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[e103] [i143] ALGUIEN puede considerar
ridículo dar una conferencia sobre la Evolución Cósmica, porque, como es
lógico, yo ni ninguna mortal sabe algo sobre este tema y, en consecuencia,
somos incapaces de explayamos sobre él. Sin embargo, hay ciertas deducciones
que podemos extraer de acuerdo a la ley de analogía, que podrán conducirnos a
interesantes regiones del pensamiento.
Durante varias semanas consideramos la
evolución del átomo, etapa tras etapa, hasta incluir el entero sistema solar
en el término átomo. Estudiamos, primeramente, en líneas generales, el átomo
de sustancia, después el átomo humano y luego aplicamos lo que conocemos
sobre ambos a una esfera mayor, átomo o planeta, denominado átomo planetario;
extendiendo la idea hasta el átomo del sistema solar, dijimos que tiene su
lugar dentro de un todo mayor.
Estudiamos tres métodos de evolución o
desarrollo, en conexión con este tema. [i144] Consideramos los aspectos que evolucionaron por medio de esos
átomos, sus cualidades o naturaleza síquica y vimos que en el átomo de
sustancia la única cualidad síquica que podíamos atribuirle era la
inteligencia. Pasamos después a las formas atómicas subhumanas
y vimos que las formas en los reinos mineral y vegetal, manifestaban otra
cualidad de la deidad, sensación, sensibilidad, amor embrionario y emoción.
También descubrimos que en el reino animal comenzaba a manifestarse una
tercera cualidad, la mente rudimentaria, y al llegar al átomo humano teníamos
la expresión de tres aspectos, inteligencia, amor y una voluntad central.
Extendimos este concepto al planeta y al sistema solar, y hallamos que por
medio de la forma del [e104] sistema
solar actúa una excelsa Inteligencia o Mente, utilizada para demostrar otra
cualidad, Amor o Sabiduría, y que energetizaba todo
mediante una gran VOLUNTAD. De ello
deducimos que esa voluntad podía ser la manifestación de una Entidad que
anima a todo el sistema solar, desde el ínfimo átomo de sustancia hasta la
gran Vida que energetiza al sistema planetario.
Sentados estos fundamentos, pasamos a considerar la evolución [i145] de la vida
consciente en la forma atómica, y vimos que en cada átomo evolucionaba
conscientemente un tipo superior de conciencia, y que la conciencia humana se
distingue de las otras formas inferiores en que es autoconsciente;
que el hombre es una inteligente voluntad que ejecuta conscientemente cada
acción, y se da cuenta de lo que lo rodea, actuando en definida línea de
actividad con un particular objetivo. La autoconciencia del hombre conduce a
algo más elevado, a la conciencia del gran Espíritu planetario, que puede
describirse mejor como conciencia grupal. A medida que avanza la evolución,
el hombre pasará de la etapa de la autoconciencia en que nos hallamos ahora,
ustedes y yo, al conocimiento de lo que significamos por conciencia grupal,
algo prácticamente desconocido, excepto como un hermoso ideal, un sueño que
se materializará en un lejano futuro. La conciencia grupal conducirá
lógicamente a lo que a falta de mejor término, llamamos conciencia de Dios,
aunque desapruebo el empleo de la palabra Dios debido a que ocasiona muchas
discusiones entre los distintos pensadores de la familia humana. Estas
diferencias se fundan mayormente en las distintas fraseologías y términos que
se emplean para expresar ideas fundamentales y los varios métodos de
organización. Cuando el científico [i146] habla de fuerza o energía, el cristiano de Dios y el hinduista
emplea términos análogos a 'yo soy ese yo soy', o el yo, todos se refieren a
la misma Vida una, y pierden el tiempo en el intento de demostrar el error
ajeno y la exactitud de su propia interpretación.
Vimos después, en términos generales, que la
evolución [e105] atómica podía dividirse
en dos etapas: una, la atómica; la otra, a falta de mejor término, la
radiactiva. La etapa atómica es ésa donde el átomo vive su vida autocentrada, preocupándose totalmente de su propia
evolución y del efecto producido por sus contactos. A medida que prosigue la
evolución, se evidencia que el átomo comienza a reaccionar a una vida mayor
fuera de sí mismo y tenemos aquí un período análogo al de la construcción de
formas, donde los átomos de sustancia son atraídos por una mayor carga de
energía o fuerza eléctrica positiva, si desean llamarla así, que los absorbe
o atrae y construye una forma con ellos, que a su
vez se convierten en electrones. Vimos que en nuestro caso y en el de toda
unidad autoconsciente, se sigue el mismo
procedimiento y que posemos una vida central que mantiene dentro de la esfera
de su influencia a los [i147] átomos que constituyen los distintos cuerpos, físico, emocional y
mental; también que nos manifestamos, nos movemos y vivimos nuestra vida,
desarrollamos nuestros propósitos, atrayendo
hacia sí átomos de sustancia adecuados a nuestra necesidad para poder así realizar
los necesarios contactos. Estos átomos son, para nosotros,
la vida central, lo que los electrones para la carga central positiva en el
átomo de sustancia. Después comprendimos que si esto es verdad, es decir, si
existe una etapa autocentrada o período estrictamente
atómico para el átomo y para el átomo humano, entonces se podría decir lo
mismo del átomo del planeta, habitado por su Vida central espiritual. De allí
entramos en el campo de las conjeturas y consideramos que todo lo que
transcurre en el planeta se debe a la condición autocentrada
de la Entidad que lleva a cabo su propósito por medio del planeta. Finalmente
introducimos la misma idea en conexión con el sistema solar.
Pasamos luego a considerar la segunda etapa, la
radiactiva, que los científicos están estudiando desde hace veinte años en
conexión con el átomo químico y físico, y vimos una condición análoga en la
evolución del átomo humano, pero [e106] precedida por un período [i148] paralelo al de la etapa atómica, donde el hombre es puramente
egoísta, totalmente autocentrado y no le interesa
el bienestar del grupo del cual forma parte. Esta etapa previa es muy
evidente hoy en el mundo. Un gran porcentaje de la familia humana se halla en
la etapa atómica, pero recordemos que es una etapa protectora y necesaria;
por ella pasa toda unidad humana durante el proceso de descubrir su lugar en
el grupo, permitiéndole desarrollar algo que dé valor a ese grupo cuando
entre en la segunda etapa.
También hay en el mundo unidades humanas que
están pasando a la segunda etapa y llegando a ser radiactivas y magnéticas,
influyen a otras formas y van siendo conscientes del grupo. Salen de la etapa
del "yo soy" y entran en el conocimiento de "yo soy ése";
comienzan a conocer la vida y propósito de la excelsa Entidad de cuyo cuerpo
son parte; se dan cuenta del propósito detrás de la vida del Espíritu
planetario, el impulso subjetivo, subyacente en la manifestación objetiva de
la tierra. Empiezan a colaborar con Sus planes, a trabajar por el
mejoramiento de su grupo, y la diferencia entre ellos y los otros átomos de
la familia humana es que ahora son conscientes del grupo, poseen perspectivas
más amplias, reconocimiento grupal y [i149] un propósito mayor. Al mismo tiempo, no pierden su autoconciencia ni
su identidad individual, y mantienen su propia vida esferoidal, pero no
aplican a sus propios planes la fuerza y la energía que afluye a través de
ellos, sino en la inteligente colaboración con la excelsa Vida de la cual
forman parte. Dichos hombres son pocos y vienen de vez en cuando, pero cuando
sean más numerosos, entonces podremos esperar un cambio en las condiciones
del mundo, y también la llegada de ese momento de que habla San Pablo, cuando
dice: "No deberá haber desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros
deben cuidarse mutuamente. Si un miembro padece, todos sufren con él, y si un
miembro es honrado, todos se regocijan con él... El mismo Dios actúa en
todos. Hay [e107] diversidad de dones,
pero el mismo espíritu; hay diversidad de ministerios o servicios, pero el
mismo Señor". Cuando todos seamos conscientes del grupo, entonces lo
seremos del propósito subyacente en la manifestación, en nuestro planeta;
cuando seamos conscientemente activos y apliquemos nuestra energía en llevar
a cabo los planes del grupo, entonces llegará lo que los cristianos llaman el
"milenio".
Ahora bien, si tenemos en la evolución del
átomo de la sustancia y en el humano, ambas etapas, y si son la base de todo
futuro desarrollo, entonces dentro del átomo planetario tendremos [i150] las mismas
dos etapas, aquella en que la Vida planetaria lleva a cabo Sus propios
planes, y otra donde colabora con los planes superiores de la Vida que anima
al sistema solar. Como aún no puedo entrevistar al Espíritu planetario, no
puedo decir si colabora con los propósitos del Logos solar, pero podemos
tener una idea general del propósito, estudiando la evolución de la raza y el
desarrollo de los grandes planes internacionales en el planeta. También debe
recordarse que aunque los seres humanos nos consideramos como la
manifestación más elevada en el planeta, puede haber otras evoluciones, a
través de las cuales pudiera estar actuando la Vida central y de la cual muy
poco sabemos. No sólo debemos estudiar al hombre, sino también la evolución
angélica o dévica, como la llama el hinduista. Esto
nos abre un dilatado campo de estudio y reflexión.
En el sistema solar esperamos hallar además
análogas etapas, y probablemente la gran Vida que anima el entero sistema
solar, esa gran Entidad que utiliza al sistema solar para llevar a cabo un
definido propósito, lo energetiza por medio de
estos grandes centros de fuerza que llamamos átomos planetarios, que a su vez
actúan por medio de centros menores o grupos, haciendo descender su energía a
través [i151] de los
grupos de átomos humanos, a los distintos reinos de la naturaleza, y así al
minúsculo átomo de sustancia que refleja a su vez todo el sistema solar. Si
meditamos sobre esta cuestión de la vida atómica, resulta muy interesante y [e108] nos introduce en múltiples conjeturas. Uno de los puntos más
interesantes que nos ofrece es la íntima correlación, la estrecha interacción
de los diversos átomos y la omnipenetrante unidad
que finalmente debemos reconocer. Si hemos descubierto que en la evolución de
los átomos de todo tipo llega una etapa en que palpan y buscan su lugar en el
grupo, y de positivos se convierten en negativos, en lo que respecta a una
vida mayor, si es verdad que en estas manifestaciones de conciencia hay una
etapa autoconsciente y otra de conciencia grupal,
¿no sería lógico y posible, después de todo, que nuestro sistema solar sea
sólo un átomo dentro de un todo mayor? ¿No habrá para nuestro sistema solar y
Logos solar, una vida central más grande hacia la cual el espíritu animador,
dentro de la esfera solar, sea gradualmente atraído y a cuya conciencia
aspira nuestra deidad? ¿Se observan en alguna parte, indicios de esta fuerza
atractiva o meta? ¿Hay mayores esferas de vida solares fuera de nuestro
sistema, que producen un definido efecto sobre él? Todo esto puede ser una
mera conjetura, pero ofrece puntos interesantes. Si consultamos los tratados
de astronomía para averiguar si [i152] lo afirman los astrónomos, hallaremos muchas opiniones
contradictorias. Unos dicen que en las Pléyades hay un punto central en cuyo
torno gira nuestro sistema planetario, y otros declaran que el punto de
atracción magnética está en la constelación de Hércules, y por otra parte
otros lo contradicen rotundamente. Algunos astrónomos hablan de
"deslizamientos de estrellas" y dicen que van hacia una dirección
específica, mientras otros arguyen que en distancias tan vastas no es posible
determinar si ciertos sistemas siguen o no una órbita definida.
Sin embargo, si consultamos los
antiguos libros mitológicos, podremos definir el mito como algo que oculta
una gran verdad, hasta comprenderla, y si estudiamos los antiguos libros de
Oriente, hallaremos que todos aluden a dos o tres constelaciones que poseen
una relación íntima y peculiar con nuestro sistema solar. Respecto a esto los
modernos [e109] astrónomos mantienen una
actitud agnóstica, que corresponde al punto de vista de la ciencia
materialista. Lo que trato de acentuar es que un tópico sobre el cual están
divididos y discuten los astrónomos, [i153] y que sin embargo exponen tan claramente los libros orientales, debe
basarse en la realidad científica y en que probablemente hay algo de verdad
en tal afirmación.
Mi sugerencia personal
sobre este aspecto de la verdad no reside en la interpretación física,
sino en la conciencia; que la evolución síquica se está llevando a
cabo en el átomo (empleando la palabra síquica en sentido de conciencia
subjetiva), puesto que está insinuada en dichos libros, subrayando la oculta
relación que tenemos con otros sistemas solares. Quizás aquí encontremos la
verdad. La vida subjetiva puede ser una, la energía que fluye entre ellas
también puede ser una; pero en las formas físicas reside la diversidad.
Quizás en la evolución de la inteligencia, en la manifestación del amor, o
conciencia grupal, y en el desarrollo de la voluntad, o propósito, reside la
unidad, la unicidad de la vida subjetiva y el eventual reconocimiento de que
sólo en la forma existe separación y diferenciación.
Al considerar este asunto, los libros orientales
dicen que las siete estrellas de la Osa Mayor, las siete estrellas de las
Pléyades y el sol Sirio, están en íntima relación con nuestro sistema solar y
tienen estrecha relación sicomagnética con nuestro
Logos solar.
[i154] Hemos visto que la meta para el átomo de la sustancia es la
autoconciencia, y que para la entidad que está evolucionando a través de un
planeta, la meta puede ser la conciencia de Dios. Pero, lógicamente, al
considerar al Logos solar fallan las palabras; sin embargo, para Él también
debe haber una meta, que bien podríamos denominar Conciencia Absoluta. Daré
un ejemplo: se dice que nuestro cuerpo está constituido por multitud de
pequeñas vidas, células o átomos, poseyendo cada uno su propia conciencia
individual o autoconciencia. La conciencia del cuerpo físico, considerado [e110] en conjunto, podría ser, desde el punto de vista del átomo, como su
conciencia grupal. Después tenemos la conciencia del hombre, el pensador, que
energetiza al cuerpo, lo maneja a voluntad, y es
para el átomo de su cuerpo, análogamente a lo que denominamos conciencia de
Dios. Nuestro conocimiento autoconsciente se halla
tan lejos del átomo, como la conciencia del Logos solar está de la nuestra.
Para el átomo del cuerpo humano, esa conciencia del Logos solar, ¿no podría
ser la denominada Conciencia Absoluta? Esta idea puede extenderse al átomo
humano y al átomo planetario, de modo que el Logos solar tiende a una
conciencia más allá de la propia, análoga a la que se extiende entre nuestro
átomo y el de Él. Aquí [i155] se nos abre una maravillosa perspectiva sumamente alentadora, porque
si estudiamos la célula del cuerpo físico y consideramos la enorme distancia
recorrida entre su conciencia y la humana, tenemos la promesa y la esperanza
de una futura realización y el incentivo para perseverar en nuestro esfuerzo.
Los antiguos libros de Oriente han mantenido en
secreto durante largos siglos muchas verdades que hoy empiezan a introducirse
en la conciencia del occidental. Enseñaron hace miles de años la radiactividad
de la materia, y quizás después de todo puede haber el mismo fondo de verdad
en su enseñanza sobre las constelaciones. Acaso en las estrellas que vemos en
el lejano firmamento, y en la vida que en ellas evoluciona, esté la meta de
nuestro Logos solar, y las influencias que afluyen hacia él, lo atraen y a su
debido tiempo lo hacen radiactivo. Los libros orientales dicen que en el sol
Sirio está la fuente de la sabiduría y que de allí emana la influencia o
energía del amor. También dicen que hay una constelación que está más
estrechamente vinculada a nuestro Logos solar, debido a que Éste no ha
evolucionado bastante para responder completamente a Sirio, pero puede
responder a la influencia de las siete hermanas, [i156] las
Pléyades, que es una interesante constelación. Si consultamos en un
diccionario la palabra "electricidad", hallaremos que se [e111] refiere etimológicamente a la estrella Electra, una de las siete
hermanas, que para algunos es la Pléyade perdida. Los instructores orientales
dicen que en el misterio de la electricidad está oculto todo conocimiento, y
que cuando lo sondemos, conoceremos todo lo conocible. No es posible decir
qué relación existe entre las Pléyades y nuestro sistema solar; pero la
Biblia cristiana reconoce tal relación, pues Job habla de la "dulce
influencia de las Pléyades", y alguna de las Escrituras orientales afirman que la conexión reside en el sonido o vibración.
Quizás las Pléyades son la fuente de la vida atómica de nuestro Logos, el activo
aspecto inteligente, el primero que se desarrolló y al que podríamos llamar
materia eléctrica.
Tenemos luego la Osa Mayor. Mucho de interés
dicen los escritos orientales acerca de la relación entre las Pléyades y la
Osa Mayor. Se dice que las siete hermanas son las siete esposas de las siete
estrellas de la Osa Mayor. ¿Qué verdad encubre esta leyenda? Si las Pléyades
son la fuente de la manifestación eléctrica, el activo aspecto inteligente
del sistema solar y la energía que anima a toda materia, pueden [i157] representar
el aspecto negativo, cuyo polo opuesto o positivo serían sus siete esposos,
las siete estrellas de la Osa Mayor. Quizás la unión de ambas constelaciones
engendró nuestro sistema solar. Acaso estos dos tipos de energía, el de las Pléyades
y el de la Osa Mayor, al unirse en su conjunción, produzcan y sigan
produciendo el surgimiento en los cielos de lo que llamamos nuestro sistema
solar.
La relación de ambas constelaciones o más bien su
relación subjetiva, debe tener una base real, pues de lo contrario no la
insinuarían las diversas mitologías. Debe haber algo que las relaciona entre
las miríadas de constelaciones, con nuestro sistema solar. Pero nos
extraviamos cuando tratamos de aplicarla en forma puramente física. En
cambio, si la definimos en líneas de la vida subjetiva y la conectamos con la
energía, cualidad o fuerza, probablemente tropecemos con la verdad y
descubramos algo de la realidad [e112] subyacente en lo que a primera vista parece una disparatada fábula.
Todo cuanto dilate nuestro horizonte y nos permita ampliar la visión y
obtener una clara perspectiva de lo que sucede en el proceso evolutivo, será
muy valioso, no por lo que valga la acumulación de hechos comprobados, sino
por lo que permite acrecentar dentro de nosotros mismos, acrecentar nuestra
capacidad de pensar en términos más amplios, [i158] ver más allá de nuestro autocentrado punto
de vista e incluir en nuestra conciencia aspectos diferentes del nuestro. Al
hacerlo desarrollamos la conciencia grupal y llegamos eventualmente a
comprender que los hechos aparentemente maravillosos por los cuales luchamos
y morimos, en el transcurso de los siglos, y destacamos como toda verdad,
fueron, después de todo, simples fragmentos de un plan y porciones
infinitesimales de la gigantesca suma total. Quizás cuando volvamos de nuevo
a la tierra y podamos mirar las cosas que tanto nos interesan ahora y tan
importantes nos parecen, descubramos cuán erróneos eran los hechos tal como los
captamos entonces. Después de todo, los hechos no tienen importancia; no la
tienen ahora los hechos del último siglo, y en el próximo siglo los
científicos se reirán de nuestras aseveraciones dogmáticas y se admirarán de
cómo observábamos la materia. Lo importante en realidad es el desarrollo de
la vida y su relación con lo que la circunda, y aún mayormente el efecto que
producimos con quienes estamos asociados y el trabajo que realizamos, que
afecta para bien o mal, al grupo al cual pertenecemos.
Al cerrar esta serie de conferencias no puedo
hacer nada mejor que citar las palabras de San Pablo: "Porque tengo por
cierto que las aflicciones del tiempo presente, no son comparables con la [i159] gloria
venidera que en nosotros ha de manifestarse... Porque en esperanza fuimos
salvos... Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte ni la vida, ni ángeles
ni principados, ni potestades, ni lo presente ni lo por venir, ni lo alto ni
lo profundo, ni ninguna cosa creada, nos podrá separar del amor de Dios..."
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