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CAPITULO VI EL PROBLEMA DE LA UNIDAD INTERNACIONAL |
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[e175] [i167] La distribución de los recursos del mundo y la ajustada unidad de los pueblos, son en realidad una misma cosa, porque detrás de todas las guerras modernas existe siempre un problema económico fundamental. Cuando éste se solucione, las guerras cesarán en su mayor parte. En consecuencia, al considerar el mantenimiento de la paz, que las Naciones Unidas en la actualidad lo tratan y lo hacen resaltar, se evidencia inmediatamente que la paz, la seguridad y la estabilidad del mundo, están fundamentalmente ligadas al problema económico. Una vez que estemos libres de necesidades, desaparecerá una de las causas principales de la guerra. Cuando la distribución de la riqueza del mundo no es equitativa y existe el problema de que unas naciones poseen o acaparan todo, mientras otras carecen de lo más elemental para la vida, es evidente que hay un factor que fomenta dificultades y que algo debe hacerse. Por lo tanto nos ocuparemos de la unidad y de la paz del mundo, primordialmente desde el punto de vista económico. Con la terminación de la Segunda Guerra Mundial vino la oportunidad de inaugurar un nuevo y mejor modo de vivir y de establecer la seguridad y la paz que todos los hombres anhelan incesantemente. Tres grupos aparecieron entonces en el mundo: [e176] 1. Los grupos conservadores, reaccionarios y poderosos, que desean conservar, en la medida de lo posible, el pasado; poseen gran poder, pero no visión. 2. Los idealistas fanáticos de todos los países comunistas, demócratas y fascistas. [i168] 3. Las masas inertes de los pueblos de todos los países, ignorantes en su mayor parte, que desean la paz después de la tormenta y la seguridad en lugar del desastre económico, los cuales son víctimas de sus gobernantes, de las antiguas condiciones establecidas, impidiéndoles conocer la verdad de la situación mundial. Todos estos factores producen los desórdenes actuales y condicionan las deliberaciones de las Naciones Unidas. Si bien no existe una guerra global, tampoco hay paz, seguridad ni esperanza inmediata de que se logre. Es esencial para la felicidad y el progreso futuro de la humanidad no volver a las antiguas y erróneas formas políticas, religiosas y económicas. En consecuencia, al ocuparnos de estos problemas, trataremos de señalar las condiciones erróneas que han llevado a la humanidad al presente estado de desastre y casi de cataclismo. Tales condiciones fueron el resultado de los credos religiosos cuyo modo de pensar no progresó durante centenares de años; de los sistemas económicos que ponen el énfasis sobre la acumulación de riquezas y las posesiones materiales y dejan todo el poder y los productos de la tierra en manos de una exigua minoría, mientras el resto de la humanidad lucha por la mera subsistencia; de los regímenes políticos, manejados por políticos corrompidos, por gente de mente totalitaria, especuladores y aquellos que ambicionan posiciones ventajosas y poder, porque aman más eso que a sus semejantes. Es menester que se presenten estas cosas en términos de bienestar espiritual para la humanidad y que se dé una [e177] interpretación más exacta del significado de la palabra espiritual. Ha pasado ya el momento en que se podía trazar una línea divisoria entre los mundos religioso, político y económico. La razón de la corrupción política y el planeamiento ambicioso de la mayoría de los hombres más descollantes del mundo, puede hallarse en el hecho de que las personas espiritualmente orientadas no han asumido -[i169] como deber y responsabilidad espiritual- la dirección de los pueblos. Han dejado el poder en malas manos y han permitido que dirijan los egoístas y los indeseables. La palabra espiritual no pertenece a las iglesias ni a las religiones del mundo. La "religión pura e inmaculada" es caridad pura y seguir desinteresadamente al Cristo. Las iglesias mismas son grandes sistemas capitalistas, especialmente la Iglesia Católica Romana, y evidencian muy poco la mente del Cristo. Las iglesias han tenido su oportunidad, pero hicieron muy poco para cambiar el corazón de los hombres y beneficiar a los pueblos. De acuerdo a la ley cíclica, las ideologías políticas y los planes nacionales e internacionales, actualmente ocupan la atención de los pueblos y se hacen esfuerzos en todas partes por establecer mejores relaciones humanas. Para aquellos que se hallan espiritualmente orientados y para los colaboradores iluminados que trabajan en bien de la humanidad, es un signo de progreso y un indicio de la divinidad innata en el hombre. Verdaderamente espiritual es lo que relaciona al hombre con el hombre, y a éste con Dios, y que se manifiesta como un mundo mejor y como expresión de las Cuatro Libertades en el planeta. Para ellas debe trabajar el hombre espiritual. El Reino de Dios inaugurará un mundo en el cual se llegará a comprender que -en términos políticos- la humanidad en conjunto es de mayor importancia que cualquier nación; será un nuevo orden mundial construido sobre principios diferentes a los del pasado; un mundo en el cual los hombres introducirán la visión espiritual en sus gobiernos [e178] nacionales, en sus planes económicos y en todas las medidas tomadas para establecer seguridad y correctas relaciones humanas. Espiritualidad es, esencialmente, el establecimiento de correctas relaciones humanas, la promoción de la buena voluntad y, finalmente, el establecimiento de la verdadera paz en la tierra, como resultado de estas dos expresiones de la divinidad. [i170] El mundo está colmado actualmente de voces beligerantes; en todas partes se protesta contra las condiciones mundiales; todo se expone a la luz del día; los abusos se denuncian desde los tejados, como el Cristo profetizó que ocurriría. La razón de estas protestas, las discusiones y las ensordecedoras críticas, reside en que a medida que los hombres despiertan a los hechos y empiezan a pensar y a hacer planes, se dan cuenta que la culpa reside en ellos mismos, remordiéndoles la conciencia; son conscientes de la desigualdad de las oportunidades, de los graves abusos, de las profundas diferencias entre los hombres y del factor de discriminación racial y nacional y dudan de sus propias metas individuales y de los planes nacionales. Las masas, en todos los países, empiezan a darse cuenta de que son, en gran parte, responsables de los males, y de que su inercia, falta de acción y de pensamientos correctos, han llevado los asuntos mundiales al estado actual. Esto constituye un desafío, y ningún desafío es siempre bienvenido. Este despertar de las masas y la determinación de las fuerzas reaccionarias y de los intereses capitalistas por conservar lo antiguo y luchar contra lo nuevo, son en gran parte responsables de la crisis mundial actual. La lucha entre las viejas fuerzas atrincheradas y el nuevo idealismo que surge, constituye el problema actual; otros factores -aunque importantes, respecto al individuo o a la nación- tienen poca importancia desde un punto de vista verdadero y espiritual. [e179] La unidad, la paz y la seguridad de las naciones, grandes y pequeñas, no se alcanzarán siguiendo las directivas de los capitalistas codiciosos, ni de los ambiciosos de cualquier nación, aunque se acepten en muchos casos; tampoco se lograrán siguiendo ciegamente una determinada ideología, por más buena que les parezca a quienes están condicionados por ella; sin embargo, hay quienes tratan de imponer al mundo su propia ideología particular -no me refiero solamente a Rusia. Tales condiciones ideales no se alcanzarán esperando que [i171] Dios o el proceso evolutivo cambien las condiciones; hay quienes nada han hecho para ayudar, aunque saben muy bien bajo qué condiciones tienen que trabajar las Naciones Unidas. La unidad, la paz y la seguridad, vendrán mediante el reconocimiento, inteligentemente comprobado, de los males que ha traído la presente situación mundial, para luego dar los pasos inteligentes y comprensivos que conducirán a establecer correctas relaciones humanas, a sustituir el actual sistema de competencia por el de colaboración, y a educar a las masas de todos los países respecto a la verdadera buena voluntad y su poder hasta ahora no utilizado. Esto significará desviar millonarias cantidades de dinero hacia sistemas correctos de educación, en vez de emplearlos para las fuerzas bélicas e invertirlos en ejércitos, armada y armamentos. Esto es lo espiritual y lo importante y para ello deben luchar todos los hombres. La Jerarquía espiritual del planeta está especialmente interesada en descubrir a los hombres que deseen trabajar en este sentido; su principal interés se halla en la humanidad: comprende que los pasos dados por la humanidad, en el futuro inmediato, condicionarán la nueva era y determinarán el destino del hombre. ¿Será un destino de aniquilamiento, de una guerra planetaria, de hambre y pestes mundiales, de una nación contra otra y de un total derrumbe de todo cuanto hace la vida digna de ser vivida? Todo esto puede ocurrir si no se hacen cambios [e180] fundamentales inspirados en la buena voluntad y en la comprensión amorosa. Por otra parte, quizás tengamos un período (de grandes dificultades, pero útil por lo educativo) de reajustes, concesiones y renunciamientos; puede ser que venga un período de correcto reconocimiento de la oportunidad compartida, de esfuerzo unido para desarrollar correctas relaciones humanas y un proceso educativo que enseñará a la juventud de todas las naciones a actuar como ciudadanos del mundo y [i172] no como propagandistas del nacionalismo. Sobre todo, lo más necesario, como resultado de la madurez espiritual, es la abolición de los dos principios que han originado tantos males en el mundo y se resumen en dos palabras: Soberanía y Nacionalismo. Desunión mundial ¿Qué es lo que en estos momentos parece obstaculizar la unidad mundial e impide que las Naciones Unidas lleguen a concretar las soluciones que el hombre de la calle espera tan ansiosamente? No es difícil hallar la respuesta, e implica a todas las naciones: nacionalismo, capitalismo, competencia, codicia ciega y estúpida. Un intenso nacionalismo emocional ha convertido a Polonia en una nación que crea dificultades a la familia de naciones; el materialismo y el temor, además de la falta de interés espiritual, ha convertido a Francia en una constante obstructora y la ha llevado a trabajar en contra de la acción mundial unida; la adhesión fanática a una ideología y la falta de madurez nacional impulsan las actividades de Rusia; el prevaleciente excesivo capitalismo, además de su actitud de potencia armada, hacen de Estados Unidos una de las naciones más temidas; el imperialismo que tanto obstaculiza a Gran Bretaña está desapareciendo rápidamente, y su aferramiento a las responsabilidades y a los territorios, de los cuales se da cuenta que podrían muy bien ser entregados a las Naciones Unidas, entorpecen en la actualidad a Gran Bretaña; la [e181] esperanza de Gran Bretaña reside en sus tendencias socialistas, que le permiten seguir el "camino medio" entre el comunismo de Rusia y el capitalismo de los Estados Unidos. La avaricia complaciente de las naciones que eludieron la guerra, dificultó el progreso; las acciones tortuosas de los judíos y el odio que los mismos fomentan tienden a socavar las esperanzas de paz; el caos existente en la India y la China complica el trabajo de los bien intencionados; el tratamiento anticristiano y antidemocrático que reciben los negros de los Estados Unidos y de África contribuyen [i173] al fermento; la inercia ciega y la falta de interés de la masa del pueblo permiten que ocupen el poder quienes no debieran ocuparlo; el temor al resto del mundo hace que los dirigentes rusos mantengan a sus pueblos en total ignorancia sobre la actitud de las demás naciones, respecto a los asuntos mundiales; el mal empleo del dinero colora la radio y la prensa de Gran Bretaña y aún más en los Estados Unidos, ocultando gran parte de la verdad al pueblo; los levantamientos de los trabajadores en todas partes fomenta los trastornos e impone al público sufrimientos innecesarios; la gran desconfianza política e internacional, la falsa propaganda y la apatía de las iglesias, complican aún más el problema. Pero sobre todo, el culpable es el pueblo que se niega a hacer frente a la vida tal cual es y a reconocer los hechos tales como son. La masa de los hombres debe despertar y darse cuenta que el bien es para todos los hombres y no precisamente para unos pocos grupos privilegiados y enseñar también que "el odio no cesa por el odio, sino que cesa por el amor". Este amor no es un sentimiento, sino buena voluntad práctica, expresándose en las comunidades y naciones por medio de los individuos. Tal es el triste y lamentable cuadro que el mundo, presenta hoy, y sólo los ciegos y los indiferentes pueden negarlo. Unicamente una comprensión clara de la situación y de los orígenes del malestar, servirán para impulsar al género humano a iniciar la acción necesaria. Pero hay otro [e182] aspecto del problema, y existe además lo que podría equilibrar el mal, pero todavía no lo hará ni lo contrarrestará totalmente. En la actualidad, los hombres y mujeres de todas partes -de posición encumbrada o humilde, en cada nación, comunidad y grupo- presentan una visión de las correctas relaciones humanas que deben constituir el canon de la humanidad futura. Ellos divulgan los males que deben ser eliminados, inculcando incesantemente los principios de la nueva era. Tales personas son importantes. En política hay grandes e inteligentes estadistas [i174] que tratan de guiar sabiamente a sus pueblos, pero que tienen mucho que enfrentar; Franklin D. Roosevelt, fue un destacado ejemplo moderno, porque dio lo mejor de sí mismo y murió sirviendo a la humanidad. Hay educadores, escritores y conferencistas esclarecidos en todos los países, que tratan de demostrar al pueblo cuán práctico es el ideal, cuán abundante es la buena voluntad en la humanidad y cuán fácil es aplicar estos ideales porque hay en el mundo hombres y mujeres de buena voluntad en número y suficiente para hacerlo. Éste es el factor importante. Hay también científicos, médicos y agricultores que han dedicado su vida al mejoramiento del vivir humano; hay además eclesiásticos de todos los credos que siguen sinceramente los pasos del Cristo (aunque no son dirigentes) y repudian el materialismo que ha arruinado a las iglesias; hay muchos millones de hombres y mujeres que ven verdaderamente, piensan con claridad y trabajan sin descanso en sus comunidades, para establecer correctas relaciones humanas. Todo el mundo desea seguridad, bienestar y relaciones pacíficas. Pero no podrá haber paz hasta que las Grandes Potencias, en colaboración con las naciones pequeñas, hayan resuelto al problema económico y comprendido que los recursos de tierra no pertenecen a ninguna nación en particular, sino toda la humanidad. El petróleo, la riqueza [e183] mineral, el carbón, el trigo, el azúcar y los granos del mundo, pertenecen a todos los hombres. Estos son los elementos esenciales para el diario vivir del hombre común. El verdadero problema de las Naciones Unidas es doble; implica distribuir adecuadamente los recursos del mundo a fin de que no haya necesidades, y dar igual oportunidad y educación a los hombres de todas partes. La naciones que poseen grandes recursos en realidad no son sus dueños, sino custodios de la riqueza del mundo y depositarios de la misma, para bien de sus semejantes. Llegará [i175] inevitablemente el momento en que, en bien de la paz y de la seguridad, los capitalistas de las diversas naciones se verán obligados a darse cuenta de ello y a reemplazar el viejo principio (que los ha regido hasta ahora) de adueñarse codiciosamente de los recursos, mediante el principio de compartir. En cierta época -hace cien años o más- la justa distribución de la riqueza hubiera sido imposible. Hoy no es así. Existen estadísticas, se han hecho cómputos, se han investigado todos los campos de los recursos de la tierra, y tales investigaciones, cómputos y estadísticas han sido publicados y están a disposición del público. Los hombres que ocupan el poder saben con exactitud en toda nación cuáles son los alimentos, minerales, petróleo, carbón y otros productos necesarios que están disponibles para el uso mundial y que podrían ser distribuidos sobre una base justa y equitativa. Pero las naciones que poseen tales productos los reservan para sí, y los utilizan como punto de "discusión y regateo". El problema de la distribución ya no será difícil cuando la alimentación del mundo esté libre de la política y del capitalismo; debe recordarse además, que contamos con adecuados medios de distribución por mar, tierra y aire. Sin embargo, nada de esto se podrá realizar hasta que las Naciones Unidas empiecen a hablar en términos de una humanidad, en vez de hablar de fronteras, objetivos [e184] técnicos y temores, de regateo sobre el valor del petróleo, como en el cercano Oriente, o con desconfianza, suspicacia y sospecha. Rusia desconfía del capitalismo de Estados Unidos y en menor grado de Gran Bretaña; Sud América empieza a desconfiar de Estados Unidos por su imperialismo; Gran Bretaña y Estados Unidos desconfían de Rusia, por su modo de expresarse, el empleo del veto y su ignorancia acerca del idealismo occidental. Por lo tanto, se debe tener en cuenta que hoy en Gran Bretaña, en Estados Unidos y en Rusia, hay estadistas que tratan de trabajar para el hombre común y hablan [i176] en favor del mismo en los congresos de las naciones. Sin embargo, hasta ahora, la oposición egoísta ha hecho fútil su obra, y los intereses monetarios de muchos países han neutralizado sus esfuerzos. Rusia no tiene intereses monetarios, pero posee vastos recursos en armas y hombres y los pone en contra de los intereses de los capitalistas. Así la guerra continúa y el hombre de la calle espera, desesperanzado, una decisión que lleve a la paz, paz fundada en la seguridad y en las correctas relaciones humanas. Lo que complica más el problema es, y esto debe tenerse en cuenta, que Oriente y Occidente enfrentan la vida desde puntos de vista muy distintos. El acercamiento oriental es negativo y subjetivo, el occidental es positivo y científico y, por consiguiente, objetivo. Esto se complica aún más por el hecho de que Europa occidental y Europa oriental encaran la vida y los problemas modernos desde puntos de vista totalmente distintos, lo cual dificulta la colaboración y complica definidamente los problemas que encaran las Naciones Unidas. La Iglesia y el Estado no simpatizan; el capital y el trabajo están en constante guerra; el hombre de la calle paga el precio, y espera justicia y libertad. Unidad Mundial. [e185] No es posible dar al mundo un ejemplo de perfección, ni solución alguna que traiga un alivio inmediato. Por lo tanto, puedo decir que para los guías espirituales de la raza, ciertas líneas de acción parecen correctas y garantizan actitudes constructivas. 1. La Organización de las Naciones Unidas, con su Asamblea y sus Comités, debe ser apoyada; no existe aún otra organización en que el hombre pueda cifrar sus esperanzas. Por lo tanto, él debe apoyar a las Naciones Unidas, y al mismo tiempo llevar a conocimiento de los líderes mundiales lo que hoy es necesario. 2. El público, en general, de todas las naciones, debe ser educado sobre las correctas relaciones humanas. Sobre todo, debe enseñarse a los niños y a los jóvenes a demostrar [i177] buena voluntad hacia los hombres de todas partes, cualquiera sea su raza o credo. 3. Se debe dedicar tiempo para hacer los ajustes necesarios, y la humanidad tiene que aprender a ser inteligentemente paciente; debe enfrentar con valor y optimismo el lento proceso de construir la nueva civilización. 4. Se debe desarrollar en cada país una opinión pública inteligente y colaboradora. Hacerlo, constituye un importante deber espiritual. Requerirá mucho tiempo, pero si los hombres de buena voluntad y si las personas espirituales del mundo son muy activos, se podrá lograr en veinticinco años. 5. El Consejo Económico Mundial (o cualquiera sea el grupo que represente los recursos del mundo) debe estar libre de la política fraudulenta, de la influencia capitalista y de sus tortuosos planes; debe librar los recursos de la tierra para uso de toda la humanidad. Es una tarea larga, [e186] pero será posible cuando sean apreciadas mejor las necesidades del mundo. Una opinión pública esclarecida hará que las decisiones del Consejo Económico sean prácticas y posibles. Se debe enseñar a compartir y a colaborar en vez de practicar la codicia y la competencia. 6. Debe haber libertad para viajar a todas partes, a cualquier país y en cualquier dirección; mediante este libre intercambio, los miembros de la familia humana llegarán a conocerse mejor y se apreciarán mutuamente; los pasaportes y las visas deben desaparecer porque simbolizan la gran herejía de la separatividad. 7. Las personas de buena voluntad de todo el mundo deben movilizarse y ponerse a trabajar; el porvenir de la humanidad depende de sus esfuerzos; hay millones de personas de buena voluntad en todas partes, y -cuando se los organice y movilice- representarán un vasto sector del público pensante. Por medio del constante, persistente y organizado trabajo de las personas de buena voluntad de todo el mundo, se llegará a la unidad mundial. En la actualidad, [i178] esos hombres están en proceso de organizarse y creen que el trabajo que deben realizar es tan enorme y las fuerzas contrarias tan grandes que sus esfuerzos aislados resultan hoy inútiles para derribar las barreras de la codicia y el odio con las cuales debe enfrentarse. Se dan cuenta que aún no existe la difusión sistemática del principio de buena voluntad, que sería la solución para los problemas del mundo, ni tienen una idea de la fuerza numérica de aquellos que piensan también como ellos. Se formulan las mismas preguntas que preocupan a las mentes de los hombres de todas partes. ¿Cómo se puede establecer el orden? ¿Cómo puede haber una distribución justa de los recursos mundiales? ¿Cómo pueden llegar a ser realidad las Cuatro Libertades y no ser simplemente bellos sueños? ¿Cómo se puede restaurar [e187] la verdadera religión, y que modo de vida espiritual será el que gobierne los corazones de los hombres? ¿Cómo se puede establecer una verdadera prosperidad, que sea el resultado de la unidad, de la paz y de la abundancia? Para ello hay un sólo camino verdadero, hacia el cual, según se ve, se orientan muchos millones de personas. Unidad y correctas relaciones humanas individuales, comunales, nacionales e internacionales, podrán ser alcanzadas mediante la acción concertada de los hombres y mujeres de buena voluntad de todos los países. Estos hombres de buena voluntad deben encontrarse y organizarse para descubrir su potencia numérica, porque existe. Deben constituir un grupo mundial que fomente correctas relaciones humanas y eduque al pueblo sobre la naturaleza y el poder de la buena voluntad. De esta manera, crearán una opinión pública mundial tan potente y tan franca en favor del bienestar humano, que los dirigentes, los estadistas, los políticos, los comerciantes y los eclesiásticos, se verán obligados a escuchar y a cumplir la demanda. Se debe enseñar, firme y regularmente, al público en general, un internacionalismo y una unidad mundial fundada en la simple buena voluntad y la interdependencia cooperativa. [i179] Esto no es un programa místico o impráctico; no se desarrolla valiéndose del procedimiento de acusar, socavar y atacar, sino que hace resaltar la nueva política, por ejemplo, la que se funda en el principio del establecimiento de las correctas relaciones humanas. Cuando este grupo de hombres y mujeres de buena voluntad esté formado por millones de personas, se ubicará entre los explotados y los explotadores, entre los traficantes de armamentos y los pacifistas, entre las masas y sus dirigentes, sin inclinarse ni a uno ni a otro lado, ni manifestar un espíritu partidista, ni fomentar perturbaciones políticas o religiosas, ni nutrir odios. No será un grupo negativo sino positivo, que interpretará el verdadero significado de las correctas relaciones [e188] humanas, representará la unicidad de la humanidad y una práctica y no teórica hermandad. La propagación de estas ideas, por todos los medios disponibles, y la difusión del principio de buena voluntad, producirá un poderoso grupo internacionalmente organizado. Entonces la opinión pública se verá obligada a reconocer el poder del movimiento. Con el tiempo la fuerza numérica de los hombres y mujeres de buena voluntad en el mundo será tan grande, que influenciará los acontecimientos mundiales. Su voz unificada se hará oír en bien de las correctas relaciones humanas. Este movimiento está tomando impulso. En muchos países este plan ya ha pasado la etapa del anteproyecto para la formación de un grupo de personas entrenadas en la buena voluntad, que poseen una clara percepción de los principios que deben regir las relaciones humanas en los asuntos mundiales. El núcleo para este trabajo ya existe. Sus funciones pueden resumirse de la siguiente manera: 1. Restablecer la confianza en el mundo, para que se conozca cuánta buena voluntad organizada hoy en él existe. 2. Educar a las masas sobre los principios y la práctica de la buena voluntad. Las palabras "buena voluntad" son [i180] empleadas ahora por muchos partidos y grupos nacionales e internacionales. 3. Sintetizar y coordinar en un todo funcionante a todos los hombres y mujeres de buena voluntad en el mundo, que reconozcan estos principios como un ideal de orientación personal y dispuestos a aplicarlos a los actuales acontecimientos mundiales o nacionales. 4. Formar en cada país listas con los nombres de hombres y mujeres de buena voluntad con los cuales [e189] se pueda contar para respaldar la unidad mundial, las correctas relaciones humanas, y la difusión de esta idea en el país que resida, a través de la prensa, la radio y las conferencias. Con el tiempo este grupo mundial deberá tener su propio periódico o revista, a través del cual se intensificará el proceso educativo y se demostrará que el principio de buena voluntad es universal y técnico. 5. Establecer en cada país, y con el tiempo en cada ciudad importante, una oficina central para proporcionar información sobre las actividades de los hombres y mujeres de buena voluntad de todo el mundo, y esas organizaciones, grupos y partidos que trabajan en líneas similares para la comprensión internacional y las correctas relaciones humanas. Así muchos descubrirán a quienes quieren cooperar con ellos, en su particular esfuerzo de promover la unidad mundial. 6. Trabajar, como hombres y mujeres de buena voluntad, con todos los grupos que postulan un programa mundial, dedicado a eliminar diferencias mundiales y disputas nacionales y a poner fin a las diferencias raciales. Cuando tales grupos trabajen constructivamente y no empleen la difamación, ni actúen en forma agresiva, ni profesen nacionalismos o partidismos agresivos, sino que los impulse la buena voluntad hacia todos los hombres, entonces se les podrá ofrecer y prestar libremente la colaboración de los hombres de buena voluntad. [i181] No es necesario tener mucha imaginación para darse cuenta que si se trata de difundir buena voluntad y educar a la opinión pública para que desarrolle todo su poder, y sí los hombres de buena voluntad son descubiertos y organizados en todos los países, se puede hacer mucho bien en el [e190] corto plazo de cinco años. Millares de personas podrían ingresar a las filas de los hombres y mujeres de buena voluntad. Esta es la tarea inicial. El poder de un grupo así, respaldado por la opinión pública, será inmenso y alcanzará resultados extraordinarios. De cómo utilizar el poder de la buena voluntad y cómo emplear la voluntad para establecer correctas relaciones humanas es algo que irá surgiendo paulatinamente del trabajo realizado, y enfrentará la necesidad de la situación mundial. El experto empleo del poder que apoya la buena voluntad en bien de las correctas relaciones humanas, se demostrará como algo posible, y podría cambiar el lamentable estado actual de los asuntos del mundo. Pero esto no se logrará con las comunes medidas bélicas del pasado ni con la imposición de la voluntad de algún grupo agresor o adinerado, sino mediante el peso de una opinión pública entrenada; opinión que estará basada sobre la buena voluntad, la comprensión inteligente de la necesidad humana, la determinación de establecer correctas relaciones humanas y el reconocimiento de que los problemas que enfrenta hoy la humanidad, se pueden resolver mediante la buena voluntad. |
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