De Belén al Calvario - Notas Preliminares

      


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CAPÍTULO II

LA PRIMERA INICIACIÓN... EL NACIMIENTO EN BELÉN

PENSAMIENTO CLAVE
"En la naturaleza existen tres maravillas perpetuas -la magia de la materia, el milagro de la vida y el misterio de la humanidad. En todo hombre se encuentran y se unen estas tres maravillas"
Eros and Psyche, de Benchara Branford, pág. 76.
"El que no naciere de nuevo, no Puede ver el reino de Dios".

San Juan 3:3

1

[e39] [i33] EN la dilucidación de las cinco iniciaciones mayores, trataremos de hacer tres cosas. Primero, comprender que el cristianismo es la flor y el fruto de las religiones del pasado, siendo la última que surgió, con excepción de la religión mahometana. Vimos que el énfasis de la religión cristiana se puso en la unidad de la familia Humana y en la misión singular del Cristo Mismo. Karl Pfleger (1) lo expresa en un magnífico párrafo:

"Grandes seres hicieron mucho para el mejoramiento de la humanidad. Pero el mayor y definitivo ideal del desarrollo del hombre, el de la raza humana que encarnó, de acuerdo a las leyes de nuestra historia', es Cristo. Y lo más importante es que además de desarrollarnos y elevarnos, nos desarrolla en Él Mismo. 'La abarcante naturaleza crística es asombrosa, porque es la naturaleza de Dios. Por lo tanto, Cristo es la semejanza de Dios en la tierra... Cristo ha penetrado totalmente en la humanidad y el hombre se esfuerza por trasformarse en su ideal, la Persona de Cristo'. Cristo es el ideal del hombre, porque representa la 'condición final de la naturaleza humana"'.

Cristo vino a enseñar el supremo valor del individuo, según se dijo en el capítulo anterior. (2)

[e40] Parecería que el énfasis puesto por los seguidores de Mahoma sobre la existencia de Dios, el Supremo, el Uno y el único, tuviera el carácter de un pronunciamiento equilibrador, surgiendo, como lo hizo en el siglo XV, a fin de proteger al hombre del olvido de Dios, a medida que se acercaba a su propia divinidad latente y esencial, como hijo del Padre. El estudio de las relaciones de las distintas creencias y la manera en que se preparan para ello y se complementan mutuamente, es de profundo interés. Esto lo olvidan a menudo nuestros teólogos occidentales. El cristianismo puede mantener en secreto, y así lo hace, la sagrada enseñanza, pero la heredó del pasado. Puede personalizarse mediante la instrumentación de los grandes Mensajeros divinos, pero el camino de cada Mensajero ha sido preparado de antemano, [i34] y Él Mismo fue precedido por otros grandes hijos de Dios. Su palabra puede ser la Palabra dadora de vida para nuestra civilización occidental, y personalizar la salvación que debía llegarnos, pero Oriente tenía sus propios maestros, y cada civilización pasada en nuestro planeta tuvo su Representante divino. Al considerar el mensaje del cristianismo y su contribución excepcional, no olvidemos el pasado, porque entonces jamás comprenderíamos nuestra propia fe.

Segundo, pensemos en términos de la totalidad y comprendamos que las grandes expansiones de conciencia a que nos referiremos constantemente tienen paralelos universales. Algunos de estos desarrollos residen en la historia del pasado racial. Otros están en el porvenir. Uno es posible en el presente inmediato. A medida que el equipo físico y mecánico del hombre se desarrolla a fin de enfrentar la expansión de su conciencia, es llevado gradualmente a una mayor experiencia de la Inmanencia divina, a una mejor percepción de la trascendencia divina y a registrar con creciente e iluminada percepción, la revelación que se le presenta correlativamente para su educación y desarrollo cultural. Este pensamiento sugiere una oportuna pregunta.

"¿No será que al desarrollarse la estructura del cerebro se acrecentó en tal forma su sensibilidad, que en determinado momento estableció contacto con lo divino, y entonces el hombre, el animal, se trasformó en el Hombre espiritual y se abrió un nuevo capítulo en la historia del Universo? El hombre al descubrir así a Dios se hizo divino". (3)

Ese gran acontecimiento marcó una iniciación definitiva en la vida de la raza. La simiente o germen de la vida crística fue implantada en la familia humana. Estamos ahora al borde del nacimiento del Cristo racial, y desde las tinieblas de la matriz de la materia, el Cristo-Niño puede penetrar hasta la luz del reino de [e41] Dios. Nos espera otra crisis, y Cristo ha preparado ya a la raza para ello, porque cuando nació en Belén no fue simplemente el nacimiento de otro Instructor y Mensajero divino, constituyó la aparición de un Individuo que no sólo sintetizó en Sí Mismo las realizaciones pasadas de la raza, sino que fue el precursor del futuro, que encarnó en Sí todo lo que era posible realizar para la humanidad. La aparición de Cristo en la caverna de Belén marcó la inauguración de un nuevo ciclo de desarrollo espiritual para la raza y el individuo.

Consideraremos esos desarrollos desde el punto de vista del individuo y estudiaremos los episodios que se relatan en los Evangelios, que conciernen vitalmente al ser humano individual que, llegando al final del largo y fatigoso
[i35] camino de la evolución, está preparado para representar nuevamente el mismo drama en su propia experiencia. Tiene la oportunidad de pasar de la etapa del nuevo nacimiento a la de la resurrección final, por el escarpado sendero del Monte Gólgota. En lo más recóndito de su ser debe aprender a comprender las palabras de Cristo: "Os es necesario nacer de nuevo". (4) También expresar la muerte en vida, que constituye el destacado mensaje de San Pablo. (5)

Cada uno de nosotros debe comprobar esto por sí mismo, tarde o temprano, porque, "vivir una experiencia religiosa es la única manera legítima de llegar a comprender el dogma". (6) Sólo siguiendo el ejemplo de los que ya han realizado, aprenderemos el significado de la realización. Únicamente viviendo divinamente podrá expresarse nuestra divinidad oculta. Esto implica una autoaplicación práctica que trae su propia recompensa, pero al principió debe llevarse a cabo ciegamente.

"La Presencia divina debe compenetrar a los individuos, estar presente en su propia esencia en todas las cosas individuales, aunque no es la esencia del individuo. La luz de la divinidad siempre ilumina nuestra alma y todas las cosas, pero sólo se convierte en nuestra luz, cuando estamos preparados". (7)

La historia de la Humanidad es, por lo tanto, la historia de esta búsqueda individual por la expresión de la luz divina y la realización final del nuevo nacimiento que libera al hombre a fin de prestar servicio en el reino de Dios. A través de las edades, los individuos de todo el mundo pasaron por esas cinco expansiones de conciencia y entraron en una profunda vida de servicio más [e42] rico y pleno. Gradualmente, su sentido de la divinidad ha ido aumentando y su percepción de la Vida divina, inmanente en la naturaleza, los ha llevado al reconocimiento de la paralela verdad de Dios trascendente. Dios en el individuo y Dios en Cristo, Dios en todas las formas y Dios en la vida animadora del cosmos, y un Dios que conscientemente anima siempre un universo y también a un hombre y al más diminuto átomo de sustancia. La evolución de este reconocimiento de la divinidad en el hombre ha sido lenta y gradual, pero en ciertas etapas de la historia racial (como en la historia del hombre individual) hubieron momentos críticos, surgieron crisis y se trascendieron, y cada iniciación definida otorgó a la [i36] raza una más amplia comprensión. El género humano está siendo preparado hoy para tal transición y para un nuevo enfoque de la conciencia humana, en una dimensión superior y en un campo de experiencia más rico. La humanidad está preparada para ascender otro peldaño en la escala evolutiva. Encontrándonos frente a una situación tan particular y poseyendo una experiencia sin paralelo, no debe sorprendernos la actual situación caótica. Temblamos ante la posibilidad de dar otro paso adelante; estamos preparados para otra iniciación, y a punto de ampliar nuestro horizonte y atravesar una puerta abierta para entrar en una habitación más grande. Todo lo que trascurre no indica fracaso, confusión insensible, ni ciego trastorno. Es más bien un proceso de destrucción temporaria para una mayor reconstrucción, constituyendo la analogía, en la vida racial, de las pruebas y experiencias que siempre le llegan al discípulo que se prepara para la iniciación. Para ello el cristianismo ha reparado un considerable número de seres de la raza. La nueva interpretación y la próxima revelación son inminentes. El Dr. Berdyaev (8) dice:

"La naturaleza humana posee una capacidad infinita de regeneración y recuperación. Sin embargo, no podemos imaginarnos un renacimiento espiritual del hombre y de su obra, sino por la profundización de su cristianismo, hasta llegar a una nueva manifestación de la semejanza de Cristo en el hombre, por lealtad a la revelación cristiana en la personalidad humana. En el cristianismo, el estudio del hombre no es aún total y completo; el contenido de su Revelación en lo que respecta al hombre, no ha sido ampliamente explorado ni se ha desarrollado toda su riqueza".

Esta revitalización futura de la naturaleza interna y esencial de la humanidad, con la consiguiente reorganización de los asuntos mundiales y de la vida humana, la presienten y esperan los pensadores de la raza y constantemente aíslan la actual oportunidad. La expectativa asume grandes proporciones. El diario "The New [e43] York Times" del 4 de abril de 1935, informó que el Dr. Isaías Bowman, presidente de la Universidad John Hopkins, dijo algo muy significativo relacionado con este tema. Subrayó la necesidad de que la humanidad descubra la verdad, puntualizando que los hombres deberían ante todo tratar de que se produzca ese estado mental que acepta la verdad cuando es descubierta y luego la ponga en práctica. Dijo también que en la actualidad ciertas premisas importantes deberían regir el pensamiento mundial. Señaló que una de ellas, podría describirse en términos del antiguo aforismo mejicano que dice: "Siempre habrá en el centro una nueva Palabra". Toda forma tiene su centro positivo de vida. Todo organismo está construido en torno a un núcleo central de fuerza. Hay un centro en nuestro universo, del cual surgió la Palabra, que trajo a la existencia a nuestro sistema solar organizado, tal como es hoy, y al planeta en que vivimos con sus miríadas de formas de vida.

"En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios y el Verbo era Dios".
"Éste era en el principio con Dios".
"Todas las cosas por él fueron hechas y, sin él, nada de lo que ha sido hecho, fue hecho".
"En él estaba la vida y la vida era la luz de los hombres".
[i37]
"En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho, pero el mundo no le conoció". (9)

Lo que es verdad del Todo lo es también de la parte. Cada civilización, como expresión de la conciencia humana, ha tenido su Verbo. Hace dos mil años un Verbo se "hizo carne" por nosotros, y en torno a ese centro dinámico de vida espiritual, gira nuestro mundo occidental. En lo que a los resultados concierne, no tiene importancia aceptar o dudar de este hecho o, como dice el Dr. Albert Schweitzer: (10)

"El fundamento histórico del cristianismo, tal como lo consideran el racionalismo, el liberalismo y la teología moderna, ya no existe, lo cual no significa, sin embargo, que el cristianismo haya perdido su fundamento histórico. El trabajo que la teología histórica creyó debía realizar y ahora ve que se derrumba en el instante próximo a su terminación, es sólo una capa externa de terracota, del verdadero fundamento histórico indestructible, independiente de cualquier conocimiento y comprobación histórica -simplemente porque está allí, existe.

"Jesús representa algo para nuestro mundo, porque una poderosa corriente de influencia espiritual surgió de Él y penetró también en nuestra era. Este hecho no puede ser negado ni confirmado por el conocimiento histórico."

[e44] La Palabra siempre fue emitida para que la raza pueda ver y reconocer el próximo paso a dar. Cristo hizo que el hombre oyera esto en el pasado y Cristo hará que el hombre pueda oírlo nuevamente. Algún día, como bien saben los masones, estas palabras pronunciadas periódicamente, serán reemplazadas por una Palabra conocida por ellos como "la Palabra Perdida". Cuando finalmente se enuncie esa Palabra, la humanidad podrá ascender a la última cima de la realización humana. La divinidad oculta alumbrará entonces en toda su gloria, por medio de la raza. Quizás se haya alcanzado la cúspide del logro material. Ahora nos llega la oportunidad de que el Yo sutil y divino se manifieste por medio de la experiencia que llamamos "el nuevo nacimiento", [i38] y que el cristianismo ha enseñado. El efecto de todo lo que está ocurriendo ahora en la tierra es traer a la superficie lo que está oculto en el corazón humano, y revelar ante nuestros ojos la nueva visión. Entonces podremos pasar, por el portal de la nueva era, a una comprensión más profunda de las realidades vitales y a una norma más real y superior de los valores. La Palabra debe emitirse nuevamente desde el centro, el Centro en los Cielos y el centro de todo corazón humano. Cada alma individual debe oírla por sí misma. Cada uno de nosotros tiene que pasar por esa experiencia, donde sabemos que somos el 'Verbo hecho carne", y hasta que la experiencia de Belén no sea parte de nuestra conciencia individual como almas, seguirá siendo un mito. Pero puede convertirse en una realidad -la más grande realidad en la experiencia del alma.

No puedo detenerme para definir, la palabra "alma". Un resumen de un libro del Dr. B. Bosanquet, (11) expresa la idea en términos que la vinculan con la experiencia individual, no obstante conservando en toda su belleza las implicancias cósmicas. Es imposible aislar a un alma, dice el autor:

"El alma -empleo el término en su sentido más general para señalar el centro de experiencia que como microcosmos ha adquirido o está adquiriendo un carácter propio y una persistencia relativa- no debe compararse a un agente independiente de exteriorización constitutiva por una parte, o de la vida de lo absoluto por la otra. Nuestra idea ha sido desde el principio... que el alma es cierta porción de la exteriorización que 'adquiere vida' al centrarse en la mente. Cuando hablamos del alma como voluntad que moldea las circunstancias en forma creadora, tenemos otra expresión del microcosmos, incluyendo el centro, circundado por las circunstancias, remodelándose y reformándose a sí mismo. Por otra parte, es un hilo o fibra de la vida absoluta..., una corriente u oleada dentro de ella, de longitud e intensidad variables, y separada [e45] de la gran masa líquida en la cual se mueve". [Lo subrayado me pertenece A.A.B.]

Lo que esta alma es, cuando se devela y manifiesta (aún por medio de las limitaciones de la carne), Cristo lo ha expresado en forma clara. [i39] Lo parcial en nosotros es lo completo en Él, una realidad en toda su expresión. Cristo nos ha unido a Él, por medio de Su humanidad perfeccionada; nos ha unido a Dios por medio de Su divinidad expresada. Cristo reveló a Dios, y Dios, según se dice en términos lúcidos, es

" ... el elemento coaligador del mundo. La conciencia que en nosotros es individual, en Él es universal; el amor sólo parcial en nosotros, es omniabarcante en Él. Fuera de Él no podría haber mundo, porque no podría haber un ajuste de la individualidad. Su propósito en el mundo es la cualidad de la realización, y está siempre incorporado, en las ideas particulares relevantes, al actual estado del mundo. Así toda realización es inmortal en el sentido en que modela los actuales ideales de Dios en el mundo tal como existen ahora. Cada acto deja en el mundo una impresión de Dios más profunda o más débil..." (12)

Dos pensamientos deben tenerse en cuenta en estos momentos, si no queremos sumergirnos en el aparente caos mundial, perdiendo así nuestra perspectiva. Uno es que cada edad proporciona su propia salida. Esto es lo que quiso decir Cristo cuando expresó "Yo soy el camino la verdad y la vida". (13) Él sabía que sintetizaba en Sí Mismo el alma del pasado y el espíritu del futuro. El Dr. Bonsanquet dice que "los grandes hombres del mundo no nacen simplemente de sus padres terrenales. Edades enteras y también países están enfocados en ellos". Y lo que es cierto de Cristo, lo es también de Su enseñanza. El cristianismo abarca el pasado e incluye los mejores elementos religiosos.

"Parecería como que el cristianismo ocupara una posición central singular al presentar en sí una síntesis de los elementos más sutiles de las otras religiones superiores. Esta posición central no es el resultado de una componenda, sino de una síntesis y armonización creadora de lo más descollante y excelente de otras religiones. Intelectualmente, su concepto de Dios es un teísmo, síntesis del deísmo de los mahometanos y del panteísmo de los hindúes. Éticamente, está en el punto medio entre el ascetismo budista que 'renuncia al mundo', y la autorrealización 'mundana' de Confucio. Emocionalmente, fusiona las disciplinadas restricciones del estoicismo con el fervor del bakti hindú. Además, es la religión que ha tratado con mayor hondura el problema del mal -sin sofocarlo (como hace el hinduismo), consignando el mundo de los hechos al reino de la ilusión, ni endiosándolo (como los zoroastrianos y los maniqueos), sino haciéndolo parte de la estructura esencial de la Realidad". (14)

[e46] El alma del hombre se halla ante los portales de la revelación y debe aprender que élla vendrá perfeccionada a través de él. En su conocido poema "Paracelsus" expresa esto en las bien conocidas palabras:

"Mora así en todo,
desde el diminuto comienzo de la vida hasta finalizar
en el hombre -la consumación de nuestro esquema
del Ser, la terminación de esta esfera
de la vida; cuyos atributos ya diseminados
por doquier sobre el mundo visible,
piden ser combinados como ínfimos fragmentos
destinados a unirse en un maravilloso todo,
cualidades imperfectas diseminadas por toda la creación,
sugiriendo una criatura aún increada,
algún punto donde estos rayos dispersos pueden unirse,
convergiendo en las facultades del hombre...
. . . . . . . . . . . . . . . . ..

Cuando la raza sea perfecta,
es decir, como hombre; todo lo dado al género humano,
y por el hombre producido, hasta ahora ha llegado a su fin:
pero en el hombre íntegro se inicia nuevamente
una tendencia hacia Dios. Las predicciones auguraron
el acercamiento del Hombre; en el yo del hombre surgen
augustas anticipaciones, símbolos, tipos
[i40]
de tenue esplendor, siempre existentes
en ese eterno círculo perseguido por la vida.
Los hombres comienzan a cruzar los límites de la naturaleza,
descubriendo nuevas esperanzas y obligaciones, que rápidamente suplantan
sus propias alegrías y pesares; llegan a ser demasiado grandes
para los estrechos credos del mal y del bien, que se desvanecen
ante la inmensurable sed de bien; en tanto
surge en ellos la paz en forma creciente,
estos hombres se hallan ya en la tierra,
serenos en medio de las criaturas semiformadas que los rodean,
que deben ser salvados por ellos y unirse a ellos."

El hombre, el ser humano, alma encarnada, está en vísperas de dar ese paso hacia adelante que producirá el primero de los grandes desenvolvimientos, denominado "el nuevo nacimiento". Una vez experimentado esto, la vida del Cristo-Niño se acrecentará y el impulso establecido lo llevará hacia adelante por el Camino que va de una cumbre elevada de realización a otra, hasta que él mismo se convierta en un iluminado portador de Luz, y pueda alumbrar el camino de los demás. Los iluminados siempre han llevado a la raza hacia adelante; los conocedores, los místicos y los santos, siempre han revelado las cumbres de las posibilidades individuales y raciales.

[e47] "Revelan a otros hombres lo que el hombre puede ser; reducen el cuerpo a átomos y producen una llama viviente en un cuerpo recién reconstruido; desentierran la oculta belleza de los seres humanos que pasaron al más allá como desecho de la humanidad, y enhebran en el hilo dorado del amor de Dios, virtudes cuya existencia era apenas conocida y su combinación parecía imposible: fervor y paciencia, humildad y poder, desapego y afecto, humilde esperanza y elevada humildad. Pero, por sobre todo, los santos poseen el secreto de la paz, así como el amante corresponde a los deseos de su corazón, y en esa realización algún gozo cantó internamente, al cual respondieron todas sus facultades. Los santos no son solitarios ni estoicos, conocen el dolor y comprenden la pena, pero dondequiera vayan, los acompaña la claridad solar de la primavera." (16)

El Camino que va desde el Nacimiento en Belén hasta el Monte de la Crucifixión, es duro y difícil, pero es hollado con regocijo por el Cristo y por quienes han sintonizado su conciencia con la Suya. El goce de la vida física se trasforma en el goce de la comprensión, y nuevos valores, nuevos deseos y un nuevo amor, reemplazan al antiguo. El Dr. Whitehead (17) lo aclara bellamente con las palabras:

"En cuanto se alcanza la conciencia superior, el goce de la existencia se entrelaza con el dolor, la frustración, la privación y la tragedia. En medio de tanta belleza, heroísmo y osadía transitorios, la Paz es la intuición de lo permanente. Conserva vívida la sensibilidad de la tragedia, y la ve como un ser viviente, persuadiendo al mundo para obtener lo sutil, más allá del desvanecido nivel de los hechos circundantes. Cada tragedia es la revelación de un ideal -lo que debió haber sido no fue lo que pudo ser. La tragedia no ocurrió en vano. Este poder de sobrevivir de la fuerza motivadora, debido a la atracción de las reservas de la Belleza, marca la diferencia entre el mal trágico y el mal denso. El sentimiento interno que corresponde a esta captación del servicio que presta la tragedia, es la Paz -la purificación de las emociones."

El Nacimiento en Belén marcó el comienzo del largo camino de la tragedia del Salvador. Hizo de Él "varón de dolores, experimentado en quebranto". (18) Fue el principio del fin, señalando Su iniciación en los estados superiores de conciencia. Está evidenciado en el Evangelio.

2

[i41] Antes de referirnos en forma definida a esas grandes iniciaciones, sería de valor tratar brevemente uno o dos puntos relacionados [e48] con el tema en general. Se da tanta enseñanza peculiar y sin fundamento sobre el tema, en la actualidad, y tan grande es el interés general, que se necesita con urgencia pensar con claridad y prestar atención a ciertos factores que con frecuencia se pasan por alto. Aquí cabría preguntarse "¿Quién es el iniciador? ¿Quién podría ser elegido para presentarse ante Él y recibir la iniciación"?

Nunca se acentúa con demasiada claridad que el primer iniciador que enfrenta el hombre es siempre su propia alma. Muchas escuelas esotéricas y maestros de esoterismo basan sus enseñanzas en las de algún gran Maestro y ponen a sus aspirantes bajo su tutela, que se supone los preparará para este paso, y sin cuya ayuda no hay progreso posible, olvidando que no hay Maestro que pueda hacer contacto con un ser humano, hasta que no haya establecido un claro y definido contacto con su propia alma. En el nivel de la percepción, el del alma, residen quienes pueden ayudarnos, y hasta no haber penetrado en ese nivel, como individuos, es imposible lograr un contacto inteligente con quienes actúan allí normalmente. La iniciación está relacionada con la conciencia y es simplemente una palabra que empleamos para expresar la transición que el hombre establece entre la conciencia del cuarto reino o humano, y el quinto o espiritual, el reino de Dios. Cristo vino para revelarnos el camino a ese reino y

"llamó a esa condición... el "Reino de los Cielos" que no era un lugar ni un mundo mejor, sino un estado de la mente o del alma, algo a que todos los hombres pueden tener acceso si siguen el camino. 'Esforzaos por tanto en conoceros a vosotros mismos y sabréis que sois hijos del Padre; sabréis que estáis (en la Ciudad de Dios), que vosotros sois la ciudad". (19) Es evidente que esas palabras fueron dichas por quien descubrió ese Reino y que, por propia experiencia, adquirida en el camino hacia ese Reino, trató de enseñar a los demás. . . " (20)

Esta alma iniciadora, denominada, como hemos visto, de diversos modos en El Nuevo Testamento y en las demás religiones, tiene una terminología adecuada a la época y al temperamento del aspirante. Donde el discípulo cristiano habla de que "Cristo en vosotros esperanza es de Gloria", (21) el discípulo oriental puede hablar del Yo o Atman. Las modernas [i42] escuelas de pensamiento hablan del ego, yo superior, hombre verdadero o entidad espiritual, mientras que en El Antiguo Testamento se hace referencia al "Ángel de la Presencia". Podría recopilarse una larga lista [e49] de sinónimos, pero para nuestros fines nos limitaremos a la palabra "alma" por su amplio empleo en Occidente.

El alma inmortal en el hombre, lo prepara para la primera iniciación, porque esta alma se manifiesta en la tierra como el "Cristo-Niño" que aparece en el hombre. Éste es el nuevo nacimiento. Lo que se ha estado gestando lentamente en el hombre llega a nacer por fin y el Cristo o alma nace conscientemente. Siempre ha estado presente el germen del Cristo viviente, aunque oculto en cada ser humano. Pero a su debido tiempo y período, el alma infante hace su aparición, siendo posible la primera de las cinco iniciaciones. La tarea prosigue y la vida crística se desarrolla y desenvuelve en el hombre hasta que tienen lugar las iniciaciones segunda y tercera. En esta etapa, como muchos creen, somos iniciados por medio del Cristo, y en plena conciencia vigílica el iniciado permanece ante Su Presencia y Lo ve cara a cara. Browning expresa esta verdad en su gran poema, diciendo:

"Oh, Saúl, será
un Rostro como mi rostro el que te reciba; a un Hombre como yo
amarás y por Él serás amado, siempre. Una Mano como ésta
¡te abrirá los portales de la nueva vida!
¡Mira al Cristo ante ti. !" (22)

Después de la tercera iniciación, la Trasfiguración, cuando la personalidad ha sido subordinada al alma o Cristo inmanente, y la gloria del Señor puede brillar a través de la carne, enfrentamos la suprema realización de la Crucifixión y la Resurrección. Después, se dice, ese Ser misterioso a que se refiere El Antiguo Testamento, denominándolo Melquisedek o el Anciano de los Días, desempeñará Su parte y nos iniciará en misterios aún más elevados. De este Personaje se dice que:

"Este Melquisedek, Rey de Salem, Sacerdote del Dios Altísimo... [i43] era, en primer término, como Su nombre lo indica, Rey de Justicia, y además Rey de Salem (es decir, Rey de la Paz). Sin padre ni madre ni genealogía, no tiene principio de días ni fin de vida..., permanece sacerdote para siempre". (23)
Él es Quién recibe al iniciado y supervisa las transiciones superiores de conciencia que constituyen la recompensa a las pruebas pasadas triunfalmente. Es Aquél cuya "estrella alumbra" cuando el iniciado entra en la luz.

Hay, por lo tanto, tres iniciadores: primero, la propia alma del hombre; segundo, el Cristo de la historia y, finalmente, el Anciano de los Días, Aquél en Quien "vivimos, nos movemos y tenemos
[e50] nuestro Ser". (24) Estas ideas interesan porque comprendemos que de las cinco iniciaciones, tres parecen ser, y en verdad son de suprema importancia. En la vida de Cristo hay episodios que representan grandes etapas de realización, culminando ciclos e iniciando otros nuevos, y son: la primera iniciación, el Nacimiento; la tercera iniciación, la Trasfiguración; la quinta iniciación, la Resurrección. Existe en la naturaleza un misterioso valor relacionado con las iniciaciones primera, tercera y quinta -el comienzo, el punto medio y la consumación final. Como ya se dijo, "no sólo los intervalos entre la nota básica, la tercera mayor y la quinta perfecta, o los que distinguen la corchea de la semicorchea, son los que permiten componer una sinfonía o canción". Entre esos elevados puntos de cuyos intervalos da detalles el Evangelio, continúa la tarea que hace posibles las realizaciones posteriores. Consideramos especialmente en este libro, la técnica de la entrada en el reino de Dios. Tal reino existe, y nacer en él es tan ineludible como el nacimiento en la familia humana. El procedimiento correlativo desde la gestación, hasta que "en la plenitud del tiempo" nace el Cristo-Niño, el alma empieza a manifestarse en la tierra, comenzando la vida del discípulo y del iniciado. Pasa de una etapa [i44] a otra hasta que domina todas las leyes del reino espiritual. Por el nacimiento, el servicio y el sacrificio, el iniciado se hace ciudadano de ese reino, y esto constituye un proceso relacionado con su vida interna, tan natural como lo son los procesos físicos relacionados con su vida externa como ser humano. Ambos van juntos, pero la realidad interna eventualmente viene a la manifestación mediante el sacrificio de lo humano a lo divino. La siguiente cita aclara este concepto:

«Todos los grandes instructores han sabido que 'perder' esta vida debe ser el camino de todo el género humano, a fin de lograr un nuevo nacimiento, el Nirvana o reino de los Cielos; por lo tanto, al exigir a sus seguidores que pierdan su vida por Él y se nieguen a sí mismos, Jesús no les pidió nada excepcional. Si alguien quisiera seguir las enseñanzas de la Vedanta, del Buda o de Lao-Tsé, debería también, implícitamente, perder al mundo entero y ganar sus propias almas. Tomando literalmente las palabras de Jesús, debemos alcanzar el mismo desapego de las cosas de este mundo como lo hacen los indúes al alcanzar el 'samadhi'. No niego, sin embargo, que el intento de poner en práctica Su lección resulta lo más difícil del mundo, pero, si se logra, el resultado sería ciertamente la liberación absoluta de las condiciones en que se ha desenvuelto la humanidad hasta el presente, y la entrada en un estado tan nuevo, como cualquier reino celestial imaginado: 'No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento desde donde quiere, sopla, y oyes su sonido; más ni sabes de dónde viene y adónde [e51] va: así es todo aquel que es nacido del Espíritu' (25) ¿Puede alguien decir hoy, o alguien haber dicho alguna vez, dónde está el subconsciente o el alma? Se acepta que está fuera de toda designación de tiempo y espacio, y esa idea es quizá para nuestras mentes modernas la que más se acerca a un concepto de la naturaleza de aquello que 'volverá a nacer' del Espíritu, y aunque no volvamos a nacer de nuevo, esa naturaleza permanecerá siendo tan insondable como el viento". (26)

El iniciado no es simplemente un hombre bueno. El mundo está lleno de hombres buenos que probablemente están muy lejos de ser iniciados, tampoco es un devoto bien intencionado. El iniciado es un hombre que ha agregado una sensata comprensión intelectual a las cualidades básicas de una sana devoción y carácter moral. Por medio de la disciplina ha coordinado su naturaleza inferior, la personalidad, por eso es "un recipiente útil para uso del amo" (27) siendo ese amo su propia alma. El iniciado sabe que deambula por un mundo de ilusión, pero se está instruyendo a sí mismo mientras camina a la luz de su alma, comprendiendo que al servir a sus semejantes y al olvidarse de sí mismo se prepara para presentarse ante el portal de la Iniciación. En ese sendero conoce a quienes como él, están aprendiendo a ser ciudadanos de ese reino. El mismo autor citado dice:

", ... el vínculo de unión entre las personas que conocieron algo del reino -aunque como individuos no se conozcan- es el territorio del Reino de los Cielos, como Jesús quería que fuese, y cuando algunos de sus ciudadanos se conocen en cuerpo y mente, hay un reconocimiento instantáneo. Como ciudadanos del mundo pagan tributo al César, pero al mismo tiempo saben que el Reino de Dios 'no es de este mundo' y dan a Dios las cosas que son de Dios, comprobando que son también ciudadanos de ese Reino Interno, rodeándonos, invisible, intangible... está el Reino, a su debido tiempo entraremos allí. Cuando los hombres comprendan, es decir, acepten, que 'el reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: ¡hélo aquí o hélo allí!, porque he aquí el reino de Dios dentro de vosotros'; (28) entonces habrán dado el primer paso para conquistarlo." (29)

Éste ha sido el conocimiento y el mensaje de todos los verdaderos cristianos en el trascurso de los siglos, y su testimonio conjunto atestigua la realidad del reino, y el hecho de que quienes realmente lo buscan pueden hallarlo, y los que indagan acerca de su existencia, no serán defraudados. El camino hacia el reino se halla mediante preguntas y respuestas, buscando y encontrando, obedeciendo la voz interna, que sólo puede escucharse cuando las [e52] otras voces callan. El canónigo B. H. Streeter (30) lo aclara de este modo:

"Un intento sincero de cumplir la voluntad de Dios será poseer la condición preliminar de 'saber si la enseñanza es verdadera'. El camino para el conocimiento de Dios se hallará por la reorientación del propósito y el deseo, y la constante rededicación del yo a lo más elevado que conoce.

"Si así fuera, podrá esperarse que en determinado punto del desenvolvimiento espiritual, la personalidad llegará a ser suficientemente sensible a la influencia de lo divino, para lograr la percepción de la voluntad de Dios, que puede hallar expresión por medio de una voz interna."

Cuando oímos esa voz alcanzamos la conciencia de las posibilidades futuras y damos el paso inicial hacia la primera iniciación, que nos lleva a Belén y a descubrir y conocer a Cristo. Encontramos a Dios dentro de nosotros mismos. En la caverna del corazón puede sentirse el latido de la vida divina. El hombre descubre que es uno entre un vasto número de quienes pasaron por la [i45] misma experiencia, y mediante el proceso de la iniciación da nacimiento al Cristo. La "vida infantil" recién nacida en el reino de Dios, comienza con las luchas y las experiencias que lo llevarán gradualmente de una iniciación a otra, hasta obtener la realización. Entonces se convierte en un instructor y expresión de la divinidad y sigue las huellas del Salvador, sirviendo a la raza, emitiendo la nota necesaria y ayudando a otros a alcanzar el punto por él logrado. El sendero del servicio y la colaboración con la voluntad divina se convierten en el propósito de su vida.

No todos los iniciados pueden alcanzar la altitud lograda por Cristo. Su misión fue única y cósmica. Pero para los discípulos del mundo es posible la experiencia de cada una de las etapas de iluminación, según las describe el Evangelio. En consecuencia, al resumir las ideas concernientes al nuevo nacimiento en el reino, que tantos enfrentan en esta época, debe tenerse en cuenta que:

"En la primera gran Iniciación, el Cristo nace en el discípulo. Entonces percibe por primera vez en sí mismo la afluencia del Amor divino y experimenta el maravilloso cambio que lo hace sentirse uno con todo lo que vive. Éste es el 'Segundo Nacimiento', del que se regocijan todos los seres celestiales, porque nace en el Reino de los Cielos', como uno de los 'pequeños', como un 'infante', nombres que se aplican a los nuevos Iniciados. Tal es el significado de las palabras de Jesús, que sugieren que un hombre debe convertirse en un niño para entrar en el Reino." (31)

La misma autora, en otro pasaje de su libro, dice:

"El 'segundo nacimiento' es otro término muy conocido para designar la Iniciación; hasta en la India, se los llama 'dos veces nacidos' a los de las [e53] castas superiores, y la ceremonia que los convierte en dos veces nacidos es la de la Iniciación -que en estos tiempos modernos es mera broza, pero son 'las figuras de las cosas celestiales'. (32) Cuando Jesús se dirige a Nicodemo, le dice: 'el que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios', y se habla de este nacimiento como de 'agua y Espíritu'. (33) Ésta es la primera Iniciación; le sigue la 'del Espíritu [i46] Santo y la del fuego', (34) es decir, el bautismo del iniciado en su madurez, ya que el primero es el del nacimiento que da la bienvenida 'como a niños' que entran en el reino. (35) Que era enteramente familiar esta imagen entre los místicos judíos, se aprecia en la sorpresa que manifiesta Jesús cuando Nicodemo no entiende la fraseología mística de Su Interlocutor: '¿Eres tú, maestro de Israel y no sabes esto?'." (36)

Los discípulos del mundo de esta época enfrentan estas posibles cumbres de realización. Así también se halla el fatigado discípulo mundial, la conjunta humanidad, agotada y aturdida, perpleja, e intranquila, aunque consciente de las divinas potencialidades y de los grandes sueños, visiones e ideales, que evocan una esperanza y rechazan una derrota, y son la garantía del éxito eventual. La voz de todos los Salvadores del mundo y el ejemplo de Cristo, indican a la humanidad el Camino que debe seguirse. Esto nos aparta de lo superficial y material y nos eleva del mundo irreal al mundo de la realidad. "El hombre está harto de una vida separada de su centro religioso y comenzará la búsqueda de un nuevo equilibrio religioso, de una profundización espiritual; ninguna actividad puede llevarla a cabo meramente en la superficie, llevando una vida puramente externa". (37) Lo profundo llama a lo profundo y de las tinieblas de esas honduras, por el dolor y el sufrimiento, surgirá el Cristo-Niño, y la humanidad en conjunto estará preparada para la gran transición hacia el reino de Dios. Herman Keyserling (38) dice lo mismo que el Dr. Berdyaev, señalando, además, que "la verdadera historia del género humano en realidad recién comienza; el hombre sólo ha alcanzado el grado de conciencia que le permitirá ser dueño de su destino". Puede entrar ahora en el reino y comenzar la historia espiritual. Hasta el presente, la historia ha sido preparatoria. Recién ahora, por primera vez, la raza está en condiciones de dar el gran paso en el sendero del discipulado y de la purificación, que precede al sendero de la iniciación. Los individuos siempre han surgido de la masa y ascendieron al pináculo de la realización, escalando la montaña de la iniciación. Actualmente, [e54] esto resulta posible para la mayoría. La voz de los que se realizaron, la clarinada de los que ya se han [i47] iniciado en los misterios del reino de Dios, posibilita el siguiente paso. El momento es único y urgente. El llamado es para el individuo, pero también, por primera vez en la historia, resuena en los oídos de la multitud, porque la masa está preparada para responder. El Dr. W. E. Hocking (39) dice al respecto:

"Las relaciones entre el hombre y Dios, en el trascurso de la historia religiosa, se hicieron más profundamente personales y apasionadas, con una profundización del sentido del mal y angustia espiritual. El alma encuentra por fin su compañero divino. Pero mientras la religión penetra en estratos más profundos y fértiles del conocimiento de Dios, se evidencia que el desarrollo de la religión cae progresivamente sobre los hombros de los individuos que, por su experiencia de Dios y su conocimiento, se convierten en autoridad para los demás. Vemos que la religión se universaliza y, al mismo tiempo, se hace peculiarmente personal."
Tal es la situación actual. Las voces de los individuos que penetraron en el reino, llaman a la multitud en términos claros, y esto es seguro, aunque a algunos la iniciación de la humanidad les parezca un proceso lento. Las antiguas verdades enunciadas por los Instructores y Salvadores mundiales están en proceso de ser interpretadas para satisfacer las antiguas necesidades en nuevos términos y en forma más vital. Los Conductores que moldean los espíritus de los hombres mantienen los portales abiertos de par en par, y el género humano se verá obligado a atravesarlos rápidamente si escucha el llamado, pero inevitablemente lo hará, lo oiga o no.

De esos inspirados Conductores, Voces y Conocedores de Dios el siguiente párrafo, extraído de un libro ya citado, resume lo que trato de expresar:

"De todos los grandes conductores de la humanidad, el tipo supremo del genio, por aceptación universal y para honra del género humano, ha sido: siempre el revelador de nuevas formas de esa noble vida abundante, siendo a la vez santo, sabio y artista, y sobre todo gran amante de la naturaleza y del hombre, un verdadero representante de la vida en su plenitud y unidad, que visualiza el magno drama de la vida del hombre en su totalidad y amplitud, movido a compasión por los sufrimientos y necesidades de sus semejantes, absorbe, para bien de ellos, con infinita paciencia, la cultura superior de su época y, después, basando sus descubrimientos supremos en la humilde aceptación de la experiencia y la investigación arriesgada, inyecta nueva vida a las grandes y antiguas religiones, fundando sobre ellas una síntesis nueva y más amplia, a la luz de la cual el arte poético-cósmico, antiguo y perdurable, del género humano, se acrecienta, enriquece y purifica. Luego se abre una nueva era para todos los seres vivientes, humanos o no." (40)

[e55] Estas palabras expresan la misión de Cristo en el pasado y el mensaje que dará en el futuro.

Por lo tanto, nuestro tema surge gradualmente de nuestra conciencia y vemos que debe ser encarado desde dos ángulos principales. Ante todo estudiaremos esas cinco iniciaciones de Jesús, desde el ángulo del aspirante individual, para poner de manifiesto que como hijos de Dios podemos participar de lo que el Cristo realizó. Una de las cosas más interesantes que se presenta al estudiar la vida de Cristo, y percibir cómo el Plan divino para esa vida fue registrándose progresivamente en Su conciencia, es que al principio apenas pudo percibir lo que debía hacer. Las ideas se fueron desarrollando a medida que el Cristo crecía. Después de la primera iniciación, el Nacimiento en Belén, las palabras que dirigió a Su Madre fueron: "¿No sabíais que en los asuntos de mi Padre me es necesario estar?". (41) Él sabía que se Le había ordenado trabajar y servir, pero las especificaciones de esa tarea se aclararon en Su mente recién más adelante. Simplemente reconoció un Plan, y a ese Plan Se dedicó. Esto es lo que deben hacer quienes siguen Sus pasos.

Luego tuvo lugar la segunda iniciación, la del Bautismo. Cristo había llegado a la adultez y esta realización fue seguida inmediatamente por un definido y consciente rechazo del mal. El reconocimiento del trabajo a emprenderse debe ser seguido
[i48] por la purificación del que debe realizarlo y demostrar esa purificación y liberación del mal. Cristo lo demostró al triunfar sobre las tres tentaciones. Sólo después de esta evidente preparación leemos (42) que se dedicó a enseñar.

El reconocimiento y la preparación para participar en el Plan divino fueron seguidos por la dedicación a ese Plan. Después de la Trasfiguración, Cristo comprendió totalmente lo que tenía por delante y Lo definió claramente a Sus discípulos, cuando dijo:

"... que el Hijo del hombre padezca muchas cosas y sea rechazado por los ancianos, los principales sacerdotes y por los escribas, y sea muerto y resucite al tercer día.. . Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a si mismo, y tome su cruz cada día, y sígame." (43)

Más adelante, en el mismo capítulo leemos que "Él volvió su rostro para ir" al lugar del sufrimiento y del sacrificio.

Finalmente comprendió que había cumplido lo que de Él se esperaba. Cumplió el Plan, cumplió los asuntos de Su Padre y las "muchas cosas" emprendidas. Leemos que aún en la Cruz, el Plan
[e56] absorbía Su atención y con Su "consumado es" (44), pasó por los portales de la muerte a una gozosa resurrección.

La revelación gradual del Plan y el servicio al mismo, siempre acompañan al proceso iniciático; el individuo aprende a subordinar su vida a la Voluntad del Padre y a trasformarse (como lo hizo Cristo) en el servidor de esa Voluntad. El proceso iniciático en sí es sólo una parte del Plan general para la raza, y los senderos del discipulado y de la iniciación sólo son las etapas finales en el sendero de la Evolución. Los primeros pasos en el sendero conciernen a la vida y la experiencia humanas, pero las etapas finales después del nuevo nacimiento, conciernen al desenvolvimiento del espíritu.

Lo que atañe al desarrollo del individuo también
[i49] atañe a la raza. Todas esas etapas deben ser realizadas en la vida racial. Los que ven claramente esa visión, pueden percibir evidencias de este Plan en desenvolvimiento, en el constante surgimiento de las distintas ideas que hoy predominan en el mundo. Sin entrar en detalles o en extensas explicaciones del tema, el desarrollo del Plan y de la respuesta racial pueden percibirse con toda claridad en el desenvolvimiento de la idea de Dios. Primero, Dios fue una lejana Deidad antropomorfa, desconocida, no amada, vista con temor y recelo y adorada como una Deidad que se expresaba mediante las fuerzas de la naturaleza. A medida que trascurría el tiempo, este Dios distante se aproximó un poco más a Su pueblo, tomando un tinte más humano, hasta que en la dispensación judía, lo vemos muy parecido a nosotros, pero siendo todavía un Regente ético e iracundo, al cual se le obedecía y temía. A medida que trascurría el tiempo fue acercándose más, y antes del advenimiento del cristianismo, los hombres Lo reconocieron como el bienamado Krishna, de la fe hindú, y como el Buda. Luego llegó el Cristo para Occidente. Se vio a Dios Mismo encarnado entre los hombres. Lo lejano se convirtió en cercano, y Él, que había sido reverenciado con temor y asombro, podía ahora ser conocido y amado. Hoy Dios está aproximándose más aún, y la nueva era no sólo reconocerá la verdad de las revelaciones pasadas, atestiguando su validez y progresiva revelación de la divinidad, sino que a todo se sumará la revelación definitiva de la Presencia de Dios en el corazón humano, del Cristo que nace en el hombre, y cada ser humano se manifestará verdaderamente como hijo de Dios.

Si consideramos el desarrollo de la conciencia, vemos que aparece el mismo Plan divino. Aunque la raza en su infancia estaba dominada por el instinto, a medida que fue pasando el tiempo el
[e57] intelecto empezó a manifestarse, y ahora continúa controlando los asuntos humanos y gubernamentales y las ideas. El intelecto correctamente empleado y comprendido está evolucionando hacia algo más sutil y revelador, y podemos progresivamente trazar el crecimiento de esta nueva fuerza, la intuición, en el inteligente hombre moderno. A su vez, esto trae iluminación, y así [i50] el hombre pasa de una gloria a otra, hasta que el omnisciente y cósmico hijo de Dios pueda verse expresándose a través de cada hijo del hombre.

El mismo desenvolvimiento puede observarse también racialmente en la transición efectuada en las diversas etapas que van desde el salvaje aislado hasta la familia y la tribu, luego desde la unificación de las tribus en naciones regidas por un solo gobierno, hasta que hoy vivimos en un mundo que comienza a responder a algo más grande que la nación -la humanidad misma- y a concebir su expresión por el desarrollo de una conciencia internacional. Por cualquier línea desde donde tracemos el desarrollo del Plan, venimos de un pasado distante, oscuro e ignorante, y vamos a la actual etapa donde surgen valores más reales. Empezamos a columbrar lo que es ese Plan y hacia dónde vamos. Entramos constantemente en un mundo de realidades espirituales, porque "hay un camino que se inicia en cada conjunto natural de hechos y va hacia cada realidad espiritual en el universo, y la naturaleza esencial de la mente obliga siempre en cierta medida, a recorrer este camino..." (45).

En este "fin de la era" el hombre enfrenta el portal de la oportunidad y, como está en proceso de descubrir su propia divinidad, penetrará en el ámbito de los valores reales y llegará a un mejor conocimiento de Dios. El misterio del nuevo nacimiento lo enfrenta y debe pasar por esa experiencia. Las siguientes palabras son iluminadoras:

"El misterio de la Encarnación no es de propiedad exclusiva de la Iglesia cristiana. Cada generación tiene su revelación encarnada. Pero aunque la manifestación de lo divino se actualiza en el hombre cuando encarna en los videntes, profetas y santos, la constante tarea de los pensadores ha sido definir y expresar en palabras la naturaleza del mundo espiritual. Con el término Dios o dioses, se ha descrito el contenido espiritual del Universo como un ser místico... , así Dios ha llegado a ser nuestro Padre en los Cielos, considerándolo como el poseedor de todas las bondades. La cualidad que se Le ha atribuido mayormente ha sido la de Su Amor... Por lo general se sostiene que Dios responde a los acercamientos humanos y colabora activamente con el hombre en su esfuerzo por ascender. La evidente encarnación de un elemento divino en el hombre, [e58] ha llevado, por un proceso a la inversa, al concepto de un Ser divino detrás del universo visible, y poseedor de todas las perfecciones". (46)

La divinidad del hombre debe nacer tanto en el individuo como en la raza, así el reino de Dios vendrá a la existencia en la tierra. El Dr. Berdyaev (47) expresa lo mismo cuando dice que no son posibles "una sociedad y cultura perfectas sin esta verdadera vida espiritual, es decir, sin un renacimiento religioso. No debemos contentarnos con simbolizarla o simularla, sino aceptarla en su legítima forma."


3

Estas cinco iniciaciones tienen ciertos puntos básicos en común y semejanzas que en sí son de real significación. Existen factores afines a todas ellas. El Camino que conduce al reino es universal y el hombre es el símbolo y la realidad. El hombre observa todos
[i51] los mitos y símbolos del mundo; lee y conoce la historia de los Salvadores del mundo, y al mismo tiempo debe volver a actualizar la misma historia y convertir el mito en una realidad en su propia experiencia personal; debe conocer a Cristo y también seguirlo, etapa tras etapa, a través de las grandes experiencias del proceso iniciático.

Toda iniciación está precedida de un viaje; cada etapa y acontecimiento dramático ocurre al finalizar un período de viaje. Es evidente este simbolismo. "Hollar el sendero" es el modo familiar de describir el acercamiento de un ser humano a los misterios. Es interesante observar que todo el mundo está en actividad. Emprenden viajes y peregrinaciones, proceso simbólico de una condición interna de búsqueda y acercamiento a una meta preordenada. Los viajes por tren, barco, avión, son comunes. Grandes grupos emigran de un lugar a otro, según las posibles condiciones económicas y el dictado del destino. Viajamos de aquí para allá. Caminamos, ampliamos nuestros horizontes. Nos preparamos también para expansiones de conciencia que nos permitirán vivir en dos reinos a la vez -la vida que debe vivirse en la tierra y la que podemos vivir en el reino de Dios. La humanidad está en la primera etapa de su viaje al místico Belén, donde debe nacer el Cristo-Niño, y la primera iniciación es, en estos momentos, un acontecimiento inminente para muchos.

[e59] "Ante cada hombre se abre
un camino, y caminos y un CAMlNO.
Y el alma superior asciende por el Camino superior
y el alma inferior va a tientas por el inferior;
y entre las brumosas planicies,
los demás van a la deriva, de aquí para allá.
Pero ante cada hombre se abre
un Camino superior y otro inferior,
y cada hombre decide
el Camino que debe seguir su alma." (48)

[i52] La enunciación de una Palabra de Poder señala una iniciación. El iniciado la oye, aunque el resto del mundo no pueda oírla. Cuando Cristo pasó por esas crisis, en cada una de ellas resonó una Voz, y el sonido emitido "abrió de nuevo los portales de la vida". Puerta tras puerta se abren ante la demanda del iniciado, como respuesta del Iniciador que está al otro lado del portal. Veremos lo que significó cada una de estas Palabras. La palabra siempre surge del centro. Repetidamente se dice en El Nuevo Testamento: "el que tenga oídos para oír, oiga", (49) y un estudio de las palabras dirigidas a las siete Iglesias en las Revelaciones, arrojará mucha luz sobre el factor de la Palabra.

Grandes Palabras raciales fueron emitidas, produciendo los cambios requeridos y significando para los sensitivos un poder de verdadero valor espiritual.

La Palabra o sonido para la antigua Asia en el pasado fue Tao, o el Camino. Representaba el antiguo Camino que los Iniciados del Lejano Oriente hollaban y enseñaban. Para nuestra raza, la palabra es Aum, que ha de generado en el Amén de nuestro vernáculo occidental. Las antiguas escrituras de la India consideran a esta Palabra como indicando peculiarmente la divinidad, el espíritu de vida, el aliento de Dios. Cuál será la nueva Palabra que "surgirá del centro", no lo sabemos, pues no será enunciada hasta que la raza esté preparada. Pero hay una Palabra común de Poder que será puesta bajo la custodia de nuestra raza si estamos a la altura de nuestra oportunidad, y por medio del nuevo nacimiento entraremos en el reino de Dios. Es la Palabra quedará vida al alma oculta en el hombre y lo energetizará en una actividad espiritual renovadora. A medida que la raza acreciente su sensibilidad y los aspirantes del mundo, de todas las religiones, cultiven la facultad (por medio de la meditación) de oír la Voz que puede acallar a las demás voces, y a medida que aprenda a registrar ese Sonido
[e60] que apaga a todos los demás, podrán, como grupo, reconocer la nueva Palabra que se emitirá.

[i53] En cada iniciación de Jesús, como veremos, se dio un Signo, que se estampó en la conciencia de los no iniciados. Cada vez se vio un símbolo o forma que indicaba una revelación. Cristo Mismo dice que al final de los tiempos "la señal del Hijo del Hombre se verá en el Cielo." (50) Así como el Nacimiento en Belén fue anunciado por un signo, la Estrella, también el nacimiento hacia el cual se encamina apresuradamente la raza, será anunciado por un Signo celestial. La súplica que se eleva desde el corazón de todo verdadero aspirante a la iniciación está bellamente expresada en la siguiente plegaria:

"Hay una paz que a toda comprensión trasciende, es la que mora en el corazón de quienes viven en lo Eterno. Hay un poder que todas las cosas renueva, es el que vive y se mueve en quienes saben que el Yo es uno. Que esta paz se cierna sobre nosotros, que ese poder nos eleve, hasta llegar donde el único Iniciador es invocado, hasta ver el fulgor de Su estrella."

Cuando se vea ese Signo y se oiga la Palabra, el paso siguiente será registrar la Visión. El iniciado puede ver el Plan y la parte que debe desempeñar, entonces sabe lo que debe hacer. De esta Visión se habla como de la "visión de Dios" pero se expresa para el hombre en términos de la voluntad de Dios y la plenitud de lo que Dios intenta hacer. Estamos destinados a ser iniciados en los misterios de esa voluntad. La visión de Dios es la visión del Plan de Dios. Ningún hombre ha visto a Dios. La revelación de Dios viene por la revelación de Cristo.

"Felipe le dijo: Señor, muéstranos al Padre y nos basta.
Jesús le respondió: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me has conocido Felipe? El que me ha visto, ha visto al Padre'." (51)

Cristo reveló en Sí Mismo la voluntad de Dios y dio a la humanidad una visión del Plan de Dios para el mundo, y este Plan
[i54] es la venida del reino. Cristo era Dios y la palabra de Dios surgía de Él. El Dr. A. N. Whitehead (52) aclara esta idea:

"Él es completo en el sentido de que su visión determina toda posibilidad de valor. Tal visión completa, coordina y ajusta cada detalle. De este modo no se agregan a su conocimiento las relaciones de las normas particulares de valores, ni lo perturba la comprensión en el mundo actual de lo que ya conceptualmente conoce en su mundo ideal. Este mundo ideal [e61] de armonización conceptual es sencillamente una descripción del propio Dios. Así, la naturaleza de Dios es el total conocimiento conceptual del ámbito de las formas ideales. El reino de los cielos es Dios...

"El reino de los cielos no es la separación del bien y del mal... Es la superación del mal por el bien. Esta trasmutación del mal se introduce en el mundo actual debido a que la inclusión de la naturaleza de Dios incluye la visión ideal de todo mal actual, tan pleno de novedosas consecuencias como para surgir y restaurar el bien...

"Todo acontecimiento, en su aspecto más sutil, introduce a Dios en el mundo. Por su intermedio otorga un fundamento a su visión ideal como realidad a la cual Dios proporciona el consiguiente ideal, y como factor que salva al mundo de la autodestrucción del mal. El poder por el cual Dios sostiene al mundo, es el poder de Sí mismo como ideal. Él se agrega al fundamento efectivo del cual surge todo acto creador. El mundo vive por la encarnación de Dios en Sí Mismo."

El hombre vive por la encarnación de Dios en el hombre. Pasando por el portal del nuevo nacimiento, el hombre puede redimir la carne en que esa divinidad está encerrada, entonces puede ayudar a redimir al mundo. También para la raza existe la crisis, la iniciación y la visión. Se dice: "donde no hay visión los pueblos perecen". (53) Pero esa visión no es la de todo el Plan. No es la experiencia terminante ni la consumación insondable. No estamos aún preparados para ello. Ni el propio Cristo proclamó la revelación final. Vio y proclamó el paso siguiente que debería dar la raza. Los acontecimientos inmediatos son presentidos para ser considerados más tarde inteligentemente; tenemos un momento de previsión, de predicción, de movimiento y actividad, de dificultad y servicio y del siguiente despliegue de gloria.

Después de la visión, como la que siguió a la iniciación, viene un renovado cielo de pruebas y dificultades. Las verdades reveladas y la revelación acordada, deben realizarse en la experiencia de la vida diaria. Momentos de asimilación y reflexión deben seguir a los de exaltación y visión. A no ser que se tenga una experiencia práctica de lo que se sabe, este saber quedará en la cima de la montaña de la revelación. Lo que se da a continuación aclarará el punto:

"Lo que un hombre conoce de la cualidad interna de la vida depende principalmente de tres cosas: primero, de la profundidad y alcance de su propia experiencia personal; segundo, de hasta dónde posee afinidad imaginativa para penetrar en la experiencia interna de otros y, tercero, de hasta dónde ha reflexionado sobre el material que se le ha presentado. De todo lo dicho, la experiencia personal es el primer requisito, pero eso solo no es bastante, porque para la "mayoría de las personas" se ha dicho que "son ignorantes a pesar de tener experiencia". La sabiduría y la [e62] percepción interna surgen, no del número de cosas hechas ni de la severidad de las cosas sentidas, sino de la profundidad y calidad de la posreflexión sobre ello." (54)

Por último, toda iniciación conduce a servir más ampliamente. Una forma práctica de vida espiritual debe seguir a los momentos pasados en la cima de la montaña. El yo y sus realizaciones deben olvidarse al servir a los demás. No hay escapatoria posible. Todo pináculo logrado es seguido invariablemente por un ciclo de prueba. Toda nueva revelación captada y apropiada debe adaptarse a las necesidades de una vida de servicio consecuente y tenaz, y la iniciación siempre requiere pruebas renovadas y acrecentado poder para servir.


4

"Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz a [i55] su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón." (55)

Con esas simples palabras comienza la historia trascendental. Una historia de tan vastos alcances y consecuencias, que recién hoy empezamos a ver los resultados. Sólo hoy, dos mil años después del acontecimiento, la lección de la vida de Cristo está produciendo un efecto formativo en la imaginación de los hombres; sólo hoy, la fundamental lección que Cristo vino a enseñarnos está produciendo los necesarios cambios en la capacidad de captación del hombre. Recién ahora nos damos cuenta que la evidencia histórica de Su llegada en la tierra es la historia misma, y que existe en el mundo la evidencia de dos grandes corrientes de esfuerzo o actividad -la conciencia del hombre, separatista, común, en desarrollo, y la constante aplicación del mensaje de Cristo en los hechos actuales, para su modificación y cambio, y determinar, mucho más allá de lo que podemos concebir, el camino que deberemos seguir. Cristo llegó en la plenitud del tiempo, justamente cuando la humanidad se aproximaba a la madurez, mostrándonos en Si Mismo y a través de Su vida, lo que un hombre fue y podía ser. Phillips Brooks (56) dice:

" ¡El misterio del hombre! El que no cree en eso no puede entrar en la gloria plena de la Encarnación, ni puede creer en Cristo. Allí donde lo misterioso de la adultez toca lo divino, aparece Cristo... Para quien [e63] conoce los límites superiores de ese misterio en su propia vida, la historia de cómo debería ser capaz de recibir y contener a la divinidad en sus profundidades, no puede ser increíble ¿o debería decir no puede parecer extraño? Una vez sentido el misterio del hombre ¿puede ser extraño? Cuando pensamos si es posible que Dios debería colmar a la humanidad de Sí Mismo y cuando vemos que la humanidad puede estar colmada de Dios ¿puede concebirse que no Lo haga? ; ¿no habrá encarnación? De la misma manera cuando parece inevitable y natural, el cristianismo se convierte en nuestro canon. Sólo entonces brilla en la cima de la montaña, hacia la que todas las fibras de nuestra vida inferior aspiran. El Hijo de Dios es también el Hijo del Hombre."

iEl Hijo de Dios es también el Hijo del Hombre! Este hecho ha sido tal vez olvidado, por el énfasis puesto en Su divinidad. Esa divinidad está allí y nadie puede tocarla u ocultarla, es radiación y luz blanca pura. Pero la condición humana está también allí, como garantía para nuestras oportunidades y potencialidades, respaldando nuestra fe. Mediante el poder magnético exhalado por las palabras del Apóstol Bienamado, al describir a Cristo como al Hijo de Dios que habla en forma divina, nos postramos con amor y adoramos esa divinidad. Pero Su condición humana es subrayada por San Lucas y San Mateo, así como Su vida de Gran Servidor fue exaltada por San Marcos. Se ha discutido la divinidad de Cristo. De no haber existido otro Evangelio que el de San [i56] Juan, sólo habríamos conocido Su divinidad. Cristo como hombre, y Lo que hizo y Lo que fue como tal, no ha sido considerado por este Evangelio. Por ejemplo, se ha indicado que:

"... en el evangelio, según San Juan, no hay una sola parábola. ¿Sabía usted esto? Y si lo sabía ¿no le parece extraño? Es lo menos que puede decirse.
"Pero esas no son las omisiones más asombrosas.
"No se registra el Nacimiento virginal.
"No se registra la Tentación.
"No se registra la Trasfiguración.
"No existe el Sermón de la Montaña." (57)

Cualquier escritor moderno, responsable de una biografía de Cristo, sería criticado muy severamente (de parte de los teólogos y ortodoxos) si hubiera omitido puntos tan importantes. Pero, evidentemente, según la opinión del apóstol, esos puntos no fueron de primordial importancia. El Espíritu de Cristo era lo más vital y necesario. Los otros tres apóstoles proporcionaron el ambiente y lo detalles, y aparentemente hicieron mucho para poner esos detalles de acuerdo a las enseñanzas del pasado, respecto al medio y vida de los instructores y salvadores del mundo, donde encontramos una curiosa coincidencia en acontecimientos y hechos.

[e64] Se ha discutido sobre los detalles relacionados con la aparición fenoménica del Cristo y se ha descuidado el énfasis puesto en tres de las iniciaciones, sobre Sus palabras y significado. Nos respaldamos en los acontecimientos físicos de Su vida y nos esforzamos por probar la autenticidad histórica de esos acontecimientos y, en todo momento, Dios Mismo habla: "Escuchadle".

Otro punto que se olvida frecuentemente es que, al venir a la tierra y encarnar en forma humana, Dios testimonió Su fe en la divinidad que existe en el hombre. Tuvo suficiente confianza en los hombres y en sus reacciones a las condiciones mundanas, por eso ofrecía a Su Hijo para demostrar esa posibilidad al hombre y salvar así al mundo. En esto expresó Su creencia, y Su conducta fue dictada por esa creencia. Con toda reverencia quisiera decir que la divinidad del hombre garantiza una expresión de la divinidad. Así actuó Dios. Dean Inge, al escribir sobre las obras de Plotino, dice muy apropiadamente que "la conducta de la vida descansa en un acto de fe que comienza con un experimento y termina con una experiencia". Estas palabras se aplican a Dios y al hombre. Dios tiene tal fe en la espiritualidad innata del hombre -¿y qué es la espiritualidad sino la expresión, en la forma, de la divinidad?- que se aventura en un gran
[i57] experimento que ha llevado a la experiencia cristiana. ¡Fe en Cristo! ¡Fe en la humanidad! ¡Fe en la respuesta del hombre al experimento! ¡Fe de que la visión dada pueda trasmutarse o desarrollarse en experiencia! Ésa fue la fe que Dios puso en la humanidad. La fe cristiana a pesar del dogma y la doctrina, a pesar de las distorsiones de los teólogos académicos y de las imposiciones de algunos clérigos ignorantes, ha unido a Dios y al hombre, fusionados en el Cristo, presentándose así la verdad de que todo ser humano puede también tener fe, para aventurarse a experimentar y pasar por la experiencia. Esta verdad vital, dramática, presentada místicamente, pero siempre viviente, cuando es captada por la mente y comprendida por el corazón, capacita a todo aspirante a los Misterios cristianos para pasar por el portal del nuevo Nacimiento, hacia la luz, y a caminar desde ese momento bajo esa luz, porque "... la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto". (58) Esta verdad es aún una verdad viviente y enriquece y colora toda nuestra fe, porque:

"Estos dogmas se traducen en símbolos y ritos siempre variables y matizados, controlados por la verdad que debe expresarse y, finalmente, las abstracciones del intelecto viven en la palabra hecha carne, la Divinidad visible en la forma dé un hombre que fue visto y tocado. En Cristo [e65] y por Cristo se logra todo lo que de otro modo podría parecer imposible, justamente porque Cristo es hombre y también es Dios, capaz de hablar en lenguaje humano, que, no obstante, extrae de las riquezas insondables de la eternidad. Su mensaje de la verdad no lo detiene el tiempo ni el espacio, sino el conocimiento o la ignorancia indebidos, los cambios de costumbres o de cultura, el amor a lo visible o a lo invisible." (59)

En esta continuidad (base de nuestra fe en el amor de Dios) han habido, como hemos visto, muchas palabras enviadas desde el Centro. Muchos Hijos de Dios, durante las edades, han dado a la humanidad una visión progresiva y reveladora de "las cumbres de la posibilidad", interpretando para la raza el Plan de Dios, en términos adecuados a cada época y temperamento. La uniformidad de la historia de sus vidas, la repetida aparición de la Virgen Madre (frecuentemente una variante del nombre María), la similitud de los detalles del nacimiento, todo indica la constante y renovada promulgación de una verdad. Por su dramática cualidad y repetida ocurrencia, Dios graba en los corazones de los hombres ciertas grandes verdades, vitales para su salvación.

Una de esas verdades es que el amor de Dios es eterno y Su amor, por su pueblo, ha sido constante e inalterable. Cuando el tiempo está maduro y la necesidad del pueblo lo demanda, Él aparece para salvar las almas de los hombres.
[i58] En la antigua India Krishna proclamó esta verdad en majestuosas palabras:

"Siempre que haya un debilitamiento de la ley y un crecimiento de la ilegalidad en todas partes, entonces Me manifiesto.
"Para la salvación de los justos y la destrucción de quienes hacen el mal, para el firme establecimiento de la ley, Yo vuelvo a nacer edad tras edad.
"El que percibe Mi nacimiento y obra como divino, que en verdad lo es... ése está Conmigo, oh Arjuna." (60)

Una y otra vez han aparecido instructores, manifestando la naturaleza divina según lo justifica el desarrollo racial, enunciando las palabras que determinaron la cultura y la civilización de los pueblos, y siguieron su camino dejando que la simiente sembrada germine y rinda fruto. En la plenitud del tiempo llegó Cristo y, si la evolución tiene algún significado y la raza en conjunto ha desarrollado su conciencia, el mensaje que dio y la vida que vivió, deben necesariamente sintetizar todo lo mejor del pasado, y completar, realizar y proclamar, una posible cultura espiritual futura, que trascenderá grandemente todo lo que el pasado pudo haber dado.

La mayoría de esos grandes Hijos de Dios, resulta curioso
[e66] constatarlo, nacieron en una caverna y por lo general de una madre virgen.

"En lo que respecta al nacimiento virginal, es significativo que las Epístolas no se refieran al mismo, las cuales constituyen los primitivos documentos cristianos; en cambio, San Pablo habla de Jesús como 'que era del linaje de David, según la carne, (61) es decir, de la estirpe de José, descendiente de David. El Evangelio más antiguo, el de San Marcos, que data entre los años 70 y 100 d.C., no lo menciona; tampoco lo hace el de San Juan que fue escrito antes del año 100 d. C. El Libro de la Revelación, escrito entre los años 69 y 93 d. C., no se refiere a este tema, pero si el Nacimiento virginal hubiera sido un dogma importante de la fe, habría figurado sin lugar a dudas en el simbolismo místico de este trabajo." (62)

[i59] A Isis, con frecuencia, se la representa de pie sobre la luna creciente, con doce estrellas rodeando su cabeza. En casi todos las iglesias católicas romanas del continente europeo, pueden observarse cuadros y estatuas de María, "Reina del Cielo", de pie sobre la Luna creciente y su cabeza circundada por doce estrellas.

"Es más que casualidad que tantas vírgenes madres y diosas de la antigüedad llevasen el mismo nombre. La madre de Baco era Myrra; la madre de Hermes o Mercurio era Myrra o Maia; la madre del Salvador siamés Sommona Cadom, se llamaba Maya María, es decir, 'María la Grande'; la madre de Adonis era Myrra; la madre de Buda era Maya; ahora bien, todos esos nombres: Myrra, Maia o María, son igual que María, la madre del Salvador cristiano. El mes de mayo estaba consagrado a esas diosas, así como está dedicado a la Virgen María actualmente. Ella se llamó Myrra y María, y también María. . . " (63)

En el lenguaje simbólico del esoterismo, la caverna es el lugar de la iniciación. Esto siempre ha sido así y podría efectuarse un estudio muy interesante del proceso iniciático y del nuevo nacimiento, si se recogieran y analizaran las numerosas referencias sobre esos hechos que ocurrieron en cavernas, citados en antiguos documentos. El establo en que nació Jesús fue con toda probabilidad una cueva, porque en esos días, muchos establos eran excavaciones. Esto lo reconoció la iglesia primitiva y se dice que "es bien sabido que mientras en los Evangelios se establece que Jesús nació en el establo de una posada, los primeros escritores cristianos, tales como Justiniano mártir y Orígenes, dicen explícitamente que nació en una caverna." (64)

Al estudiar esas cinco iniciaciones en el Evangelio, encontramos que dos de ellas tienen lugar en una caverna, dos en la cima de una montaña y una en el llano, entre las profundidades y las
[e67] alturas. La primera y la última de las iniciaciones (el Nacimiento a la vida y la Resurrección a la "vida más abundante" (65)) tuvo lugar en [i60] una caverna. La Trasfiguración y la Crucifixión se efectuaron en la cima de una montaña o colina, mientras que la segunda iniciación, después de la cual Cristo comenzó su ministerio público, ocurrió en un río, en las llanuras del Jordán, tal vez simbolizando la misión de Cristo de vivir y trabajar entre los hombres. La frase masónica, "encontrarse en el llano", tiene ahora nuevo significado. Después de cada experiencia en la montaña, Cristo bajaba otra vez al llano de la vida cotidiana y allí manifestaba los efectos o resultados de ese gran acontecimiento.

Mitra nació en una cueva, como muchos otros. Cristo nació en una cueva y entró, como lo hicieron todos Sus antecesores, en la vida de servicio y sacrificio, capacitándose así para la tarea de Salvador del mundo.

Los Salvadores trajeron luz y revelación al género humano y fueron sacrificados, en la mayoría de los casos, por el odio de quienes no comprendieron su mensaje u objetaron sus métodos. Todos ellos "descendieron a los infiernos y al tercer día resucitaron". Hay veinte o treinta relatos similares difundidos al correr de los siglos en la historia de la humanidad, y estos relatos y las misiones descritas son siempre idénticos.

"La historia de Jesús, como se verá, tiene muchas cosas análogas con los relatos de anteriores dioses soles y con el actual recorrido del Sol en los cielos, ¡tantas, que no pueden atribuirse a la mera casualidad ni aún a las tretas y blasfemias del demonio! Enumeremos algunas: 1) el nacimiento de una madre virgen; 2) el nacimiento en un establo --caverna o cámara subterránea-; 3) el 25 de diciembre -justamente después del solsticio de invierno--; 4) la Estrella de Oriente -Sirio-; 5) la llegáda de los Magos -los tres Reyes-; 6) la amenaza de exterminar a los inocentes y la consiguiente huida a un país distante -según se dice -de Krishna y otros dioses soles. Tenemos además las festividades de la Iglesia, o 7) la Candelaria, el 2 de febrero, con procesiones de cirios para simbolizar la creciente luz; 8) Cuaresma, o la llegada de la primavera; 9) la Pascua, generalmente el 25 de marzo, para celebrar el cruce del Sol por el Ecuador, y 10) simultáneamente, la erupción de luces en el Santo Sepulcro de Jerusalén. Tenemos 11), [i61] la Crucifixión y muerte del Dios-Cordero, el Viernes Santo, tres días antes de Pascua; además 12) la crucifixión en un árbol; 13) el sepulcro vacío; 14) la resurrección gozosa (como en los casos de Osiris, Attis y otros); 15) los doce discípulos (los signos del zodíaco), y 16) la traición por uno de los doce. Más adelante tenemos: 17) el Día de San Juan (24 de junio), dedicado al nacimiento del bienamado discípulo Juan, la analogía del día de Navidad; tenemos las festividades 18) de la Asunción de la Virgen (15 de agosto); 19) la Natividad de la Virgen (8 de septiembre), analogía del traslado [e68] del dios a través de Virgo; además la contradicción de Cristo y sus discipulos en la constelación de otoño; 20) la Serpiente y el Escorpión y, finalmente, el cunioso hecho de que la Iglesia 21) dedica el mismo día del solsticio de invierno (cuando cualquiera puede dudar lógicamente del renacimiento del Sol) a Santo Tomás, que puso en duda la verdad de la Resurrección!" (66)

Cualquier estudiante de las religiones comparadas puede investigar la veracidad de esas declaraciones y al final quedará asombrado por la persistencia del amor de Dios y la voluntad de sacrificio que manifestaron todos esos Hijos de Dios.

Por consiguiente es prudente y oportuno recordar que:

"Estos acontecimientos se reproducen en las vidas de los diversos Dioses Solares, y en la antigüedad abundaron ejemplos de ello: Isis en Egipto, como María de Belén, fue nuestra Señora Inmaculada, Estrella del Mar, Reina del Cielo, Madre de Dios. La vemos en las estampas, de pie sobre la media luna creciente, coronada de estrellas, sosteniendo en sus brazos a su hijo Horus, con una cruz en el respaldo del asiento, donde está sentada su madre y él en su regazo. El signo de Virgo del zodíaco está representado en antiguos dibujos como una mujer amamantando a un niño, el tipo de todas las futuras Madonnas con sus divinos Infantes, demostrando el origen del símbolo. Devaki también se representa con el divino Krishna en brazos, igual que Milita o Istar de Babilonia, también con la consabida corona de estrellas y con su hijo Tammuz sobre sus rodillas. Mercurio y Esculapio, Baco y Hércules, Perseo y Dioscuri, Mitra y Zaratustra, eran todos de origen humano-divino." (67)

Resulta apropiado recordar que la catedral de Notre Dame [i62] de París está construida sobre el antiguo solar de un templo dedicado a Isis, y la Iglesia primitiva con frecuencia se valía de una seudo ocasión atea para determinar un rito cristiano, o día cristiano de recordación sagrada. Incluso así fue establecido el 25 de diciembre como el día de Navidad. La misma autora dice:

"Respecto a la designación del 25 de diciembre como nacimiento de Jesús, Willamson afirma que: 'Todos los cristianos saben que el 25 de diciembre se reconoce ahora como la festividad del nacimiento de Jesús, pero muy pocos se dan cuenta que esto no ha sido siempre así. Se dice que ha habido ciento treinta y seis fechas distintas, establecidas por las diferentes sectas cristianas. Lightfoot la fija el día 15 de septiembre, otros la establecen en febrero o agosto. Epifanio menciona dos sectas, una que la celebra en junio y otra en julio. El asunto fue definitivamente decidido por el Papa Julio, en el año 337 d. C., y San Crisóstomo, en el 390, dice: 'En este día, es decir, el 25 de diciembre, también en Roma fue fijado últimamente el nacimiento de Cristo, de modo que cuando los paganos celebraban sus ceremonias (la Brumalia en honor de Baco), los cristianos realizaban sus ritos sin ser molestados." (68)

La elección de esta fecha determinada es cósmica en sus implicaciones y estamos seguros que los sabios de los tiempos primitivos [e69] tomaron estas grandes decisiones premeditadamente. Vuelve Annie Besant a decirnos que:

"La deidad siempre nace en el solsticio de invierno, después del día más corto del año, en la medianoche del 24 de diciembre, cuando el signo de Virgo asciende sobre el horizonte; nace cuando este signo asciende, nace siempre de una virgen, que permanece virgen después que ha dado a luz a su hijo Sol, como la Virgen celestial permanece inalterable y sin mácula cuando el sol surge de ella en los Cielos. Débil, endeble como infante, es él, nace cuando los días son más cortos y las noches más largas. . . " (69)
Es también interesante recordar que:

"El Venerable Bede (70) que escribió a principios del siglo [i63] VIII, dice que 'el antiguo pueblo de la nación anglo', con lo que alude a los ingleses paganos antes de establecerse en Gran Bretaña en el año 500 d. C., 'comenzaban el año el 25 de diciembre, en el que ahora celebramos el nacimiento de nuestro Señor' y agrega que la noche del 24 al 25 de diciembre, 'que es la noche tan sagrada para nosotros ahora, se llamaba en la lengua de ese pueblo, Modranecht, es decir, Noche de la Madre, por las ceremonias que ejecutaban en esa larga vigilia nocturna'. El autor no menciona cuáles eran esas ceremonias, pero evidentemente estaban relacionadas con el nacimiento del Dios Sol. En la época en que los ingleses se convirtieron al cristianismo en los siglos VI y VII, la festividad de la Navidad, el 25 de diciembre, había sido ya establecida en Roma desde hacía tiempo, como una celebración solemne, pero en Inglaterra, su identificación con el alegre 'Yule' pagano (palabra ésta que aparentemente significaba 'holgorio') le confirió un tono festivo que no lo tenía en la parte meridional. Este tono ha prevalecido en marcado contraste con la característica que existe entre las razas latinas, donde era desconocida hasta hace pocos años la costumbre del Norte de festejar y hacer regalos en Navidad." (71)

En la época del nacimiento de Cristo, Sirio, la Estrella de Oriente, estaba sobre el meridiano, y Orión, llamado por los astrónomos orientales "los Tres Reyes", se encontraba en sus proximidades; en consecuencia, la constelación de Virgo, la Virgen, se elevaba en el Este y la línea de la eclíptica, la del ecuador y la del horizonte, se unían todas en esa constelación. Es también interesante ver que la estrella más grande y brillante de la constelación de Virgo, se llama Spica (Espiga); está representada por la espiga de trigo (signo de fertilidad), que sostiene la Virgen. Belén significa "casa del pan", existiendo, por lo tanto, una relación evidente entre los dos términos. Esta constelación está formada por tres estrellas en forma de copa. Éste es el verdadero Santo Grial, que contiene la sangre de la vida, el custodio de lo más santo y sagrado, lo que encierra la divinidad. He aquí los hechos astronómicos. La interpretación del simbolismo atribuido desde muy [e70] antiguo, es algo tan viejo como la misma religión. De dónde salieron esos signos, y cómo [i64] surgieron a la vida los significados y simbolismos asociados a ellos, se pierde en la noche de los tiempos. Han existido en las mentes y pensamientos de los hombres y en sus escritos, durante miles de años, y constituyen nuestra herencia conjunta de hoy. El antiguo zodíaco de Dendera (anterior al cristianismo en varios miles de años) constituye una amplia prueba de lo antedicho. En el tránsito del sol en torno del zodíaco, el "Hombre de los Cielos" llega a su debido tiempo a Piscis, signo en exacta oposición a Virgo, y que es precisamente el signo de los Salvadores del mundo. Ya hemos visto que la era del cristianismo es la Era de Piscis; Cristo llegó a Tierra Santa cuando nuestro sol transitaba hacia ese signo. Por consiguiente, lo que comenzó y tuvo su ser en Virgo (el nacimiento del Niño-Cristo), es consumado en Piscis, cuando el Cristo-Niño, habiendo llegado a su madurez, se presenta como Salvador del mundo.

Otro hecho astronómico resulta de interés a este respecto. Estrechamente asociadas con la constelación de Virgo, que se encuentra en el mismo sector del cielo, hay otras tres constelaciones, en las cuales está representada simbólicamente la historia del Niño que nacerá, sufrirá y volverá. Existe un grupo de estrellas denominado Coma Berenice, la Mujer con el Niño, los Centauros o el Centauro, y Boötes, nombre que en hebreo significa "el que viene". Ante todo, tenemos el niño nacido de mujer, y esa mujer es virgen: después está el centauro que siempre fue el símbolo de la humanidad en las antiguas mitologías, porque el hombre es un animal más un dios, por lo tanto, un ser humano. Después el que vendrá, descuella sobre todos ellos, influyéndolos, señalando la realización que se logrará por el nacimiento y la encarnación humana. Verdaderamente el libro ilustrado del cielo contiene la eterna verdad para los que tienen ojos para ver e intuición lo bastante desarrollada para interpretar. La profecía no está confinada a La Biblia solamente, sino que aparece ante los ojos de los hombres en la bóveda celeste.

De este modo, mientras "los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos" (72) tenemos la profecía [i65] del acontecimiento mundial que tuvo lugar cuando Cristo nació en Belén, "la casa del pan", y Virgo ascendía sobre el horizonte, mientras brillaba la Estrella de Oriente.

Entonces vino Cristo y tomó posesión de Su Propia carne y sangre, porque el mundo de los hombres lo atraía y el amor del [e71] Padre lo impulsaba. Vino a dar vida a un propósito y a una realización y a indicarnos el Camino: Vino a darnos un ejemplo para ser energetizados por la esperanza que "no avergüenza" (73) y "proseguir hasta la meta del premio del supremo llamamiento". (74) Phillips Brooks (75) el gran predicador, enuncia esto con toda claridad:

"Cuanto Cristo venga, encontrará que realmente existe el alma del mundo, que contiene en sí las facultades más santas, que se mueve y que tenue u oscuramente, a pesar de todos sus obstáculos, va hacia la verdadera dirección; lo que haga por el alma del mundo será acelerarla totalmente; emitirá la clarinada de la real vida en sus oídos; hará sentir la nobleza de las actividades que le parecían innobles, la esperanza de los impulsos que le parecían desesperanzados y le ordenaría que fuera como ella misma... Lo indigno se colmará de dignidad, lo insignificante de significado... Tenuemente percibirían el débil reflejo de Su Vida, la verdadera Luz del Mundo, la iluminación real y la inspiración de la humanidad... La verdad es que cada vida superior a la que llega el hombre y especialmente la superior vida más elevada en Cristo, constituye la verdadera línea de la humanidad del hombre. Tenemos la aceleración y cumplimiento de lo que el hombre es, por la misma esencia de Su naturaleza. Cuanto más irradia la divinidad en el hombre, será más y no menos hombre verdadero." Debe observarse que el viaje que precede al nacimiento es también parte de la historia: de la vida de otros instructores enviado por Dios. Por ejemplo, leemos:

"Entre los treinta y dos signos que debían ser verificados por la madre del esperado Mesías (Buda), el quinto establecía 'que ella debería viajar en el momento del nacimiento de su hijo'. En consecuencia, 'para que se cumpliera lo dicho por los profetas', la virgen Maya, en el décimo mes, después de su concepción celestial, realizaba un viaje para reunirse con su padre, cuando he aquí que el Mesías nace bajo un árbol. Un relato establece que ella se había apeado ante una posada cuando nació Buda'.

"La madre de Lao-Tsé, el sabio chino, nacido de una Virgen, se encontraba lejos de su hogar cuando nació su hijo. Se había detenido a descansar bajo un árbol, y allí como la virgen Maya, tuvo a su hijo". (76)

En el Evangelio se dice que la Virgen María, con su esposo José, y el Cristo-Niño en sus entrañas, salía de Nazaret, en Galilea, hacia Belén. A veces, el estudio de los significados de los nombres que aparecen en la Biblia y en la tradición, arrojan mucha luz sobre el episodio mismo y develan en parte su significado oculto. En el estudio del relato bíblico, he empleado solamente la Biblia y la Concordancia de Cruden, de donde extraje la interpretación de los nombres. [i66] Allí encontramos que "Nazareth" significa "lo que se consagra" o se aparta. "Galilea" significa "el girar de la rueda" -la rueda de la vida y de la muerte que gira constantemente, arrastrándonos a todos en su giro y manteniéndonos [e72] así en la "rueda de la existencia" como la llaman los budistas, hasta haber aprendido las lecciones de la vida y convertirnos en "instrumento para honrar, santificar y ser útiles al Señor". (77)

El Cristo dejó atrás la larga jornada de la existencia y Él, con Su Madre, recorre la última parte del camino. Consagrado desde eones a este trabajo de salvación mundial, debe someterse, ante todo, a los procesos comunes del nacimiento y la infancia. Cristo salió de Nazaret, el lugar de la consagración, y fue a Belén, la Casa del Pan, donde en forma singular Él Mismo se tuvo que convertir en el "Pan de Vida" (78) para un mundo hambriento. Fue apartado o se apartó (como todos los hijos de Dios que despiertan), para el trabajo de redención. Vino a dar de comer al hambriento y a este respecto tenemos dos versículos en La Biblia que arrojan luz sobre Su tarea y la correspondiente preparación. En efecto, "El grano se trilla" (79) y el propio Cristo nos dice "si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, solo queda; pero si muere lleva mucho fruto".(80) Éste es el destino que Le esperaba cuando nació en Belén. Entonces empezó la carrera, que con el tiempo había de "trillarlo", llevándolo después hasta Su muerte.

Según la concordancia, el nombre "María" significa "la excelsa del Señor". Al decir estas palabras, viene a la mente el famoso cuadro de Murillo que representa a la Virgen de pie sobre la Luna en creciente y envuelta en nubes celestiales. Tal es la asunción de la Virgen a la gloria. Hay otro punto interesante en relación con la constelación de Virgo, que podríamos mencionar. María, la Virgen, en el simbolismo de la antigua sabiduría, representa
[i67] la materia virgen, la sustancia que nutre, alimenta y oculta dentro de sí al Cristo Niño, la conciencia crística. En último análisis, mediante la forma y la materia, Dios queda revelado. Ésa es la historia de la divina encarnación. La materia, influida por el Espíritu Santo, la tercera Persona de la Trinidad, da nacimiento al segundo aspecto, en la persona del Cristo cósmico, mítico e individual.

Asociadas al libro de imágenes de los cielos, hay tres constelaciones, además de la de Virgo, simbolizadas por mujeres. Tenemos a Casiopeya, la Mujer Entronizada. Esta constelación es el símbolo de la etapa de la vida humana en la cual predomina y
[e73] triunfa la materia y la forma, donde la vida divina interna está tan profundamente oculta que no hay signo de ella, controlando y rigiendo solamente la naturaleza material. Luego viene una etapa posterior en la historia de la raza y del individuo, donde encontramos a Berenice que surge simbólicamente, es decir, la Mujer que lleva al Cristo-Niño. En esta etapa la materia empieza a revelar su verdadera función, que es dar a luz al Cristo en cada forma. Cuando el giro de la gran rueda de la vida haya desempeñado su parte, entonces María puede salir de Nazaret, en Galilea, y dirigirse a Belén, para dar a luz al Salvador. Por último tenemos a Andrómeda, la Mujer encadenada, o la materia supeditada al alma. Así rige el Alma o el Cristo. Tenemos, primero, la materia dominante, entronizada y triunfante. Segundo, la materia como custodio de la divinidad, de la belleza y la realidad ocultas, preparada para traerlas a la existencia. Tercero, la materia como servidora de lo que ha nacido, el Cristo. Sin embargo, nada de esto se efectúa si no se emprende el viaje desde Nazaret, el lugar de la consagración, y desde Galilea, el lugar de la rutina cotidiana de la vida, y todo esto es cierto, ya se trate del Cristo cósmico oculto por la forma de un sistema solar, o del Cristo mítico oculto en la humanidad en el trascurso de las edades, o del Cristo histórico oculto dentro de la forma de Jesús, o el Cristo individual oculto en el hombre común. La [i68] rutina es siempre la misma: el viaje, el nuevo nacimiento, la experiencia de la vida, el servicio que debe prestarse, la muerte que debe sufrirse y, después, la resurrección para un servicio más amplio.

El nombre "José" significa "el que agrega"; José era un constructor, un carpintero, un obrero de la construcción, el que asienta una piedra sobre otra, una viga sobre otra. Es el símbolo del aspecto constructivo-creador de Dios Padre. En esas tres personas, José, el niño Jesús y María, tenemos simbolizada la divina Triplicidad, y representados Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, o materia, animada por la Deidad y, por lo tanto, ejemplificada en la Virgen María.

En la actualidad las muchedumbres viajan. La enseñanza del Sendero y del Camino a Dios, absorben hoy la atención de los aspirantes en el mundo. Estamos en el sendero de retorno a Belén, un Belén individual y racial. Estamos a punto de penetrar en la caverna donde tendrá lugar el nuevo nacimiento, y la etapa del largo viaje de la vida está casi completa. Este simbolismo es quizá más real de lo que creemos. El actual problema mundial lo constituye el pan, y nuestras inquietudes, perplejidades, guerras y luchas, se basan en el problema económico de cómo alimentar a
[e74] los pueblos. Todo el mundo se ocupa ahora de la idea de Belén, del pan. En esta sutil implicancia hay una segura garantía de que así como anteriormente Cristo llegó a la Casa del Pan, así cumplirá Su palabra nuevamente, Se realizará a Sí mismo y retornará. La caverna, lugar de la oscuridad y del malestar, fue para María un lugar de dolor y de agotamiento. Esta historia de la caverna o establo del Nuevo Testamento, quizá sea más simbólica que ninguna otra en la Biblia. El viaje largo y penoso terminó en una oscura caverna. El largo y agotador viaje de la humanidad nos ha llevado hoy a un lugar muy difícil y desagradable. La vida del discípulo individual, antes de recibir la iniciación y pasar por la experiencia del nuevo nacimiento, es siempre de enormes dificultades y penurias. Pero en las tinieblas y en las dificultades se descubre al Cristo; allí puede, florecer la vida crística, y podemos presentarnos ante Él, como el Iniciador. George Macdonald, [i69] el poeta ciego, sentía esto cuando escribió los hermosos versos que a tantos dieron consuelo:

"Desafía a la tiniebla, sea cual fuere,
densa oscuridad de dolor, o extraño misterio
de oración o providencia. Inténtalo perseverante,
y hallarás del amor el velado sacramento.
Una secreta revelación, dulzura, luz,
aguardan al acecho del luchador nocturno.
En la densa oscuridad de su mismo corazón
Cristo reúne las almas trasfiguradas."

En la caverna de la iniciación están simbolizados, con claridad meridiana, los cuatro reinos de la naturaleza. En la estructura rocosa de la caverna, aparece el reino mineral. El forraje y el heno, que sin duda están allí, simbolizan el reino vegetal. El buey y el asno representan la naturaleza animal, pero también mucho más que eso. El buey representa la forma de adoración que debía cesar en la tierra en la época que vino Cristo. Había aún muchos que adoraban al toro, culto que prevaleció en la época en que nuestro sol pasaba por la era de Tauro, el Toro conservado en ese entonces en los misterios de Mitra y de Egipto. El signo que precedió inmediatamente a la era cristiana fue Aries, el Carnero o Cordero, simbolizado en los rebaños de ovejas que rodeaban a Belén.

Es también interesante recordar que el asno es un animal íntimamente vinculado con la historia de María y su Hijo. Dos asnos se mencionan en el Evangelio, uno que viene del norte llevando a María a Belén y otro la lleva a Egipto. Son los símbolos de dos constelaciones llamadas respectivamente Asno Septentrional y Asno Meridional, que se encuentran en las inmediaciones de la constelación de Virgo.

[e75] Encontramos al reino humano en las figuras de María y José, el ente humano más la dualidad, tan esenciales para la existencia misma. En el recién nacido, se expresa la [i70] propia divinidad. Así, en esa pequeña caverna, está representado el cosmos.

Cuando Cristo nació en Belén, resonó una triple palabra: "Gloria a Dios en las alturas, en la tierra paz y buena voluntad entre los hombres". (81) Un triple enunciado nos fue dado entonces.

Fue cantado por los ángeles en la noche, para los pastores que cuidaban sus rebaños en los prados que rodeaban la caverna-establo donde se encontraba el Niño. Un hecho trascendental había ocurrido en el cosmos y las huestes celestiales lo honraban.

La cuestión de la excepcionalidad de la Tierra frecuentemente ha preocupado a las personas reflexivas. ¿Puede un átomo infinitesimal en el espacio, tal como lo es nuestro planeta, ser de tanto interés para Dios que permitió este gran experimento? ¿El misterio del hombre y el significado de nuestro propósito es de tanta importancia, que no tenga paralelo en ninguna otra parte?

¿Puede realmente ocurrir algo en esta "mota de polvo", de significación tan vital, como para que los ángeles canten "Gloria a Dios en las alturas, en la tierra paz y buena voluntad entre los hombres" Quisiéramos que así fuera. Tememos el momento en que aparezca nuestra futileza al contemplar las estrellas en el firmamento, sabiendo que existen miles de millones de constelaciones y cientos de millones de universos. Somos una motita en la gran inmensidad. Sin embargo, Beverley Nichols, (82) en uno de sus libros, tan sugestivo y necesario, señala que:

"Más adelante hallarán cuatro afirmaciones, anunciadas por los cuatro hombres de ciencia más modernos y eminentes, que en pocas palabras eliminan el terror del universo y el espectro de la inmensidad y vuelven a restablecer a la aparentemente insignificante Tierra, en una posición de suma importancia. Estas declaraciones se han hecho con toda claridad, sin ningún intento de disfrazarlas. Sin embargo, con una sola excepción, nadie pareció darse cuenta de ellas. La excepción la constituye un excelente y pequeño libro donde se mencionan todas estas opiniones en conjunto, pero ni aún así, parece haberse captado la enorme importancia mundial que tienen. Decir importancia enorme no es exagerado. Constituyen un resumen literal de la esencia de las conclusiones a que llegaron esos hombres, que para no perder más tiempo son:

'Que esta tierra, esta mota de polvo, ha sido elegida entre el infinito número de millones de otros astros, para un único y determinado propósito.'

'Citaremos lo que nuestras autoridades han dicho sobre esta declaración.

        [e76] "Ambrose Fleming: 'Hay razones poderosas para creer que un sistema planetario como el nuestro es muy raro, sino único, en el universo, y la naturaleza y las condiciones de nuestra Tierra son únicas en esa excepcionalidad.. !'

"Sir Arthur Eddington: Ni una de la vasta profusión de estrellas en sus miríadas de agrupaciones, observa escenas similares a las que se desarrollan bajo los rayos de nuestro sol.'

"Este pequeño grano de arena, que es la Tierra, a la cual tendemos a considerar con desprecio, empieza a asumir un particular brillo propio, ¿no es así? Puede no ser muy grande, pero si nos atenemos a los hombres que saben, parece haber algo distinto en ella. Aun cuando fuese un guijarro, sería un guijarro de bastante valor y se justificaría que coleccionáramos muestras de él.

"Pero el asunto es que no podemos coleccionar muestras, porque sólo es el único guijarro. Es imposible creerlo, sin embargo, tenemos a Sir Arthur Thomson, que debe saber algo de estas cuestiones y confiesa:

"Arthur Thomson: 'Hay algo aterrador en la aparente excepcionalidad de nuestra Tierra.'

"¡Unica! Ahí tenemos nuevamente la misma palabra."

Quizá somos más importantes de lo que creemos. Quizá lo que sucede en el reino de nuestra conciencia realmente tiene importancia en el esquema cósmico. Sabemos que no tiene mucha importancia lo que le sucede al cuerpo, pero sí lo que sucede en y a través de ese cuerpo. Quizá lo que ocurre en el cuerpo y por medio de lo que llamamos planeta, habitado también por Dios, es de vital importancia para los planes de Dios Mismo. Esto daría sentido a la vida. Sólo cuando hemos captado y apreciado su significado podemos comprender la significación de la Palabra emitida. Parafrasearemos el mensaje de los ángeles, el cual fue emitido por un grupo de seres y dado a [i71] otro. Por lo tanto es un mensaje mundial que aún espera respuesta. Cuando la conciencia crística se haya despertado en todos los hombres, entonces tendremos paz en la tierra y buena voluntad entre los hombres. Cuando esto ocurra, entonces podrá Dios ser glorificado. La expresión de nuestra divinidad pondrá fin al odio reinante en la tierra y derribará los muros que separan a un hombre de otro, a un grupo de otro, a una nación de otra y a una religión de otra. Donde hay buena voluntad debe haber paz, actividad organizada y el reconocimiento del Plan de Dios, porque ese Plan es síntesis, ese Plan es fusión, unidad y unificación. Entonces Cristo será el todo en todos y Dios Padre será glorificado. Esto se efectuará por la viviente unión con Dios por medio del Cristo el Cristo histórico, que reveló a Dios y mediante el Cristo individual, oculto en cada corazón humano, debe ser traído a la existencia. Ninguna de las Epístolas de El Nuevo Testamento establece esto tan claramente como [e77] la Epístola a los Efesios, porque en ella se establece la posibilidad en términos que no admiten excusa para una mala interpretación, y dice:

', ... compenetrado por la idea de una unión viviente con Cristo, morando en Él. Está expresada en muchas metáforas. Estamos arraigados en Él, como lo está el árbol al suelo, para mantenerse firme y dar fruto. Estamos construidos en Él, como los fuertes cimientos del Templo están asentados en la roca viva. Vivimos en Él, como los miembros en el cuerpo. . . La morada es recíproca. Él está en nosotros y nosotros en Él. Él está en nosotros como fuente de nuestro ser; nosotros estamos en Él llenos de Su plenitud. Él está en nosotros, todo comunicativo; nosotros estamos en Él, todos receptivos. Él es en nosotros como la luz del sol, así como la cámara sin luz estaría a oscuras. Nosotros estamos en Él como leño verde que ha sido arrojado en la flamígera hoguera, resplandeciendo con rojizo y trasformante calor, Él está en nosotros como la savia que circula en el árbol, nosotros en Él como las ramas." (83)

Es necesario comprender ahora esto. Cristo en Dios, Dios en Cristo. Cristo en nosotros. Esto es [i72] lo que traerá a la existencia esa religión que será la del amor, de la paz en la tierra, de la buena voluntad universal, de la comprensión divina y del profundo reconocimiento de Dios. Entonces Su impronta y Su vida podrán verse en todas partes, en todos los seres y en todas las cosas. La "signatura divina" (como lo llama Boehme) se reconocerá en todas partes. La vida de Dios está hoy agitando las mentes de los hombres y obligándolos a ir hacia la cámara del nacimiento. De allí pasarán a un nuevo mundo, donde ideales más elevados y contactos más profundos, unidos a una comprensión más amplia, caracterizarán a la humanidad. Un escritor católico muy conocido, de gran sabiduría, habla de esta religión universal, que debe surgir cuando el mensaje de Cristo sea captado en toda su belleza:

"Aunque el movimiento de la vida humana es un continuo vaivén de olas que suben y bajan, el cristiano está seguro de que 'el Espíritu de Dios se mueve sobre la faz de las aguas'. Y que los abismos más profundos y oscuros están iluminados por un rayo de luz que atraviesa todos los obstáculos.

"Podremos también acariciar la esperanza de que el movimiento aludido llegará finalmente al océano de una sola religión universal, que comprenda a toda la humanidad? El cristianismo ya está en el mundo, y sabe que es esa religión que todo lo abarca. De vez en cuando algún arroyo y en ocasiones hasta algún río, fluyen del cristianismo. Pero no pierden su existencia, porque continúan fluyendo, en otros términos, mantienen su identidad. Y debido a que el cristianismo recibe nuevos tributarios, pierde por otra parte lo que interiormente nunca le perteneció. Los límites de su futuro crecimiento no pueden ser determinados por nosotros. El curso futuro de la historia de la religión permanece oculto, porque no ha sido revelado.

[e78] "Lo único que sabemos es que el océano y los ríos están relacionados mutuamente. Corno dice La Biblia: 'En todo tiempo y de diversas maneras Dios ha hablado a nuestros Padres' y 'nunca ha quedado sin testigos'. Un vínculo espiritual une toda manifestación religiosa en la humanidad. A primera vista, la historia de la religión manifiesta una gran diversidad. Pero si la contemplamos más detenidamente, la vida religiosa es una unidad esencial, una sola aspiración de deseo y amor a Dios, despertado por el propio Espíritu Divino. 'No sólo desde el punto de vista intelectual sino desde el religioso, todo el género humano constituye una sola unidad, porque posee un acopio común de verdad religiosa fundamental. (J. W. Huer)"' (84)

Cuando Cristo vino, quienes tenían visión y estaban preparados dijeron: "Su estrella hemos visto en el Oriente y venimos a adorarle". (85) Ese signo se dio a los pocos que estaban preparados y que hicieron el necesario viaje a Belén. Pero otro signo, visto por muchos, fue dado por el ángel del Señor a los pastores que vigilaban el campo esa noche. "Esto os servirá de señal; hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre". (86) Esta señal se dio a los dos o tres que vigilaban, dispuestos a consagrar todo lo que poseían, y que percibieron el destello de la estrella de la iniciación y se apresuraron a encaminarse a la cámara iniciática. La mayoría que estaba interesada y atenta, necesitaba una señal más concreta y fácil de ser interpretada, por eso se les dijo que fueran a ver al infante y a su madre. Su actitud se expresa en las palabras: 'Pasemos, pues, hasta Belén y veamos esto que ha sucedido". (87) Pero los tres que comprendieron, fueron a adorar y a dar.

Cuando vieron brillar la estrella, los tres Reyes emprendieron el viaje, y cargados de regalos llegaron a Belén. Son los símbolos de esos discípulos en el mundo que están hoy dispuestos a prepararse para recibir la primera iniciación; trasmutar su conocimiento en sabiduría y ofrecer todo lo que poseen al Cristo interno.

[i73] Los regalos que llevaban constituyen el tipo específico de disciplina que debe seguirse a fin de entregar al Cristo, en el momento del nuevo nacimiento, dones que simbolizarán lo realizado. Los tres Reyes ofrecieron al infante Jesús tres regalos --oro, incienso y mirra. Analicemos por un momento la importancia específica que éstos tienen para el futuro iniciado individual. Los esoteristas dicen que el hombre es de naturaleza triple y esta verdad está apoyada por los sicólogos con sus investigaciones y experimentos. El hombre es un cuerpo físico viviente, una suma total [e79] de reacciones emocionales y también ese algo misterioso que llamamos mente. Las tres partes del hombre: física, emocional y mental, tienen que ofrecerse en sacrificio y adoración, como dádiva voluntaria al "Cristo interno", antes que el Cristo pueda expresarse por medio del discípulo y del iniciado, como Él anhela hacerlo. El oro es un símbolo de la naturaleza material que debe ser consagrado al servicio de Dios y del hombre. El incienso simboliza la naturaleza emocional, con sus aspiraciones, deseos y anhelos, y esta aspiración debe elevarse, como el incienso, hasta los pies de Dios. El incienso es también símbolo de purificación, ese fuego que consume toda la escoria y deja la esencia para que Dios la bendiga. La mirra o la amargura, se relaciona con la mente. Por medio de la mente sufrimos como seres humanos, y cuanto más progresa la raza y se desarrolla la mente, tanto mayor es nuestra capacidad de sufrimiento. Pero cuando el sufrimiento se ve en su verdadera luz y se lo dedica a la divinidad, puede empleárselo como instrumento de mayor acercamiento a Dios. Entonces podemos ofrecer a Dios ese raro y maravilloso don de una mente que ha alcanzado la sabiduría por el dolor, y de un Corazón que se ha hecho bondadoso por la zozobra y las dificultades superadas.

A medida que estudiamos el significado de esas tres ofrendas presentadas al niño Jesús por los antiguos discípulos, y al observar su significado en lo que respecta a nuestra situación individual, resulta igualmente evidente que la humanidad, como raza, está hoy ante el niño Jesús en la Casa del Pan, al final de un
[i74] largo viaje, y puede ofrecer, si lo desea, los dones de la vida material, los de la purificación, por medio de los fuegos de la adversidad y el sufrimiento a que estuvo sometida. La humanidad puede viajar desde Galilea vía Nazaret. El oro, objeto que hoy parece ser la sangre vital de los pueblos, debe consagrarse a Cristo. El incienso, los sueños, las visiones y aspiraciones de la multitud, tan reales y profundos que todas las naciones luchan por expresarlos, deben también dedicarse y ofrecerse al Cristo para ser Él el todo en todos. El dolor y sufrimiento y la agonía de la humanidad, nunca tan agudas como ahora, debe ofrendarse a los pies del Cristo. Hemos aprendido mucho. Que el significado de todo esto penetre en nuestros corazones y en nuestras mentes y que la razón del dolor nos impulse a ofrecerla como nuestra máxima dádiva a Cristo. El dolor siempre acompaña al nacimiento. En el aposento donde se produce un nacimiento hay sufrimiento. Su comprensión despierta en las mentes de quienes meditan sobre el sufrimiento y la agonía del mundo, un optimismo profundo y constructivo. ¿No podría indicar que los dolores de parto preceden a la revelación [e80] de -Cristo? Cuando lo comprendamos, diremos como San Pablo:

"Por su bien he sufrido la pérdida de todo, que estimo como mero estiércol, a fin de ganar a Cristo, encontrarme en Él, por no poseer justicia propia, derivada de la Ley, sino de lo que surge por la fe en Cristo -la Justicia proveniente de Dios por la fe... No digo que ya he obtenido este conocimiento o logrado la percepción. Pero sigo adelante, esforzándome por ganar aquello por lo cual yo también fui ganado por Cristo Jesús... Pero esta cosa hago -olvidé todo el pasado y sigo adelante con mis ojos fijos en la meta, me esfuerzo por ganar el premio celestial en Cristo Jesús. Por lo tanto, todos los creyentes adultos deben apreciar estos pensamientos, y si de alguna manera piensan diferente, también Dios se los aclarará. Pero cualquiera sea la etapa alcanzada, perseveremos en nuestro trayecto." (88)

5

[i75] El relato de la infancia de Cristo como se da en el Evangelio, se explica en muy pocas palabras. Solamente se relata un episodio, donde Jesús, habiendo cumplido los doce años, fue llevado por Su Madre al Templo del Señor, y allí, por primera vez, dio muestras de Su vocación, evidenciando así el conocimiento de que se Le había preordenado una misión. Anteriormente a este episodio, Sus padres habían cumplido todos los requisitos del ritual judío y también habían realizado el viaje a Egipto. Nada se dice de lo que hizo allí. Todo lo que sabemos está encerrado en las palabras:

"... volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. Y el Niño crecía y se fortalecía en espíritu, se colmaba de sabiduría y la gracia de Dios era sobre Él." (89)

Los estudiantes harían bien en recordar que el número doce es considerado por los esoteristas de todos los credos, como el número de lo completo, expresado una y otra vez en las distintas escrituras del mundo. Los comentarios que siguen son interesantes en este sentido, pues indican la significación de esta cifra y su relación con la iniciación:

"Alcanzar la edad de doce años significa un período completo de evolución, donde se recibe la iniciación del alma crística, teniendo lugar en la mente interna (el templo) y corresponde al despertar de los aspectos de la lógica y la intuición del alma. Éste es el principio Padre-Madre, indicado por la presencia de los progenitores." (90)


[e81]Y también

"Este número (el de los doce discípulos) está ejemplificado por muchas cosas en El Antiguo Testamento, como ser: los 12 hijos de Jacob, los 12 príncipes de los Hijos de Israel, los 12 manantiales de Helim, las 12 piedras en el pectoral de Aarón, los 12 panecillos de la proposición, los 12 espías enviados por Moisés, las 12 piedras [i76] del altar, las 12 piedras extraídas del río Jordán, los 12 bueyes que sostienen el mar de bronce. En El Nuevo Testamento tenemos las 12 estrellas de la corona de la novia, los 12 cimientos de Jerusalén que vio Juan, y sus 12 puertas." (91)

Todas esas recurrencias del número 12 probablemente tienen su origen en los doce signos del zodíaco, esa franja imaginaria de los cielos por la cual, aparentemente, transita el Sol en su viaje durante un año, y su ciclo mayor de aproximadamente 25.000 años.

Habiendo completado el trabajo preparatorio, Cristo, en Su duodécimo año, realizó nuevamente otra experiencia intuitiva, yendo desde Nazaret (lugar de consagración) al Templo, donde la intuición Lo llevó a un nuevo conocimiento de Su trabajo. Nada indica que Él conociera detalladamente en qué consistía esa misión; no dio explicación alguna a Su Madre. Comenzó a hacer el trabajo que constituía Su deber inmediato y enseñó a quienes se encontraban en el Templo, asombrando con Su comprensión y Sus respuestas. Su madre, asombrada y apenada a la vez, le llamó la atención respecto a ella y a Su padre, pero sólo recibió la serena respuesta dicha con convicción, que cambió totalmente la vida de ella: "¿No sabíais que en los asuntos de mi Padre debo estar?. (92) Esos asuntos, a medida que se desarrollaron en Su conciencia en el trascurso de los años, se ampliaron y extendieron en omniabarcante amor, que la iglesia ortodoxa está dispuesta a admitir.

"La universalidad del propósito salvador de Dios, lo enseña con más claridad El Nuevo Testamento. Por una parte, Cristo insiste en que Su evangelio va dirigido a cada ser humano y que todos están obligados a aceptarlo. 'El que cree será salvo, el que no cree será condenado'. 'Nadie llega al Padre sino por Mí'. 'Id y enseñad a todos los pueblos'. 'El que os escucha, me escucha a Mí, el que os desprecia, Me desprecia'. Pero Cristo está muy lejos de rechazar y condenar cualquier creencia genuina, cualquier disposición a escuchar la Voz divina, cualquier amor que esté fuera del orden visible de Su reino, por ejemplo, los tres sabios de Oriente a quienes atrajo hacia Sí, antes de que la Iglesia visible existiera, el ladrón en la cruz a quien prometiera el Paraíso, sin ningún bautismo visible de la Iglesia, o la samaritana del pozo de Jacob, que no había logrado el conocimiento pleno 'en espíritu y en verdad', pero que estaba abierta a una iluminación mayor, o la mujer de Cananea a quien otorgó las 'migajas', o el centurión pagano de Cafarnaun que Le hizo decir: 'De cierto [e82] os digo, que ni aun en Israel, he hallado fe tanta. Y os digo que vendrán muchos de Oriente y Occidente y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob., '" (93)

La extensión de esta misión alboreó lentamente en la joven mente de Cristo, que comenzó, como debe obligatoriamente hacer todo verdadero hijo de Dios iniciado, a actuar como mensajero de Dios, en cuanto reconoció la Visión y el lugar mismo en que se encontraba. Habiendo de este modo indicado Su comprensión del trabajo futuro, leemos: "Y descendió con ellos (Sus padres) y volvió a Nazaret (lugar de renovada consagración) y estaba sujeto a ellos... Y Jesús crecía en sabiduría y estatura y en gracia para con Dios y los hombres." (94)

[i77] Encontramos con mucha frecuencia en el Evangelio la palabra "bajó". Cristo y Su madre "bajaron a Egipto", "Él bajó a Nazaret" y una y otra vez "bajó" de la cima de la montaña o del lugar de la soledad, para cumplir con su deber entre los hombres. Después de la oculta experiencia en Egipto (oculta porque la Biblia nada dice) y después de la revelación en el Templo y la aceptación de la tarea a cumplir, Cristo regresa al lugar de Su deber. En este caso, después de la iniciación del Nacimiento, se dice que durante un período de treinta años actuó como hombre en la vida cotidiana, en un taller de carpintería y en el hogar de Sus padres. Esta vida hogareña constituye la prueba a que fuera sometido y su importancia no puede sobreestimarse. ¿Sería blasfemia decir que si hubiera fracasado en esa tarea inmediata, habría fracasado en el resto de Su obra? Si no hubiera logrado demostrar la divinidad en el círculo hogareño y en la pequeña ciudad que le deparó el destino ¿habría podido actuar como Salvador del mundo? Él vino a revelarnos nuestra humanidad, como debiera ser y será, cuando concluyamos el largo viaje a Belén. Esto constituyó lo excepcional de Su misión. El Dr. L. W. Grensted, (95) dice a este respecto:

"No es irracional creer que una vez en la historia este significado del universo ha sido revelado excepcionalmente en la vida humana. Ninguna filosofía puede posiblemente probar que esto ha sucedido. Pero si ha sucedido y si Jesús habló claramente cuando dIjo: 'Soy el Camino, la Verdad y la Vida', entonces el sendero de la comprensión no consiste en un elaborado proceso de análisis teológico, sino en la fe y el amor. Empieza, como el amor debe empezar, por el hogar. De allí se pasa de un amor a otro mayor. El amor del padre o de la madre es la clave de todas las relaciones humanas. Encontramos en ese amor una posibilidad de amar que no puede detenerse hasta alcanzar a todo el género humano.

[e83] Pero solamente en Cristo alcanzamos a percibir cuán profundo y grande puede ser ese amor. Y en esa revelación de amor, la fe alcanza el misterio fundamental del ser que los hombres llaman Dios. 'El que no ama a su hermano al cual ha visto ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? (96) y 'Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no conoce a Dios, porque Dios es amor." (97)

Cristo vivió calladamente en Su hogar con Sus padres, realizando la dificilísima experiencia de vivir una vida hogareña, con su monotonía, sus costumbres sin variaciones, su obligada subordinación a la voluntad y las necesidades del grupo, con sus lecciones de sacrificio, de comprensión y de servicio. Ésta es siempre la primera lección que todo discípulo debe aprender. Hasta no haberla aprendido no puede progresar. Hasta que la divinidad no se exprese en el hogar y entre los que nos conocen bien y son nuestros amigos familiares, no puede esperarse que se manifieste en otras partes. Debemos vivir como hijos de Dios en el lugar -insípido, tedioso y a veces sórdido- en que el destino nos ha colocado en ninguna otra parte puede ser posible esta etapa. En el lugar donde nos encontramos es donde iniciamos nuestro viaje y de él no escaparemos. Si no tenemos éxito como discípulos donde estamos [i78] y en el lugar en que nos descubrimos a nosotros mismos, ninguna otra oportunidad se nos ofrecerá hasta lograr el éxito. Aquí está nuestra prueba y nuestro campo de servicio. Muchos estudiantes verdaderos y conscientes creen que en realidad podrían impresionar en su medio ambiente y manifestar su divinidad si tuvieran un hogar distinto y un ambiente o escenario diferentes. Si hubieran contraído matrimonio con otra persona o si tuvieran más dinero o más tiempo libre, despertarían más simpatía en sus amigos, o si disfrutaran de mejor salud física, quién sabe qué podrían realizar. Una prueba es algo que constata y muestra nuestra fuerza; exige lo máximo de nosotros y nos revela los puntos débiles y dónde reside nuestro fracaso. Hoy se necesitan discípulos responsables y aquellos que fueron probados de tal manera que no se desmoralizan ante las dificultades ni cuando enfrenten puntos oscuros en la vida. ¡Debiéramos darnos cuenta que existen ya esas circunstancias y medio ambiente donde podemos aprender la lección de la obediencia a lo superior que está en nosotros! Poseemos exactamente el tipo de cuerpo y las condiciones físicas por los cuales puede expresarse la divinidad. Tenemos los contactos en el mundo y el tipo de trabajo requeridos para poder [e84] dar el paso en el sendero del discipulado, el siguiente paso hacia Dios. Hasta que los aspirantes no capten este hecho esencial y se dediquen con regocijo a una vida de servicio, dándose amorosamente en sus propios hogares, no realizarán progreso alguno. Hasta que el camino de la vida no sea hollado con alegría en el círculo hogareño, en silencio, sin compadecerse de sí mismo, ninguna otra lección, ninguna otra oportunidad, les será brindada. Muchos aspirantes bien intencionados deben también comprender su responsabilidad por muchas que sean las dificultades con que tropiezan. Confundidos, porque les parece evocar demasiado antagonismo entre quienes los rodean, se lamentan de no hallar una respuesta amistosa mientras estudian, leen y piensan, intentando llevar una vida espiritual. La razón puede hallarse, por lo general, en su egoísmo espiritual. Hablan demasiado de sus aspiraciones y de sí mismos. Debido a que fracasan en su primera responsabilidad, no encuentran [i79] una reacción comprensiva a su demanda de tiempo para meditar. Quieren reconocimiento de que están meditando, exigen tranquilidad, no ser molestados ni interrumpidos. Ninguna de esas dificultades surgiría si los aspirantes recordaran dos cosas: Primero, que la meditación es un proceso que se lleva a cabo en secreto, silenciosa y regularmente en el templo secreto de la propia mente del hombre. Segundo, que mucho podría hacerse si la gente no hablara tanto sobre lo que hace. Debemos caminar silenciosamente con Dios y mantenernos como personalidades en segundo plano; debemos organizar nuestras vidas de manera de poder vivir como almas, dedicando tiempo para cultivarlas, aunque conservando el sentido de la proporción, reteniendo el afecto de quienes nos rodean y cumpliendo a la perfección con nuestras responsabilidades y obligaciones. La autocompasión y el hablar en demasía, son rocas en las que se estrellan muchos aspirantes.

Por el amor y la práctica amorosa probamos nuestra iniciación en los misterios. Nacidos en el mundo de amor de Belén, la nota clave de nuestras vidas, desde ese momento, debe ser la obediencia a lo más elevado que hay en nosotros, el amor a todos los seres, y la total confianza en el poder del Cristo inmanente, para expresar (por medio de la forma externa de nuestra personalidad) una vida de amor. La vida de Cristo debe ser vivida hoy y, oportunamente, por todos. Es una vida de regocijo y alegría, de pruebas y de problemas, pero su esencia es amor y su método, el amor.

"Los hombres de fe, los hombres felices, los hombres con luz en los ojos y un canto en sus corazones, dicen que Dios dio mucho más que una señal en los cielos, o una vislumbre de un fulgurante pergamino. Dio [e85] una vida y murió por nosotros. Dicen que tomó sobre Sí el dolor y la desesperación del mundo, disipándolos en un solo sacramento de amor." (98)

Nos dejó el ejemplo de seguir Sus pasos y llevar a cabo el trabajo que Él iniciara.

        Mientras viajamos con Cristo desde Belén hasta la hora cercana a la segunda iniciación, ¿cuál es la lección que hemos aprendido? ¿Cómo podemos resumir la significación de ese episodio en términos de aplicación práctica individual? ¿Este episodio tiene algún significado personal? ¿Cuáles son los requisitos y las posibilidades que nos esperan? Si un estudio de esas cinco etapas en la vida de Cristo no son de valor para nosotros y si se refieren a un desenvolvimiento de imposible interpretación humana, entonces, todo lo que se ha escrito y enseñado, en el trascurso de los siglos, resulta fútil y
[i80] sin utilidad alguna. Las aplicaciones teológicas comunes ya no atraen a la inteligencia desarrollada del hombre. Cristo Mismo siempre tiene poder de atraer el interés humano y también atraer hacia Sí a quienes tienen visión para ver la verdad tal cual es y escuchar el mensaje evangélico en los términos que cada nueva era exige. Constituiría una pérdida de tiempo seguir elaborando esta antigua historia del Cristo viviente, si no contiene un mensaje específico para nosotros, y si todo lo que se nos pide es asumir la actitud del observador y de un hombre que simplemente dice: "Así es". Esta actitud creyente, aunque negativa, se ha mantenido demasiado tiempo. Hemos observado al Cristo desde tan lejos, y nos ocupamos tanto de la comprensión de Sus realizaciones, que la parte individual que debemos desempeñar, eventual e inevitablemente, ha sido olvidada. Le hemos dejado a Él todo el trabajo. Hemos tratado de imitarlo, y Él no quiere ser imitado. Quiere que probemos, para Él, para nosotros mismos y el mundo, que la divinidad que reside en Él se halla también en nosotros. Debemos descubrir que podemos ser como Él, porque lo hemos visto. Ha tenido fe ilimitada en nosotros y en la realidad de que "todos somos hijos de Dios", porque "nuestro Padre es uno". Nos demanda hollar el sendero de santidad y lograr la perfección que Su vida alcanzó, para lo cual Él Mismo nos pide que trabajemos.

A veces uno piensa si ha sido correcto que los hombres acepten las ideas de San Pablo tal como fueran traducidas en el trascurso de los siglos. El concepto del pecado muy poco fue tratado por Cristo. San Pablo lo recalcó, y el punto de vista que dio al cristianismo es, quizás, el responsable principal del complejo de inferioridad
[e86] dominante en el cristiano común, inferioridad que Cristo no enseñó en modo alguno. Cristo nos llama a una santificación de la vida y nos exhorta a seguir Sus pasos, no los pasos o la interpretación que pudieran dar a sus palabras cualesquiera de Sus discípulos, por estimables o valiosas que fueran.

¿Cuál es esa santidad a que nos exhorta, cuando damos el primer paso para el nuevo nacimiento? ¿Qué es un hombre santo? A continuación tenemos su imagen de acuerdo a la vida y el mensaje de Cristo:

"El hombre santo, el hombre perfecto, es aquel que en la total espontaneidad de su amor creador y en cada uno de los tres reinos principales de la naturaleza, material, vital y social, cumple con todos sus deberes, desarrolla todas las verdades y conoce todas las bellezas, cada uno en su máxima potencialidad, en su yo natural. El hombre santo incorpora así el deber amoroso la encarnación de la verdad vehemente y la personificación de la belleza suprema. Sólo el hombre santo es íntegro y sólo el hombre íntegro es santo." (99)

Plenitud, unidad, unificación, integridad, son las [i81] características que distinguen al hombre perfecto. Una vez vista con ojos bien abiertos la visión de la divinidad ¿qué podemos hacer? Este interrogante expresa nuestro problema. ¿Cuál es el paso siguiente, el deber inmediato del hombre que sabe que en él no ha tenido lugar el nuevo nacimiento, pero siente en sí el impulso de ir desde Galilea a Belén, por el camino de Nazaret?

Requiere ante todo, esfuerzo. Significa iniciativa, empleo de energía, superación de la inercia y voluntad de obligarse a sí mismo a emprender el viaje inicial. Esto significa escuchar y obedecer la insistente demanda del alma para un mayor acercamiento a Dios y una más plena expresión de la divinidad y, sin embargo, "todo individuo en algún momento ha titubeado entre obedecer al espléndido anhelo de seguir adelante hacia el conocimiento, o al deseo de retroceder al lugar seguro". (100)

En realidad, existen dificultades y peligros en el descrito camino al centro. Mucho debe superarse y enfrentarse. La naturaleza inferior (el aspecto María) retrocede ante la perspectiva y prefiere la inercia y la estabilidad, a la actividad requerida y a la incertidumbre momentánea.

Este nuevo nacimiento no es un sueño místico, ni tampoco la hermosa visión de algo posible, aunque no probable. No es simplemente la expresión simbólica de alguna meta definitiva, que nos espera en un nebuloso futuro o en alguna otra forma de existencia, o en algún cielo eventual que podremos lograr si volvemos a la
[e87] crédula y ciega aceptación de todo lo que la teología puede decirnos. Es relativamente fácil de creer y constituye la línea de menor resistencia para la mayoría. Es difícil abrirnos camino hasta la etapa de experiencia donde se aclara el programa divino para el hombre, y las posibilidades que Cristo dramatizó se convierten en algo que nos impide descansar hasta que lo hayamos trasmutado en experiencia personal, por el experimento de la iniciación. El nuevo nacimiento es el resultado del proceso evolutivo y un hecho tan natural como lo es el nacimiento de un niño en el mundo de la vida física. Eternamente, durante edades, los hombres realizaron y continuarán realizando la gran transición, comprobando la realidad [i82] de esta experiencia. Todos debemos afrontarla en una u otra oportunidad.

Dos reconocimientos deben surgir en el mundo mental del aspirante de hoy. Primero, la presencia del alma, una entidad viviente que puede y debe ser conocida por el proceso de traerla a la existencia en el plano de la vida diaria; segundo, la determinación de reorientar toda la naturaleza. para posibilitar una identificación más estrecha con esa alma, hasta lograrse la total unidad. Vamos viendo lo que debe hacerse y adoptando la correcta actitud que lo hará posible. Las dos mitades de nuestra dualidad esencial -alma y cuerpo, Cristo y María, influidos por el Espíritu Santo, lo material y lo espiritual- se enfrentan y se aproximan cada vez más hasta que se alcanza la unión completa y el Cristo nace por intermedio de la Madre. Pero la aceptación de esta idea divina y la orientación de la vida para que la idea sea una realidad, son los primeros e inmediatos pasos. El Dr. Sheldon, (101) hablando de las necesidades actuales de la humanidad y de la parte que una psicología iluminada puede desempeñar para satisfacerla, dice:

" ... el verdadero problema crucial de hoy no está en ninguna de ellas, sino en la cuarta zona o nivel de la conciencia humana, es decir, pertenece al tiempo, a la orientación plena de propósito.

"Durante años, los sicólogos han sojuzgado al alma con una intensidad que recuerda a la de los puritanos, al sojuzgar su conciencia sexual. Pero ahora empezamos a sentir la imperativa necesidad de una psicología que pueda enfrentarse con este cuarto nivel de la mente. Las necesitamos mucho más que la sabiduría económica, política y sexual."

Esto es lo que Cristo enseñó y por ello oró al Padre:

"Mas no ruego solamente por éstos (Sus discípulos), sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean una cosa, como tú, oh Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste... Yo en ellos y Tú en mí, para que sean perfectos en unidad." (102)

[e88] Ésa es la doctrina de unificación, Dios inmanente en el universo, el Cristo cósmico. Dios inmanente en la humanidad, revelado por el Cristo histórico. Dios inmanente en el individuo, el Cristo interno, el alma.

"Cristo, siendo Dios real, procediendo del Dios potencial, desciende a la materia como el Sacrificio Divino desde el comienzo de la manifestación. Contiene en Sí las ideas de todas las formas y cualidades que deben plasmarse en la materia. Voluntariamente se envuelve dentro de la naturaleza y entrega su vida como una gozosa afluencia, para que las muchas almas puedan vivir y progresar. Entonces se trasforma, al completar la involución en el Hombre Arquetípico Divino, dispuesto a derramarse, en la evolución, en todas las cualidades y formas de vida. En el ser interno de todas las cosas, vive en secreto, y eventualmente nace o se manifiesta en el alma humana, donde, a medida que aumenta su poder, se convierte en el conquistador de la naturaleza inferior y, en el santo, finalmente retorna a Su Padre y Origen." (103)

Esta verdad está bellamente expresada en los párrafos siguientes:

"Dios pronuncia Su Eterna Palabra desde la Eternidad. Habla de dos maneras, que, no obstante, es una sola, desde el punto de vista de Dios. La pronuncia eternamente en Sí Mismo, por lo tanto, la pronuncia eternamente en el alma. Engendra a Su Hijo desde lo eterno que está en Sí Mismo, y así lo engendra en nosotros y nos engendra como a Su Hijo Eterno. Pero ¿cuál es la Eterna Palabra o el Hijo, cuando la pronuncia en el nivel del alma? Allí está lo que se halla en Dios y para Dios Mismo: la idea que posee Dios de Sí Mismo, es decir, el conocimiento que tiene de Sí Mismo se convierte en el conocimiento del alma, por la participación en la Palabra. Poseer la Palabra es poseer parte del propio conocimiento de Dios y de ese conocimiento de Dios por el cual Él se conoce a Sí Mismo. Además, significa tener el conocimiento de Dios, no como simple accidente, no como un hecho psicológico empírico, no como acto aislado y concreto de percepción, no como idea o teoría, sino como esencia y fundamento superempírico de la propia alma. Según la expresión de Eckhart: el alma no tiene al Hijo, sino que es el Hijo. No posee conocimiento de Dios, sino que es fundamentalmente el conocimiento de Dios de Sí Mismo. Lo que surge en nosotros como 'idea' o 'concepto' de Dios es simplemente la función externa de las 'facultades', no la esencia de la materia. Por eso agrega Eckhart, 'Dios se conoce y se ama a Sí Mismo en nosotros'". (104)

¿Cómo puede experimentarse esta verdad del alma y el nuevo nacimiento en forma tan sencilla y práctica que aparezca su significado como permitiéndonos hacer lo que sea necesario? Tal vez ayuden las siguientes afirmaciones:

  1. Oculto en todo ser humano está el "Verbo encarnado", [i83] el [e89] Hijo de Dios hecho carne. Éste es "Cristo en nosotros, esperanza es de Gloria" que sólo es una esperanza para la masa. Cristo aún no Se ha manifestado. Está oculto y velado por la forma. Se ve a María, pero no a Cristo
  2. A medida que la rueda de la vida (la experiencia en Galilea) nos lleva de una lección a otra, nos acercamos cada vez más a la realidad interna y a la deidad oculta. Pero el Cristo-Niño se halla todavía oculto en la matriz de la forma.
  3. A su debido tiempo, la personalidad, física, emocional y mental, se fusiona en un todo viviente. La Virgen María está a punto de dar a luz a su Hijo.
  4. La larga jornada toca a su término y el Cristo niño oculto, nace en la primera iniciación.

El Dr. W. R. Inge (105) se refiere a esta verdad en los siguientes términos:

"Macario, siguiendo a Metodio, enseña que la verdadera idea de la Encarnación incluye la unión del Logos con las almas pías, por las que se siente satisfecho. En cada una de ellas nace un Cristo. De este modo, junto con las ideas de Ransom y del Sacrificio que Cristo realizó por nosotros, los teólogos añadieron las ideas de santificación y de trasformación interna del Cristo en nosotros, considerando a este último tan real y parte integrante de nuestra redención, como el primero. Pero la doctrina de la Inmanencia Divina en el corazón humano nunca llegó a constituir la verdad central de la teología hasta la época de los místicos medievales. Es Eckhart quien dice: 'El Padre pronuncia la Palabra en el alma y, cuando el Hijo nace, todas las almas se convierten en María'."

Se nos ha convocado para el nuevo nacimiento, nuestras personalidades viven ahora plenas de potencialidad. El momento ha llegado.

"Levántate, oh mortal, comprende la finalidad de tu ser, haz lugar a Dios en tu alma, para que Él pueda poner de manifiesto a Su Hijo dentro de ti". (106)

El alma humana debe escuchar el desafío del alma crística y percibir que "María es bendita, no porque concibiera al Cristo corporalmente, sino porque lo llevó espiritualmente, y en esto todos pueden obrar de igual modo que ella". (Eckhart)


1 Wrestlers with Christ, pág. 208.
2 Véase pág. 23
3 A Pilgrim's Quest for the Divine, de Lord Conway of Allington, pag. 66
4 Jn. 3:7.
5 1 Co. 15:31.
6 The Recovery of Truth,
de Pavel Florensky, citado por Herman Keyserling, pág. 80.
7 Religious Realism, de D. C. Macintosh y otros, pág. 483.
8 The End of Our Time, pág. 62.
9 Jn. 1: 1, 2, 3, 4, 10.
10 The Mystery of the K¡ngdom, of God, págs. 28, 29.
11 The Value and Destiny of the Individual, Pág- 129.
12 Religion in the Making, de A: N. Whitehead, págs. 158, 159.
13 Jn. 14:6.
14 The God Who Speaks, de B. H. Streeter, pág. 212.
15 Paracelsus, de Robert Browning (versión libre).
16 Mirage and Truth, de M. C. D'Arcy, S. J., pág. 29.
17 Adventure of Ideas, pág. 369.
18 Is. 53:3.
19 Fragmentos de 0xyrhynchus.
20 The World Breath, de L. C. Beekett, pág. 245.
21 Col., I, 27.
22 Saul.
23 He. 7:1-4.
24 He. 17:28.
25 Jn. 3:7-8.
26 The World Breath, de L. C. Beckett, pág, 250.
27 II Ti. 2:21.
28 Lu. 17:20-21.
29 The World Breath, de L. C. Beckett, pág. 249.
30 The God Who Speaks, pág. 3.
31 Cristianismo Esotérico, de Annie Besant.
32 He. 9:23.
33 Jn. 3:5.
3
4 Mt. 3:11,
35 Mt. 18:3.
36. Jn. 3:10.
37 The End of Our Time, de Nicholas Berdyaev, pág. 59.
38 The Recovery of Truth, pág. 68.
39 The Meaning of God in Human Experience, pág. 336.
40 Eros and Psyche, de Benchara Branford, pág. 250.
41 Lc. 2:49.
42 Lc. 4:14, 15.
43 Lc. 9:22, 23.
44 Jn. 19:30.
45 The Value and Destiny of the Individual, de B. Bosanquet, pág. 111.
46 A Pilgrim's Quest for the Divine, de Lord Conway of Allington, pág. 72.
47 The End of Our Time, pág. 199.
48 John Oxenham.
49 Mt. 11:15.
50 Mt. 24:30.
51 Jn. 14:8, 9.
52 Religion in the Making, págs. 153, 156.
53 Pr. 29:18.
54 Realit y, de B. H. Streeter, pág. 36.
55 Lc. 2:6, 7.
56 Light of the World, pág. 14.
57 The Fool Hath Said, de Beverley Nichols, pág. 112.
58 Pr. 4:18.
59 Mirage and Truth, de M. C. D'Arcy, S. J., pág. 170.
60 The Bhagavad Gita, IV: 7, 8. Traducción de Ch. Johnston.
61 Ro. 1:3.
62 The Paganism in Our Christianity, de Arthur Weigall, pág. 42.
63 Bible Myths, de T. W. Doane, pág. 332.
64 Pagan Christ, de J. M. Robertson, pág. 338.
65 Jn 10:10
66 Pagan and Christian Creeds, de Edward Carpenter, pág. 50.
67 y 68 Cristianismo Esotérico, de Annie Besant.
69 Cristianismo Esotérico, de Annie Besant.
70 De Temp. rat., Bede, XIII.
71 The Paganism in Our Christianity, de Arthur Weigall, págs. 236-37.
72 Sal. 19: 1.
73 Ro. 5:5.
74 Fil. 3:14.
75 Light of the World, pág. 5.
76 Bible Myths, de T. W. Doane, pág. 5.
77 II To. 2:21.
78 Jn. 6:33, 35. 41, 58.
79 Is. 28:28.
80 Jn. 12:24.
81 Lc., 2:14.
82 The Fool Hath Said, págs. 28, 29, 30.
83 Sermons, de A. MacLaren, págs. 71, 72.
84 Religions of Mankind, de Otto Karrer, pág. 175.
85 Mt., 2:2.
86 Lc., 2:12.
87 Lc.,        2:15.
88 Fil., 3:8, 9, 12, 16, Traducción de Weymouth.
89 Lc., 2:39, 40.
90 Dictionary of the Sacred Language of all Scriptures and Myths, de G. A. Gaskell, pág 773.
91 Bishop Rabanus Manrus, 857, d. C.
92 Lc., 2:49.
93 Religions of Mankind, de Otto Karrer, pág. 256.
94 Lc., 2:51, 52.
95 Psychology and God, págs. 83, 84.
96 I. Jn., 4:20.
97 1. Jn., 4:7, 8.
98 The Fool Hath Said, de Beverley Nichols, pág. 48.
99 Eros and Psyche, de Benchara Branford, pág. 361.
100 Psychology and the Promethean Will, de W. H. Sheldon, pág. 47.
101 Psychology and the Promethean Will, de W. H. Sheldon, pág. IX.
102 Jn., 17:20, 23.
103 Dictionary of the Sacred Languages of all Scriptures and Myths, de G. A. Gaskell.
104 Mysticism, East and West, de Rudolf Otto, pág. 197.
105, The Paddock Lectures, pág. 66.
106 Hours with the Mysties, de Vaughan, T. I, pág. 300






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