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[e87] [i119] No me inspira
mucha confianza el título "La Meta de la Evolución", pues
reconozco que únicamente puedo exponer algunas suposiciones forjadas en mi
imaginación, debido a que la mente finita es incapaz de calibrar exactamente
el plan de Dios. Sólo cabe estudiar la historia, investigar las condiciones
actuales, conocer algo de las tendencias naturales y raciales y seguir lo más
lógicamente posible los diversos pasos y etapas. Lo único que podemos hacer
es comenzar desde la sólida base de los hechos y conocimientos adquiridos,
luego reunirlos y establecer sobre ellos una hipótesis respecto a lo que
pueda ser la probable meta. No es posible ir más allá.
En charlas anteriores, sobre el tema de la
evolución, como mencioné en la primera, nos ocupamos de conjeturas y
posibilidades. Sabemos ciertas cosas y comprobamos verdades, pero las [i120] conclusiones
de la ciencia, tan mencionadas y repetidas hace cuarenta años, ya no se
consideran como hechos ni se emplean o promulgan tan drástica y enfáticamente
como antes. La ciencia descubre que su conocimiento es muy relativo. Cuanto
más capta y conoce el hombre, mayor es el horizonte que se abre ante él. Los
científicos se están aventurando en los planos sutiles de la materia y, por
lo tanto, en los reinos de lo no comprobado, y si recordamos, la ciencia
había negado hasta ahora su existencia. Estamos trascendiendo la esfera de la
llamada materia sólida" y entrando en esos reinos que se infieren al
hablar de los "centros de energía", de la "fuerza positiva y
negativa", de los "fenómenos eléctricos", donde se resalta
cada vez más la [e88] cualidad
de la sustancia. Cuanto más adelante miramos, más amplias son nuestras
conjeturas y tentativas; al tratar de justificar la telepatía, el siquismo y otros fenómenos, más nos internamos en el
reino de lo subjetivo y subconsciente, y nos vemos obligados a expresarnos en
términos de cualidad o energía.
Si logramos explicar lo poco común, lo
inexplicable, y cerciorarnos de la realidad de lo oculto, [i121] llegaremos a
establecer una condición casi paradójica, y gradualmente convertiremos lo
subjetivo en lo objetivo.
El tópico que consideraré ahora nos afecta
íntimamente, se refiere al logro, por el hombre, de esa conciencia grupal que
es su meta, y las expansiones de la pequeña conciencia hasta llegar a la
altura de esa conciencia superior que la circunda. Recordarán que al explicar
la diferencia entre la autoconciencia, la conciencia grupal y la conciencia
de Dios, expuse el ejemplo de que en el pequeño átomo de sustancia del cuerpo
físico -esa minúscula vida centralizada que contribuye a la constitución de
la forma humana- teníamos la analogía de la autoconciencia del ser humano;
que la vida del cuerpo físico, considerando cada uno de sus sectores como una
totalidad, es para esa pequeña célula que se basta a si misma, lo que la
conciencia grupal es para nosotros; que la conciencia del verdadero hombre,
la entidad animadora del cuerpo, es para ese átomo lo que la conciencia de
Dios para nosotros, siendo tan lejana como inexplicable. Si ampliamos este
concepto del átomo del cuerpo y su relación con el hombre, el pensador, hasta
considerar al átomo humano como una unidad dentro del cuerpo mayor,
comprenderemos la radical diferencia entre estos tres estados de conciencia.
[i122] Hay una analogía muy interesante entre la evolución del átomo y la
del hombre (y supongo, por lo tanto, que también debe haberla respecto a la
evolución de la Deidad planetaria y del Logos solar) en los dos métodos de
desenvolvimiento. Vimos que el átomo tiene su propia vida [e89] atómica, y que cada átomo de sustancia del sistema solar,
análogamente, es en sí un minúsculo sistema con un centro positivo o sol
central, y los electrones o centros negativos, giran en sus órbitas a su alrededor.
Tal es la vida interna del átomo, su aspecto autocentrado.
Observamos también que se está estudiando el átomo bajo un nuevo aspecto, el
de la radiactividad, y que en muchos casos se evidencia una activa radiación.
Es imposible decir a dónde nos llevará este descubrimiento, porque el estudio
de la sustancia radiactiva está todavía en su infancia y poco se sabe de
ella. Muchas enseñanzas primitivas de la ciencia de la física han sido
alteradas por el descubrimiento del radio, y cuanto más descubren los
científicos, tanto más se evidencia (como ellos mismos se dan cuenta) que
estamos en vísperas de grandes descubrimientos y de profundas revelaciones.
A
medida que evoluciona y se desarrolla el ser humano, se observan dos etapas:
la primitiva o etapa atómica, en la cual el hombre sólo se interesa por sí
mismo y su propia esfera de actividad, donde la autocentralización
es la ley de [i123] su ser. Es una etapa de la evolución necesariamente protectora. El
hombre puramente egoísta se ocupa principalmente de sus cosas. En una etapa
posterior, la conciencia del hombre comienza a expandirse, su interés
trasciende la esfera personal y llega un período en que tantea en busca del grupo
al cual pertenece. Esta etapa corresponde a la de radiactividad. Desde ese
momento el hombre ya no es sólo una vida exclusivamente autocentrada,
sino que empieza a afectar definitivamente su medio ambiente, aparta la
atención de su propia vida personal egoísta y busca su centro superior. De un
simple átomo que es, se convierte en un electrón y queda bajo la influencia
de la gran Vida central, la cual lo sujeta dentro de su esfera de influencia.
Si esto es así, etapas análogas transcurrieron en la vida de la Deidad
planetaria, y quizás explique las vicisitudes y acontecimientos que ocurren
en el planeta. Creemos que los asuntos del mundo se deben a la actividad
humana. Se considera, por [e90] ejemplo, la
guerra mundial como resultado de errores y debilidades humanas. Quizás sea
así, porque sin duda pudieron contribuir a su estallido las condiciones
económicas y las ambiciones humanas; pero tal vez fue consecuencia del
cumplimiento del [i124] propósito de esa gran Vida central, Cuya conciencia aún no
alcanzamos y que tiene Sus propios planes, propósitos e ideales, y
probablemente también esté experimentando con la vida. En Su vasta escala y
nivel elevado, este Espíritu planetario aprende a vivir, a establecer
contacto y a expandir Su conciencia; en realidad va a la escuela como ustedes
y yo. Lo mismo puede suceder en el sistema solar y con acontecimientos de
tanta magnitud que escapan completamente a nuestra comprensión. Quizás, los
acontecimientos del sistema solar deriven de que se están llevando a cabo los
planes de la Deidad o Logos, esa Vida central, fuente energetizadora
de todo cuanto existe en el sistema solar. Constituye una interesante línea
de pensamientos, y no produce ningún daño el conjeturar si su efecto consiste
en darnos una amplia visión, inspirar mayor tolerancia o infundir un intenso
e inteligente optimismo, no lo sé.
Habiendo visto que las dos etapas de actividad,
atómica y radiactiva, caracterizan la evolución de todos los átomos del
sistema solar, veamos ahora cuáles son los diferentes desenvolvimientos que
parecen esperarse a medida que evoluciona la conciencia en el átomo humano.
Concentremos la atención sobre este tipo humano de conciencia, porque es la
evolución central de este sistema solar. Cuando los tres aspectos de la vida
divina se [i125] unen -la
vida o espíritu inmanente, la forma material o vehículo sustancial, y el
factor actividad inteligente- se producen ciertos resultados específicos y el
gradual desarrollo de determinado tipo de conciencia; la adquisición de una
cualidad síquica, el efecto de la vida subjetiva sobre la forma material; la utilización
de la forma para fines específicos, y el logro de ciertas cualidades por la
entidad que mora internamente. La verdadera [e91] naturaleza de la vida central, sea Dios u hombre, se manifestará
durante un ciclo de vida, solar o humano. Lo mismo sucede en el hombre y
probablemente también en el Logos planetario y, por lo tanto, en el Logos
solar.
Consideremos ahora los diferentes
desenvolvimientos en relación con los cuatro tipos de átomos, el de la
sustancia, el humano, el planetario y el cósmico. Uno de los primeros y más
importantes desarrollos será la consciente respuesta a toda
vibración y contacto, es decir, la capacidad de responder al no-yo en
cada plano. Permítanme ilustrar. Podría reunir un auditorio de personas sin
cultura y analfabetas y repetirles lo que he dicho hoy y no entenderían, pero
podría darles una charla como [i126] la que di hace diez años sobre conceptos estrictamente evangélicos,
y obtendría una rápida respuesta. No tiene aquí cabida lo bueno y lo malo,
sino la diferencia de capacidad, las distintas categorías y tipos de hombres
en las diversas etapas de evolución, para responder al contacto y la
vibración. Significa sencillamente que ciertas personas están en una etapa a
la que puede llegarse mediante un llamado emocional, en lo que se refiere a
su propia salvación personal, pues están todavía en la primitiva etapa
atómica. Existe otra etapa que incluye a esa, pero permite a la persona
responder también a un llamado más intelectual, que proporciona cierto
interés y satisfacción en charlas como éstas, y significa investigar
cuestiones que conciernen al grupo. Ambas etapas son correctas.
Podemos considerar este asunto desde otro
ángulo. Es muy posible conocer personajes, hombres y mujeres de talento, sin
que lleguen a impresionarnos, al pasar a su lado, ni reconocerlos, perdiendo
así lo que podrían darnos. Esto sucedió en Palestina con el Cristo hace dos
mil años. ¿Por qué? Porque no somos lo suficientemente talentosos para
responder a ellos. Carecemos de algo, de manera que somos incapaces de
comprender o sentir su particular vibración. He [i127] oído decir,
y creo que es verdad, que si Cristo volviera a la Tierra y caminara entre los
hombres como entonces, [e92] podría
vivir con nosotros día tras día y no advertiríamos la diferencia entre Él y
otras personas buenas y altruistas. Aún no hemos cultivado la capacidad de
responder a lo divino que existe en nuestros hermanos. Sólo vemos lo malo y
lo burdo, reconocemos principalmente sus fallos y somos aún insensibles hacia
las personas más evolucionadas.
Otro
desarrollo consistirá en poder actuar conscientemente en todos los
niveles del ser. Ahora actuamos conscientemente en el plano físico y pocos
pueden hacer lo mismo en el siguiente nivel sutil, el astral (palabra que me
desagrada, pues no imparte verdadero significado a nuestra mente) o plano
emocional, donde el hombre está activo fuera del cuerpo físico, en las horas
de sueño, e inmediatamente después de la muerte. Pocos seres humanos pueden
actuar con la conciencia plenamente despierta en el nivel mental y menos aún
en el espiritual. El objetivo de la evolución es que actuemos conscientemente
con plena continuidad de conocimiento en los planos físico, emocional y
mental. Ésta es la gran [i128] realidad que alcanzaremos algún día. Entonces sabremos que hacemos
cada hora del día, no sólo doce o catorce horas de las veinticuatro.
Actualmente no sabemos dónde está nuestra verdadera entidad pensante mientras
dormimos. Desconocemos sus actividades y las condiciones ambientales. Algún
día utilizaremos y aplicaremos cada minuto del día.
Otro
de los propósitos de la evolución tiene triple finalidad: coordinar el
propósito o voluntad, el amor y la energía. Esto aún no se ha hecho.
Ahora desplegamos mucha energía inteligente, pero es rara la persona cuya
vida está animada por un propósito central que cumple indesviablemente, animada e instigada por
el amor que actúa mediante la actividad inteligente. Sin embargo, llegará el
momento en que habremos expandido nuestra conciencia en tal medida y
estaremos tan activos internamente que seremos radiactivos. Entonces
llevaremos a cabo un definido propósito, resultado del amor, y lograremos
nuestro objetivo [e93] a través de
la inteligencia. ¿No es esto lo que hace Dios? En nuestra actual etapa de
desenvolvimiento somos, sin duda alguna, inteligentes, pero aún amamos muy
poco. Algo de amor sentimos por nuestros amigos, conocidos y algo más por
nuestra [i129] familia,
pero prácticamente nada sabemos sobre amor grupal. No obstante, es verdad que
hemos llegado a una etapa en la que podemos responder parcialmente cuando los
grandes idealistas de la raza hablan del amor grupal y sentimos que es algo
que quisiéramos ver realizado. Es bueno recordar que cuanto más reflexionamos
sobre tales líneas definidamente altruistas, tanto más construiremos cosas de
mayor valor y desarrollaremos lenta y laboriosamente los rudimentos de una
verdadera conciencia grupal, muy lejos aún de la mayoría de nosotros.
Existen otros desarrollos en el proceso evolutivo,
de los cuales podría hablarse, pero tan distantes actualmente que
prácticamente son inconcebibles, a no ser que poseamos un cerebro capaz de
pensar en forma abstracta. Existe una etapa en que se trasciende el tiempo
y el espacio, por ejemplo cuando la conciencia del grupo en todo
el planeta sea nuestra conciencia, y cuando resulte muy fácil establecer
contacto con la conciencia de un amigo en la India, África o cualquier otra
parte, como si estuviera aquí; la distancia y la separación no serán barreras
para el intercambio. Sus síntomas pueden observarse en la capacidad con que
algunas personas se comunican telepáticamente o practican la sicometría.
Aceptemos dedicar algunos momentos a visualizar
esta meta distante e imaginarnos lo que realizará [i130] el Logos de
aquí a millones de años, pero es de importancia más vital tener una idea de
la etapa inmediata y comprender lo que podemos esperar, en conexión con el
proceso evolutivo durante los próximos milenios. Consideremos esta idea.
Sabemos que existen en el mundo tres corrientes principales de pensamiento,
la científica, la religiosa y la filosófica. ¿En [e94] qué consisten? La línea científica de pensamiento incluye todo
cuanto concierne a la materia, el aspecto sustancia de la manifestación. Se
ocupa de la objetividad, lo material, tangible y visible, literalmente, de lo
que puede ser comprobado. El pensamiento religioso concierne a la vida en la
forma, al retorno del espíritu a su origen, a lo adquirido por medio de la
forma y al aspecto subjetivo de la naturaleza. El orden filosófico atañe a lo
que podríamos llamar utilización de la inteligencia por la vida inmanente, a
fin de que la forma se adapte adecuadamente a sus necesidades. Consideremos a
este respecto ciertos desarrollos que cabe esperar en el futuro inmediato,
recordando que cuanto digo sobre el particular, son meras sugerencias y en
modo alguno declaraciones dogmáticas.
Para la mayoría de los pensadores es evidente
que [i131] habiendo
comenzado la ciencia el estudio de la radiactividad, está al borde de
descubrir la naturaleza del poder del átomo mismo; probablemente antes de
mucho tiempo la energía de la materia atómica podrá ser controlada para todo
propósito concebible, calefacción, iluminación y aquello que yo podría denominar
la motivación de todo lo que se lleva a cabo en el mundo. Algunos sabemos que
hace cincuenta años, un investigador llamado Keely,
estuvo a punto de descubrir esa fuerza en Estados Unidos, pero no se le
permitió dar su descubrimiento al mundo debido al peligro que implicaba. Los
hombres son demasiado egoístas y no puede confiárseles la distribución de la
energía atómica. Ese descubrimiento probablemente irá a la par del desarrollo
de la conciencia grupal. Sólo cuando el hombre sea radiactivo y capaz de trabajar
y pensar en términos grupales, podrá utilizar sin peligro el poder latente en
el átomo. Todo en la naturaleza está bellamente coordinado y nada puede
descubrirse ni utilizarse antes del momento oportuno. Sólo cuando él hombre
sea altruista se le podrá confiar el formidable poder de la energía atómica.
No obstante, creo que [e95] podemos
esperar que la ciencia dé grandes pasos en la comprensión de la energía
atómica.
Paralelamente a su evolución, podemos esperar
que el ser humano llegue a dominar el aire. Hay en el sistema solar un plano,
esfera o nivel vibratorio, llamado en algunos libros esotéricos [i132] el plano
intuitivo, y en la literatura oriental el plano búdico, cuyo símbolo es el
aire. Así como el hombre comienza, mediante el desarrollo de la intuición, a
penetrar en el plano búdico, también la ciencia ha emprendido la conquista
del aire, cuyo dominio será cada vez mayor a medida que el hombre vaya
desarrollando la intuición.
Podemos esperar algo más (y ya se está
reconociendo), y es el desarrollo de la capacidad de ver la materia sutil. En
todas partes nacen niños que pueden ver más que ustedes y yo. Me refiero a
algo que se basa estrictamente en el terreno material y concierne al ojo
físico. Es la visión etérica, que consiste en ver
la materia refinada del plano físico o éter. En California, estudiantes y
científicos efectuaron trabajos interesantes. El doctor Frederick
Finch Strong ha hecho un
gran trabajo en este sentido y enseña que el ojo físico es capaz de ver etéricamente, y que su visión etérica
es función normal del ojo. ¿Qué traerá el desarrollo de esta facultad? Hará
que la ciencia rectifique definidamente su punto de vista respecto a los
planos sutiles. Si en los próximos cien años la visión normal del hombre
percibe ciertos aspectos y formas [i133] de vida consideradas hoy imaginarias, se desvanecerá para siempre el
burdo materialismo que nos ha caracterizado durante tanto tiempo. Si lo ahora
invisible llega a verse, ¿quién puede decir hasta dónde será posible llegar en
el transcurso del tiempo? Además, la evolución propende a la síntesis. Si
descendemos a la materia y a la materialización, tenemos heterogeneidad; si
ascendemos hacia el espíritu, llegamos a la unidad, de modo que en el mundo
religioso podemos esperar la unidad. Existe hoy mayor tolerancia que hace
cincuenta años, y se acerca [e96] rápidamente
el momento en que la gran unidad fundamental de todas las religiones, de que
cada credo es una parte necesaria de un gran todo, será reconocida por los
hombres de todas partes, y en este reconocimiento tendremos la simplificación
de la religión. Acentuaremos y utilizaremos las grandes realidades centrales
y pasaremos por alto las pequeñas y mezquinas diferencias de organización y
explicación.
Además, podemos esperar un interesante
acontecimiento, en conexión con la familia humana, pero ¿qué ocurrirá cuando
la conciencia grupal se convierta ampliamente en un objetivo consciente del
hombre? El ser [i134] humano entrará en lo que el mundo religioso llama "el sendero".
Entonces se controlará definidamente a sí mismo y procurará vivir la vida del
espíritu, negándose a llevar una vida atómica autocentrada;
buscará el lugar que le corresponde en el todo mayor, y lo descubrirá por
medio del esfuerzo autoiniciado, para unificarse
con ese grupo. Esto es lo que significa realmente las enseñanzas sobre el
sendero, en las iglesias protestante, católica y budista, al que designan con
los diversos nombres de Camino, el Noble Óctuple
Sendero, el Sendero de Iluminación o de Santidad. Sin embargo, es el solo y
único sendero, que brilla y brillará hasta el día perfecto.
Además es de esperar el desarrollo del poder de
pensar en forma abstracta y el despertar de la intuición. A medida que las grandes
razas se han ido sucediendo en el planeta, hubo siempre un desenvolvimiento
ordenado y dirigido de los poderes del alma y una secuencia definidamente
planificada. En la tercera raza raíz, la lemuriana,
el aspecto físico del hombre llegó a una elevada etapa de perfección.
Posteriormente en la gran raza que precedió a la nuestra, la
atlante, que pereció en el diluvio, se desarrolló la naturaleza emocional. En
la raza aria o quinta, a que pertenecemos, debe desarrollarse la [i135] mente
concreta o inferior, y lo estamos haciendo década tras década. Algunos
individuos [e97] comienzan también a
desarrollar el poder del pensar en términos abstractos.
Cuando esto suceda predominará cada vez más esa
interesante y peculiar capacidad, evidenciada por algunas personas,
denominada inspiración. No me refiero a la mediumnidad
ni a la facultad mediumnímica. No existe
nada tan peligroso como el significado común del término "médium".
El médium común es una persona negativa o de naturaleza receptiva, y por lo
general tan superficialmente coordinada en su triple naturaleza, que una
fuerza extraña puede utilizar su cerebro, sus manos o su cuerpo. Este
fenómeno es muy común. Las escrituras automáticas, las planchetas y las
sesiones espiritistas de orden inferior abundan en estos días y llevan a
miles de personas a la insanía y a los trastornos nerviosos. La mediumnidad
es la distorsión de la inspiración, y cuando la mente humana llega a
la etapa evolutiva en que el hombre está consciente y positivamente controlado
por su propio yo superior, el Dios interno, entonces puede recibir
inspiración. El regidor interno, el verdadero yo, puede controlar su cerebro
físico por el contacto definido y permitir al hombre tomar decisiones y
también comprender la verdad, independientemente de [i136] la facultad
razonadora; este Dios interno le permite hablar, escribir y conocer la verdad
sin valerse de la mente inferior; la verdad reside internamente. Cuando
hagamos contacto con nuestro Dios interno, se nos revelará la verdad. Seremos
conocedores. Esto es algo positivo, no algo negativo, y significa que nos
ponemos en alineamiento directo y consciente con el yo superior o ego, sin
permitir que se introduzca en la personalidad cualquier entidad o ánima
pasajera.
Aunque en la actualidad esto ocurre a veces, no
es frecuente que el hombre común se ponga en contacto con su yo superior, lo
cual sucede sólo en los momentos de elevado esfuerzo, en las crisis de la
vida y como resultado de una larga disciplina y ardua meditación. Pero algún
día regiremos nuestra vida, no desde el ángulo personal o egoísta, [e98] sino desde el Dios interno, que es revelación directa del Espíritu
en el plano más elevado.
Por último, diré hoy que la meta que tenemos
por delante cada uno de nosotros, es el desarrollo de los poderes del alma
o de la siquis, lo cual significa que todos
vamos a ser síquicos. Sin embargo, no empleo esta palabra en el sentido que
se le da comúnmente. La siquis es literalmente el
alma interna [i137] o yo superior, que surge del triple yo inferior como la mariposa de
la crisálida. Es la hermosa realidad que lograremos como resultado de nuestra
vida o vidas terrenas. Los verdaderos poderes síquicos nos ponen en contacto
con el grupo. Los poderes del cuerpo físico que diariamente empleamos nos
ponen en contacto con individuos; pero cuando hayamos desarrollado los
poderes del alma y desplegado sus potencialidades, seremos verdaderos
síquicos. Ahora bien, ¿cuáles son estos poderes? Sólo puedo enumerar algunos.
Uno de ellos es controlar conscientemente la
materia. La mayoría de nosotros controla conscientemente el cuerpo físico,
que obedece nuestros mandatos en el plano físico. Algunos controlamos
conscientemente el cuerpo emocional, pero pocos, la mente. La mayoría estamos
dominados por nuestros deseos y pensamientos. Pero se acerca el momento en
que controlaremos conscientemente nuestra triple naturaleza inferior.
Entonces no existirá el tiempo para nosotros. Poseeremos continuidad de
conciencia en los tres planos del ser -físico, emocional y mental-, que nos
capacitará para vivir como el Logos en la metafísica abstracción del Eterno
Ahora. Otro poder del alma es la sicometría. ¿Qué
es la sicometría? Es la habilidad [i138] de tomar una
cosa tangible que pertenece a un individuo y, por su intermedio, relacionarnos
con él. La sicometría es la ley de asociación
de ideas aplicada a la cualidad vibratoria de la fuerza a fin de obtener
información.
La raza será también clariaudiente
y clarividente, que significa la capacidad de oír y ver con claridad y
exactitud [e99] en los planos sutiles
como lo hacemos en el plano físico. Entraña el poder de oír y ver todo cuanto
atañe al grupo, es decir, en la cuarta y quinta dimensiones. No estoy
lo bastante versada en matemáticas para explicar estas dimensiones y me
confundiría considerarlas, pero me fue dado un ejemplo que puede aclarar toda
la cuestión. Un pensador sueco me explicó que "la cuarta dimensión
es la facultad de ver a través y alrededor de una cosa. La quinta dimensión
es la capacidad, por ejemplo, de tomar un ojo y por medio del ojo ponernos en
relación con los demás ojos en el sistema solar. Ver en la sexta
dimensión podría definirse como el poder de tomar un guijarro y por su
intermedio ponerse en relación con todo el planeta. En la quinta dimensión,
allí donde [i139] llevamos el
ojo estamos limitados a determinada línea de manifestación, pero en la sexta
dimensión, donde tomamos un guijarro, nos ponemos en contacto con todo el
planeta". Todo esto se halla muy lejos de nosotros, pero interesa hablar
de ello, porque es una promesa para todos y cada uno. No dispongo de tiempo
para tratar los demás poderes ni puedo enumerarlos, entre ellos está incluida
la curación por el tacto, la manipulación de fluidos magnéticos y la creación
consciente por medio del color y el sonido. Todo cuanto realmente nos
concierne por ahora es conocernos debidamente y procurar cada vez más que el
regidor interno nos controle, lleguemos a ser radiactivos y desarrollemos la
conciencia grupal.
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