|
|
|||
|
|||
|
|
|||
|
|
|||
|
[e55] [i75] LA EVOLUCION DEL HOMBRE, EL PENSADOR |
|||
|
[e57] [i77] Esta es la cuarta
de una serie de conferencias dadas este último mes, y por su intermedio se
tendrá una idea de uno de los fundamentales principios de la evolución,
viéndolo actuar en el sistema solar. Recapitulemos
brevemente lo expuesto, a fin de encarar el tema de esta noche con ciertas
ideas claramente formuladas. Vimos que la interpretación del proceso de la
naturaleza implica un concepto triple que concierne a los aspectos vida y
sustancia y a su estrecha interrelación mediante la facultad de la inteligencia,
manifestándose como grado de conciencia. Dicha interrelación producirá
finalmente la perfecta expresión (por medio de la materia) del consciente
propósito de alguna entidad interna. Trato de destacar que mi objetivo es
presentar una hipótesis y sugerir que quizás contenga el germen de una
posible [i78] verdad, y
que para algunos parece ser la forma más clara de explicar el misterio del
universo. Vimos que las tres partes de un gran todo son: Espíritu
o Vida, manifestándose por medio de un segundo factor llamado sustancia o
materia, que utiliza un tercero, la inteligencia. En la gradual síntesis de
los tres aspectos componentes de la Deidad puede verse la evolución de la
conciencia. Después
llegamos, en forma más técnica, a discutir el tema de la sustancia, sin
tratar las sustancias o los elementos diferenciados, sino el concepto de una
sustancia primordial, retrotrayéndonos todo lo posible a lo que Sir Williams Crookes llamó "protilo", o sea lo subyacente en todo lo tangible u
objetivo. Consideramos el átomo, y vimos que recientemente fue definido como
una unidad de fuerza o [e58] energía; consistiendo en una carga de electricidad positiva que energetiza cierto número de partículas negativas. Evidencióse que el minúsculo átomo químico y físico es en
sí un sistema solar con la misma conformación general del sistema mayor, con
análoga actividad y regido por leyes similares, y hallamos que tiene un sol
central en cuyo torno giran en definidas órbitas los electrones. También
observamos que los elementos químicos sólo difieren [i79] según el número y disposición
de los electrones, alrededor de la positiva carga central. De allí pasamos a
considerar el alma o siquis del átomo, y
encontramos que los científicos reconocen que el átomo posee cualidades, denota
vestigios de mente o inteligencia, y es capaz de discernir, seleccionar y
elegir. Seguidamente
procedimos a relatar lo que parece un cuento de hadas. Nos imaginamos al ser
humano como un átomo, y vimos la semejanza de ambos y que atrae y mantiene
dentro de su esfera de influencia, la materia de sus cuerpos físico,
emocional y mental, del mismo modo que los electrones se mantienen girando
alrededor de su punto focal central. Fue factible expandir aún más la idea y
fijamos nuestra atención sobre el planeta, imaginándolo de naturaleza análoga
a la del átomo humano y al del ultérrimo átomo de
sustancia, que sólo es la expresión de una vida que se manifiesta por medio
de una forma esferoidal y lleva a cabo un propósito inteligente. Entonces
llegamos a la culminación, consideramos al sistema solar como un átomo
cósmico energetizado por la vida del Logos. Por lo tanto, hemos
considerado cuatro clases de átomos: Primero, el átomo químico y físico. Segundo, el átomo humano u hombre. [i80]Tercero, el átomo planetario, energetizado
por el Logos planetario u Hombre celestial. Cuarto, el átomo solar
habitado por el Logos o Deidad solar. [e59] Si es correcto nuestro concepto fundamental, si hay algo de
realidad en nuestra hipótesis y si existe un fondo de verdad en nuestra idea
de que el átomo compone los elementos, debemos reconocerlo como una vida que
actúa inteligentemente por medio de una forma. Quizás así podrá demostrarse
que el hombre es también una vida o centro de energía, manifestándose por
medio de sus cuerpos, y, además, que un planeta es asimismo el medio de
expresión de un centro mayor de energía, y que de acuerdo a la Ley de
analogía llegaremos a probar en el futuro que existe un Dios o Vida central
detrás de la naturaleza material, y una Entidad que actúa conscientemente a
través del sistema solar. En la
conferencia anterior consideramos otra fase de la manifestación. Estudiamos
el átomo en sí, vimos cuando entra en relación con otros átomos, y que por
mutua coherencia forman grupos o conglomerados de átomos; en otras palabras,
lo consideramos como elemento constructor de las distintas formas de los
reinos de la naturaleza, y observamos que en el proceso de evolución los
átomos gravitan como electrones hacia puntos centrales, convirtiéndose a su
vez en [i81] electrones.
Así cada forma es un conglomerado de vidas menores. Consideramos
después sucintamente, los diferentes reinos de la naturaleza y trazamos el
desarrollo del alma o siquis, en todos ellos. Ya
habíamos dicho que el átomo posee inteligencia o poder de discernir y que en
la construcción de las formas de los reinos mineral, vegetal y animal,
aparece lo que entendemos por sensación, teniendo así los rudimentos de la
emoción o sentimiento en embrión -reflejo del amor en el plano físico. Éste
es un aspecto de la triple naturaleza de Dios, la inteligencia,
manifestándose en el átomo; y por medio de la forma se manifiesta el amor o
cualidad de atracción. Esto también puede explicarse como el reconocimiento
de que en estos dos aspectos de la vida divina central, existe la tercera
persona de la Trinidad logoica colaborando con la
segunda; tenemos también la actividad inteligente de la divinidad o el
aspecto Espíritu Santo, [e60] actuando en conexión con el segundo aspecto, el Hijo, constructor
de las formas. La Biblia, en Prov. 8, expresa esto en forma interesante,
donde la sabiduría clama en voz alta (la sabiduría representa al aspecto crístico en el Antiguo Testamento), y después de
señalar que Él era con Dios antes de la creación, dice: "... estableció
los cimientos de la tierra, con Él [i82]
estaba como maestro trabajador o constructor". Los estudiosos
harían bien en estudiar este capítulo en relación con las ideas expuestas,
asegurándose de que la traducción sea exacta. Vamos
a considerar ahora el tema de la evolución del hombre, el pensador. Veremos
que en el hombre interviene otro aspecto de la divinidad. Browning,
en Paracelsus, abarca el tema en forma interesante,
resumiéndolo de la manera siguiente: Desde el ínfimo comienzo de la vida hasta el
fin, el hombre -culminación de este esquema del ser, la culminación de esta esfera de la vida: cuyos atributos han sido por
doquier diseminados en el mundo visible, pudiendo ser combinados estos tenues
fragmentos, destinados a ser unidos en un todo
maravilloso, cualidades imperfectas en la creación, que sugieren una criatura increada, alguna etapa donde todos esos rayos
diseminados deberían converger en
las facultades del hombre." Por lo tanto,
habiendo descubierto dos aspectos de la divinidad, en el átomo y en la forma,
hallaremos la perfecta triplicidad en el hombre. Sabemos que el hombre está
hecho a imagen de Dios, y por eso debemos verlo reflejarse [i83] en la triple naturaleza del
Logos. Debe demostrar inteligencia, expresar amor y manifestar voluntad.
Consideremos algunas definiciones del hombre en diccionarios y libros. El Standard
Dictionary da una definición muy poco
interesante: el [e61] hombre
es "un individuo de la raza humana", y sigue una larga serie de
sugestivas derivaciones de la palabra hombre, en diferentes idiomas, y
concluye diciendo que muchas de ellas son improbables. A mi entender, la
etimología más satisfactoria es la que deriva de la palabra de raíz sánscrita
"man", hombre, que significa "el que
piensa". Annie Besant,
en una de sus obras, da la siguiente definición excepcionalmente clara:
"El hombre es el ser en que el supremo espíritu y la ínfima materia
están vinculados por la inteligencia". Esta definición describe al
hombre como el punto de convergencia de las tres líneas de evolución: el
espíritu, la materia y el intelecto vinculador.
Unifica el yo y el no-yo, mediante la relación entre ambos. Es el conocedor,
lo conocido y el conocimiento. ¿Cuál es, pues, el propósito del intelecto y
del conocimiento? Con toda seguridad su propósito consiste en adaptar la
forma material a las necesidades y exigencias del espíritu inmanente; permite
al pensador que reside en el cuerpo, ser utilizado inteligentemente y para algún
propósito definido; también que debe existir [i84] con el fin de que la central
unidad energetizadora pueda controlar
constructivamente su aspecto negativo. Todos somos
entidades animadoras de una forma, que por medio de la inteligencia
procuramos utilizarla para un especial propósito existente en la consciente
voluntad del verdadero ser. En un libro
esotérico muy antiguo - tan antiguo que no es posible asegurar su fecha -
hallamos una ilustradora definición del hombre, de acuerdo con el concepto que
estamos explicando. Define al hombre como "la Vida y las vidas".
Hemos visto que el átomo es una vida que se manifiesta por intermedio de una
minúscula esfera, de la cual es el centro. Vimos también que toda forma
mineral, vegetal y animal, es un conglomerado de vidas. Pasemos a la
siguiente etapa de la gran escala de evolución, y hallaremos que el ser
humano es la lógica secuencia de estos precedentes desarrollos. Primeramente,
la sustancia primordial que en esencia es energía inteligente; después la materia
atómica, con [e62] toda su variada actividad, formando la combinación elemental; luego
la forma o conglomerado de átomos, hasta llegar al que mora en la forma, que
no sólo es de activa inteligencia e inherente atracción y amor, sino también
resuelta voluntad. El "morador
interno" tomó posesión de la forma cuando ya tuvo cierto grado de
preparación y las vidas componentes [i85] habían alcanzado cierta capacidad vibratoria.
Ahora la está utilizando y repite dentro de su propia esfera de influencia,
la obra de un átomo de materia, aunque no se manifiesta de una manera ni dos,
sino de tres. Por lo tanto, en el hombre tenemos realmente y en verdad, lo
que el cristiano llama "imagen de Dios". Para todos los pensadores
debe ser evidente que la única manera de conocer a Dios es por el estudio de
Su naturaleza o Su cualidad síquica. Sabernos que Dios es inteligencia, que
es amor, o la gran fuerza atractiva del sistema solar y la enorme voluntad o
propósito detrás de todo lo manifestado. Las Escrituras del mundo representan
a la Deidad bajo estos tres aspectos y Se
manifiesta triplemente en la naturaleza. La evolución
de la materia se desarrolla gradualmente, siendo a su vez complementada por
la lenta acción de la interna cualidad subjetiva de la vida de Dios,
cuya esencial naturaleza queda así demostrada. Primeramente, tenemos un
aspecto, luego otro y finalmente un tercero, teniendo así la maravillosa
combinación y consumación, el ser humano, que sintetiza los tres aspectos y
es la totalidad de los divinos atributos, aunque todavía muy embrionarios, y
que debe repetir en su ciclo [i86]
evolutivo el idéntico proceso seguido por el átomo. Así como el
átomo sigue su curso interno y posteriormente debe ser atraído por otros
átomos, para fusionarse y mezclarse y formar un grupo, análogamente el átomo
humano debe hallar el lugar que le corresponde dentro de una forma mayor. Por
consiguiente, consideremos brevemente el proceso evolutivo del ser humano.
Hemos visto que en él convergen las tres líneas, que es un punto de síntesis,
que aún [e63] predomina
un aspecto, el de la inteligencia, y que el segundo aspecto de amor-sabiduría
recién está haciendo sentir su presencia, teniendo en embrión el aspecto
Superior, la voluntad espiritual. A casi todos
se nos ha enseñado a creer en el concepto bíblico de "la caída del
hombre", pero pocos son hoy los que creen en este relato tal como
aparece en el tercer capitulo del Génesis, y para la mayoría es una
interpretación alegórica. ¿Qué oculta verdad subyace en esa curiosa historia?
Sencillamente, que la verdad acerca del descenso del espíritu en la materia,
le es impartida a la infantil mentalidad del hombre por medio de un cuadro
simbólico. La convergencia de las tres líneas supone un doble proceso. Por una parte, tenemos el descenso de la entidad, la vida central, a
la materia, y la encarnación del espíritu; por [i87] otra, el ascenso fuera de la
materia de esa vida o espíritu, más todo lo adquirido mediante la utilización
de la forma. Experimentar la materia, morar en la forma, energetizar
la sustancia, abandonar el Jardín del Edén (donde no hay lugar para el
necesario desenvolvimiento) y el deambular del Hijo Pródigo en un país
lejano, constituyen las distintas etapas representadas en la Biblia
cristiana, donde el hombre descubre que él no es la forma, sino la entidad
que la utiliza. Es inteligencia y, por lo tanto, está hecho a imagen de la
tercera Persona de la Trinidad; es amor, y en él se manifestará algún día
perfectamente el aspecto amor de la Deidad, y podrá exclamar con su hermano
mayor el Cristo, en respuesta a la demanda: "Señor, muéstranos al
Padre", y así "el que me ha visto a mí, ha visto al Padre",
porque Dios es amor y, finalmente, por medio del hombre se manifestará el superior
aspecto de la voluntad de Dios, y será entonces perfecto como perfecto es Su
Padre en los cielos. Así como en la evolución de la sustancia podemos ver
tres etapas - la energía atómica, la coherencia grupal y la eventual síntesis
- las mismas etapas aparecen en la evolución del hombre. En las primeras
etapas de la evolución humana, que podríamos llamar atómica, el [e64] hombre reconoce gradualmente
que es una [i88] unidad autoconsciente, con individualidad propia. Quien ha
educado niños, conoce bien esta etapa. En la constante repetición de
"mío, mío, mío", puede observarse la etapa de apropiación para sí,
sin pensar en los demás. Los niños son por naturaleza, sensata e
inteligentemente egoístas. Es la etapa del gradual reconocimiento de la
existencia separatista, y la
cada vez más potente utilización, por el átomo humano, de su interna fuerza
atómica. El niño se rebela contra la forzada vigilancia de quienes tratan de
protegerlo, pues cree bastarse a sí mismo. Esto se observa en el individuo y
en la raza. A medida que
la vida transcurre, el hombre pasa de la etapa atómica a otra superior y
mejor, donde reconoce sus relaciones grupales, se da cuenta que tiene responsabilidades grupales y debe desempeñar
funciones con otros átomos. Empieza a hacerse sentir la
conciencia grupal. Así el átomo humano
encuentra su lugar en el grupo, en la unidad mayor a que pertenece, y
comienza el aspecto amor. El hombre ha pasado de la etapa atómica a la etapa
de la coherencia grupal. Posteriormente
llega a la etapa en que se da cuenta de que no sólo tiene responsabilidades
con el grupo, sino que existe algo mayor, [i89] tiene conciencia de que es
parte de una gran vida universal, subyacente en todas las agrupaciones; que
no es un átomo universal ni tan sólo parte de un grupo, sino que al
sumergirse en el grupo sin perder su identidad, el grupo mismo debe
fusionarse nuevamente con la conciencia de esa gran Identidad, la síntesis de
todo. Así llega a la etapa final de la inteligente apreciación de la divina
unidad. Esta triple
idea está sintetizada en la notable frase donde Jehová le dice a Moisés, el
hombre representativo: "Yo soy ese yo soy". Si dividimos en tres
partes esta frase tendremos la idea de lo que he tratado de exponer hoy:
primero, la conciencia atómica YO SOY; después el grupo, YO SOY ÉSE, la
conciencia de que él no es una individualidad separada ni [e65] sólo una unidad autocentrada, tampoco una entidad autoconsciente,
sino algo aún superior. Entonces el hombre alcanza ese reconocimiento que lo
conducirá a sacrificar su identidad al servicio del grupo y a sumergir su
conciencia en la del grupo. De esta consciente unión nada sabemos todavía.
Esto ocurrirá cuando esa etapa superior del YO SOY ESE YO SOY no constituya
un ideal imposible, un concepto visionario, sino una realidad fundamental;
cuando los hombres en conjunto se reconozcan como expresión de la vida
universal, [i90] y la
conciencia grupal misma se fusione con la conciencia de todo el conjunto de
grupos. Supongo y
tengo la esperanza de que salimos rápidamente de la etapa atómica y que
nuestra esfera de influencia e interés no está limitada
por un muro atómico, sino que nos estamos haciendo radiactivos, utilizando un
término familiar. Cuando así sea, no estaremos circunscritos ni limitados por
nuestros propios cascarones ni por los estrechos confines de nuestra vida
personal, contrariamente comenzaremos a irradiar y hacer contacto con otros
átomos, llegando así a la segunda etapa, la de atracción.
De este modo
podemos ver la unidad de conciencia desde el más diminuto átomo hasta la
Deidad misma, abriendo ante nosotros una admirable perspectiva de
posibilidades, pudiendo verse también la vida de Dios en Su triple y esencial
manifestación, desarrollándose en una conciencia siempre en expansión,
expresándose en el átomo de sustancia, ampliándose por medio de la forma,
hasta llegar al punto culminante en el hombre y, luego, continuar su curso
hasta manifestarse como la conciencia planetaria, suma total de [e67] todos los estados de
conciencia en nuestro planeta Tierra, hasta llegar a la Vida fundamental y
básica que sintetiza todas las evoluciones planetarias, dentro de Su esfera mayor,
el sistema solar. En resumen, tenemos cuatro estados de inteligente actividad
que podemos o denominar: conciencia, autoconciencia, conciencia grupal y
conciencia de Dios, que se manifiestan respectivamente mediante los cuatro
tipos de átomo: primero, el átomo químico y todas las formas atómicas;
segundo, el átomo humano; tercero, el átomo planetario, y, [i93] finalmente, el omniabarcante átomo solar. Animando a estas formas
atómicas, podemos ver la manifestación de todos los tipos de vida subhumana, desde la vida del átomo de la sustancia, hasta
la vida animadora de los animales superiores; luego esa vida denominada
humana, el hombre, el pensador; después el Hombre celestial, y, finalmente,
la excelsa Vida del sistema solar, que los cristianos denominan Dios o Logos. Browning expresa la idea de la gradual expansión de la
conciencia de un ser humano hacia algo mayor y más vasto, con las palabras
siguientes: "Cuando la raza llegue a
ser perfecta, es decir, como un hombre; todo
lo dado al género humano, y hasta ahora producido por el
hombre, habrá llegado a su fin; pero en el
hombre íntegro se inicia nuevamente una tendencia hacia Dios. Las predicciones auguraron el
acercamiento del Hombre; en el yo del hombre surgen
augustas anticipaciones, símbolos, tipos de tenue esplendor
siempre existentes en ese
eterno círculo perseguido por la vida. Los hombres comienzan a cruzar
los límites de la naturaleza, [e68]
descubriendo nuevas esperanzas y obligaciones, que rápidamente suplantan sus propias alegrías y pesares;
llegan a ser demasiado grandes para los estrechos credos del
mal y del bien, que se desvanecen ante la inmensurable sed de
bien; en tanto surge de
ellos la paz en forma creciente. [i94]
Estos hombres se hallan ya en la tierra, serenos en medio de las
criaturas semiformadas que los rodean, que
deberían ser salvadas por ellos y unirse a ellos". |
|||
|
|
|||
|
|
|||
|
|||
|
|
|||
|
|
|||
Esta obra está bajo una licencia de: ![]() Los Libros Azules © 2010 — info@libros-azules.org |
|||