanza sobre la sabiduría interna y se ignora el aspecto esotérico, desaparecen el espíritu y la experiencia experimental viviente. Nos ocupamos de los detalles, de la forma externa de la fe y olvidamos lamentablemente el significado interno que proporciona vida y salvación al individuo y a la humanidad. Batallamos arduamente por lo no esencial de las interpretaciones tradicionales y no enseñamos el secreto y la técnica de la vida cristiana. Recalcamos preferentemente los aspectos doctrinales y dogmáticos y deificamos la letra, mientras tanto el alma del [i7] hombre clama por el espíritu de la vida, velado por la letra. Nos apasionamos por el aspecto histórico de la narración evangélica, el elemento tiempo, [e15] la exactitud de las numerosas traducciones, pero no percibimos la magnificencia verdadera de la realización de Cristo y la significativa enseñanza que encierra para el hombre y la raza. El drama de Su vida y su aplicación práctica a las vidas de Sus seguidores, se ha perdido de vista por la indebida importancia dada a ciertas frases que se Le atribuyen, mientras que lo que expresó con Su vida y las relaciones que recalcó y consideró implícitas en Su revelación, fueron totalmente ignoradas. Puede decirse que:

"El cristianismo posee un contenido característico, independiente de todos los elementos contenidos en él. Este contenido simple es únicamente Cristo. En el cristianismo como tal, encontramos a Cristo y sólo a Él. Esta verdad fue enunciada repetidamente, pero se ha asimilado muy poco. Lo nuevo, original y excepcional en el cristianismo no consiste en doctrinas generales, sino en hechos concretos; no es el contenido especulativo de Sus ideas, sino su encarnación en la viviente personalidad histórica de Quien pudo llamarse el camino, la verdad y la vida. Cristo es la síntesis viviente y personal de toda verdad religiosa revelada en el transcurso de los siglos. Y Él puede ser valorado y comprendido sólo a la luz de una síntesis religiosa y filosófica que 'abarque el contenido total de la evolución religiosa sin excluir ni un solo elemento positivo' ". (5)

Defendemos al Cristo histórico y, en la lucha, perdemos de vista Su mensaje de amor a todos los seres. Los fanáticos discuten sobre Sus palabras y olvidan que fue "el Verbo hecho carne". Argumentarnos acerca del Nacimiento virginal del Cristo y olvidamos la verdad que la Encarnación está destinada a enseñarnos. Evelyn Underhill señala en su valiosa obra Mysticism, que "la Encarnación, que para el cristianismo popular es sinónimo del nacimiento histórico y la vida terrena del Cristo, para el místico no sólo es eso, sino un proceso perpetuo, cósmico y personal".

Los estudiosos dedican su vida a probar que toda la historia es únicamente un mito. Debería tenerse en cuenta, no obstante, que un mito es una creencia sintetizada y un conocimiento del pasado, trasmitido para guiarnos y formar los cimientos de una nueva revelación y un peldaño para la siguiente verdad. Un mito es una verdad probada y válida que sirve de puente para salvar el abismo entre el conocimiento adquirido en el pasado y la verdad formulada en el presente, con infinitas y divinas posibilidades para el futuro. Los antiguos mitos y misterios proporcionan una presentación correlativa del mensaje divino tal como surgió de Dios, en respuesta a las necesidades del hombre, a través de las edades. La verdad de una era se convierte en el mito de la siguiente, pero su significación y realidad permanecen intocables y requieren sólo
[e16] una nueva interpretación en el presente. Esto está bellamente expresado en los párrafos dados a continuación y merecen un cuidadoso estudio: (6)

"...hecho y mito son en última instancia, indisolubles; que el uno pueda ser los muchos y los muchos uno, es la excepcional y suprema paradoja de la verdad, irreductible para el hombre.

"Pero el hombre llega a ser el amo de su destino, y cuanto más lealmente se aplique a los hechos, tanto más fiel será su reverencia por el mito.

"Pues en realidad es el reflejo del sentido común en el alma del hombre término medio, en su experimento y experiencia con la naturaleza de la Naturaleza y con la suya propia; los mitos constituyen la dinámica espiritual que, inspira a cada hombre en su momento más elevado, en el del más elevado de los hombres (el Amante verdadero), el precursor y el protagonista, el poeta y el artista, el maestro y el predicador, el filósofo y el estadista, el sacerdote y el profeta, el héroe y el santo.

"Esas miríadas de formas de la realidad, el mito evolucionante, santifica el espíritu del tiempo en cada sucesiva civilización; la propia creación corporal del hombre es invisible, imperceptible y omnipotente, y brinda a cada individuo su oportunidad..., pero dentro de esa forma el hombre tiene libertad para elegir voluntariamente entre las innumerables facetas."

[i8] Así que somos libres de elegir y de rechazar; pero debemos elegir con los ojos que la sagacidad y la sabiduría nos han abierto, señal característica de quienes se internaron considerablemente en el sendero de retorno. Existen vida, verdad y vitalidad, en la historia del Evangelio, que deben ser aplicadas nuevamente por nosotros. En el mensaje de Jesús hay dinámica y divinidad.

El cristianismo es hoy, para nosotros, una religión culminante y la más grande de las últimas revelaciones divinas. Gran parte de ella, desde su origen, hace dos mil años, terminó por ser considerada corno un mito, y los claros delineamientos de la historia se han oscurecido hasta el punto de ser frecuentemente considerados simbólicos. Sin embargo, detrás del mito y del símbolo, se halla la realidad –una verdad esencial, dramática y práctica. Esto ha sido suscintamente expresado por Richard Rothschild: (7)

"...una realidad es siempre la encarnación de una idea, es decir, un significado, un valor, un símbolo... En verdad, el símbolo fija la idea misma. Sin palabras ningún pensamiento sería posible; sin las pinceladas, ningún cuadro tomaría forma ni aún en la mente del artista. Por eso, al referirnos a la religión, en la que el género humano trata de incorporar sus conceptos más generales, descubrimos que el simbolismo es esencial".

[e17] El símbolo y la forma externa acaparan nuestra atención, mientras que el significado permanece oscurecido y no afecta suficientemente nuestras vidas. En nuestro miope análisis de la letra, perdemos la significación de la Palabra misma. Debemos penetrar detrás del símbolo hasta lo que éste encarna, y apartar nuestra atención del mundo de las formas externas, hacia el de las realidades internas. Hermann Keyserling, (8) se refiere a esto, en las palabras siguientes:

"El proceso de trasladar los niveles de la letra al significado interno, en las actitudes espirituales, puede ser explicado claramente con una simple suposición. Consiste en 'ver a través' del fenómeno. Todo fenómeno viviente es antes y después de todo, un símbolo, porque la esencia de la vida es significado. Pero todo símbolo, que es la máxima expresión de un estado de conciencia, trasparenta en sí otra expresión más profunda, y así sucesivamente hasta la eternidad, porque todas las cosas en el sentido vinculador de la vida están internamente conectadas, y sus profundidades tienen sus raíces en Dios.

"Por consiguiente, ninguna forma espiritual puede ser la máxima expresión; todo significado, que ha sido penetrado, se convierte automáticamente en una mera expresión de la letra, de otra más profunda, y de allí que el antiguo fenómeno toma un nuevo y distinto significado. Así las religiones católica, protestante, católica griega, islámica y budista, pueden en principio continuar siendo lo que fueron en el plano de esta vida y, no obstante, significar algo totalmente nuevo."

[i9] La única excusa para la aparición de este libro es que constituye una tentativa para penetrar en ese significado más profundo que subyace en los grandes acontecimientos de la vida de Cristo y llevar renovada vida e interés a la aspiración debilitada del cristiano. Si se puede demostrar que la historia revelada en los Evangelios no sólo es aplicable al Personaje divino que vivió durante un tiempo entre los hombres, sino que tiene un significado y significación prácticos para el hombre civilizado de hoy, entonces se habrá logrado algún objetivo y prestado cierto servicio y ayuda. Posiblemente hoy –debido a nuestra evolución más avanzada y a la capacidad de expresarnos mediante graduaciones de conciencia sutilmente desarrolladas—, podamos captar la enseñanza con una visión más clara y aplicar más inteligentemente la lección indicada. Este gran Mito nos pertenece –seamos suficientemente valientes para emplear este término en su verdadero y correcto significado. Un mito puede transformarse en una realidad en la experiencia de un individuo, porque es una realidad que puede probarse. Nos apoyamos en los mitos, pero debemos tratar de volver a interpretarlos a la luz del presente. Por el experimento autoiniciado podemos probar su validez, por la experiencia [e18] podemos establecer que son fuerzas que rigen nuestras vidas, y por su expresión demostrar su verdad a los demás. Éste es el tema del presente libro, pues trata los hechos referidos en el Evangelio, ese quíntuple mito correlativo que enseña la revelación de la divinidad en la persona de Jesucristo, una verdad eterna en su sentido cósmico e histórico y en su aplicación práctica para el individuo. El mito se divide en cinco grandes episodios:

  1. El Nacimiento en Belén.
  2. El Bautismo en el Jordán.
  3. La Transfiguración en el Monte Carmelo.
  4. La Crucifixión en el Gólgota.
  5. La Resurrección y la Ascensión.

Nuestra tarea consiste en develar su significado y reinterpretarlos en términos modernos.

[i10] La historia del hombre ha alcanzado un punto de crisis y de culminación debido a la influencia del cristianismo. Como miembros de la familia humana, el hombre ha llegado a un nivel de integración desconocido en el pasado, excepto en el caso de una selecta minoría en cada país. El hombre es, como dicen los psicólogos, un conjunto de organismos físicos, de fuerza vital, de estados psíquicos o condiciones emocionales, y de reacciones mentales o pensantes. El hombre está preparado para que se le indique su siguiente transición, desarrollo o desenvolvimiento. Espera esto y está alerta para aprovechar la oportunidad. La puerta hacia un mundo de existencia y conciencia superiores está abierta de par en par; el camino al reino de Dios está claramente marcado. Muchos entraron en ese reino en el pasado, despertaron y se encontraron en un mundo de existencia y comprensión, que para la mayoría es un misterio cerrado. La gloria del momento presente reside en que miles de seres se hallan ya preparados y (si se les da la instrucción necesaria) pueden ser iniciados en los misterios de Dios. Un nuevo desarrollo de la conciencia es hoy posible; una nueva meta ha surgido y rige las intenciones de la mayoría. Como raza, estamos definidamente encaminados hacia un nuevo conocimiento, nuevos reconocimientos y un mundo más profundo de valores. Lo que ocurre en el plano externo de la experiencia, es señal de un acontecimiento en un mundo más sutil de significados. Para ello debemos prepararnos.

Vimos que la revelación cristiana unifica las enseñanzas del pasado. Esto Lo indicó Cristo Mismo cuando dijo: "No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas, no he venido para abrogar, sino para cumplir". (9) Cristo encarnó todo el pasado
[e19] y reveló al hombre sus más altas posibilidades. Las palabras del Dr. Berdyaev (10) arrojan más luz sobre el tema:

"La revelación cristiana es universal, y todo la analogía que existe en otras religiones, es sencillamente una parte de esa revelación. El cristianismo no es una religión del mismo orden que otras; como ha dicho Schleiermacher, es la religión de las religiones. ¿Qué importancia tiene si dentro del [i11] cristianismo, que se supone es tan distinto de las otras creencias, no hay nada de original fuera de la venida de Cristo y de Su, Personalidad?, ¿no es precisamente sobre esto que se cumple la esperanza de todas las religiones?".

Cada gran período de tiempo y cada ciclo mundial tendrá –por la amorosa bondad de Dios— su religión de religiones que sintetiza todas las revelaciones pasadas e indica la esperanza futura. La actual expectativa del mundo demuestra que estamos al borde de una nueva revelación, revelación que en modo alguno negará nuestra divina herencia espiritual, sino que, a la maravilla del pasado, agregará una clara visión del futuro. Expresará lo divino, algo hasta ahora no revelado. Por lo tanto, es posible que la comprensión de algunos de los significados más profundos de la historia del Evangelio, permita al buscador moderno captar una síntesis más amplia del tema.

Algunas de esas implicaciones más profundas se trataron en una obra publicada hace muchos años, titulada The Crisis of the Christ, escrita por un cristiano veterano, el Dr. Campbell Morgan. Tomó los cinco episodios principales de la vida del Salvador, en torno a los cuales se ha erigido todo el Evangelio, y los aplicó, amplia y generalmente, impartiéndonos la comprensión de que Cristo no sólo pasó por esas dramáticas experiencias, sino que nos dejó el definido mandato de "seguir Sus pasos". (11) ¿No es posible que esos grandes hechos en la experiencia de Cristo, esos cinco aspectos personificados del mito universal, puedan tener, para nosotros, como individuos, un interés más allá de lo histórico y lo personal? ¿No es posible que encarnen una experiencia o empresa iniciática por la cual podrán ahora muchos cristianos experimentar y así obedecer Su mandato de entrar en una nueva vida? ¿Acaso no debemos todos nacer de nuevo, ser bautizados en Espíritu y transfigurados en la cima de la montaña de la experiencia viviente? ¿No tiene acaso la mayoría la crucifixión por delante, que conduce a la resurrección y a la ascensión? ¿Y no habremos
[i12] interpretado esas palabras en un sentido muy estrecho, con una implicancia demasiado sentimental y común, por cuanto pueden [e20] indicar, a quienes están preparados, un camino especial y un modo más rápido de seguir los pasos del Hijo de Dios? Éste es uno de los puntos que nos conciernen y que este libro tratará de desarrollar. Si puede descubrirse este significado, más intenso, si el drama del Evangelio puede llegar a ser, de alguna manera particular, el drama de las almas que ya están preparadas, entonces podremos ver la resurrección de las esencialidades del cristianismo y la revivificación de la forma que va cristalizándose con tanta rapidez. De este modo, "el credo y la teología serán nuevamente importantes para nosotros, se convertirán en los tesoros esenciales de la religión, porque en ellos la raza conserva edad tras edad, los factores determinantes de todo valor humano". (12)

2

Resulta interesante recordar que otras enseñanzas además de las dadas por el cristianismo, han hecho hincapié en estas cinco importantes crisis que ocurren, si se desea, en la vida de los seres humanos que se respaldan en su esencial divinidad. Tanto las enseñanzas hindúes como las creencias budistas, las destacaron como crisis evolutivas, que no podremos finalmente evadir; la correcta comprensión de la interrelación de estas grandes religiones mundiales, puede traer con el tiempo una mejor comprensión de todas ellas. La religión de Buda, que precedió a la de Cristo, expresa las mismas verdades básicas, pero las establece en términos diferentes, que pueden, sin embargo, ayudarnos a alcanzar una interpretación más amplia del cristianismo.

"El budismo y el cristianismo originaron respectivamente de dos inspirados momentos de la historia: la vida de Buda y la vida de Cristo. Buda dio Su doctrina para iluminar al mundo; Cristo dio Su vida. Corresponde a los cristianos discernir la doctrina. Quizás, en última instancia, la parte más valiosa de la doctrina de Buda sea la interpretación de su vida". (13)

Las enseñanzas de Lao-Tzu pueden servir también para el mismo propósito. La religión eventualmente debe ser un compendio, extraído de muchas [i13] fuentes y formado por muchas verdades. Resulta por lo tanto lícito pensar que si en la actualidad debiéramos elegir un credo, podríamos escoger el cristianismo por esta razón específica: el problema central de la vida es aferrarnos a [e21] nuestra divinidad y ponerla de manifiesto. En la vida de Cristo tenemos la demostración más completa y perfecta y el ejemplo de una divinidad vivida exitosamente en la tierra, vivida como la mayoría de nosotros debe hacerlo, no en el retiro, sino en medio de las tormentas y las tensiones.

Representantes de todos los credos se reúnen hoy para tratar la posibilidad de encontrar una plataforma, de tal universalidad y verdad, que todos los hombres puedan unirse en torno a ella, y en la cual podría basarse la futura religión mundial. Tal vez esto pueda encontrar una interpretación y comprensión más clara de los cinco relevantes episodios, en su relación excepcional y práctica, no sólo con el individuo, sino con toda la humanidad. Este conocimiento nos atará más definidamente al pasado, nos introducirá en la verdad existente entonces, y señalará nuestro deber y meta inmediatos, que al ser comprendidos, nos permitirá vivir en forma más divina y servir más adecuadamente, logrando así que la voluntad de Dios fructifique en la tierra. Lo importante es el significado interno y nuestra relación individual con ello. Como cierto escritor dice:

"Por lo tanto, formas externas de una religión, proporcionan muy escasos indicios de su significado. Un autor señala, por ejemplo, que el cristianismo 'derivó sus prácticas fundamentales e incluso varios de sus sacramentos, de las creencias religiosas y de los ritos del hombre primitivo; su cosmogonía y filosofía histórica, de los judíos; su fondo mesiánico, de los egipcios y judíos; su teológica, de los griegos; su filosofía cósmica, escatología y otras mundanalidades, de los persas; su complejo de impureza de las corrientes ascéticas, del judaísmo, de los cultos del misterio oriental y del neoplatonismo; su firmeza en la fe y su credulidad contra toda razón y observación, del neoplatonismo; su ritual y liturgia –hasta el sacramento de la misa , de los cultos de los misterios paganos; sus métodos de predicación, de los retóricos paganos, y su organización, leyes y sistema financiero, del Imperio Romano'". (14)

"Pero todo esto se refiere sólo a la parte externa de la religión, a su credo, prácticas y ritos, en otros términos, a su simbolismo. Lo que destacamos, por otra parte, es el hecho que esas exteriorizaciones, sea cual fuera su 'origen', debieran ser reinterpretadas por cada nueva cultura, asimiladas por esa cultura, digeridas por ella e integradas en su restante trasfondo de conceptos". (15)

La comprensión de la unidad y a veces la uniformidad de la enseñanza impartida en Oriente y Occidente, nos otorga una valiosa adquisición y un enriquecimiento de nuestra conciencia. Por ejemplo, el cuarto acontecimiento de la vida de Cristo, la crucifixión, tiene su paralelo en la cuarta iniciación de la enseñanza [e22] oriental, denominada la Gran Renunciación. Tenemos una iniciación llamada, en terminología budista, "la entrada en la corriente", y hay en la vida de Jesús un episodio que designamos como "el bautismo en el Jordán". La historia del nacimiento de Cristo en Belén tiene su paralelo prácticamente en cada detalle de la vida de los mensajeros de Dios que Le precedieron. Esos hechos probados deberían sin duda evocarnos el reconocimiento de que aunque haya muchos mensajeros, hay sólo un Mensaje; pero este reconocimiento en modo alguno [i14] niega la tarea señera de Cristo y la función singular que vino a realizar.

Es interesante también recordar que estas dos descollantes Individualidades, el Buda y el Cristo, estamparon Su impronta en ambos hemisferios, siendo el Buda el Instructor de Oriente y el Cristo, el Salvador de Occidente. Cualesquiera sean nuestras conclusiones personales respecto a Sus relaciones con el Padre en los Cielos, o entre sí, el hecho subsiste por sobre toda controversia: Revelaron entre Sí la divinidad a sus respectivas civilizaciones y, de una manera harto significativa, trabajaron juntos para el beneficio eventual de la raza. Sus dos sistemas son interdependientes, y Buda preparó al mundo para el mensaje y la misión de Cristo.

Ambos encarnaron en Sí Mismos ciertos principios cósmicos, y por Sus obras y sacrificios, ciertos poderes divinos se derramaron a través de la humanidad y sobre ella. La tarea realizada por Buda y el mensaje que dio, estimularon la inteligencia para alcanzar la sabiduría. La sabiduría es un principio cósmico y una potencia divina. Esto es lo que encarnó Buda.

Pero el amor llegó al mundo por intermedio de Cristo, y Él, con su obra, trasmutó la emoción en Amor. Como "Dios es Amor", la comprensión de que Cristo reveló el amor de Dios aclara la magnitud de la tarea que emprendió –tarea mucho más allá de los poderes de cualquier instructor o mensajero que Le precedió. Cuando Buda recibió la iluminación, "permitió entrar" una oleada de luz sobre la vida y sobre nuestros problemas mundiales, y esta inteligente comprensión de las causas de la angustia del mundo la formuló en las Cuatro Nobles Verdades, que como bien se sabe son:

  1. La existencia en el universo fenoménico es inseparable del sufrimiento y la tristeza.
  2. La causa del sufrimiento es el deseo de vivir en el mundo de los fenómenos.
  3. El cese del sufrimiento se logra anulando todo deseo de vivir en este universo fenoménico. [i15]
  4. El medio para lograr que cese el sufrimiento es hollar el Noble [e23] Óctuple Sendero, en el cual se expresan la recta creencia, las rectas intenciones, la recta palabra, las correctas acciones, el recto vivir, el recto esfuerzo, el recto pensar y la correcta concentración.

Buda proporcionó una estructura de la verdad, del dogma y de la doctrina, que capacitó, a muchos millares de individuos a través de los siglos, para ver la luz. Hoy Cristo y Sus discípulos llevan a cabo (como lo han hecho durante dos mil años) la misma tarea de llevar la iluminación y la salvación a los hombres. La ilusión del mundo ha recibido severos golpes y las mentes de los seres humanos están llegando masivamente a una creciente claridad mental. Por lo tanto, mediante el mensaje de Buda, el hombre puede, por primera vez, conocer la causa de su eterno descontento, de su constante desagrado e insatisfacción y de su incesante nostalgia. El hombre puede aprender del Buda que la forma de liberarse se halla en el desapego, el desapasionamiento y el discernimientos. Éstos son los primeros pasos en el camino hacia Cristo.

Mediante el mensaje de Cristo surgieron tres conceptos generales en la conciencia racial:

Primero, que el individuo, como tal, tiene valor. La doctrina oriental del renacimiento tendió en general a negar esta verdad, creyendo que había tiempo suficiente y que la oportunidad se ofrecería interminablemente y el proceso evolutivo realizaría su tarea. La humanidad puede ir a la deriva con la marea, y eventualmente todo se arreglará. De allí que la actitud general de Oriente no era destacar el valor supremo del individuo. Pero Cristo vino y destacó la acción del individuo, diciendo: "Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras". (16)

Segundo, se ofreció la oportunidad, a toda la raza, para dar un gran paso hacia adelante, pasar el "nuevo nacimiento", o recibir la primera iniciación. En el próximo capítulo trataremos este tema.

[i16] El tercer concepto que Cristo enseñó contiene la técnica de la nueva era, que se aplicará cuando la salvación individual y el nuevo nacimiento hayan sido correctamente comprendidos. Este fue el mensaje o mandato, "ama a tu prójimo como a ti mismo". (17) El esfuerzo individual, la oportunidad grupal y la identificación recíproca, fue el mensaje del Cristo.

En la enseñanza del Buda tenemos las tres maneras en que
[e24] puede cambiarse la naturaleza inferior y prepararse para ser una expresión consciente de la divinidad. Mediante el desapego el hombre aprende a apartar su conciencia e interés de las cosas de los sentidos y a desoir los llamados de la naturaleza inferior. El desapego impone un nuevo ritmo al hombre. Mediante la lección del desapasionamiento se inmuniza del sufrimiento de la naturaleza inferior, a medida que aparta su interés de las cosas secundarias y de lo no esencial y lo centra en las realidades superiores. Mediante la práctica del discernimiento, la mente aprende a seleccionar lo bueno, lo bello y lo verdadero. Estas tres prácticas cambian la actitud hacia la vida y la realidad, y cuando se efectúan sensatamente proporcionan la regla de la sabiduría y preparan al discípulo para la vida crística.

A la enseñanza dada a la raza le sigue el trabajo de Cristo con la humanidad, dando por resultado la comprensión del valor del individuo y su esfuerzo autoiniciado por la liberación y la iluminación, teniendo como objetivo final el amor y el bien grupales. Aprendemos a perfeccionarnos de acuerdo al mandato de Cristo "Sed, pues, vosotros perfectos", (18) para tener algo con qué contribuir al bien del grupo y para servir a Cristo con perfección. De allí, esa realidad espiritual de que hablaba San Pablo, "Cristo en vosotros, esperanza es de gloria", (19) que se libera en el hombre y puede manifestarse en toda su expresión. Cuando un número suficiente de personas haya captado este ideal, la entera familia humana podrá ponerse por primera vez frente al portal
[i17] que lleva al Sendero de Luz, y la vida crística florecerá en el reino humano. Entonces se desvanecerá la personalidad, oscurecida por la gloria del alma, que, como el sol naciente, disipa las tinieblas, revela la situación de la vida e ilumina la naturaleza inferior. Como consecuencia, se llega a la actividad grupal, y el yo, como se lo concibe generalmente, desaparece. Esto ya está ocurriendo. El resultado final de la tarea de Cristo está representado en Sus propias palabras en San Juan 17, que sería de valor leerlas.

Individualidad, Iniciación, Identificación, he aquí los términos en que puede expresarse el mensaje de Cristo. Esto Lo resumió, cuando estaba en la tierra, en la frase: "Yo y mi Padre somos uno". (20) Esa gran Individualidad, el Cristo, por el proceso de las cinco grandes Iniciaciones, nos mostró las etapas y métodos por los cuales puede llegarse a la identificación con Dios. Este párrafo
[e25] proporciona la nota fundamental de todo el Evangelio y constituye el tema de este libro .

La interrelación entre el trabajo del pasado y del presente, tal como ha sido dada por el gran Instructor de Oriente y por el Salvador de Occidente, puede expresarse como:
        
El Buda.................. El Método................. Desapego
    Desapasionamiento
    Discernimiento
El Cristo................ El Resultado............ Individualismo
    Iniciación
    Identificación

Cristo vivió Su vida en la pequeña pero significativa faja de tierra que llamamos Palestina, la Tierra Santa. Vino a probarnos la posibilidad del logro individual. Surgió (como parecen haberlo hecho todos los Instructores, a través de las edades) de Oriente, y trabajó en ese país que se alza como un puente entre los hemisferios oriental y occidental y que separa dos civilizaciones muy distintas. Los pensadores modernos harían bien en recordar que el cristianismo es una religión que sirve de puente, y en esto reside su gran importancia. El cristianismo [i18] es la religión del período transitivo que vincula la era de la existencia individualista autoconsciente con un futuro mundo unificado de conciencia grupal. Es en forma relevante una religión de separaciones, que demuestra al hombre su dualidad, sentando las bases para que realice su esfuerzo a fin de lograr la unidad o unificación. La comprensión de esta dualidad es una etapa imprescindible en el desenvolvimiento del hombre, y el propósito del cristianismo ha sido revelarlo, así como también señalar la lucha entre el hombre inferior y el superior, entre el hombre carnal y el espiritual, unidos en una sola persona, y afirmar la necesidad de que el hombre inferior sea salvado por el hombre superior. Esto lo dice San Pablo en términos familiares en: "...para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en él las enemistades". (21) Tal fue la divina misión de Cristo y ésta es la lección del relato del Evangelio. Por consiguiente, Cristo no sólo unificó en Sí Mismo "la ley y los profetas" del pasado, sino que también nos entregó una verdad que pudiera salvar el abismo existente entre el credo y la filosofía de Oriente y nuestro materialismo y conquistas científicas occidentales, siendo ambos, expresiones divinas de la realidad. Al mismo tiempo el Cristo demostró a los seres humanos la perfección de la tarea que cada [e26] hombre podía realizar dentro de sí mismo, uniendo esa esencial dualidad que es su naturaleza y produciendo la unificación de lo humano y lo divino, tarea a la cual deben ayudar todas las religiones. Cada uno de nosotros debe "crear de dos un solo y nuevo hombre, haciendo así la paz" porque paz es unidad y síntesis.

Pero la lección y el mensaje que Cristo trajo al hombre como individuo, también lo trajo para las naciones, presentándoles la esperanza de una futura unidad y paz mundiales. Vino al comienzo de la era astronómica denominada "era de Piscis" porque durante este periodo de aproximadamente dos mil años, nuestro sol pasa por el signo zodiacal de Piscis, los peces. De ahí las frecuentes referencias a los Peces y la aparición del
[i19] símbolo del pez en la literatura cristiana, incluyendo el Nuevo Testamento. Esta era de Piscis cae entre la anterior dispensación judía (los dos mil años en que el sol pasó por el signo de Aries, el Carnero) y la era de Acuario, en la que nuestro sol está ahora transitando. Estos hechos son de carácter astronómico, pero aquí no voy a hablar de conclusiones astrológicas. En el período en que el sol estaba en Aries, encontramos frecuentes alusiones al carnero o víctima propiciatoria, en las enseñanzas del Antiguo Testamento y en la celebración de la festividad de la Pascua. En la era cristiana empleamos la simbología del pez, hasta el punto de comer pescado el Viernes Santo. El símbolo de la era de Acuario, según se establece en todos los antiguos zodíacos, es un hombre llevando un cántaro de agua. El mensaje de esta era es de unidad, comunión y relación entre hermanos, porque todos somos hijos de un mismo Padre. A esa era se refirió Cristo en las instrucciones que dio a Sus discípulos cuando los envió a la ciudad, diciéndoles: "He aquí, al entrar en la ciudad, os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua, seguidle hasta la casa donde, entrare". (22) Así lo hicieron, y más tarde se realizó en dicha casa la grande y sagrada fiesta de la comunión. Se refiere sin lugar a dudas, a un período futuro en que se entrará en la casa zodiacal llamada "el portador de agua" donde todos nos sentaremos a la misma mesa y tomaremos una recíproca comunión. La dispensación cristiana ocurre entre los dos grandes ciclos mundiales, y así como Cristo consumó en Sí Mismo el mensaje del pasado y dio la enseñanza para el presente, también señaló ese futuro de unidad y comprensión que constituye nuestra inevitable meta. Estamos hoy al final de la era pisceana, y entramos ya en el periodo de la unidad acuariana, que Él nos anticipó. El "aposento alto" es el símbolo del alto punto de realización hacia el que marchamos como raza, [e27] muy rápidamente. Algún día se celebrará la gran ceremonia de la Comunión, de la cual todo servicio de comunión es el anticipo. Estamos entrando lentamente en este nuevo signo. Durante más de dos mil años sus potencias y [i20] fuerzas actuarán sobre la raza y establecerán los nuevos tipos, fomentarán las nuevas expansiones de conciencia y conducirán al hombre a una realización práctica de la hermandad.

En un artículo titulado This Vibrant Clod, George Gray (23) dice que ha llegado el momento en que debemos despertar al impacto de los nuevos rayos, las vibraciones cósmicas y las renovadas energías que empiezan a actuar en nuestro planeta. Establece que la ciencia tiene plena conciencia de que esas nuevas fuerzas están produciendo sus efectos sobre la tierra, y en consecuencia pregunta, ¿por qué si esto es así, la humanidad debe considerarse inmune a esos efectos? y agrega,

"...el origen de los rayos cósmicos está envuelto en el misterio, aunque las autoridades en la materia creen que llegan del espacio; de la realidad de estos bombardeos desde lo externo no cabe ninguna duda. Aunque no son perceptibles para los sentidos del hombre y pueden captarse sólo indirectamente por medio de aparatos, son superlativos portadores de la energía del mundo... Parece improbable que la tierra esté expuesta a ese continuo bombardeo por dichas fuerzas sin ser afectada, y se han hecho muchas especulaciones sobre dichos efectos".

Más adelante agrega:

"Tales son algunas de las fuerzas que inciden sobre la tierra y sobre los mortales. Si, como sugiere el profesor Lewis, algunas de ellas pueden trasmutar los metales en rocas, ¿qué no le harán al protoplasma? Si algunas de esas radiaciones trasforman nuestra atmósfera en ionosfera y la distienden y alzan en montañas aéreas, llevándola de un lado a otro como una carpa circense bajo un huracán, ¿no será que alguna de esas influencias desempeña una función activadora en los átomos vivos de la corriente sanguínea, o en los átomos pensantes del cerebro?...

"Después de todo, el supremo problema de la investigación, desde el punto de vista humano, es el planteado a la cuestión de la causa y el efecto. ¿Cuáles son las consecuencias terrenales conjuntas de estas radiaciones, empujes, arrastres y adherencias, a que está sometido el planeta continuamente? Es un gran interrogante, pero aunque sea el comienzo de una respuesta tendría mucho valor para el género humano."

Es interesante observar, a la luz de lo expuesto, que las energías que actuaron sobre nuestro planeta cuando el sol estaba en Aries, el carnero, produjeron en la simbología religiosa el énfasis de la cabra o carnero, y que en nuestra era actual de Piscis, los Peces, su influencia ha matizado nuestra simbología cristiana al Punto de que el pez ocupa el lugar preponderante en el Nuevo [e28] Testamento y en nuestra simbología escatológica. Los nuevos rayos, energía e influencias entrantes, deben con toda seguridad estar destinados a producir iguales efectos, no sólo en el campo de los fenómenos físicos, sino también en el mundo de los valores espirituales. Los átomos del cerebro humano están despertando como nunca, y los millones de células que, según se dice, están inactivas y adormecidas en el cerebro humano, pueden ser puestas en actividad funcionante, trayendo esa percepción intuitiva que podrá reconocer la futura revelación espiritual.

Hoy el mundo se está reorientando hacia las nuevas influencias, y en los procesos de reajuste es inevitable un caos temporario. El cristianismo no será reemplazado, sino trascendido; su trabajo preparatorio será realizado exitosamente, y el Cristo nos dará otra vez la siguiente revelación de la divinidad. Si lo que sabemos ahora de Dios es todo lo que puede saberse, la divinidad de Dios sería algo limitado. ¿Quién puede decir cuál será la nueva formulación de la verdad? Pero la luz está penetrando lentamente en los corazones y las mentes de los hombres, y a la luz de esta radiación iluminada ellos visualizarán las nuevas verdades y lograrán una nueva enunciación de la sabiduría antigua. Mediante la lupa de la mente iluminada, el hombre verá muy pronto aspectos de la divinidad hasta ahora desconocidos. ¿No existirán cualidades y características de la naturaleza divina que permanecieron hasta hoy totalmente desconocidos y son irreconocibles? ¿No puede haber revelaciones de Dios sin precedente alguno, para las que no tenemos palabras o medios de expresión adecuados? Los antiguos misterios, que muy pronto serán restaurados, deben volver a interpretarse a la luz del cristianismo, readaptándose
[i21] para cubrir las modernas necesidades, porque ahora podemos penetrar en el Lugar Sagrado como hombres y mujeres inteligentes y no como niños, como espectadores de las historias y sucesos dramáticos en los cuales, en calidad de individuos, no tomamos parte conscientemente. Cristo desempeñó para nosotros el drama de las cinco iniciaciones, incitándonos a seguir Sus pasos. La era pasada nos preparó para esto, y ahora podemos entrar inteligentemente en el reino de Dios por el proceso de la iniciación. El hecho de que el Cristo histórico haya existido y caminado sobre la tierra, es la garantía de nuestra propia divinidad y de nuestro logro final. El hecho del Cristo mítico, que aparece una y otra vez a través de las edades, prueba que Dios nunca ha quedado sin testigos y que siempre han existido. quienes alcanzaron la realización. El hecho del Cristo cósmico, manifestado como el anhelo hacia la perfección en todos los reinos de la naturaleza, prueba la realidad [e29] de Dios y es nuestra eterna esperanza. La humanidad se encuentra ante los portales de la iniciación.



3

Siempre han existido templos, misterios y lugares sagrados, donde el verdadero aspirante podía hallar lo que buscaba, y la necesaria instrucción sobre el camino que debía seguir. Un viejo profeta dijo:

" ... y habrá allí calzada y camino y será llamado Camino de Santidad; el inmundo no pasará por él, sino que estará con ellos; el que anduviere por este camino, por torpe que sea, no se extraviará". (24)

Es un camino que va de afuera adentro. Revela, paso a paso, la vida oculta velada por cada forma y símbolo. Asigna al aspirante ciertas tareas que lo llevan a la comprensión, produciendo una inclusividad y sabiduría que llenan las necesidades más sentidas. El aspirante pasa la etapa de la búsqueda, o lo que los tibetanos llaman "el conocimiento directo". En ese sendero, [i22] la visión y la esperanza dan lugar al conocimiento. Se recibe una iniciación tras otra, llevando cada una al iniciado, más cerca de la meta de la total unidad. Quienes trabajaron, sufrieron y realizaron esto en el pasado, constituyen una larga cadena que se extiende desde el pasado más remoto al presente, porque los iniciados están todavía con nosotros y la puerta aún permanece abierta de par en par. Por intermedio de esta jerarquía de realización los hombres son ascendidos paso a paso por la larga escala que va de la tierra al cielo, para permanecer oportunamente ante el Iniciador y en ese momento trascendental descubrir que Cristo Mismo es quien Les da la bienvenida, el Amigo familiar que habiéndolos preparado con el ejemplo y el precepto, los introduce en la presencia de Dios. Tal ha sido la experiencia, la experiencia uniforme a través de las edades, de todos los buscadores. Rebelándose en Oriente contra la rueda del renacimiento, con su constante y reiterado sufrimiento y dolor, o en Occidente contra la aparente y monstruosa injusticia de una vida dolorosa que el cristiano se adjudica, por eso los hombres se han dirigido internamente para descubrir la luz, la paz y la liberación, tan ardientemente deseadas. Kenneth Saunders dice: (25) [e30]

"En Grecia y en Asia Menor, como en la India, la conciencia y el corazón humanos protestaron contra la monstruosa pesadilla del renacimiento, y las religiones de los misterios son, como las religiones de la India, una promesa de salvación. Enseñan que el iniciado 'se salva' 'nace de nuevo a la vida eterna', se 'ilumina' o 'glorifica', porque el Logos o Divina Razón penetra en él, dándole poder sobre la naturaleza, volviéndolo a crear, de modo que ya no es más un muñeco impotente a merced de demonios caprichosos y del inexorable destino, sino que en cierto sentido es Dios. Grandes e imponentes sacramentos... simbolizaban este nuevo nacimiento a la Vida Eterna y 'los hombres estaban sedientos de creencia y adoración' ".

La misma verdad e idéntica meta surgen de los postulados cristianos, con la diferencia de que Cristo nos da un cuadro definido de todo el proceso en la propia historia de Su vida, construida sobre las iniciaciones mayores que constituyen nuestra herencia universal y gloria y, para muchos, la oportunidad inmediata. Esas iniciaciones son:

  1. El Nacimiento en Belén, del cual Cristo dijo a Nicodemo: "el que no naciere de nuevo no puede ver el reino de Dios". (26)
  2. El Bautismo en el Jordán. Éste es el bautismo a que se refería Juan, el Bautista, agregando que el Bautismo del Espíritu Santo y del fuego debía sernos administrado por Cristo. (27)
  3. La Transfiguración. Allí por primera vez se manifiesta la perfección, y se le comunica a los discípulos la divina posibilidad de tal perfección. Surge el [i23] mandato: "Sed vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto". (28)
  4. La Crucifixión. En Oriente se la designa como la Gran Renunciación, con su lección del sacrificio y su llamamiento a la muerte de la naturaleza inferior. "Cada día muero", (29) decía el apóstol, porque sólo en la práctica de sobrellevar la muerte de cada día puede enfrentarse y resistirse a la Muerte final.
  5. La Resurrección y Ascensión, el triunfo final que capacita al iniciado cuando enuncia y sabe el significado de las palabras: "¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?, ¿dónde, oh sepulcro, tu victoria?". (30)

Tales son los cinco grandes y dramáticos acontecimientos de los misterios. Tales son las iniciaciones por las que todos los hombres deberán pasar algún día. La humanidad se encuentra hoy en el sendero de probación. El camino de la purificación es hollado por las masas, y estamos en proceso de purificarnos del mal y del materialismo. Cuando se haya completado este proceso, muchos estarán preparados para recibir la primera de las iniciaciones y pasar por el nuevo Nacimiento. Los discípulos del mundo
[e31] se están preparando para la segunda iniciación, el Bautismo, y para esto debe purificarse la naturaleza emocional de deseos y dedicarla a la vida del alma. Los iniciados del mundo enfrentan la iniciación de la Transfiguración. El control de la mente y la correcta orientación hacia el alma, con la completa transmutación de la personalidad integrada, es lo que les espera.

Se dicen muchas tonterías hoy respeto a la iniciación, y en el mundo hay muchas personas que pretenden ser iniciados. Olvidan que ningún iniciado hace tal proclamación o habla de si mismo. Quienes proclaman ser iniciados lo niegan al proclamarlo. A los discípulos e iniciados se les enseña a ser incluyentes en sus pensamientos
[i24] y no separatistas en sus actitudes. Nunca se apartan del resto de la humanidad, afirmando su condición, poniéndose automáticamente sobre un pedestal. Tampoco los requisitos, como se establece en muchos libros esotéricos, son tan sencillos como los presentan. Por su lectura podría creerse que mientras el aspirante logra cierta tolerancia, bondad, devoción, simpatía, idealismo, paciencia, perseverancia, ha llenado los requisitos principales. Estas cosas en realidad son las esencialidades primordiales, pero a esas cualidades debe añadirse una comprensión inteligente y un desarrollo mental que lleve a una sensata e inteligente colaboración con los planes destinados a la humanidad. Lo que se requiere es el equilibrio de la cabeza y del corazón; el intelecto debe tener su complemento y expresión en el amor y por intermedio de éste. Esto requiere una proclamación sumamente cuidadosa. Amor, sentimiento y devoción, se los confunde a menudo. El amor puro es un atributo del alma y es omnincluyente, y precisamente en este amor puro reside nuestra relación con Dios y con nuestros semejantes. "Porque el amor de Dios es más amplio que la mente del hombre, y el corazón del Eterno maravillosamente bondadoso", dice el antiguo himno –y así se expresa ese amor que es atributo de la Deidad y también el atributo oculto de todo hijo de Dios. El sentimiento es emocional e inestable, la devoción puede ser fanática y cruel, pero el amor fusiona y mezcla, comprende e interpreta y sintetiza toda forma y expresión, todas las causas y las razas, en un ardiente corazón amoroso, que no sabe de separaciones, divisiones ni desarmonías. La realización de esta divina expresión en nuestra vida cotidiana exige lo máximo de nosotros. Ser un iniciado exige todo el poder de cada uno de los aspectos de nuestra naturaleza. No es una tarea fácil. Afrontar las pruebas inevitables que enfrentaremos al hollar el sendero que Cristo recorrió, requiere un excepcional valor. Para colaborar sabia y sensatamente con el Plan de Dios y fusionar nuestra voluntad con la [e32] Voluntad divina, debemos poner en actividad no sólo el más profundo amor de nuestro corazón, sino también las más agudas decisiones de la mente.

[i25] La iniciación debe contemplarse como un gran experimento. Hubo una época, quizás cuando se instituyó este proceso de desenvolvimiento, que fue posible restablecer en la tierra ciertos procesos internos, conocidos entonces sólo por unos pocos. Luego, lo interno podía presentarse en forma simbólica para enseñar a "los pequeños", más adelante lo mismo pudo ser realizado abiertamente y expresado en la tierra por el Hijo de Dios, el Cristo. La iniciación es un proceso viviente, y mediante él todos quienes se disciplinan debidamente y cumplen voluntariamente, pueden ser aceptados, analizados y ayudados por ese grupo de iniciados y conocedores que son los guías de la raza, conocidos por muchos y diversos nombres en diferentes partes del mundo y en distintas épocas. En Occidente se Los llama Cristo y Su Iglesia, los Hermanos Mayores de la Humanidad. La iniciación es, por lo tanto, una realidad y no una hermosa visión fácilmente lograda, como parecieran establecerlo tantos libros esotéricos y ocultistas. La iniciación no es un proceso que alcanza un individuo cuando ingresa en ciertas organizaciones y que sólo puede comprenderse ingresando en tales grupos. La iniciación no tiene nada que ver con sociedades, escuelas esotéricas u organizaciones. Todo lo que pueden hacer es enseñar al aspirante ciertas bien conocidas y fundamentales "reglas del camino", y dejarlo que comprenda o no, según se lo permitan su ansia y desarrollo, y que atraviese el portal, si su equipo y su destino se lo permiten. Los Instructores de la raza y el Cristo, "el Maestro de Maestros e Instructor de ángeles y hombres", no se interesan por estas organizaciones ni por ningún otro movimiento en el mundo, que lleve actualmente iluminación y verdad a los hombres. Los iniciados del mundo se encuentran en toda nación, iglesia y grupo, donde haya hombres de buena voluntad activos y donde se preste un servicio mundial. Los grupos esotéricos modernos no son los custodios de las enseñanzas de la iniciación ni es su prerrogativa preparar al individuo para este desarrollo. La mejor enseñanza sólo puede preparar a los hombres para la etapa del proceso evolutivo denominado discipulado. La razón por la cual lamentablemente [i26] es así, y por qué la iniciación parece estar alejada de los miembros de la mayoría de los grupos, que afirman poseer una visión interna de los procesos iniciáticos, se debe a que estos grupos no han puesto el énfasis necesario en la iluminación mental, que forzosamente ilumina el camino hacia el portal que conduce al "Lugar Secreto del Altísimo". En cambio hicieron [e33] hincapié en la devoción personal a los Maestros de Sabiduría y a los conductores de su propia organización; recalcaron la adhesión a la enseñanza autoritaria y a ciertas reglas de vida, y no dieron impulso fundamental de adhesión a la todavía pequeña voz del alma. El camino al lugar de la iniciación y al Centro donde se encuentra Cristo, es el camino del alma, el camino solitario del propio desenvolvimiento, desapercibimiento y disciplina. Es el camino de la iluminación mental y de la percepción intuitiva. Esto fue bien explicado en una revista publicada hace muchos años y decía:

"Sin embargo, la verdad es que el hombre inteligente hace del mundo su propia cámara de iniciación, y de la vida misma el umbral de los misterios. Si un hombre puede manejarse a sí mismo con perfección, puede manejar todo lo demás. Posee la fuerza. El modo exacto de emplearla es una mera cuestión de detalle. Debemos hacer uso de cada oportunidad que se nos presenta, y cuando nada ocurre tratemos de proporcionarnos nuestra propia oportunidad.

"Los que aspiran a un verdadero progreso deben considerar todo lo que les sucede en la vida como una prueba iniciática, y ser, por así decirlo, sus propios iniciadores". (31)

La iniciación es la revelación del amor, el segundo gran aspecto de la divinidad que se expresa en la sabiduría. Esta expresión se encuentra en toda su plenitud, en la vida de Cristo, que nos reveló la naturaleza del amor esencial y nos dijo que amáramos. Demostró lo que es la divinidad y, luego, expresó que viviéramos divinamente. El Nuevo Testamento, presenta de tres maneras, cada vez más progresivas en su definición de la experiencia, esta vida en desenvolvimiento del viviente amor divino, dándonos la secuencia de la revelación de Cristo en el corazón humano. Tenemos ante todo la frase "Cristo en nosotros esperanza es de gloria". (32) Ésta es la etapa que precede y sigue al nuevo nacimiento, el Nacimiento en Belén, etapa hacia la cual se dirige lenta, pero constantemente, la masa constituyendo hoy la meta inmediata de la mayoría de los aspirantes del mundo. En segundo término tenemos la etapa denominada del hombre maduro en Cristo, con lo que se indica la acrecentada experiencia de la vida divina y un desenvolvimiento más profundo de la conciencia crística en el ser humano. Hacia este fin están ahora orientados los discípulos del mundo. Luego tenemos la etapa de la realización a que se refiere San Pablo en los siguientes términos:

"Hasta que todos lleguemos, a la unidad de la fe y del conocimiento
[e34] del Hijo de Dios, a [i27] un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo". (33)

La iniciación es por lo tanto una serie graduada y positiva de expansiones de conciencia una creciente y constante percepción de la divinidad y todas sus implicancias. Muchos de los llamados iniciados de hoy creen haber alcanzado este estado, porque algún guía esotérico o vidente psíquico, les dijo que es así; pero en su fuero interno nada saben del proceso mediante el cual podrán pasar (como lo enseñó la masonería) por esa puerta misteriosa, entre dos grandes pilares, en su búsqueda de la luz; ellos tienen un conocimiento consciente del programa autoiniciado que debe seguirse en plena conciencia vigílica, siendo conocido simultáneamente por el alma divina inmanente y por la mente y el cerebro del hombre en la vida física. Estas expansiones de conciencia revelan progresivamente al hombre la calidad de su naturaleza superior e inferior; este conocimiento señala a San Pablo, como uno de los primeros iniciados que logró esa condición bajo la dispensación cristiana. Leamos lo que dice acerca de esta revelación de su dualidad:

"Y yo sé que en mí [esto es, en mi carne] no mora el bien, porque el
querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.
"Porque no hago el bien que quiero, mas el mal que no quiero, eso hago.
"Porque según el hombre interno, me deleito en la ley de Dios.
"Pero veo otra ley en mis miembros, que se revela contra la ley de mi mente y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.
"Miserable de mí ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?
"Gracias doy a Dios por Jesucristo Señor nuestro." (34)

Únicamente mediante la revelación del Cristo interno, en cada ser humano, puede realizarse esta unificación. Sólo mediante el nuevo nacimiento, el bautismo del espíritu y del fuego y la transfiguración de la naturaleza, puede hallarse la liberación y llegarse a la unidad [i28] con Dios. Sólo mediante el sacrificio de la humanidad, que es la esencia de la crucifixión, puede cumplirse la resurrección.

Lo que es verdad para el individuo lo es finalmente para toda la familia humana. El plan para la humanidad concierne al desarrollo consciente del hombre. A medida que el género humano acrecienta su sabiduría y conocimiento y las civilizaciones vienen y van, traen cada una la lección y el punto elevado de realización, y los hombres, como grupo, se acercan al portal que conduce a la vida. Todo descubrimiento moderno, todo estudio y conocimiento
[e35] psicológico, toda actividad grupal y toda realización científica, así como todo verdadero conocimiento ocultista, son de naturaleza espiritual, sirven de ayuda para esa expansión de conciencia que convertirá al género humano en el gran Iniciador. Cuando los seres humanos puedan captar en una gran síntesis la necesidad de entrar más definidamente en el mundo de los verdaderos significados y valores, los misterios serán universalmente reconocidos. Se verán los nuevos valores y las nuevas técnicas y métodos de vida se desarrollarán como resultado de esa percepción. Hay signos de que ya está ocurriendo, que la destrucción efectuada a nuestro alrededor y el derrumbe de las antiguas instituciones, políticas, religiosas y sociales, son sólo preliminares de esta empresa. Estamos en camino de llegar a "lo que está adentro" y muchas voces lo proclaman hoy. A este respecto dice el Dr. Nicholas Berdyaev: (35)

"La vida, ante todo, debe ser contemplada interna y espiritualmente (no externa o políticamente como lo hacen los revolucionarios y los contrarrevolucionarios) y vivirse con todo esfuerzo espiritual y disciplina moral. Es erróneo suponer que las formas políticas son en sí eficaces; solamente el espíritu otorga la salud y crea nuevas formas propias. "El vino nuevo debe ponerse en odres nuevos". [Lo subrayado me pertenece, A.A.B.]

Estamos en el sendero de transición (¿podríamos denominarlo el Sendero del Discipulado?) que nos llevará hacia una nueva dimensión, hacia el mundo interno de la realidad y de la correcta energía, mundo en el cual sólo el cuerpo espiritual puede actuar y únicamente el ojo del espíritu puede ver. No lo pueden percibir quienes aún no han despertado su percepción interna y su intuición está dormida. Cuando el cuerpo espiritual empieza a organizarse y a crecer, y cuando el ojo de la sabiduría se abre lentamente y se prepara para ver realmente, entonces se tendrán los indicios de que el Cristo latente en cada hijo de Dios, está empezando a controlar y a guiar al hombre al mundo del ser espiritual, del verdadero significado y de los valores esenciales. Este mundo es el reino de Dios, el mundo de las almas, y cuando se manifiesta, constituye esa expresión [i29] de vida divina que llamamos el quinto reino de la naturaleza. Pero no puede ser todavía percibido por todos. Mediante los procesos de la iniciación este mundo es revelado. Se ha dicho que:

"Los Antiguos Misterios, la iniciación moderna y toda ocupación mística se apoya en la doctrina de que el hombre nunca puede aprender por los Sentidos corporales los secretos de la vida y el problema del universo. El ojo, el oído y los demás órganos del cuerpo, sólo son vías de percepción del burdo mundo físico que nos rodea. Mecánicamente [e36] adaptados a nuestro medio externo, no tienen otra función más elevada que registrar sus impresiones sobre nuestra parte inferior, construida de materia y destinada a disolverse en sus elementos, tarde o temprano. La razón es la que analiza y sintetiza esas impresiones. Entre ella y el máximo conocimiento hay innumerables velos... Mientras nuestras percepciones estén restringidas a meras experiencias sensorias, nuestro conocimiento será proporcionalmente pequeño; para ser verdaderamente sabios, debemos romper las ataduras de la ilusión, desgarrar los velos de maya, romper las cadenas de la pasión y conocer el verdadero yo, poniéndolo al frente de nuestra conciencia y acciones". (36)

Antes de poder recibir la iniciación, debe captarse la significación de las ideas que se acaban de exponer, suponiendo que habrán logrado necesariamente ciertos grandes desenvolvimientos. Estos requisitos pueden verse actuando hoy en la vida de cada discípulo y quienes tienen ojos para ver, observarán que aquéllos efectúan activos cambios en la raza.

La aspiración es un requisito fundamental para el individuo y para la raza. Hoy la humanidad aspira a grandes alturas y tal aspiración es responsable de los grandes movimientos nacionales que se ven en tantos países. Al mismo tiempo los discípulos individuales están esforzándose nuevamente por lograr la iluminación, incitados por su deseo de llenar las necesidades del mundo. El egoísmo espiritual, característica de los aspirantes del pasado, debe ser trascendido y trasmutado en amor al semejante y en "participación de sus padecimientos". (37) El yo debe perderse de vista en el servicio. El servicio se está convirtiendo rápidamente en la nota clave de la época y en uno de los incentivos del esfuerzo racial. Enfrentar el desastre y sufrir el doloroso experimento, siempre ha sido el sino del discípulo individual. Evidentemente al discípulo mundial, la humanidad, se lo considera digno de tal prueba. Esta universalidad de las dificultades en todo sector de la vida humana, sin excluir grupo alguno, indica que la entera humanidad está preparándose para la iniciación. Hay un propósito subyacente en todo lo que ocurre. Los dolores de parto, del Cristo dentro de la raza, han comenzado y el Cristo nacerá en "La Casa del Pan" (significado de la palabra "Belén"). Las implicancias de los actuales dolores y sufrimientos mundiales son tan evidentes que es innecesario dar mayores explicaciones. Hay un propósito subyacente en todos los acontecimientos mundiales en la actualidad y una recompensa al final del camino. Algún día, más pronto de lo que muchos creen, se abrirán ampliamente, ante el sufriente discípulo mundial, los portales de la iniciación (como se
[i30] abrieron [e37] en el pasado para el individuo), la humanidad entrará en un nuevo reino y permanecerá ante la misteriosa Presencia, Cuya luz y sabiduría alumbraron al mundo por medio de la Persona de Cristo, y Cuya voz Se oyó en cada una de las cinco crisis por las que pasó Cristo. Entonces el género humano penetrará en el mundo de las causas y del conocimiento. Habitaremos en el mundo interno de la realidad, y la apariencia externa de la vida física se conocerá como símbolo de las condiciones y acontecimientos internos. Entonces comenzaremos a trabajar y a vivir como los iniciados de los misterios, y nuestras vidas se regularán desde el reino de la realidad donde Cristo y Sus Discípulos, de todos los tiempos (la Iglesia invisible), guían y controlan los acontecimientos humanos.

La meta que Ellos tienen en vista y el fin hacia el que trabajan, ha sido sintetizado en un comentario referido a una antigua escritura tibetana. El texto es el siguiente:

"Todo lo bello, todo lo bueno, todo lo que promueve la erradicación del dolor y de la ignorancia en la tierra, debe dedicarse a la Gran Consumación. Entonces, cuando los Señores de Compasión hayan civilizado espiritualmente la tierra y hecho de ella un Cielo, se revelará a los Peregrinos el Sendero Infinito que llega hasta el corazón del universo. El hombre ya no será hombre, habrá trascendido la naturaleza, e impersonalmente, aunque consciente, se unificará con todos los Seres iluminados, y ayudará a cumplir la Ley de la Evolución Superior, de la cual el Nirvana sólo es el comienzo". (38)

Tal es nuestra meta. Es nuestro glorioso objetivo. ¿Cómo avanzar hacia su consumación? ¿Cuál es el primer paso que debemos dar? Según las palabras de un poeta desconocido:

"Cuando no puedas ver
debajo de la apariencia externa
la causa que inicia a todos los efectos,
cuando no puedas sentir el amor de Dios,
como cálida afluencia de la luz del sol
circundando la entera tierra,
entonces conócete iniciado en los Misterios,
que los sabios siempre consideraron de gran valor".


1 Heartír of Men.
2 Extraído por W. Kingsland de Religion in the Light of Theosophy.
3 He. 5:8.
4 La Doctrina Secreta, de H. P. Blavatsky, T. V, pág. 64 (2da. ed. arg., Editorial Kier).
5 Wrestlers with Christ, de Karl Pfleger, pág. 248.
6 Eros and Psyche, de Benchara Branford, pág. 82.
7 Reality and Ilusion, pág. 233.
8 The Recovery of Truth, págs. 91, 92.
9 Mt. 5:17.
10 Freedom and the Spirit, págs. 88, 89.
11 1 P. 2:21.
12 The Meaning of God in Human Experience, de W. E. Hocking, p. 139.
13 Religion in the Making, de A. N. Whitehead, pág. 55.
14 The Twilight of Christianity, de Harry Elmer Barnes, pág. 414.
15 Reality and Ilusion, de Richard Rothschild, págs. 241, 242.
16 Mt. 5:16
17 Mt. 19:19
18 Mt. 5:48.
19 CoL 1:27.
20 Jn. 10:30.
21 Ef. 2:15, 16.
22 Lc. 22:7, 10
23 Extraído de Harpers Magazine, abril de 1935.
24 Is. 35:8.
25 The Gospel for Asia, pág. 62.
26 Jn. 3:3.
27 Mt. 3:2.
28 Mt. 5:48.
29 1 Co. 15:31.
30 1 Co. 15 : 55.
31 The Theosophist, T. IX, pág. 364.
32 Co. 1:27.
33 Ef. 4:13.
34 Ro. 7:18, 25.
35 The End of Our Time, pág. 163.
36 The Theosophist, T. IX, pág. 243.
37 Fil. 3: 10.
38 Tibetan Yogas and Serret Doctrine, de W. Y. Evans-Wentz, pág. 12.




















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