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[e25] [i31] EVIDENTEMENTE en una
serie de conferencias como éstas no puede tratarse concretamente un tópico
tan importante, aunque yo tuviera la suficiente preparación para dictar
cátedra sobre un asunto tan fundamentalmente científico. Además, si las
conclusiones de la ciencia sobre la evolución de la materia fueran
definitivas, el tema sería aún así demasiado vasto para tratarlo, pero como
no lo son, de ahí proviene su mayor complicación. Esta noche quiero enunciar
previamente que mi objetivo consiste en hablar especialmente a quienes carecen
de conocimiento científico, para darles un concepto general de las ideas
comúnmente aceptadas. Por lo tanto, haré algunas sugerencias que ayudarán a
ajustar nuestras mentes a este gran problema de la materia. Por lo común se
ha presentado el aspecto sustancia de la manifestación en forma separada y
sólo últimamente se presentó al público lo que podría llamarse
"psicología de la materia", mediante las investigaciones y
conclusiones de científicos de mente más amplia.
[i32] La semana
pasada, como recordarán, traté de indicarles en forma extensa y general, que
existían tres líneas de acercamiento para estudiar el universo material.
Tenemos la línea que sólo considera el aspecto materialista y se ocupa
únicamente de lo visible, tangible y demostrable. La segunda línea es el
supernaturalismo que reconoce más el aspecto denominado divino que el aspecto
material de las cosas; trata de los aspectos de la vida y del espíritu,
considerando esa vida como una potestad extraña al sistema solar y al hombre,
y a esa Potestad como un gran Agente creador, que [e26] guía y crea el universo objetivo, aunque permanece
fuera de él. Ambas líneas de pensamiento son postuladas por científicos
francamente materialistas y también por los cristianos ortodoxos y los
deístas de todos los credos.
Mencioné
también una tercera línea denominada concepto idealista, la cual reconoce la
forma material, ve la vida dentro de ella y admite una conciencia que
evoluciona por medio de la forma externa. Es la línea que destacaré e
insinuaré en estas conferencias, porque ningún orador puede, después de todo,
disociarse totalmente de su propio punto de vista, habiéndome propuesto
desarrollar en estas charlas la tercera línea, porque para mí [i33] sintetiza las otras dos y añade ciertos conceptos que producen un
conjunto coherente cuando se fusiona con ambas. A ustedes les corresponde
decidir si este tercer punto de vista es lógico, razonable o claro.
Para
la mayoría de nosotros, la realidad más común de la vida es el mundo
material, el cual podemos ver y tocar con los cinco sentidos, y los
pensadores metafísicos denominan "no-yo", o lo objetivo para cada
uno de nosotros. Como sabemos, la tarea del químico es reducir las sustancias
conocidas a sus elementos simples, y hasta no hace mucho tiempo se creyó
haberlo logrado satisfactoriamente. Las conclusiones del químico señalaban
entre setenta y ochenta el número de elementos conocidos. Sin embargo, hace
más o menos veinte años, en 1898, se descubrió un nuevo elemento que se lo
denominó radio, y este descubrimiento revolucionó totalmente las ideas
mundiales sobre la materia y la sustancia. Si consultamos los libros de texto
del siglo pasado, o buscamos en los antiguos diccionarios la definición del
átomo, veremos citado a Newton, quien lo definía como la última, indivisible
y dura partícula de la materia, algo imposible de mayor subdivisión. Se lo
consideró el ultérrimo átomo del universo, y los científicos de la Era
Victoriana lo denominaron "la piedra fundamental del universo", [i34] creyendo que habían llegado hasta donde era posible llegar y [e27] que habían descubierto todo lo subyacente detrás
de la manifestación y de la objetividad misma. Pero, descubierto el radio y
otras sustancias radiactivas, fue necesario encarar un nuevo aspecto de la situación,
y, evidentemente, se vio que lo que hasta entonces se había tenido por la
ultérrima partícula, no era tal. Hoy el diccionario define el átomo en los
siguientes términos:
"El átomo es un centro de fuerza, una fase de
los fenómenos eléctricos, un centro de energía, activo por su propia
construcción interna, que emite energía, calor o radiación."
Por
lo tanto, el átomo es, según conjeturaba Lord Kelvin, en 1867, un
"vórtice anular" o Centro de fuerza, y no una partícula de lo que
entendemos por sustancia tangible. Se ha demostrado que esta ultérrima
partícula de la materia está compuesta de un núcleo positivo de energía,
circundado, como el sol por los planetas, por varios electrones o corpúsculos
negativos, subdividiendo así el átomo de los antiguos científicos en
numerosos cuerpos menores. Los elementos difieren según el número y
disposición de estos negativos electrones alrededor de su núcleo positivo, y
giran o circulan en torno a esta carga central de electricidad, como nuestro
sistema planetario gira alrededor del sol. El profesor Soddy, [i35] en uno de sus últimos libros, señala que en el átomo puede
observarse todo un sistema solar -con su sol central y los planetas que
recorren sus órbitas a su alrededor.
Resulta evidente para cada uno, que al
analizar y estudiar esta definición del átomo, surge un concepto totalmente
nuevo de la sustancia. Por lo tanto, las aseveraciones dogmáticas están fuera
de lugar, porque nos damos cuenta que probablemente un próximo descubrimiento
puede revelar que los electrones son mundos dentro de otros mundos. Hay una
interesante conjetura sobre estas líneas en un libro escrito por un pensador
científico, donde sugiere dividir y subdividir el electrón en lo que denomina
"sicones", y [e28] penetrar así
en reinos que ahora no se consideran físicos. Quizás sea esto un sueño, pero
lo que trato de plasmar en mi mente y en la de ustedes, es que apenas sabemos
dónde nos encontramos respecto a las ideas científicas, como tampoco sabemos
dónde nos hallamos en los mundos religioso y económico. Todo pasa por un
período de transición; cambia el antiguo orden, y los viejos métodos de ver
las cosas resultan falsos o inadecuados, y las caducas formas de expresar las
ideas parecen inútiles. Todo cuanto cabe ahora al hombre inteligente es
reservar su opinión, cerciorarse de lo que cree ser la verdad, y entonces
esforzarse por sintetizar [i36] ese aspecto
particular de la verdad universal con el aspecto aceptado por su semejante.
Podemos entonces considerar que el átomo se
resuelve en electrones, y expresarlo en términos de fuerza o energía. Un
centro de energía o actividad, sugiere un concepto dual: la causa del
movimiento o energía, y aquello que energetiza o activa. Esto nos conduce directamente
al campo de la psicología, porque siempre se ha considerado que la energía o
fuerza es una cualidad, y donde hay cualidad estamos realmente considerando
el campo de los fenómenos síquicos.
Al ocuparnos de la materia aparecen
continuamente ciertos términos comunes, factibles de una amplia diversidad de
definiciones. Al hojear días pasados un libro científico, me desalentó saber
que el autor decía que eran totalmente diferentes los átomos del químico, del
físico, del matemático y del metafísico, y ésta es una de las razones para no
dogmatizar sobre estas cuestiones. Sin embargo, correcta o no, tengo que
presentar una hipótesis bien definida. Al hablar del radio, probablemente nos
aventuremos en el reino de la sustancia etérea, la región del éter o del
protilo, palabra acuñada por Sir William Crookes, que la definió como:
[i37] “Protilo es una
palabra análoga a protoplasma, y expresa la idea de la materia original
primaria, antes de la evolución de los elementos químicos. La palabra que me
aventuré a emplear para tal propósito está
[e29] compuesta de dos voces griegas
que significan 'antes que' y 'la materia de que están hechas las cosas'".
Por
lo tanto, estamos retrotrayendo el concepto de la materia al punto en que
siempre lo ubicó la escuela oriental, a la materia primordial, llamada
también por los orientalistas "éter primordial", aunque debe
recordarse que el éter de la ciencia está infinitamente lejos del éter
primordial del ocultista oriental, el cual nos lleva de vuelta a ese
intangible algo, base de las cosas objetivas que vemos, tocamos y manejamos.
La palabra "sustancia" significa lo que "está debajo" o
detrás de las cosas. En consecuencia, sólo podemos decir en relación con el
éter del espacio, que es el medio en que actúa o se hace sentir la energía o
fuerza. Cuando en estas Conferencias hable de energía y fuerza y de materia y
sustancia, podemos separarlas en nuestra mente de la manera siguiente: al
referirnos a energía y sustancia consideraremos lo que aún es intangible, y
emplearemos la fuerza, en conexión con la materia, al tratar con el aspecto
objetivo que estudian definidamente los científicos. Sustancia es el éter en
uno de sus múltiples grados, subyacente en la materia misma.
[i38] Cuando
mencionamos energía debe existir lo que energetiza esa fuente de energía y su
origen, que se manifiesta en la materia. Esto es lo que trato de destacar.
¿De dónde procede esta energía y qué es?
Los científicos reconocen cada vez con mayor
claridad las cualidades que el átomo posee, y convendría tomar los diversos
tratados científicos que se ocupan del tema de la materia atómica, y observar
cuál de sus numerosos y variados términos pueden ser a su vez aplicados al
ser humano. He tratado de realizar esto en pequeña escala y me resultó muy
iluminador.
Ante todo sabemos que al átomo se le atribuye
energía y el poder de cambiar sus modos de actividad. Un autor lo ha dicho:
"en todos los átomos del mundo se estremece una absoluta
inteligencia". A este respecto señalaré que Edison, [e30] al ser entrevistado por un periodista de Harpen's
Magazine en febrero de 1890, y al ampliar sus declaraciones en el Scientific
American en octubre de 1920, en la primera entrevista dijo:
"No creo que la
materia sea inerte y la mueva una fuerza externa. Me parece que todo átomo
posee algo de inteligencia primitiva. Consideremos los miles de formas en que
los átomos de hidrógeno se combinan [i39] con los de otros
elementos para formar las diversas sustancias. ¿Quiere usted decir, dijo el
periodista, que lo hacen sin poseer inteligencia? Los átomos en armónica y
útil relación asumen hermosas e interesantes formas y colores, o exhalan un
fragante aroma como si expresaran su satisfacción..., o unidos en
determinadas formas, constituyen animales de orden inferior. Finalmente, se
combinan en el hombre, que representa la total inteligencia de todos los
átomos."
El periodista preguntó: Pero ¿de dónde procede originariamente esta
inteligencia?
Edison respondió: "De algún poder superior a
nosotros."
Entonces ¿cree usted en un Creador inteligente, en
un Dios personal?
"Desde luego. La existencia de un Dios así,
puede demostrarse, a mi entender, por medio de la química."
En
la larga conversación publicada en 1920 en el Scientific American, Edison
presentó un gran número de interesantes suposiciones, de las que extraje las
siguientes:
- La vida
es indestructible, como la materia.
- Nuestro
cuerpo está constituido por miríadas de entidades infinitesimales,
siendo cada una en sí, una unidad de vida, así como el átomo está
constituido por miríadas de electrones.
- El ser
humano actúa como un conjunto más bien [e31] que como una unidad. El cuerpo y la mente
expresan la voz y el voto de las entidades de vida.
- Las
entidades de vida construyen de acuerdo a un plan. [i40] Si parte del organismo vital es mutilado, lo
reconstruyen exactamente como era antes...
- La
ciencia reconoce la dificultad de trazar una línea entre lo inanimado y
lo animado. Quizás las entidades de vida extienden sus actividades a los
cristales y cuerpos químicos.
- Las
entidades de vida son inmortales, de manera que por lo menos, en esta
medida, la vida eterna es una realidad que muchos anhelamos.
En una alocución Sir Clifford Allbut,
Presidente de la Asociación Británica de Médicos, tal como lo informó el Literary
Digest del 26 de febrero de 1921, se refirió a la capacidad del microbio
para seleccionar y rechazar, y en el transcurso de sus observaciones dijo:
"Cuando el
microbio se aloja en el cuerpo puede estar o no a tono con algunas o todas
las células con que hace contacto. Probablemente en ningún caso suceda algo
morboso..., la morbosidad podría ocurrir entre el microbio y las células del
cuerpo que están a su alcance y no a tono con él. Es razonable suponer que
cuando un microbio se acerca a una célula corpórea puede atacarla de un modo
u otro, entonces el microbio inocuo se convierte en virulento. Por otra parte
las células pueden educarse para vibrar en armonía con el microbio disonante,
o haber intercambio y adaptación mutua...
[i41] "Pero si esto es así, enfrentamos en verdad una maravillosa y
amplia facultad, la facultad de elegir, y esta elevación desde el fondo de la
biología a la cima -facultad formativa-, la autodeterminación o, si prefieren,
la mente."
[e32] En 1895, Sir
William Crookes, uno de nuestros más grandes científicos, dio una interesante
conferencia ante un grupo de químicos de Gran Bretaña, donde trató la
capacidad del átomo de elegir su propio camino, rechazar y seleccionar, y
demostró que la selección natural se observa en todas las formas de vida,
desde el átomo ultérrimo de entonces, pasando por todas las formas de
existencia.
En otro artículo científico se reconoce que el
átomo posee también sensación:
"La reciente discusión acerca de la naturaleza del átomo, que
en una u otra forma debemos considerar como factores máximos de todos los
procesos físicos o químicos, parece que podrá dirimirse mediante el concepto
de que esas diminutas masas poseen -como centros de fuerza- un alma
persistente, y que todo átomo tiene sensación y movimiento."
Análogamente
Tyndall señala que hasta los mismos átomos parece que tuvieran "instinto
con deseo de vida".
Si consideramos estas diferentes cualidades del
átomo, como energía, inteligencia, capacidad de selección y rechazo,
atracción y repulsión, sensación, movimiento y [i42] deseo, tendremos algo muy parecido a la psicología de un ser humano,
aunque dentro de un radio más limitado y en grado más circunscrito. Por lo
tanto, ¿no hemos llegado acaso, retrospectivamente, a lo que podría llamarse
la siquis del átomo? Hemos visto que el átomo es una entidad viviente, un
diminuto mundo vibrante, y que dentro de su esfera de influencia hay otras
vidas, en análogo sentido en que el hombre es también una entidad o núcleo
positivo de fuerza o vida, que mantiene dentro de su esfera de influencia a
otras vidas menores, es decir, las células de su cuerpo. Esto atañe al hombre
y, en la misma medida, al átomo.
Ampliaremos ahora el concepto del átomo y
quizás lleguemos a la causa fundamental que encierra la solución de los
problemas del mundo. El concepto del átomo como [e33] manifestación positiva de energía, que contiene
dentro de su campo de actividad su polo opuesto, puede extenderse no sólo a
todo tipo de átomo, sino también al ser humano. Podemos considerar a cada
ente de la familia humana como un átomo humano, porque el hombre es
simplemente un átomo mayor. Es centro de fuerza positiva que mantiene dentro
de la periferia de su esfera de influencia las células de su cuerpo, y
demuestra discernimiento, inteligencia y energía. La diferencia es sólo de
grado. Posee una conciencia más amplia y vibra a una mayor medida que el
diminuto átomo químico.
[i43] Podemos aún
dilatar el concepto y considerar el planeta como un átomo. Quizás exista
internamente en el planeta una vida que retiene en él la sustancia de las
esferas y de todas las formas de vida en un todo coherente, con una
específica esfera de influencia. Esto quizás parezca una disparatada
especulación, pero si juzgamos por analogía, quizás exista en la esfera
planetaria una Entidad cuya conciencia esté tan alejada de la del hombre,
como la del hombre de la del átomo químico.
El mismo concepto puede ampliarse hasta incluir
el átomo del sistema solar. En el corazón del sistema solar tenemos el sol,
centro positivo de energía, que mantiene los planetas en su esfera de
influencia. Si existe inteligencia en el átomo y la hay en el ser humano, si
existe en el planeta una Inteligencia que controla sus funciones, ¿no sería
lógico ampliar el concepto y afirmar que existe una poderosa Inteligencia
detrás del átomo mayor del sistema solar?
Esto nos lleva finalmente al punto de vista
sostenido por el enfoque religioso, de la existencia de un Dios o Ser divino,
donde el cristiano ortodoxo diría reverentemente Dios; el científico,
energía, con igual reverencia, y ambos significarían lo mismo. Cuando el
maestro idealista habla del Dios [i44] interno que reside en la forma humana, otros con igual exactitud se
referirán a la "facultad energetizadora" [e34] del hombre que lo impulsa a la actividad física,
emocional y mental.
En todas partes existen centros de fuerza, y la
idea puede ampliarse desde un centro de fuerza como el átomo químico,
ascendiendo a través de los distintos grados y grupos de estos centros
inteligentes, hasta el hombre, y de allí a la vida que se expresa por medio
del sistema. Así se manifiesta el Todo maravilloso y sintético. Algo de esto
pensaría San Pablo al hablar del Hombre celestial, y cuando mencionó el
"cuerpo crístico", con toda seguridad se refirió a esos entes de la
familia humana que están dentro de su esfera de influencia y constituyen Su
cuerpo, así como el conjunto de células físicas forman el cuerpo físico del
hombre. Es necesario, en estos días de trastornos religiosos, demostrar que
las verdades fundamentales del cristianismo son verdades científicas. Por lo
tanto, es preciso hacer científica la religión.
Hay
una interesante escritura sánscrita que data de miles de años y me aventuro a
exponerla aquí, y dice:
"Toda forma en la Tierra y toda partícula (átomo) en el
espacio, se esfuerza en formarse a sí misma y seguir en el Hombre celestial
el canon trazado para ella. La involución [i45] y la evolución del
átomo... todo tiene un único y mismo objetivo, el hombre."
¿No se
advierte que este concepto abre una gran esperanza? Todo átomo de materia con
inteligencia latente, discernimiento, facultad selectiva, llegará en el transcurso
de los eones a una etapa avanzada de conciencia llamada humana. Ciertamente
podemos también suponer que el átomo humano progresa hacia algo aún más
ampliamente consciente y que con el tiempo alcanzará la etapa de desarrollo
de esas excelsas Entidades cuyos cuerpos constituyen los átomos planetarios.
Cabe preguntarse, ¿qué les espera a esas entidades? Alcanzar ese estado
omnincluyente de conciencia llamado Dios o Logos solar. Ciertamente es lógica
y práctica esta [e35] enseñanza.
La antigua y esotérica exhortación que dice al hombre: "Conócete a ti
mismo, porque en ti hallarás todo lo conocible", es la regla para el
inteligente estudiante. Si nos consideramos científicamente centros de
fuerza, manteniendo la materia de nuestro cuerpo dentro de nuestra esfera de
control y actuando en y dentro de ellos, tendremos una hipótesis capaz de
interpretar todo el plan cósmico. Si como insinúa Einstein, nuestro sistema
solar es sólo una esfera, se deduce que éste a su vez es un átomo cósmico;
así nos ubicaríamos dentro de un sistema aún mayor y tendríamos un centro
alrededor del cual gira nuestro sistema solar, como lo hace el electrón [i46] respecto al átomo. Los astrónomos dicen que todo
el sistema solar probablemente gire en torno de un punto central en el firmamento.
Así la idea fundamental que he tratado de
destacar puede trazarse ascendiendo a través del átomo químico y físico, a
través del hombre, de la vida energetizadora de un planeta, hasta el Logos,
la Deidad del sistema solar, la Inteligencia o Vida, que subyace en toda
manifestación o naturaleza, y de allí a un sistema mayor, donde nuestro Dios
debe desempeñar Su parte y hallar el lugar que le corresponde. Si es verdad,
es un maravilloso cuadro.
Ahora bien, no puedo tratar esta noche los distintos
desarrollos de esta inteligencia que anima a los átomos; pero quisiera
considerar brevemente lo que quizás, desde el punto de vista humano, es el
método de su evolución, que tan íntimamente nos concierne, recordando que lo
que es verdad para un átomo lo es en mayor o menor grado para el todo.
Al considerar ampliamente los átomos del
sistema solar, incluyendo el sistema mismo, existen dos cosas notables: Primero, la vida y la
actividad intensas del [i47] átomo mismo
y su energía atómica interna; segundo, su interacción con otros átomos
-repeliendo a unos y atrayendo a otros. De estos hechos podemos deducir que
el método de evolución de cada átomo, se debe a dos causas: su vida interna y
su [e36] interacción
o intercambio con los demás átomos. Ambas etapas son evidentes en la
evolución del átomo humano. Cristo puso el énfasis en lo primero cuando dijo:
"el reino de Dios está en vosotros". Así adjudicó a los átomos
humanos el centro de vida o energía dentro de sí mismos, enseñándoles que por
medio de este centro deben expandirse y Crecer. Todos somos conscientes que
estamos centrados en nosotros mismos, consideramos todas las cosas desde
nuestro propio punto de vista, y los acontecimientos externos resultan
interesantes siempre que nos conciernen. Tratamos las cosas si nos afectan
personalmente, y en determinada etapa de nuestra evolución lo que le ocurre a
los demás nos parece importante si nos atañe. En esta etapa se hallan muchos
actualmente y es característica de la mayoría, siendo el período de intenso
individualismo, donde el concepto yo es de suprema importancia. Involucra
mucha actividad interna.
El
segundo método de evolución del átomo humano es por medio de su interacción
con los demás átomos, y esto es algo que recién ahora alborea en la
inteligencia humana, asumiendo su justa importancia, pues sólo comenzamos a
comprender la relativa significación de la competencia y de la colaboración,
y estamos en vísperas de saber que no podemos vivir egoístamente, en forma
independiente del grupo al que pertenecemos; empezamos a aprender que si
nuestros hermanos se [i48] detienen y
no progresan y si otros átomos humanos no vibran debidamente, cada átomo del
cuerpo colectivo es afectado. Nadie será perfecto hasta que las demás
unidades alcancen el más pleno y completo desarrollo.
En
la próxima conferencia me extenderé algo más sobre esto, cuando me ocupe de
la construcción de la forma. Al finalizar esta conferencia trataré de llevar
a sus conciencias un conocimiento del lugar que cada uno ocupa en el esquema
general, lo cual nos permitirá comprender la importancia de la interacción de
los átomos. Trato de señalar la necesidad de descubrir el lugar en el grupo
al que por naturaleza pertenecemos, donde somos como electrones para [e37] la carga positiva y, una vez descubierto, realizar nuestra tarea
dentro del átomo mayor, el grupo.
Esto
hace que la hipótesis no sea un mero sueño descabellado sino un ideal útil y
práctico. Si es verdad que todas las células de nuestro cuerpo son, por
ejemplo, electrones que mantenemos en coherencia, y si somos el factor
energetizador dentro de la forma material, es de suma importancia reconocerlo
y ocuparnos correcta y científicamente de esa forma y sus átomos. Esto
implica el cuidado práctico del cuerpo físico y la adaptación inteligente de
toda nuestra energía al trabajo que se debe realizar y a la [i49] naturaleza de nuestro objetivo, pues es necesaria
la sensata utilización del conjunto de células, nuestro instrumento o
herramienta, y nuestra esfera de manifestación. Muy poco sabemos sobre esto.
Cuando se desarrolle este concepto y se reconozca al ser humano como un
centro de fuerza, cambiará fundamentalmente la actitud de las personas
respecto a su trabajo y modo de vivir. Cambiará, por ejemplo, el punto de
vista del campo de la medicina y se estudiarán los correctos métodos para
utilizar la energía. No habrá enfermedades causadas por la ignorancia y se
estudiarán y practicarán los métodos de transmisión de fuerza. Seremos
entonces verdaderamente átomos inteligentes, algo que aún no somos.
No sólo seremos prácticos para manejar
nuestro cuerpo material, pues conoceremos su constitución, sino que
conscientemente hallaremos nuestro lugar en el grupo y dirigiremos nuestra
energía para su beneficio, y no como ahora para nuestros propios fines.
Muchos átomos no sólo poseen vida interna propia, sino que la irradian, y así
como la radiactividad se va comprendiendo gradualmente, también se estudiará
al hombre como centro de radiación activa. Estamos en vísperas de admirables
descubrimientos; nos acercamos a una maravillosa síntesis del pensamiento
mundial; avanzamos hacia ese período en que la ciencia y la religión se
ayudarán mutuamente, [i50] y la
filosofía contribuirá al conocimiento de la verdad.
[e38] El empleo de
la imaginación abrirá con frecuencia una maravillosa visión, y si esta
imaginación se basa en lo esencial y comienza con una hipótesis lógica,
quizás nos lleve a solucionar algunos de los enigmas y problemas que
perturban hoy al mundo. Si las cosas son misteriosas e inexplicables para
nosotros, será porque la gran Entidad que se manifiesta por medio de nuestro
planeta está llevando a cabo un propósito y plan definidos, análogamente a
como lo hacemos en nuestras vidas. A veces llevamos el cuerpo físico a
situaciones donde le producimos dificultades dolorosas y agobiadoras;
aceptada la hipótesis tratada, es lógico suponer que la gran Inteligencia de
nuestro planeta también lleva su cuerpo de manifestación -que incluye la
familia humana- a situaciones angustiosas para los átomos. Ciertamente es
lógico suponer que el misterio de cuanto vemos a nuestro alrededor está
oculto en la voluntad o inteligente propósito de esa Vida mayor que actúa a
través de nuestro planeta, como el hombre actúa a través del cuerpo físico.
Sin embargo, esa Vida, esa Inteligencia superior a la nuestra, es un átomo de
una esfera aún mayor, donde mora el Logos solar, la inteligencia que contiene
todas las vidas menores.
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