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CAPITULO
III El Próximo Paso en el Desarrollo Mental de la Humanidad
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Tres pasos inmediatos deben darse en los sistemas educativos del mundo, y ya se ha hecho algo en ese sentido. Tengan en cuenta que bajo el impulso evolutivo estos pasos se dan a menudo sin comprender los verdaderos objetivos, ni captar el propósito y la significación emergentes. Esto se hace simplemente porque se evidencia que la necesidad de la época obliga a dar el siguiente paso, pues el antiguo sistema no logró llenar su asignado propósito; los resultados son palpablemente indeseables y algunos hombres de visión están desarrollando un nuevo método e imponen su voluntad a quienes los rodean, a fin de demostrar el nuevo ideal. Los tres pasos inmediatos son:
Primero : El desarrollo de métodos más adecuados para comprender y estudiar al ser humano. Esto se podrá hacer de tres maneras:
Segundo: El reconocimiento de las realidades de la Astrología Esotérica.
Cuando esto sea posible, tendremos la oportunidad de entrenar al niño desde su primer aliento. Se tendrá un registro del momento exacto del nacimiento o del primer aliento, acompañado frecuentemente del primer Ilanto. [i71] Se tendrán en cuenta las diversas modalidades del carácter, comparándolas con el sujeto en desarrollo y también con el diagrama de los diversos rayos, y establecerá la relación entre ambos (el horóscopo y el registro de los rayos), que será sometida a un cuidadoso análisis cada [e85] siete años. Este proceso guiará al educador para dar los pasos necesarios en forma inteligente, a fin de acelerar el desarrollo del niño. La común y moderna astrología con sus predicciones, su énfasis puesto sobre las cosas no esenciales y lo que concierne físicamente al alma encarnada, será reemplazado gradualmente por el reconocimiento de las relaciones, los objetivos de la vida, las predisposiciones básicas del carácter y por el propósito del alma. Entonces muchas cosas serán posibles para el amigo inteligente y guía de la juventud -lo cual debería tratar de ser todo educador.
Tercero: La aceptación de la Ley de Renacimiento como proceso natural regulador.
Esto servirá de factor determinante en la vida de la raza y arrojará mucha luz en el campo de la educación. Será de interés e importancia vincular y relacionar las tendencias fundamentales con el desarrollo racial del pasado y con los antiguos episodios raciales; aunque el recuerdo de las vidas pasadas es de relativa importancia, será también de verdadero valor reconocer las características heredadas del pasado. Entonces se estudiará a los jóvenes teniendo en cuenta su probable grado en la escala de la evolución y se los agrupará como:
Evidentemente deben transcurrir algunas décadas antes de que sea posible y común tal estado de cosas, pero observarán que he dicho "décadas", no "siglos". Los primeros experimentos en [e86] esta línea podrán realizarse en pequeñas escuelas, con niños especialmente seleccionados, o en pequeños institutos con un cuerpo selecto de profesores, entrenados y preparados cautelosamente dispuestos a experimentar. Únicamente demostrando las ventajas de los métodos expuestos para el entrenamiento y el estudio del niño, las autoridades nacionales de los distintos centros de educación, se convencerán de la luz que pueden aportar al problema estos métodos de encarar la delicada tarea de preparar al ser humano para la vida. Al mismo tiempo es indispensable que estas pequeñas escuelas e institutos, respeten en lo posible el plan estudios común y obligatorio, para que puedan demostrar eficiencia cuando se trate de competir con otros sistemas de educación existentes.
Para que tenga algún valor la verdadera comprensión de los siete tipos de rayo, la constitución del hombre y la astrología, más la correcta aplicación de la psicología sintética, debe manifestarse un ser humano muy inteligente, correctamente coordinado, sabiamente desarrollado y mentalmente orientado.
La mayoría de las tentativas anteriores de imponer al niño moderno algún tipo de educación de la nueva era, ha presentado dificultades:
Primero, no ha habido una contemporización entre el actual sistema de educación y el ideal deseado; no se ha construido puente en forma científica, ni se ha intentado correlacionar lo mejor de los métodos actuales (que probablemente se adaptan bien al niño de esta época) con los métodos [i73] más apropiados incluidos en la nueva visión, particularmente aquellos que son similares a los que están en vigencia. Sólo de este modo podrá darse los pasos secuenciales hasta que la nueva educación sea un hecho consumado, y las viejas y las nuevas técnicas se fusionen en un todo apropiado. Hasta ahora el idealismo visionario ha dominado el campo, retardando así el proceso.
Segundo, los nuevos métodos deben ponerse a prueba únicamente con niños cuidadosamente seleccionados que deberán estar en observación desde la más tierna infancia; sus padres tienen que estar dispuestos a colaborar en la tarea de facilitar las condiciones y el ambiente adecuados desde el comienzo, y la vida de [e87] estos niños (su historial) ha de ser estudiado de acuerdo a las modalidades sugeridas anteriormente en este libro.
Las esperanzas y sueños místicos y visionarios, son útiles si indican una posible meta, pero no sirven para determinar el proceso y el método. La imposición de los métodos de la nueva era en la educación de un niño cuya conciencia es fundamentalmente atlante o aria primitiva, es una tarea infructuosa, que en verdad le servirá de muy poco. Por esta razón, debe hacerse un análisis cuidadoso del niño desde el momento mismo del nacimiento. Después, con todo el material informativo de que dispone, el educador tratará de encarar las necesidades de los tres principales tipos en que son agrupados los niños: el tipo atlante, o el tipo básicamente emocional-sensual; el ario primitivo, o el tipo emocional-mental, y el ario posterior, o el tipo primitivo de la nueva era, que será predominantemente mental y al mismo tiempo idealista, brillante y coordinado, una personalidad.
Aquí surge la siguiente pregunta: ¿Cómo pueden emplearse tales métodos sin que el proceso se asemeje demasiado a un experimento de laboratorio, en que al niño se lo considera un espécimen -o un sujeto de laboratorio- para ser sometido a cierto tipo de impresión, donde se lo priva de la libertad de ser él mismo -un individuo (lo cual siempre es deseable y necesario)-, donde el proceso parece menoscabar la dignidad [i74] patrimonio de todo ser humano? Todos estos asuntos sobre la educación y sus objetivos parecen importantes, admirables e imponentes, pero, ¿qué significan en realidad?
Anteriormente he sugerido que los libros de texto deben ser escritos de nuevo, sobre la base de correctas relaciones humanas y no desde el punto de vista actual separatista y nacionalista. También he señalado ciertas ideas fundamentales que deberían ser inculcadas de inmediato: el excepcional valor del individuo, la belleza de la humanidad, la relación del individuo con él todo y su responsabilidad para adaptarse al cuadro general, en forma constructiva y voluntaria; además he advertido la inminencia del próximo renacimiento espiritual. A todo esto quiero agregar que uno de los objetivos más inmediatos de la educación debe consistir en la eliminación del espíritu de competencia, que debe ser sustituido [e88] por una conciencia colaboradora. De aquí surge una pregunta: ¿Cómo puede lograrse y al mismo tiempo alcanzarse elevado nivel de realización individual? ¿No es la competencia un acicate para cualquier esfuerzo? Lo ha sido hasta ahora, pero no es necesario que lo sea.
Actualmente, el niño, durante los primeros cinco o seis años de su vida, es víctima de la ignorancia, del egoísmo o de la falta de interés de sus padres. Con frecuencia se lo obliga a callar y no molestar, porque sus padres están demasiado ocupados con sus propios problemas, para dedicarle el tiempo necesario -están ocupados en cosas que no son esenciales si se las compara con
la fundamental e importante cuestión que consiste en dar al niño un comienzo correcto en el sendero de la vida, durante esta encarnación. En cambio, se lo deja librado a su propio albedrío,
en manos de una niñera ignorante, en una etapa en la que, un pequeño y destructivo animal, debería convertirse en un pequeño ciudadano constructivo. Algunas veces se lo mima, pero frecuentemente se lo reprende. Es Ilevado de un lado a otro, según los caprichos y el interés de los padres; lo mandan a la Escuela con un sentido de alivio de su parte, a fin de mantenerlo ocupado para que no moleste. En la escuela se halla con frecuencia bajo el cuidado de una persona joven o ignorante, aunque bien intencionada, cuya tarea consiste en enseñarle los rudimentos de la civilización -cierta actitud superficial, [i75] modales que regirán sus relaciones en el mundo de los hombres, leer, escribir sumar, restar, conocimientos rudimentarios de historia, geografía y una pequeña preparación sobre gramática y composición.
Por lo tanto, a esta altura de su vida el daño ya está hecho,
y las formas que puede adoptar más tarde la educación desde los once años en adelante, carecen de importancia, porque ya se ha iniciado una orientación, se ha establecido una actitud (generalmente defensiva y en consecuencia inhibitoria) y se ha impuesto una forma superficial de conducta, que no están basadas en la realidad de correctas relaciones. La verdadera persona que reside en cada niño -efusivo, extravertido, bien intencionado, como son la mayoría de los niños durante la infancia- se ha visto obligada a ser introvertida y a ocultarse detrás de una caparazón externa [e89] que la costumbre o la enseñanza le han impuesto. Agreguen a esto la incomprensión de padres cariñosos, aunque superficiales pero bien intencionados, más un sinnúmero de pequeñas tragedias en su relación con los demás, y resultará evidente que la mayoría de los niños tienen un mal comienzo e inician la vida fundamentalmente con grandes desventajas. El daño causado a los niños en esa edad plástica y dócil, es a menudo irremediable y responsable de gran parte del dolor y sufrimiento de su vida futura. Entonces, ¿qué se puede hacer? Además de los acercamientos técnicos que delineé en la primera parte de este libro. ¿Qué pueden hacer los padres y los educadores?
Primeramente y sobre todo, debe proporcionársele al niño un clima en que puedan florecer y surgir ciertas cualidades.
Se podría preguntar, después de haber estudiado los cuatro tipos de ambiente considerados como pasos esenciales preliminares para la nueva educación: En este caso, ¿cómo se consideran el instinto heredado y la inclinación normal basada en la etapa de evolución y en las tendencias del carácter, determinados por las fuerzas de rayo y las influencias astrológicas?
No he hecho hincapié sobre ello, aunque los reconozco como factores formativos que merecen atención, porque he estado considerando la innecesaria y vasta acumulación de dificultades que se le imponen, que no son innatas ni verdaderamente características del niño, pero sí el resultado de su medio ambiente, del fracaso de su círculo familiar y de los agentes educativos existentes para ayudarlo a adaptarse a la vida y su época. Cuando se lo maneje inteligentemente desde la infancia; cuando se lo considere la preocupación más importante de sus padres y maestros (porque el niño es el futuro en embrión), y cuando al mismo tiempo se le enseñe al sentido de proporción por medio de su correcta integración al pequeño mundo del cual forma parte, veremos surgir claramente las principales dificultades, las tendencias básicas de [e92] su carácter y las fallas de su equipo, las cuales permanecerán ocultas hasta el período de la adolescencia, debido a los insignificantes errores cometidos, evasivas y pequeños complejos latentes, impuestos por otros, y que no formaban parte de su bagaje [i79] al nacer. Tales dificultades podrán manejarse en forma clara, contrarrestarse tendencias básicas indeseables, mediante la sabiduría del educador, más la comprensión y la colaboración del niño Entonces el niño comprenderá por que a su vez será comprendido y, en consecuencia, no sentirá temor.
Formulemos ahora un plan más extenso para la futura educación de los niños del mundo. Hemos visto que a pesar de los procedimientos universales educativos y de los numerosos centros de enseñanza de todos los países, aún no hemos logrado dar a los jóvenes la clase de educación que les permitirá vivir plena y constructivamente. El mundo de la educación se ha ido desarrollando progresivamente sobre tres líneas principales que, partiendo de Oriente, culminan hoy en Occidente. Por supuesto me refiero a los últimos dos o tres mil años. En Asia se ha dado, durante siglos, un intenso entrenamiento a determinados individuos cuidadosamente seleccionados, ignorando completamente a las masas. Únicamente Asia ha producido esas figuras descollantes que aún hoy son objeto de veneración universal Lao Tsé, Confusio, Budha, Shri Krishna y Cristo. Estos han dejado su impronta sobre millones de seres, y aún lo continúan haciendo.
En Europa se ha concentrado la atención de la educación sobre unos pocos grupos privilegiados, a los que se les da un entrenamiento cuidadosamente planeado; en cambio sólo se enseña a las masas los rudimentos indispensables del saber. Esto ha producido periódicamente épocas culturales importantes, tales como el período Isabelino, el Renacimiento, los poetas y escritores de la época Victoriana, los poetas y músicos de Alemania, así como las agrupaciones de artistas cuya memoria se perpetúa en las escuelas italiana, holandesa y española.
Finalmente, en los países más nuevos del mundo,
los Estados Unidos, Australia y Canadá, se implantó la educación en masa, que fue en gran parte adoptada por el mundo civilizado. El nivel general de cultura [i80] fue muy bajo, pero el nivel de información [e93] masiva y la competencia, fue considerablemente muy elevado. Surge ahora la pregunta: ¿Cuál será, el próximo desarrollo evolutivo en el mundo de la educación?
Recordemos algo importante. Lo que la educación puede hacer, en su forma negativa, ya ha quedado bien demostrado en Alemania con la destrucción del idealismo, la implantación de relaciones y actitudes humanas erróneas y la exaltación de todo lo más egoísta, brutal y agresivo. Alemania nos ha probado que cuando los procesos de la educación están bien organizados y supervisados, planeados y engranados sistemáticamente en una ideología, son de un efecto poderoso, especialmente si se toma al niño desde una edad temprana y se lo priva de toda otra enseñanza, por un tiempo suficientemente prolongado. Recordemos al mismo tiempo que este poder puede actuar en dos sentidos, tanto para el bien como para el mal.
Es necesario comprender también que deben hacerse dos cosas: Primero, educar preferentemente a los menores de dieciséis años. (cuanto más jóvenes mejor), y segundo, utilizar los elementos que tenemos, aún cuando reconozcamos las limitaciones de los sistemas actuales. Debemos reforzar esos aspectos buenos y deseables, desarrollar las nuevas técnicas y actitudes que capacitarán al niño para una vida plena, haciéndolo verdaderamente humano, es decir, un miembro creador y constructivo de la familia humana. Lo mejor del pasado debe ser conservado, pero considerado sólo como el fundamento para establecer un sistema mejor y un acercamiento más inteligente a la meta de la ciudadanía mundial.
Sería de valor definir en este momento lo que puede ser la educación si está impulsada por la verdadera visión, y si responde a las necesidades mundiales percibidas y a las demandas de la época.
La educación es el entrenamiento dado inteligentemente, que permitirá a la juventud del mundo hacer contacto con su medio ambiente, en forma inteligente y sensata, y adaptarse a [i81] las condiciones existentes. Esto tiene hoy una importancia primordial, y es uno de los pilares que quedan de un mundo hecho pedazos.
[e94] La educación es el proceso mediante el cual el niño recibe la información para actuar como buen ciudadano y desempeñar después las funciones de padre inteligente. Deben tenerse en cuenta sus tendencias inherentes, sus atributos raciales y nacionales y tratar de agregar a eso el conocimiento que lo llevará a trabajar constructivamente en su mundo particular y a ser un ciudadano útil. La tendencia general de la educación deberá tener una orientación más psicológica que en el pasado, y el reconocimiento adquirido quedará de este modo sujeto a su situación peculiar. Todos los niños poseen cierto acervo que deberá enseñárseles a emplear y compartir con toda la humanidad sin tener en cuenta la raza o la nacionalidad. Por consiguiente, en el futuro los educadores deberán insistir sobre:
Primero, es ante todo el proceso por el cual se adquiere el conocimiento de los hechos pasados y presentes, y luego se aprende [e95] a deducir y a extraer de este conjunto de informaciones, gradualmente acumuladas, lo que pueda ser de uso práctico en cualquier circunstancia. Este proceso involucra los puntos fundamentales de los sistemas educativos actuales.
Segundo, es el proceso mediante el cual se aprende la sabiduría como consecuencia del conocimiento, y se capta comprensivamente el significado que hay detrás de los hechos externos impartidos. Es el poder por el cual se aplica el conocimiento, de tal modo, que dé como resultado lógico una vida sensata y un comprensivo punto de vista, además de una conducta inteligente. Esto incluye también el entrenamiento para esas actividades especializadas que se basan en las tendencias innatas, en el talento o en el genio.
Finalmente, es el proceso por el cual se cultiva la unidad o sentido de síntesis. A los jóvenes del futuro se les enseñará
a pensar en relación con su grupo, familia y nación donde el destino los ha colocado. Se les enseñará también a pensar en términos de relaciones mundiales y a considerar a su nación en relación con otras. Esto incluye el entrenamiento para la ciudadanía, la paternidad y la comprensión mundial, lo cual es fundamentalmente
sicológico
y debería impartir cierta comprensión de parte de la humanidad. Cuando se conceda este tipo de entrenamiento tendremos hombres y mujeres cultos y civilizados, los cuales también poseerán la capacidad de seguir adelante (a medida que la vida pasa) hacia ese mundo de significados que subyace en el mundo de fenómenos externos, y comenzarán a ver los acontecimientos humanos dentro de los valores espirituales y universales más profundos.
La educación debe ser el proceso por el cual se enseña a la juventud a razonar de la causa al efecto; a conocer la razón de por qué ciertas acciones están sujetas inevitablemente a producir determinadas resultados; cómo se pueden determinar (dada cierta naturaleza emocional y mental, además de una determinada graduación psicológica) las tendencias definidas de la vida, [i83] y por qué ciertas profesiones y carreras proporcionan el correcto ambiente para evolucionar y un campo de experiencia útil y provechoso. En algunas escuelas y colegios se han llevado a cabo ciertos [e96] ensayos sobre este particular, en un esfuerzo para determinar las aptitudes psicológicas del niño o la niña, hacia ciertas vocaciones, esfuerzo que es aún obra de aficionados. Cuando se haga en forma más científica abrirá las puertas para el aprendizaje de las ciencias; otorgará significado e intención a la historia, a la biografía y a la enseñanza, evitando que los hechos sean una frívola información y el crudo proceso de ejercitación de la memoria de los métodos del pasado.
La nueva educación considerará al niño teniendo en cuenta su herencia, posición social, condiciones nacionales y medio ambiente, su capacidad mental y emocional individuales, y tratará de abrirle las puertas al mundo del esfuerzo, indicándole que las barreras aparentes que se oponen al proceso son únicamente acicates para renovados esfuerzos, tratando así de sacarlo (que es el verdadero significado de la palabra educar) de las condiciones que lo limitan, entrenándolo para que piense en términos de
una
ciudadanía mundial constructiva. Progreso y más progreso es lo que se deberá recalcar.
El educador del futuro encarará el problema de la juventud desde el punto de vista de la reacción instintiva del niño, de su capacidad intelectual y de su potencialidad intuitiva. En la infancia y en los primeros grados de la escuela debe observarse y cultivarse el desarrollo de las reacciones instintivas correctas; en los grados superiores, en la enseñanza media o escuela secundaria, se acentuará el desarrollo intelectual y el control de los procesos mentales, mientras que en la universidad y en la enseñanza superior se fomentará el desarrollo de la intuición, la importancia de los ideales e ideas y el desenvolvimiento de pensamiento abstracto y de la percepción; este último aspecto se basará firmemente en el sólido cimiento intelectual anterior. Estos
tres
factores -instinto, intelecto e intuición- dan la tónica para
las tres instituciones escolares a través de las cuales deberá pasar todo [i84] joven y pasan actualmente muchos millares.
En el futuro, la educación utilizará la psicología más ampliamente que hasta ahora. Se observa una marcada tendencia en este sentido. Se investigará cuidadosamente la naturaleza física, vital, emocional y mental del niño, y se les dará una buena orientación [e97] a los incoherentes propósitos de su vida, enseñándosele a reconocerse como ente que actúa, siente y piensa. Así se le enseñará la responsabilidad del verdadero Yo que habita en el cuerpo.
Esto cambiará por completo la actitud de la juventud del mundo hacia su medio ambiente y fomentará desde la más temprana edad el reconocimiento de la parte que le toca desempeñar y la responsabilidad que debe asumir, y se comprobará que la educación es un método preparatorio para un futuro útil e interesante.
Por lo tanto, resulta cada vez más claro, que la futura educación podría definirse, en un sentido nuevo y más amplio, como la Ciencia de las Correctas Relaciones Humanas y de la Organización Social. Esto otorga un propósito relativamente nuevo a cualquier plan de estudios en vigencia, e indica no obstante, que nada de lo que se ha incluido hasta ahora debe excluirse, porque evidentemente debe existir un móvil mejor, y evitar una presentación nacionalista y egoísta. Por ejemplo, si la historia se presentara basada en las ideas rectoras que han hecho avanzar a la humanidad, y no en guerras agresivas y rapiñas internacionales
o
nacionales, la educación se ocuparía entonces de la correcta percepción y utilización de las ideas, trasformarlas en ideales
activos y aplicarlas como voluntad al bien, voluntad a la verdad y voluntad a la belleza. Así se producirá la tan necesaria alteración de los fines de la humanidad, de los actuales objetivos competitivos y materialistas, en quienes expresarán con más propiedad la Regla de
Oro
que establecerá internacionalmente correctas relaciones entre los individuos, grupos, partidos, naciones y en todo el mundo.
La educación deberá ocuparse cada vez más [i85] de la vida en su totalidad y de los detalles del vivir cotidiano individual. Se desarrollará, capacitará, entrenará e impulsará al niño como individuo, enseñándole sus responsabilidades para con el todo y el valor de la contribución que puede y debe dar al grupo.
Quizás sea una trivialidad decir que la educación debería ocuparse necesariamente de desarrollar la capacidad de razonar del niño y no dedicarse especialmente, como en la actualidad, a entrenar la memoria y a recordar mecánicamente hechos, fechas informaciones sin relación entre sí y mal asimilados. La historia del desarrollo de las facultades perceptivas del hombre, bajo [e98] distintas condiciones raciales y nacionales, es de profundo interés. Las figuras descollantes de la historia, de la literatura, del arte y de la religión, se estudiarán ciertamente desde el punto de vista del esfuerzo realizado y de la influencia buena o mala que ejercieron en su época; además se considerará la calidad y el propósito de su orientación. Así el niño absorberá una apreciable información histórica respecto a la actividad creadora, al idealismo y a la filosofía, no sólo con máxima facilidad, sino que producirá un efecto permanente sobre su carácter.
Se procurará que el niño ponga atención en la continuidad del esfuerzo, en los efectos que ha producido la tradición
sobre
la civilización antigua, los acontecimientos buenos y malos y la acción recíproca de los diversos aspectos culturales en ella, descartándose la información estéril, las fechas y los nombres. Así todas las ramas del conocimiento humano podrán vivificarse y alcanzar un nuevo nivel de utilidad constructiva. Existe ya una definida tendencia en esta dirección, lo cual es bueno y saludable. El pasado de la humanidad como fundamento de los acontecimientos actuales, y el presente como factor determinante del futuro, serán reconocidos cada vez más, y de este modo se efectuarán grandes y necesarios cambios en toda la psicología humana.
La aptitud creadora del ser humano debe también recibir mayor atención en la nueva era; se estimulará al niño para que realice un esfuerzo individual que convenga a su temperamento [i86] y capacidad. Así se lo inducirá a que contribuya con la parte de belleza que es capaz de dar al mundo, y con el correcto pensar y lo que pueda aportar
a la totalidad del pensamiento humano; se alentará al niño para que investigue, dándosele acceso al mundo de la ciencia. Detrás de la aplicación de estos incentivos se
hallan los móviles de la buena voluntad y de las correctas relaciones humanas.
Finalmente, la educación planteará la hipótesis de la existencia del alma en el hombre, como el factor interno que produce lo bueno, lo verdadero y lo bello. La expresión creadora y el esfuerzo humanitario tendrán, por lo tanto, una base lógica. Esto no se hará mediante un planteamiento teológico o doctrinario como ocurre en la actualidad, sino mediante la presentación del problema para ser investigado, como un esfuerzo para responder [e99] a las siguientes preguntas: ¿ Qué es el hombre? y ¿cuál es su propósito intrínseco en el esquema de las cosas? Se deberá estudiar la vivencia de la influencia y del propósito definido que existe detrás de la aparición constante de los conductores mundiales espirituales, culturales y artísticos, surgidos a través de las épocas, cuyas vidas serán objeto de investigación, tanto histórica como psicológica. Esto mostrará a la juventud del mundo en toda su amplitud, el problema relacionado con los conductores y los móviles que los han guiado. En consecuencia, la educación será dada en forma que despierte el interés, el logro y la posibilidad humanos, y se hará
de tal modo que la mente del estudiante no sólo se enriquezca con los hechos históricos y literarios, sino que su imaginación se ilumine y su ambición y aspiración despierten en dirección verdadera y correcta; se pondrá también de relieve el esfuerzo humano realizado en el pasado, pero bajo una perspectiva más auténtica; entonces el futuro se abrirá ante él como un llamado a su esfuerzo individual y a su contribución personal.
Lo que acabo de decir no implica en modo alguno una acusación a los métodos del pasado, excepto hasta donde el mundo es en sí mismo actualmente una acusación; tampoco constituye una visión impráctica o una esperanza mística, basadas en un anhelo. Se refiere a una actitud hacia la vida y hacia el futuro, que muchos miles de personas sustentan hoy en día, y entre ellas se encuentran [i87] muchos, pero muchos educadores en todos los países.
Son evidentes los errores y los equívocos de las antiguas técnicas, pero no hay que perder el tiempo recalcándolos ni acumulando ejemplos. Lo que se necesita es una comprensión de la oportunidad inmediata, más el reconocimiento de que el cambio requerido en los objetivos y en los métodos llevará mucho tiempo. Tendremos que entrenar a nuestros educadores en forma distinta, aunque se perderá mucho tiempo buscando a tientas nuevos y mejores métodos, preparando los nuevos textos y buscando hombres y mujeres a quienes se les pueda inculcar la nueva visión y quieran trabajar para la nueva civilización. He tratado solamente de recalcar los principios, reconociendo que muchos de ellos no son nuevos, pero es necesario que se les dé un nuevo énfasis. He procurado hacerles ver que éste es el momento oportuno, porque todo debe ser reconstruido, pues todo ha sido destruido en gran [e100] parte del mundo. La guerra nos ha demostrado que no hemos sabido enseñar correctamente. En consecuencia, debe elaborarse un sistema de educación mejor que el actual, que presente a la humanidad la posibilidad de vivir de tal manera que se derriben las barreras existentes, desaparezcan los prejuicios y se le dé un entrenamiento al niño en desarrollo, que lo capacite para vivir en armonía y buena voluntad con los demás hombres cuando alcance su mayoría de edad. Esto puede hacerse si se cultiva la paciencia y la comprensión, y si los educadores se dan cuenta de que "donde no hay visión los pueblos perecen".
Un sistema internacional de educación que surgiera de conferencia de educadores dotados de amplitud mental, con autoridades educativas y representativas de todos los países, constituye hoy una apremiante necesidad y sería un factor de éxito para conservar la paz mundial. Ya se ha hecho algo en ese sentido y, en la actualidad, grupos de educadores se reúnen para discutir la conformación de un mejor sistema de educación que garantice la enseñanza de la verdad en forma imparcial y sin prejuicios, a los niños de las distintas naciones (empezando por los millones que actualmente demandan ser educados). La democracia mundial tomará forma cuando todos los hombres se consideren iguales, cuando se enseñe a las niños [i88] y a las niñas que no tiene importancia si un hombre es asiático, americano, europeo, británico, judío o gentil, sino que cada uno tiene un trasfondo histórico y una historia que le permite contribuir con algo al bien de la totalidad, y cuyo requisito principal consiste en adoptar una actitud de buena voluntad y constante esfuerzo para fomentar correctas relaciones humanas. La Unidad Mundial será un hecho cuando se enseñe a los niños del mundo que las diferencias religiosas son en su mayor parte una cuestión de nacimiento; que si un ser humano nace en Italia será probablemente católico romano; si nace entre judíos seguirá las enseñanzas judaicas; si nace en Asía es probable que sea mahometano, budhista o que pertenezca a alguna de las sectas indúes; si nace en otros países puede ser protestante, y así sucesivamente. Aprenderá que la mayoría de las diferencias en materia religiosa son mayormente el resultado de las polémicas originadas por las distintas interpretaciones humanas de la verdad. De este modo, gradualmente[e101]
,nuestras reyertas y diferencias serán contrarrestadas y suplantadas por la idea de la Humanidad Una.
Debe ponerse el mayor cuidado cuando se seleccione y entrene a los educadores del futuro. Se tendrá muy en cuenta la capacidad mental y el conocimiento del tema especial al cual se dediquen, pero más importante aún que todo eso será no tener prejuicios y ver a todos los hombres como miembros de una gran familia. El educador del futuro deberá tener un mayor entrenamiento
psicológico que el educador actual. Además de impartir la enseñanza escolar común deberá darse cuenta que su tarea principal consiste en despertar en sus estudiantes el verdadero sentido de responsabilidad, no importa lo
que tenga que enseñar -historia, geografía, matemáticas, idiomas, las diversas ramas de la ciencia o la filosofía-, todo lo debe relacionar a la Ciencia de Correctas Relaciones Humanas, tratando de darle una perspectiva más real a la organización social, que en el pasado.
Cuando la juventud del futuro -aquellos que se están educando con los principios propuestos- sea civilizada y
culta
y responda a la ciudadana mundial, tendremos un mundo de hombres despiertos, creadores y poseedores de un verdadero sentido de los valores, [i89] con una perspectiva sólida y constructiva sobre los asuntos mundiales. Realizar todo esto llevará mucho tiempo, pero no es imposible, la historia misma lo ha probado.
Sin embargo, sólo se necesita sentido común para darse cuenta
que esta integración no es posible para todos los estudiantes que pasan por las manos de nuestros educadores. No obstante, todos, sin tener en cuenta su capacidad inicial, pueden ser entrenados en la Ciencia de Correctas Relaciones Humanas, para responder de este modo al objetivo principal de los futuros sistemas de educación. Por todas partes se ven indicios de esto, pero todavía
no se insiste lo bastante cuando se entrena a los educadores o se trata de influenciar a los padres. Mucho han hecho los grupos de hombres iluminados de todos los países, y lo han hecho a medida que estudiaban los requisitos de la ciudadanía
y realizaban investigaciones relacionadas con las correctas relaciones sociales (comunales, nacionales e internacionales), patrocinadas por las numerosas organizaciones que tratan de dar a las [e102] masas humanas un sentido de responsabilidad hacia la felicidad
y el bienestar humanos. Sin embargo, la verdadera tarea que
realizan en este sentido debe comenzar desde la infancia, para que la conciencia
del niño (tan fácil de ser dirigida) pueda, desde sus primeros días, asumir
una actitud altruista frente a sus compañeros. Esto puede comenzarse
sencillamente si los padres lo desean, y llevarse a cabo progresivamente si los
padres y educadores practican en su propia vida lo que enseñan. Llegará el
momento en que, de acuerdo a estas condiciones, en el período final de la
adolescencia se precipitará una necesaria y planeada crisis en la vida del
joven; entonces se estabilizará la forma particular en que el destino ordena
cumplir con su tarea y establecer correctas relaciones por medio del servicio vocacional.
Lo que debe hacerse ahora es construir el puente -un puente entre lo que existe hoy y lo que podrá existir en el futuro-. Si durante los próximos ciento cincuenta años desarrollamos la técnica de eliminar las numerosas divisiones que existen en la familia humana, y contrarrestar los odios raciales y las actitudes separatistas de las naciones y pueblos, habremos logrado complementar [i90] un mundo donde serán imposibles las guerras y la humanidad se verá a sí misma como una sola familia y no como un conglomerado agresivo de numerosas naciones y pueblos que compiten entre sí y fomentan prejuicios y odio. Como hemos visto, tal es la historia del pasado. Hoy el hombre ha evolucionado, de un animal aislado que era, impulsado sólo por el instinto de la autoconservación, la comida y la procreación, pasando por las etapas de la vida familiar, la vida de tribu, la vida nacional, hasta llegar a un punto en que puede captar un ideal aún más amplio -la unidad internacional o el buen funcionamiento de la Humanidad Una. Este creciente idealismo se está abriendo camino hacia el primer plano de la conciencia humana, a pesar de todas las enemistades separatistas, y es en gran parte responsable del gran caos actual y de que se hayan organizado las Naciones Unidas. Ha producido las ideologías contradictorias que buscan expresarse mundialmente, y ha sido causa también de la dramática aparición de los así llamados salvadores nacionales, profetas, trabajadores mundiales, idealistas, oportunistas, dictadores,
investigadores y
filántropos. Estos idealismos antagónicos son signos saludables, [e103] estemos o no de acuerdo con ellos; especulan definidamente con la demanda humana (urgente y justa) por obtener mejores condiciones, más luz, comprensión y colaboración, mayor seguridad, paz y abundancia, en vez del terror, el temor y el hambre.
Es difícil para el hombre moderno concebir una época en que no exista en el pensamiento humano conciencia racial, nacional, o religión separatista. Le fue igualmente difícil al hombre prehistórico concebir una época en que predominara un pensamiento nacionalista, y esto es algo digno de ser recordado. Está muy lejana la época en que la humanidad piense en términos universales, pero el hecho de que podamos hablar de ello, desearlo
y
planearlo, es la garantía más segura de que
no es imposible. La humanidad ha evolucionado siempre de una etapa de iluminación a otra y de una gloria a otra. Actualmente nos encaminamos hacia una civilización mucho mejor [i91] que la que el mundo a conocido, y hacia condiciones que aseguren una humanidad mucho más feliz, la cual verá el fin de las diferencias nacionales y sociales (basadas en la herencia y posición económica), que asegurarán una vida más plena y rica para todos.
Evidentemente deberán transcurrir muchas décadas antes de que sea posible tal estado de cosas -pero serán décadas y no siglos, siempre que la humanidad aprenda la lección de las
guerras e
impida que los grupos reaccionarios y conservadores de todas las, naciones hagan retroceder la civilización a los antiguos y malos moldes. Esto puede comenzarse inmediatamente. La sencillez debe ser nuestra consigna, porque la sencillez eliminará nuestra antigua forma materialista de vivir.
La buena voluntad colaboradora es, seguramente, la primera idea que debe presentarse a las masas y enseñarse en nuestras escuelas como garantía de una nueva y mejor civilización. La comprensión amorosa, aplicada inteligentemente, debe ser la característica de los grupos cultos e inteligentes, a la cual debe, agregarse el esfuerzo, de su parte, para relacionar el mundo de significados con el mundo de los esfuerzos externos, en bien de las masas. La ciudadanía mundial como expresión de buena voluntad y de comprensión, debe ser la meta de los iluminados de todas partes y el signo característico del hombre espiritual; en [e104] estas tres expresiones se hallan establecidas las correctas relaciones entre la religión, la educación y la política.
El trabajo que se está realizando ahora es definitoriamente transitorio y por lo tanto sumamente difícil. Implica el proceso de unir lo viejo con lo nuevo, y presentaría dificultades insuperables si no fuera por el hecho de que las dos generaciones futuras traerán consigo almas capaces de resolver el problema. Respecto a este hecho, los que se ocupan del sistema o de la situación educacional y que están confundidos por la perspectiva que tienen ante sí y la tarea de acercarse a las posibilidades deseadas, no deben tener desconfianza. La claridad mental, el amor y el verdadero sentido de la contemporización (observen esta frase) serán muy útiles para establecer los fundamentos necesarios y mantener totalmente abierta la puerta [i92] hacia el futuro. En este período intermedio tiene lugar un proceso equilibrador, al cual el educador moderno debe prestarle la debida atención.
Quizás pueda indicarles la naturaleza de este proceso. Ya he dicho aquí y en otros escritos, que el alma se arraiga en dos lugares del cuerpo.
Es innecesario delinearles la naturaleza de los sistemas educativos de la era de Acuario, porque resultarían muy inadecuados en este momento. Los menciono porque es necesario recordar que el trabajo que debe realizarse durante los próximos dos siglos en campo de la educación, será definidamente temporario y equilibrador, y del cumplimiento a la tarea asignada a la educación surgirán esos sistemas más duraderos que florecerán en todas partes en la nueva era.
Tres ciencias principales dominarán con el tiempo el campo de la educación de la nueva era, las cuales no rehusarán las actividades de la ciencia moderna, sino que las integrarán en un todo subjetivo y más amplio, y son:
Hemos preparado ya el terreno para considerar las tres ciencias que predominarán en el pensamiento de los educadores de la era futura. La construcción y el desarrollo del antakarana , el desarrollo del poder para controlar la vida y trabajar con magia blanca a través de la ciencia de la meditación, y también la ciencia del servicio, mediante la cual se fomenta y desarrolla el control y la relación grupales, son las tres ciencias fundamentales que guiarán al sicólogo y al educador del futuro. Producirá además un cambio radical en la actitud de los padres hacia los [e110] hijos, en los métodos que ellos emplean para entrenarlos y educarlos desde muy pequeños y durante los años formativos de su conciencia.
Debería recordarles aquí que los padres ya habrán sido educados de acuerdo a este nuevo y distinto régimen y se habrán desarrollado [i98] bajo esta nueva manera de encarar el proceso educativo. Lo que a ustedes pueda parecerles místico y velado (debido a su novedad, a su idealismo y al énfasis puesto sobre una conciencia grupal aparentemente abstracta) a ellos les parecerá normal y natural. Trato de explicarles aquí la posibilidad que tienen por delante las dos o tres generaciones venideras, y me refiero también al reconocimiento de que una nueva ideología de la educación regirá normalmente el método de instrucción.
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