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[e9] [i9]
EL CAMPO DE LA EVOLUCIÓN |
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[e11] En la historia del pensamiento nunca hubo probablemente un período
que se asemeje al actual. Los pensadores de todas partes son conscientes de
dos cosas: primero, que hasta ahora jamás se habían definido con tanta
claridad las regiones misteriosas y, segundo, que
esas regiones pueden ser penetradas más fácilmente que nunca. Por lo tanto,
quizás sea posible persuadirlos a revelar algunos de sus secretos si los
investigadores de todas las escuelas persiguen determinantemente su búsqueda.
Los problemas que enfrentamos al estudiar los conocidos hechos de la vida y
de la existencia, son susceptibles de ser definidos con más claridad que
antes, y aunque no conozcamos la respuesta a nuestras preguntas ni la
solución de nuestros problemas, ni tengamos en la mano la panacea para
remediar las dolencias del mundo, sin embargo, el hecho de definirlos y
señalar donde reside el misterio, y que la ciencia, la religión y la
filosofía, han arrojado luz sobre dilatadas extensiones [i12] consideradas
anteriormente tierras tenebrosas, constituye la garantía del éxito futuro.
Exceptuando el círculo de doctos y místicos, sabemos mucho más que hace cinco
siglos. Hemos descubierto varias leyes naturales, aunque todavía no sepamos
aplicarlas, y el conocimiento de la "cosa tal cual es" (empleo
deliberadamente esta frase) ha ganado mucho terreno. No obstante, permaneciendo aún inexplorada la
tierra del misterio, nuestros problemas son numerosos. Tenemos el problema de
nuestra propia vida particular, sea cual fuere; además el problema de lo
comúnmente llamado no-yo, que concierne a nuestro cuerpo físico, medio
ambiente, [e12]
circunstancias y condiciones de vida; si somos introspectivos tenemos el
problema de nuestra particular serie de emociones, pensamientos, deseos e
instintos, por los cuales controlamos la acción. Los problemas grupales son
muchos. ¿Por qué hay sufrimiento, hambre y dolor? ¿Por qué el mundo entero
está esclavizado por la abyecta indigencia, la enfermedad y el malestar?
¿Cuál es el propósito subyacente en todo lo que vemos a nuestro alrededor y
cuál será el resultado de los asuntos mundiales considerados como una
totalidad? ¿Cuál es el destino de la raza humana, cuál su origen y la clave
de su actual condición? ¿Hay otra vida después de ésta y su único interés
reside en lo [i13] visible y material? Tales preguntas surgen en nuestra mente y
surgieron en la mente de los pensadores en el transcurso de los siglos. Se intentó diversamente responder a estas preguntas, y
al estudiarlas hallamos que las respuestas dadas se dividen en tres grupos
principales, y que tres soluciones mayores se presentan a la consideración de
los hombres, y son: Primero, Realismo. Otro nombre es
materialismo. Enseña que "la representación del mundo externo en nuestra
conciencia es verídica"; que las cosas son lo que aparentan ser; que la
materia y la fuerza, tal como las conocemos, son la única realidad; que no es
posible para el hombre ir más allá de lo tangible, y que debe satisfacerse
con los hechos tal como los conoce o enseña la ciencia. Este método es
perfectamente legítimo como solución, pero para muchos no va suficientemente
lejos. Trata sólo lo que puede ser probado y demostrado, y se detiene en el
punto en que el investigador se pregunta: "esto es así, pero ¿por
qué?" No tiene en cuenta muchas cosas conocidas y comprendidas como
verdades por el hombre, aunque él es incapaz de explicar por qué sabe que son
verídicas. Los hombres de todas partes reconocen la exactitud de [i14] los hechos
de la escuela realista y de la ciencia materialista, aunque al mismo tiempo
sienten innatamente que en la comprobada manifestación [e13] objetiva, subyace alguna fuerza vitalizadora y algún coherente
propósito que no puede explicarse sólo en términos de materia. Segundo, tenemos un punto de vista que podríamos muy
bien denominar supernaturalismo. El
hombre siente que quizás después de todo, las cosas no son exactamente lo que
aparentan ser, y que aún queda mucho que es inexplicable. Reconoce que no es
simplemente una acumulación de átomos físicos, un algo material y un cuerpo
tangible, sino que latente en él hay una conciencia, un poder y una
naturaleza síquica que lo vincula con todos los miembros de la familia humana
y con un poder fuera de sí mismo que forzosamente debe explicar. Esto ha conducido,
por ejemplo, a la evolución del punto de vista judío y cristiano que postula
un Dios fuera del sistema solar creado por Él, pero extraño al sistema. Ambos
sistemas enseñan que el mundo ha evolucionado por un Poder o Ser, que
construyó el sistema solar, guía correctamente a los mundos, mantiene nuestra
pequeña vida humana en el hueco de su mano y "ordena suavemente"
todas las cosas de acuerdo a algún propósito oculto que nuestra mente finita
es incapaz de vislumbrar [i15] y mucho menos de comprender. Tal es el punto de vista religioso y
sobrenatural, basado en la creciente autoconciencia del individuo y en el
reconocimiento de su propia divinidad. Análogo al punto de vista de la
escuela realista incluye únicamente una verdad parcial y requiere ser
complementado. Tercero, podría llamarse idealismo. Postula
un proceso evolutivo dentro de toda manifestación e identifica la vida con el
proceso cósmico. Es el exacto polo opuesto del materialismo, y coloca a la
sobrenatural deidad que predica el religioso, como una gran Entidad o Vida,
que evoluciona por medio de todo y del universo, así como la conciencia del
hombre lo hace a través de un cuerpo físico objetivo. Tratamos profundos y amplios problemas y quizás
nos entrometemos en cosas elevadas y superiores, invadiendo regiones
reconocidas como el dominio de la metafísica, e intentamos resumir en pocas y
breves charlas todo el contenido de las bibliotecas del mundo, es decir,
intentamos algo imposible. Lo que cabe hacer es considerar breve y
sucintamente un aspecto tras otro de la verdad. Todo cuanto lograremos es
bosquejar las líneas fundamentales de la evolución, estudiar las mutuas
relaciones, entre sí y con nosotros, como entidades conscientes, y luego
esforzarnos por fusionar y sintetizar lo poco que lleguemos a conocer, hasta
esclarecer la idea general del entero proceso. Debemos recordar, en conexión con todo
enunciado de la verdad, que cada uno ha sido emitido desde un punto de vista
particular. No podremos responder plenamente a la pregunta ¿qué es la
verdad?, ni expresar sin prejuicios ningún aspecto de esta verdad, en forma
perfectamente directa, hasta haber desarrollado algo más los procesos mentales
y ser capaces de pensar en términos abstractos y concretos. Algunas personas
poseen un horizonte más amplio que otras, y pueden ver la unidad subyacente
en los diferentes aspectos. Otros se inclinan a pensar que su perspectiva e
interpretación son las únicas verdaderas. [i17] Espero en estas charlas ampliar algo más su punto de vista. Espero
también que lleguemos a comprender que el hombre interesado únicamente en el
aspecto científico, limitado al estudio de esas manifestaciones puramente
materiales, se ocupe además de estudiar lo divino como lo hace su hermano
cabalmente religioso, que sólo se interesa por el aspecto espiritual, [e15] y que el filósofo, después de todo, sólo trata de destacar el tan
necesario aspecto de la inteligencia que vincula los aspectos material y
espiritual y los fusiona en un todo coherente. Quizás por la unión de estas
líneas, ciencia, religión y filosofía, adquiramos un conocimiento práctico de
la verdad tal cual es, recordando al mismo tiempo que "la verdad reside
en nosotros mismos". La expresión de la verdad por un solo hombre no es
completa, y el único propósito del pensamiento es trabajar con materia mental
y poder erigirla constructivamente para nosotros mismos. Quisiera bosquejar mi plan esta noche y sentar las
bases para las charlas futuras, tocando las principales líneas de la
evolución. Por lógica, lo más evidente es ocuparse de la evolución de la sustancia,
el estudio del átomo y la naturaleza de la materia atómica. De esta
última línea de evolución nos ocuparemos en la próxima conferencia. La ciencia tiene mucho que decir sobre la evolución del átomo,
[i18] y ha
recorrido un largo camino desde hace cincuenta años, a partir del siglo
pasado, cuando se consideraba al átomo como una indivisible unidad de
sustancia, considerándoselo ahora un centro de energía o fuerza eléctrica. De
la evolución de la sustancia vamos lógicamente a la evolución de las formas o
del conglomerado de átomos, y se abren a nuestra consideración otras formas
que no son las estrictamente materiales -existentes en sustancia sutil, como
las formas mentales, raciales y de organizaciones. En este doble estudio, se
hará resaltar uno de los aspectos de la deidad, si se elige utilizar el
término "deidad", o una de las manifestaciones de la naturaleza, si
se prefiere esta expresión menos sectaria.
Entonces se considerará la evolución de la
inteligencia o el factor mente, que actúa con ordenado propósito en todo lo
que vemos a nuestro alrededor. Esto revelará un mundo que no camina a ciegas,
sino que obedece a determinado plan, a un coordinado esquema y organizado concepto, que se desarrolla por medio de la forma material. Uno
de los [e16] motivos por
los cuales las cosas parecen difíciles de comprender, es que nos hallamos en
medio de un período de transición, y el plan es aún
imperfecto. Estamos demasiado cerca de la maquinaria y somos parte integrante
del conjunto. [i19] Vemos una parte aquí, otra un poco más allá, pero no percibimos la
grandiosidad de la idea. Podemos tener una visión, un elevado momento de
revelación, pero al hacer contacto con la realidad en todas partes, dudamos de la posibilidad de
materializar el ideal, porque el reajuste de la relación inteligente entre la
forma y lo que la utiliza, está muy lejano. El reconocimiento del factor inteligencia
conducirá inevitablemente a contemplar la evolución de la conciencia en sus
diversas modalidades, desde las consideradas subhumanas,
pasando por la humana, hasta la que lógicamente podemos suponer conciencia superhumana, aunque no sea posible demostrarla. La
inmediata pregunta que enfrentaremos será: ¿qué hay detrás
de todos estos factores? ¿Existe detrás de la forma objetiva y de su
inteligencia animadora una evolución que corresponde a la facultad del yo, el
Ego en el hombre? ¿Hay en la naturaleza y en cuanto vemos a nuestro alrededor
la actuación del propósito de un Ser individualizado y autoconsciente?
Si existe tal ser y existencia fundamental, podríamos percibir algo de sus
inteligentes actividades y observar Sus planes,
en vías de fructificación. Aunque no podamos probar
que Dios o que la Deidad existe, por lo menos podemos decir que la hipótesis
de que Él existe es razonable, la sugerencia es [i20] racional, lo
cual constituye una posible solución para todos los misterios que nos rodean.
Para ello debe demostrarse que hay un propósito, un propósito inteligente,
desarrollándose a través de todo tipo de formas, razas, naciones, y en todo
cuanto se halla manifestado en la civilización moderna, más las etapas recorridas
por este propósito y el gradual desenvolvimiento del plan, y quizás por esa
demostración podremos ver lo que nos espera en las etapas futuras.
Podemos definir finalmente la evolución como un
ordenado cambio y constante mutación, demostrados en la incesante actividad
de la unidad o del átomo, en la interacción de los grupos y en la
interminable acción de una fuerza o tipo de energía sobre otra. Vimos que la evolución, sea
de la materia o de la inteligencia, conciencia o espíritu, consiste en el
siempre creciente poder de [i24] responder a la vibración que, mediante un constante cambio, progresa
por la aplicación de una política selectiva o el empleo de la facultad
discernidora y por el método de desarrollo cíclico o de repetición. Las
etapas que caracterizan al proceso evolutivo podrían clasificarse en tres, y
corresponden a las de la vida del ser humano: niñez, adolescencia y madurez.
En lo que concierne al hombre, se manifiestan en la unidad humana o en la raza, y a medida que transcurren y progresan las
civilizaciones, se podrá observar la misma triple idea en toda la familia
humana, y así nos cercioramos del divino objetivo, estudiando su imagen o
reflejo, el HOMBRE. Podemos expresar estas
tres etapas en términos más científicos y vincularlas con las tres escuelas
de pensamiento referidas, y las analizaremos como: a. La etapa de energía
atómica. b. La etapa de coherencia grupal. c. La etapa de la existencia unificada o
sintética. Trataré de aclarar el concepto. La etapa de energía atómica
concierne mayormente al aspecto material de la vida y corresponde al periodo
de la niñez en la vida del hombre o de una raza. Es el período de realismo,
de intensa actividad, y ante todo de desarrollo mediante la acción, de pura autocentralización o autointerés.
Produce un punto de vista [i25] materialista y conduce inevitablemente al egoísmo. Involucra el
reconocimiento de que el átomo se basta a sí [e20] mismo y que análogamente las unidades humanas tienen vida separada
independiente de las demás unidades, sin relación entre sí. Esta etapa puede
observarse en las razas subdesarrolladas del mundo, en los niños y en los
individuos poco evolucionados. Son normalmente autocentrados;
dedican sus energías a su propia vida; se ocupan de lo objetivo y tangible, y
los caracteriza un necesario y protector egoísmo. Es una etapa indispensable
en el desenvolvimiento y perpetuación de la raza. Nuestro primer objetivo debería ser la autocomprensión, por la práctica
del discernimiento. Aprender a pensar con claridad, a formular nuestros
pensamientos y a dirigir nuestros procesos mentales. Saber lo que pensamos y
por qué lo pensamos, y descubrir el significado de la conciencia grupal por
el estudio de la ley del sacrificio. No sólo debemos descubrir en [i28] nosotros la
primitiva etapa infantil de egoísmo (que ya debiéramos haber trascendido) y
aprender a diferenciar entre lo real y lo irreal,
por
la práctica del discernimiento, sino a pasar a algo mucho mejor. Nuestra meta
inmediata debe ser descubrir el grupo al cual pertenecemos. No pertenecemos a
todos los grupos ni es posible [e22] saber cuál es nuestro lugar en el gran grupo, pero podemos
encontrar algún grupo donde hallar cabida, un conjunto de personas con el
cual colaborar y trabajar, algún hermano a quien socorrer y ayudar. Esto
involucra practicar conscientemente el ideal de la hermandad, y -hasta haber
evolucionado en la etapa en que nuestro concepto es universal- significa que
debemos descubrir el particular grupo de hermanos a quienes podemos amar y
ayudar por medio de la ley de sacrificio y la transmutación del egoísmo en
amoroso servicio. Así colaboraremos en el propósito general y participaremos
en la misión del grupo. |
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