La reaparición de Cristo - Capítulo 1

      


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CAPÍTULO I

REHABILITACIÓN PSICOLÓGICA DE LAS NACIONES

[e9] [i8] ESTE problema es más complicado y se halla mucho más arraigado de lo que parece a primera vista. Si tuviéramos que ocuparnos únicamente de la psicosis nacional, de las condiciones mentales inducidas por la guerra y por haber participado en ella, el problema sería de por sí bastante agudo, pero podría ser resuelto fácilmente por el restablecimiento de la seguridad, un sensato tratamiento psicológico de las distintas nacionalidades, la rehabilitación física y el restablecimiento de la libertad, de la oportunidad y del bienestar y sobre todo, organizando a los hombres y mujeres de buena voluntad. Este último grupo debería demostrar que está dispuesto a llevar a cabo los procesos educativos necesarios y (lo que es mucho más importante) se esfuerza por transmitir inspiración espiritual -algo que la humanidad necesita hoy urgentemente. Hay en la actualidad suficientes hombres y mujeres de buena voluntad que puedan realizarlo, siempre que se pueda llegar a ellos, inspirarlos y apoyarlos en su esfuerzo, tanto material como espiritualmente.

La situación es mucho más difícil de lo que parece al analizarla superficialmente. El problema psicológico implicado posee un trasfondo de siglos; es inherente al alma de cada nación y condiciona actualmente la mente de todos esos pueblos. Aquí reside la mayor dificultad, la cual no [e10] cederá fácilmente ante cualquier esfuerzo o empresa espiritual, aunque sea llevada a cabo por las iglesias organizadas (que demuestran una profunda falta [i9] de apreciación del problema) o los grupos e individuos orientados espiritualmente.

El trabajo que debe realizarse es tan agudamente necesario, y el riesgo de que no se realice es tan tremendo que, lógicamente indica que ciertas importantes y peligrosas líneas y determinadas actitudes nacionales, constituirían una amenaza para la paz del mundo. Estos problemas se dividen en dos categorías:

I. Los problemas psicológicos internos de cada nación.

II. Los problemas mundiales, tales como la relación entre las naciones, la economía y las fuerzas laborales.

Antes de que el mundo pueda llegar a ser un lugar más seguro, agradable, sano y bello, todas las naciones deben hacer un balance y comenzar a solucionar sus propias debilidades y complejos psicológicos. Cada nación debe disfrutar de buena salud mental y esforzarse por alcanzar sensatos objetivos psicológicos. Además debe lograrse la unidad internacional basada no sólo en la mutua confianza, sino en los correctos objetivos mundiales y en la verdadera comprensión psicológica.

Los hombres y mujeres de todas partes ya están trabajando para el mejoramiento individual; en cada nación hay grupos similarmente motivados; el impulso por obtener una mayor belleza de expresión, mejor carácter y mejores condiciones de vida, es la eterna característica predominante del género humano. En las primeras épocas de la historia de la raza este impulso fue manifestado por el deseo de mejorar las circunstancias materiales y el medio ambiente; este anhelo se expresa hoy como una demanda [e11] para obtener belleza, bienestar y cultura; clama por obtener la oportunidad de trabajar en forma creadora y pasa, gradual pero inevitablemente, a la etapa en que las correctas relaciones humanas lleguen a ser de primordial importancia.

En la actualidad cada nación tiene ante sí una grande y excepcional oportunidad. Hasta ahora el problema de integración psicológica, vida inteligente, crecimiento espiritual y [i10] revelación divina, ha sido tratado solamente desde el punto de vista del hombre, el ente. Debido a los progresos científicos del género humano (como resultado del desarrollo del intelecto humano) es posible pensar en términos más amplios y ver a la humanidad en una perspectiva más real. Nuestro horizonte se extiende hasta el infinito y nuestros ojos ya no están fijos en un primer plano. Hoy se reconoce la unidad familiar en relación con la comunidad, a la cual vemos como parte integrante y efectiva de la ciudad, del estado o de la nación. Tenuemente, aunque todavía en forma ineficaz, estamos proyectando este mismo concepto hacia el campo de las relaciones internacionales. Los pensadores actúan en todo el mundo en forma internacional, lo cual garantiza el futuro, porque sólo cuando los hombres piensen en estos términos más amplios, será posible la fusión de todos ellos, la hermandad vendrá a la existencia y la humanidad será una realidad en nuestra conciencia.

La mayoría de los hombres piensan hoy en términos de su propia nación o grupo, el cual es el concepto más amplio que poseen; han sobrepasado la etapa de su individual bienestar físico y mental y visualizan la posibilidad de aportar su cuota de utilidad y estabilidad al todo nacional, y tratan -de colaborar, comprender y acrecentar el bien de la comunidad. Esto no es raro, pero describe la actitud que asumen miles de personas de cada nación. Tal espíritu y actitud caracterizarán algún día la actitud de una nación respecto de otra, lo cual no ocurre en la actualidad, porque [e12] rige una psicología muy diferente. Las naciones buscan y exigen lo mejor para sí mismas, no importa lo que ello implique para otras naciones, y consideran esto una actitud correcta y típica de buena ciudadanía; además están caracterizadas por odios y prejuicios, muchos de los cuales no se justifican hoy, como no se justificaría emplear un lenguaje obsceno en una reunión religiosa; están también divididas dentro de sus fronteras y separadas por barreras raciales, diferencias [i11] partidarias y actitudes religiosas, lo cual trae inevitablemente desorden y finalmente produce desastres.

Un intenso espíritu nacionalista -afirmativo y jactancioso- caracteriza a los ciudadanos de la mayoría de los países, especialmente en sus mutuas relaciones. Esto engendra antipatía y desconfianza y perturba las correctas relaciones humanas. Todas las naciones son culpables de estas cualidades y actitudes, expresadas de acuerdo a su grado de cultura e ingenio individuales. En todas las naciones como en todas las familias, existen grupos o individuos que son reconocidos como fuente de dificultades, por personas bien intencionadas. Dentro de la comunidad internacional algunos países son y fueron durante largo tiempo agentes perturbadores.

El problema de la interrelación e interacción entre naciones es en su mayor parte psicológico.

Los efectos del alma de una nación son poderosos. La forma mental nacional (creada en el transcurso de los siglos por el pensamiento, los objetivos y las ambiciones de una nación) constituye su objetivo ideal y es muy eficaz para condicionar al pueblo.

Un polaco, un francés, un americano, un hindú, un británico o un alemán, son fácilmente reconocibles dondequiera que se encuentren. Tal reconocimiento no depende exclusivamente de su apariencia, acento o hábitos, sino principalmente de la expresión de su actitud mental, de su sentido de lo relativo y la afirmación de su nacionalidad, [e13] indicios que expresan la reacción a determinada forma mental nacional bajo la cual el hombre se ha formado. Si dicha reacción lo convierte en un buen ciudadano, que colabora dentro de los límites nacionales, es bueno y deseable; si por el contrario lo hace prepotente, orgulloso y separatista en su modo de pensar, que censura a los ciudadanos de otros países, contribuye a la desunión mundial y a la perturbación internacional, y esto amenaza la paz del mundo. Por lo tanto el problema llega a ser compartido por todos los pueblos. Las naciones pueden ser (y frecuentemente lo son) antisociales, [i12] pues contienen en sí ese elemento.

El propio interés y sus habilidades inherentes constituyen la característica que predomina hoy en la mayoría de los hombres. No obstante, en todos los países se encuentran quienes han trascendido tales actitudes autocentradas y se interesan por el bienestar cívico y nacional, más que por sí mismos. Unos pocos, en verdad muy pocos, en lo que a las masas humanas se refiere, piensan en forma internacional y se preocupan del bienestar de la humanidad como una totalidad. Anhelan ansiosamente que se reconozca el Mundo Uno y la Humanidad Una.

La etapa del egoísmo nacional y de la determinación fija de preservar la integridad nacional -interpretadas con frecuencia en términos de fronteras y ampliación comercial- ha de desaparecer gradualmente.

Las naciones deben llegar a una comprensión más benéfica y considerar que su cultura y recursos nacionales, más su capacidad de servir al género humano, son contribuciones que deben hacer en bien de la totalidad. La importancia dada a las posesiones materiales y a los extensos territorios, no indican madurez; luchar para conservarlos o expandirlos, son signos de inmadurez, propia del adolescente. El género humano recién ahora está creciendo, y la humanidad está demostrando un mayor sentido de responsabilidad, capacidad para resolver sus propios problemas y [e14] pensar en términos más amplios. La última guerra mundial fue sintomática de la inmadurez, del pensar adolescente, de las incontroladas emociones infantiles y de los reclamos (por parte de las naciones antisociales) de lo que no les pertenece, como infantes que siempre piden más. El intenso aislamiento y la política de no intervención de ciertos grupos de los Estados Unidos, la demanda por una Australia y Sud Africa blancas, el lema "América para los americanos", el imperialismo británico y los insistentes reclamos de Francia por ser reconocida, son otros ejemplos. Todo indica incapacidad de pensar en términos más amplios, expresa [i13] irresponsabilidad mundial y pone de manifiesto el infantilismo de la raza, incapaz de captar la amplitud del todo, del cual cada nación forma parte. La guerra y la constante demanda por fronteras territoriales, basadas en la historia pasada; el aferramiento a posesiones materiales y nacionales a expensas de otros pueblos, será algún día considerada por una raza de hombres más maduros, como riñas infantiles por un juguete favorito. Llegará el día en que no se oirá ya el desafiante grito de "esto es mío". Mientras tanto, este espíritu agresivo y falto de madurez, dio origen a la guerra 1914-1945. Dentro de mil años la historia lo calificará como el colmo del egoísmo infantil que niños codiciosos iniciaron, a cuyos métodos agresivos no se supo poner término, porque las otras naciones fueron demasiado infantiles para actuar con firmeza ante los primeros indicios de una guerra.

La raza enfrenta una nueva crisis de oportunidad, tendrán importancia los nuevos valores y se considerará deseable el establecimiento de las correctas relaciones humanas, no sólo desde el punto de vista idealista, sino desde un ángulo totalmente egoísta. Algún día los principios de colaboración y participación reemplazarán a los de la codicia posesiva y la competencia.

[e15] Tal el inevitable y próximo paso que debe dar la humanidad, paso para el cual el proceso evolutivo ha preparado al género humano.

El egoísmo y el interés propios impidieron a varias naciones ponerse del lado de las Fuerzas de la Luz, manteniendo una neutralidad egoísta y prolongando la guerra durante años. Cuando Alemania invadió Polonia y como consecuencia Francia y Gran Bretaña le declararon la guerra, ¿no es lógico pensar que si todas las naciones del mundo civilizado le hubieran declarado sin excepción la guerra y su hubiesen unido para derrotar al agresor, ésta no habría durado lo que duró? La política interna, la envidia internacional, [i14] la desconfianza y los viejos rencores, el temor y la negativa a reconocer los hechos, trajeron desunión. Si todas las naciones hubieran visto las cosas con claridad, y hubiesen renunciado en 1939 a su egoísmo individual, la guerra habría terminado mucho antes. Si todos hubieran decidido actuar cuando Japón entró en Manchuria, e Italia en Etiopía, la guerra que ha devastado a todo el planeta no hubiese sido posible. A este respecto no hay nación que esté libre de culpa.

Es necesario poner esto en claro, a fin de que se piense en forma correcta al encarar el mundo de hoy e iniciar los pasos que, a su debido tiempo, nos llevarán a la seguridad mundial. Este período deberá enfrentarlo cada nación con sentido de culpabilidad individual y de innato fracaso psicológico. Es difícil admitir que ninguna nación (incluso la propia) tenga las manos limpias, y que todas sean culpables de la codicia y el latrocinio, de la separatividad, el orgullo y los prejuicios, lo mismo que de los odios nacionales y raciales. Todas las naciones tienen que hacer una limpieza interna, y deben hacerla conjuntamente con sus esfuerzos externos a fin de traer un mundo mejor y más habitable, con una conciencia mundial motivada en la idea del bien general, donde se ponga el énfasis en los valores superiores más que en los individuales y las ganancias [e16] nacionales y donde se enseñe a los pueblos la correcta ciudadanía nacional por un lado, y las responsabilidades de la ciudadanía mundial por otro.

¿Es este cuadro demasiado idealista? La garantía de su posibilidad reside en el hecho de que miles de personas piensan actualmente de acuerdo a estas líneas idealistas; miles de ellas se ocupan de forjar planes para un mundo mejor y otras hablan de tal posibilidad. Todas las ideas que emanan de lo divino en el hombre y en la naturaleza, se convierten oportunamente en ideales (aunque algo deformado el proceso) y finalmente en principios que rigen [i15] a las masas. Tal la verdadera secuencia del proceso histórico.

Podría ser de utilidad analizar brevemente algunos de los reajustes psicológicos que las naciones deben realizar dentro de sus propias fronteras, pues la reforma debe comenzar por casa; luego analizaremos el panorama mundial, que nos dará una nueva visión. La antigua afirmación bíblica "Donde no hay visión los pueblos perecen" tiene una base científica.

La historia nos presenta un largo pasado de luchas, guerras, cambios de fronteras, descubrimientos y rápidas anexiones de nuevos territorios, donde está implicado el subyugamiento de los nativos, a veces de gran beneficio para ellos, pero generalmente inexcusables. El espíritu nacionalista y su difusión es el trasfondo de la historia moderna, tal como se enseña en nuestras escuelas, nutriendo así el orgullo nacional y engendrando enemistades nacionales, odio y envidia raciales. La historia se preocupa de las líneas de demarcación entre los países y el tipo de regímenes que cada uno ha desarrollado, líneas que se defienden rígidamente, y la adopción del pasaporte en este siglo, indica la cristalización de esta idea. La historia describe la tenaz [e17] determinación de cada país en preservar sus fronteras a toda costa, mantener intactas su civilización y cultura, ampliándolas en lo posible, sin compartir nada con otras naciones, excepto lo que sea de beneficio económico, para lo cual existe una legislación internacional. Sin embargo, la humanidad es siempre una sola, y los productos de la tierra pertenecen a todos. Tal actitud errónea no sólo ha fomentado el sentido de separatividad, sino que ha traído la explotación de los grupos más débiles, por los más fuertes, y el derrumbe de la vida económica de las masas, producido por un mero puñado de grupos poderosos.

Los antiguos hábitos de pensar y reaccionar masivamente son difíciles de superar. Aquí reside el principal campo de batalla del mundo. Hay que reeducar a [i16] la opinión pública. Las naciones retoman los modos de conducta y pensamiento profundamente arraigados, que caracterizaron a las naciones durante generaciones. En bien del interés general es necesario enfrentar nuestro pasado, reconocer las nuevas tendencias y renunciar a los viejos modos de pensar, sentir y actuar, si no queremos que la humanidad descienda a mayores profundidades que en la última guerra.

En todas las naciones se oyen las voces del antiguo orden y las exigencias de elementos reaccionarios, así como también las demandas de ciertos grupos extremistas. Debido a que los conservadores han imperado durante tanto tiempo ejercen gran influencia, y debido también a que la humanidad está exhausta, emprenderá cualquier acción que demanden los conservadores para asegurar un rápido retorno a la normalidad, a no ser que quienes poseen una nueva visión actúen con prontitud y sabiduría -sobre lo cual hay muy pocos indicios en la actualidad.

FRANCIA

De Francia surge el clamor para que se le reconozca su antigua gloria, se le recuerde su tradicional tarea de [e18] representar la principal influencia civilizadora en la vieja Europa y se la resguarde y proteja. Exige que nada se haga sin consultarla. Sin embargo ha presentado durante décadas al mundo un cuadro de gran desunión, corrupción y negociados políticos; ha evidenciado siempre profundo amor y avidez por la compensación material, enorgullecida de su realismo, pero sin idealismo espiritual alguno; y la realidad subjetiva la reemplazó por la brillantez del intelecto y la aguda percepción científica. ¿Habrá aprendido Francia, de su derrumbe en 1940, que los valores del espíritu deben reemplazar a los que hasta ahora fueron sus móviles? ¿Se habrá dado cuenta que debe recuperar el respeto del mundo -respeto perdido cuando se rindió y buscó colaboración [i17] demostrando ser innatamente más débil que las naciones pequeñas que lucharon hasta verse obligadas a aceptar la derrota? ¿Puede surgir, Francia, purificada de esta prueba y capacitarse para demostrar una nueva facultad de pensar en términos de relaciones internacionales altruistas y no exclusivamente en términos de civilización materialista, que tan maravillosamente ha puesto de manifiesto durante tantos siglos? Puede hacerlo y eventualmente lo hará. Su brillante intelecto (cuando se vuelque al estudio de las cosas del espíritu) podrá superar la búsqueda de las mentes menos capacitadas y aplicar la percepción y habilidad de expresar ideas en términos concisos y claros como el cristal a fin de exponer las verdades eternas.

Cuando Francia descubra su propia alma espiritual, no sólo su alma intelectual, llegará a ser el medio que revelará la naturaleza del alma del hombre. En el pasado ha revelado la naturaleza del alma humana, en su etapa de egoísmo e individualismo más intensos. A través del fuego y el dolor demostrará posteriormente las cualidades del espíritu del hombre. El problema psicológico que Francia debe enfrentar en la actualidad, del cual son conscientes algunos de sus mejores pensadores, se debe a que ha puesto demasiado énfasis sobre los valores materiales, acentuando [e19] excesivamente la importancia que ella tiene para el mundo, en vez de hacer resaltar la actitud internacional hacia ella misma, en términos de altruistas relaciones humanas. ¿Podrá Francia aprender a pensar en términos de, para y por aquellos que viven más allá de sus fronteras, o continuará pensando únicamente en sí misma? A estos interrogantes ella debe responder.

ALEMANIA

No hay mucho que decir de los defectos de Alemania, pues fueron expuestos en forma dolorosamente clara ante todo el mundo. La Alemania de los escritores y poetas místicos de la Edad Media volverá a surgir -la Alemania de los festivales musicales que [i18] dio al mundo lo mejor de la música de todos los tiempos; la Alemania de Schiller y Goethe y la Alemania de los filósofos. El principal defecto del pueblo alemán es su extrema negatividad, que hace que sea el pueblo más fácilmente condicionado de todas las épocas, más su capacidad de aceptar la dictadura y propaganda sin revelarse ni protestar, con un profundo sentido de inferioridad. El pueblo alemán es, en consecuencia, fácilmente explotado, convencido y regimentado por quienes gritan y amenazan.

Esta negatividad ha de ser superada; debe prestarse atención al cuidadoso entrenamiento del individuo para que piense y actúe por sí mismo y dé más importancia a sus propias ideas, todo ello con espíritu de buena voluntad, que debería ser la nota clave fundamental de la educación futura del pueblo alemán. Dado esto, más la correcta propaganda idealista, el pueblo alemán podrá adquirir correctos hábitos de pensar, con la misma facilidad con que ha sido conducido por el mal camino y llevado a la separatividad. La regimentación del pueblo alemán tendrá que continuar así por mucho tiempo, pero deberá cambiar totalmente sus móviles. Su principal problema psicológico consiste en reconocer [e20] su relación con todos los demás pueblos, en términos de igualdad. La mayor dificultad que enfrentarán las Naciones Unidas será hallar un dirigente fuerte y bueno, capaz de imponer tal regimentación con espíritu de comprensión y buena voluntad, mientras sea necesario, y hasta que los hombres y mujeres alemanes puedan pensar por sí mismos y no respondan a la propaganda de un grupo o de una casta militar. La responsabilidad de los Aliados es grande. ¿Sabrán aprovechar el hecho de que el pueblo alemán responde con facilidad a la propaganda y tratarán de explotarla en forma espiritual y adecuada? ¿Procurarán que las instituciones educativas de ese  desdichado país sean puestas en manos de quienes posean una clara visión del futuro y tengan la firme determinación de enseñar a la nueva generación a reconocerse [i19] como hombres y no como superhombres? ¿Podrán inculcar en la conciencia de los niños de hoy, y en los del futuro, el significado y la importancia de las correctas relaciones humanas? ¿Podrá continuar este proceso educativo durante el tiempo necesario? Aquí reside la prueba de las verdaderas intenciones de las Naciones Unidas. No debe olvidarse el potencial espiritual del pueblo alemán; hay que mirar adelante y enseñarle lo que puede llegar a ser. Prácticamente hablando, puede cambiar más fácilmente que cualquier otra nación europea, utilizando métodos correctos de enseñanza y condicionamiento. Alemania expresa aún conciencia de rebaño, la cual debe ser transmutada en conciencia grupal -la conciencia del hombre libre que colabora con otros hombres de buena voluntad para bien del todo.

GRAN BRETAÑA

Gran Bretaña ha sido una potencia grande e imperialista. Su espíritu adquisitivo, su tenacidad y la firmeza en las maniobras políticas, durante el pasado, justifican esta acusación. Ha aplicado "el poder político" y ha llegado a [e21] ser experta en mantener el equilibrio entre las naciones, a fin de preservar el "statu quo" y la integridad de las Islas Británicas. Ha trabajado con persistencia para lograr una estabilidad entre las naciones, lo cual le ha permitido actuar sin rozamientos y alcanzar sus propios fines. Ha sido acusada de llevar a cabo un intenso comercio y le ha sido aplicada por otras naciones la frase: "nación de mercaderes". Por lo general los británicos son antipáticos para otros pueblos; su altanería y orgullo nacional y su actitud de ser dueños del mundo alejan a muchos. Gran Bretaña aplica el sentido de casta en todas sus relaciones internacionales, así como el sistema de diferencias de clase ha controlado sus relaciones internas durante épocas.

Tales acusaciones se fundan en la verdad, y los enemigos [i20] de Gran Bretaña pueden promover una causa ante cualquier tribunal. Los británicos han sido reaccionarios, excesivamente precavidos y conservadores, flemáticos y propensos a sentirse satisfechos por las condiciones existentes, especialmente si esas condiciones son estrictamente británicas, características que causaron la extrema indignación de otros pueblos, especialmente de la nación que surgió de Gran Bretaña, los Estados Unidos.

Éste es un aspecto del problema. Pero los británicos no son antisociales; están a la vanguardia de las reformas sociales, habiendo instituido, antes que otros países, medidas tales como el sistema de pensión a la vejez. Son muy paternales en el trato con las naciones pequeñas y menos desarrolladas, a las cuales realmente han ayudado. Por ser conservadores les es difícil saber cuándo deben retirar la ayuda paternal. El lema de la Casa de Gales es: "Yo sirvo". La tendencia innata de la casa británica es servir a las naciones y razas reunidas bajo el Pabellón de la Unión.

Debe recordarse que desde principios del siglo XX se han producido grandes cambios en el modo de pensar del pueblo inglés. Las cosas viejas han desaparecido; el sistema [e22] de castas con su altivez, separatividad y paternalismo va desapareciendo rápidamente a medida que la guerra y el laborismo acentúan la igualdad esencial. Gran Bretaña no trata ya de conquistar más territorios, pues es hoy una Confederación de Naciones totalmente independientes.

El principal problema psicológico del pueblo británico reside en conquistar la confianza del mundo y hacer que otras naciones reconozcan la justicia existente y las buenas intenciones en su modo de pensar y planear. Esta confianza la ha perdido en los últimos siglos, pero va recuperándola lentamente. Su actitud hacia los asuntos mundiales tiene ahora una base internacional; desea el bien de la totalidad y está dispuesta a hacer sacrificios en bien del todo; sus intenciones son justas y tiene buena disposición para cooperar; los ciudadanos de Gran Bretaña son valientes y [i21] sensatos en su modo de pensar, y se sienten molestos por la antipatía que les ha acarreado su historia. Si abandonara su orgullosa y cautelosa reticencia, Gran Bretaña y las demás naciones podrían marchar juntas por el camino de la vida, con pocas desavenencias.

RUSIA

Rusia se mantiene hoy como un gran enigma para el resto del mundo. Su potencialidad para el servicio humano y su capacidad para imponer su voluntad en gran escala, sobre el entero mundo, sobrepasan las de cualquier otra nación. Esto en sí genera desconfianza. Su territorio abarca gran parte de Europa y todo el norte de Asia. Ha pasado por una grande y cruel revolución con su consiguiente período de reajuste. Se está preparando para colaborar con el mundo, evidenciando el deseo de que esto sea logrado de acuerdo a sus propias condiciones, lo cual implica un control general de otros países, comenzando por las naciones más pequeñas de su frontera occidental. Está llevando a los pueblos de su país, de la ignorancia y la pobreza, al [e23] conocimiento y la suficiencia. El resto del mundo tiene recelos de Rusia, especialmente los elementos conservadores, y esto por dos razones. Primero, por la crueldad con que se iniciaron las primeras etapas de su revolución -el período que denominamos "bolchevismo"- y, segundo, por el consiguiente y premeditado período de determinado aislamiento tras sus herméticas fronteras. Sin embargo, ha sido un silencio creador. La guerra obligó después a Rusia a romper su silencio para colaborar mundialmente, y se vio forzada a participar en la guerra mundial. Rusia es el hogar de una naciente revelación de gran valor espiritual y de significación grupal, lo cual será una revelación para todo el género humano. Esta comprensión un tanto inexacta y tenuemente presentida, la ha conducido a difundir su insidiosa propaganda.

[i22] Rusia ha creado fermentos en otros países, antes que se sepa cuál es la revelación que custodia. Por lo tanto su actividad es prematura. El verdadero secreto de la hermandad (hasta ahora desconocido e incomprendido) le pertenece, y lo revelará al mundo, pero aún ignora lo que es. El hecho de que Rusia sea el custodio espiritual de una revelación, es presentido por otras naciones del mundo; la primera reacción ha sido de temor, fundado en ciertos errores iniciales y en su prematura actividad en el plano físico. No obstante todos los pueblos miran expectantes hacia Rusia, y se dan cuenta vagamente de que de ella surgirá algo nuevo, porque Rusia se halla en un rápido proceso de maduración e integración y demostrará que tiene mucho que dar.

El mundo de hoy presencia el surgimiento y la elevación de una nación que ha logrado en un cuarto de siglo lo que otras naciones han tardado muchas generaciones en realizar. Rusia es un gigante que está entrando en su elemento; un gigante joven, consciente de sus grandes posibilidades, animado por un espíritu profundamente religioso, [e24] aunque no ortodoxo, entorpecido por una mezcla de tendencias orientales y propósitos occidentales; el mundo desconfía de ella debido a que sus primeros pasos fueron dados en falso, para infiltrarse en otras naciones a fin de minar la estabilidad, debilitarlas y arrastrarlas fácilmente hacia la casa de la humanidad que Rusia trata de construir. Internamente -aunque todavía inconscientemente- se siente impulsada por un deseo de traer a la existencia la hermandad. ¿Será aceptado este diagnóstico de la gran incógnita que encierra Rusia? Sólo el tiempo, más la inteligente actitud y la sensata propaganda de Rusia, probarán la exactitud de esta afirmación. El problema psicológico de la URSS es, en última instancia, atender sus propios asuntos, estabilizar e integrar su inmensa población y conducir a su pueblo aún más hacia la luz. Rusia debe aprender a [i23] cooperar con otras potencias sobre una base de igualdad. No debe tratar de atraer a su zona de influencia, por designio o ambición, a las pequeñas potencias contra sus deseos, o valerse de la presión y la fuerza indebidas. Tiene que hacer muchas cosas para sus habitantes en los inmensos territorios que están dentro de su esfera de influencia; las otras naciones deben cumplir su propio destino sin ser forzadamente regidas por ella. El problema de Rusia consiste ante todo en dar a las demás naciones del mundo el ejemplo de un gobierno inteligente, la libre expresión del propósito individual y la implantación de una educación incluyente y sólida, en forma tal, que las demás naciones se rijan por lo que Rusia demostrará, conservando al mismo tiempo sus propios métodos culturales, la forma de gobierno que han elegido y su propia manera de expresar la hermandad. Rusia representa inherentemente una nueva conciencia mundial y, por su intermedio, se forjará paulatinamente en el fuego del experimento y la experiencia una nueva expresión planetaria.

Esa gran nación (síntesis de Oriente y Occidente) tiene que aprender a gobernar sin crueldad y a no infringir [e25] el libre albedrío del individuo, puesto que tiene plena confianza en la beneficencia de los ideales que ella ha desarrollado, pero que todavía no son expresados

POLONIA

La larga historia del pueblo polaco le impone la responsabilidad de afectar culturalmente a las naciones que lo rodean y de darse espiritualmente, de lo cual parece aún no haberse dado cuenta. Lo ciega el constante énfasis sobre las posesiones territoriales y no ve el verdadero valor de su posible contribución al mundo. Por ser un pueblo fuertemente individualista y emocional, se halla en un estado de [i24] constante desunión y fricción dentro de sus fronteras, pues carece de unidad interna. Su problema psicológico consiste en lograr esa integración basada en la eliminación de los odios raciales. Necesita resolver sus problemas nacionales en términos de buena voluntad y no de intereses egoístas. Su verdadero problema es alcanzar correctas relaciones internas.

Aunque los problemas de las fronteras, posesiones, territorios, colonias y empresas de orden material, parecen enormes ante los ojos de las naciones, el hecho de que el énfasis sea tan estrictamente materialista indica su poca y relativa importancia si se lo considera en su verdadera perspectiva. El único factor importante ahora es la humanidad misma. Frente a la angustia, al malestar y a las privaciones de los seres humanos, es una estupidez preocuparse por los problemas fronterizos. Habrá que hacer reajustes y determinar las fronteras, pero la decisión final no se basará en la historia ni en las glorias pasadas, sino en lo que es mejor para los pueblos implicados, los cuales deben decidirlo.

La guerra mundial fue proclamada por las mejores mentes y por los idealistas de las Naciones aliadas, como [e26] una lucha emprendida ostensiblemente en favor de la libertad humana; sin embargo, todas las grandes potencias entraron en ella con móviles egoístas y para su propia conservación, lo cual es reconocido universalmente. Todas tienen en mayor o menor medida un subyacente, sólido y altruista idealismo: liberar a la humanidad de las dictaduras. Después de las guerras viene la prueba del Éxito de la victoria. Si las naciones del mundo obtienen los beneficios de la libre elección; si se permite a los pueblos de las zonas disputadas decidir mediante un plebiscito libre, a quien deben su lealtad y adhesión, y si se concede libertad de palabra, de culto y verdadera libertad de prensa, radio y televisión, toda la familia humana habrá dado un gran paso adelante. 

ESTADOS UNIDOS

[i25] El problema psicológico que los Estados Unidos de América deben enfrentar, consiste en aprender a cargar con la responsabilidad mundial. Tanto Gran Bretaña como Rusia han aprendido esa lección en alguna forma.

El pueblo estadounidense, a medida que atraviesa el periodo de adolescencia, debe aprender las lecciones de la vida mediante la investigación y la experiencia consiguiente, lección que todos los pueblos jóvenes deben aprender. La raza germana es vieja; la nación alemana es muy joven. El pueblo italiano es de origen muy antiguo; el Estado italiano es históricamente de época muy reciente. La culpa de ser joven -si es una culpa- es también aplicable a los Estados Unidos. Esta nación tiene por delante un gran porvenir, pero no es por su poder material o su capacidad comercial, como creen los que piensan en términos materiales. La razón reside en su innato idealismo, profundamente espiritual, en su enorme potencialidad humanitaria y, sobre todo, en que desciende de una rama virgen y sana, en su mayor parte de origen campesino y de la clase media, [e27] lo cual determina la raza. Paulatinamente, en todas las naciones, el poder de gobernar y determinar las ideologías prácticas ha ido pasando rápidamente a manos del "pueblo", saliendo de las llamadas clases dirigente y aristocrática. Países tales como Gran Bretaña y Francia, que han aceptado las tendencias evolutivas determinantes, pueden avanzar hacia el futuro más fácilmente que esos países como España y Polonia, que durante siglos han estado regidos por una aristocracia dominante y una Iglesia políticamente orientada. Los Estados Unidos de Norte América no tienen tales entorpecimientos, excepto en la medida en que el capital y las finanzas tratan de dominar. Esto también es aplicable en gran parte a Gran Bretaña.

El pueblo de los Estados Unidos tiene sus raíces en otros pueblos de los cuales [i26] son oriundos sus antecesores. No tienen población indígena, excepto los pieles rojas, que han sido implacablemente desposeídos por las avalanchas procedentes de otras tierras. Los grupos raciales dentro de los Estados llevan todavía la marca de su herencia y son psicológica y físicamente de origen racial italiano, británico, finlandés, alemán y de otros orígenes. En esto reside parte de la maravilla de esta nación que va integrándose rápidamente.

Simbólicamente hablando, el pueblo de los Estados Unidos, como toda persona joven, presenta también los caracteres de la adolescencia. Hablando nuevamente en términos simbólicos, el pueblo estadounidense tiene la edad de diecisiete a veinticuatro años.

Grita libertad y no es libre; no quiere que se le diga lo que tiene que hacer, porque se le infringen sus derechos; no obstante se deja guiar por políticos partidistas, incapaces e ineptos; es ampliamente tolerante respecto a otras naciones, y está siempre dispuesto a enseñar a otras naciones cómo manejar sus asuntos, pero todavía no ha probado su capacidad para manejar los propios, como lo demuestra [e28] el tratamiento que se les da a los negros estadounidenses, a quienes se les niega libertad y oportunidad. Lo experimenta incansablemente en todos los aspectos de la vida, en toda clase de ideas y en toda especie de relaciones. El poder creador de la raza se manifiesta en el maravilloso dominio de la naturaleza y en los grandes proyectos de construcción de represas para control hidráulico o construcciones, que relacionan todas las zonas de este vasto país mediante caminos y canales. Norte América es un gran campo de batalla para los experimentos creadores y está profundamente interesada en comprobar todo tipo de ideologías. La lucha entre el capital y el trabajo alcanzará su culminación en los Estados Unidos, pero también se librará en Gran Bretaña y Francia. Rusia tiene ya su solución propia; pero las naciones menores del mundo serán orientadas y se condicionarán [i27] de acuerdo al resultado de esta batalla a librarse en la Confederación Británica de Naciones y en los Estados Unidos.

El orden debe ser establecido en los Estados Unidos, y vendrá cuando la libertad sea interpretada en términos de disciplina autoimpuesta; la libertad, que puede convertirse en libertinaje y ser interpretada por cada individuo para su propio interés, constituye un peligro que debe evitarse. Las mentes más esclarecidas son profundamente conscientes de ese peligro.

Así como ocurre con la gente joven, los estadounidenses se sienten superiores a naciones más maduras; tienden a creer que poseen un idealismo más elevado, una perspectiva más sana y un mayor amor a la libertad y a otras naciones. Olvidan que aún habiendo algunas naciones atrasadas, también existen muchas en el mundo que poseen un idealismo tan elevado y móviles tan sanos como los suyos, además de un criterio más maduro y experimentado, en lo que respecta a los problemas del mundo. También, como toda persona joven, critican intensamente a otros pueblos, [e29] pero cuando se los crítica se ofenden. Sin embargo, Estados Unidos, como cualquier otra nación, tiene muchas cosas censurables y debe hacer una gran limpieza en su propia casa. Actualmente la dificultad reside en que deben hacerla a medida que cumplen estrictamente las obligaciones con sus relaciones internacionales. Ninguna nación puede vivir hoy por sí misma; si alguna intenta hacerlo huella el camino de la muerte, y en ello reside el verdadero horror al aislamiento. De hecho tenemos hoy un solo mundo, y esto resume el problema psicológico de la humanidad. La meta consiste en lograr correctas relaciones humanas; las naciones caerán o se mantendrán, en la medida que alcancen esta visión. La era futura -bajo la ley evolutiva y la voluntad de Dios- verá el establecimiento de correctas relaciones humanas.

Estamos entrando en un amplio período experimental de descubrimientos; descubriremos lo que exactamente somos -[i28] como naciones en nuestras relaciones grupales, por medio de nuestra expresión religiosa y de acuerdo a la modalidad de nuestros gobiernos. Será una era intensamente difícil y únicamente la viviremos con éxito si cada nación reconoce sus propios defectos internos y los maneja con visión y con propósitos deliberadamente humanitarios. Esto significa que cada nación debe sobreponerse al orgullo y alcanzar unidad interna. Cada país está hoy dividido en grupos beligerantes -idealistas y realistas, partidos políticos y estadistas previsores, grupos religiosos preocupados fanáticamente en sus propias ideas, capital y trabajo, aislacionistas e internacionalistas individuos que están agresivamente contra ciertos grupos o naciones, mientras otros trabajan en favor de ellos. Las correctas relaciones humanas son el único factor que puede, con el tiempo y oportunamente, traer armonía y poner fin a estas condiciones caóticas.

[e30] Todas las naciones tienen también mucho con qué contribuir, pero mientras tal contribución sea considerada en términos de valor comercial o de utilidad política, como ocurre ahora, esa contribución no será dada para ayudar a establecer correctas relaciones humanas.

Cada país debe recibir contribuciones de otros países, lo cual significa reconocer la escasez de cosas específicas, y además estar dispuesto a recibir en términos equitativos. Todo país tiene su propia y peculiar nota, que debe estar al unísono y ampliar el gran coro de todas las naciones, lo cual sólo será posible cuando se restablezca la religión pura y se dé libre expresión al impulso espiritual naciente en cada nación, cosa que aún no ha sucedido, pues los dogmas teológicos dominan todavía la vida espiritual.

Toda nación, debido a su historia y a sus propias acciones y leyes, está estrechamente vinculada con las demás, y esto se evidencia más en los Estados Unidos de Norte América que en otras naciones, porque su pueblo desciende de todas las razas conocidas. El espíritu de aislamiento fue derrotado [i29] antes de que levantara su horrible cabeza, porque el pueblo norteamericano es de raigambre y origen internacional.

La humanidad, como ya se ha dicho, es el discípulo mundial; el impulso que subyace detrás de la desintegración de las formas del viejo mundo es de origen espiritual. La vida espiritual de la humanidad es ahora tan fuerte que ha logrado romper con todas las actuales formas de la expresión humana. El mundo del pasado ha desaparecido, y para siempre; pero el nuevo mundo de las formas aún no ha aparecido. Su construcción tendrá la característica de la emergente vida creadora del espíritu del hombre. El factor importante que debe ser recordado es que existe un sólo espíritu y cada nación debe aprender a reconocer ese espíritu en sí misma y en las demás.

[e31] Resumiendo: La tarea de cada nación es por lo tanto doble:

1. Solucionar sus propios problemas psicológicos externos. Esto se hará reconociendo que existen, eliminando el orgullo nacional y dando los pasos necesarios para establecer unidad y belleza rítmica en la vida de sus pueblos.

2. Fomentar el espíritu de correctas relaciones. Esto se logrará reconociendo al mundo uno, del cual cada uno forma parte, que posteriormente implicará dar los pasos necesarios que permitirán enriquecer a todo el mundo con su propia contribución individual.

Estas dos actividades, nacional e internacional, deben desarrollarse al mismo tiempo, acentuando la tarea del cristianismo práctico, no por teologías dominantes ni por el control de la iglesia, impuesto sutilmente.

El inmediato proceso mundial, desde el punto de vista espiritual de las fuerzas de la luz, debe incluir lo siguiente:

1.  La inminente crisis de la libertad. Esto implica elecciones libres en todos los países para determinar el tipo de gobierno, las fronteras nacionales (donde exista tal [i30] problema) y un plebiscito del pueblo para decidir sobre su nacionalidad y lealtad.

2.  El proceso de limpieza llevado a cabo sin excepción en todas las naciones, para que se produzca una saludable unidad, basada en la libertad, demostrando la unidad en la diversidad.

3.  El permanente proceso educativo, mediante el cual todos los pueblos del mundo podrán fundamentarse en una única ideología, que pruebe ser final y generalmente eficaz, la de las correctas relaciones humanas. Lenta pero firmemente, este movimiento educativo traerá como efecto inevitable la correcta comprensión, las correctas actitudes [e32] y actividades en toda comunidad, en toda iglesia y en toda nación y, finalmente, en la esfera internacional. Requerirá tiempo, pero presenta un desafío a todos los hombres de buena voluntad del mundo.

Los guías espirituales de la raza pueden presentar este programa de progreso, pero no pueden garantizar que se cumpla, pues la humanidad es libre para solucionar sus propios problemas. Por lo tanto surgen de inmediato ciertas preguntas:

¿Se mantendrán unidas las grandes Potencias, Rusia, Estados Unidos y la Confederación Británica de Naciones, para bien de toda la humanidad, o marcharán por distintos caminos hacia sus propios objetivos egoístas?

¿Estarán las pequeñas potencias, así como las grandes potencias, dispuestas a abandonar la así denominada soberanía en bien del todo? ¿Tratarán de ver la situación mundial desde el punto de vista de la humanidad, o verán únicamente su propio beneficio particular?

¿Suprimirán la constante crítica capciosa que ha caracterizado el pasado y engendrado un creciente odio, y reconocerán que todas las naciones se componen de seres humanos, en diferentes grados de evolución, condicionados por su raigambre, raza y medio ambiente? ¿Estarán dispuestas a otorgarse recíproca libertad, para cargar cada una con su [i31] responsabilidad individual, y también siempre dispuestas a ayudarse mutuamente como miembros de una sola familia y animadas por un sólo espíritu humano, el espíritu de Dios?

¿Se hallarán dispuestas a compartir los productos de la tierra, sabiendo que pertenecen a todos, distribuyéndolos libremente como hace la naturaleza, o permitirán que caigan en manos de unas pocas naciones poderosas, o en las de un simple puñado de hombres expertos y poderosos financistas?

[e33] Los anteriores son sólo algunos interrogantes para los cuales debemos buscar y hallar respuesta. La tarea parece en realidad bastante ardua.

No obstante existen en el mundo suficientes personas que piensan espiritualmente y son capaces de hacer cambiar las actitudes del mundo, y traer un nuevo período de espiritualidad creadora ¿Se levantarán con todo su poder estos hombres y mujeres de visión y de buena Voluntad, para hacer oír sus Voces en cada nación? ¿Tendrán la fortaleza, la persistencia y el valor para sobreponerse al derrotismo, romper la cadena de teologías entorpecedoras políticas, sociales, económicas o religiosas y trabajar para el bien de todos los pueblos? ¿Se sobrepondrán a las fuerzas organizadas en su contra, sostenidas por la firme convicción de la estabilidad y potencialidad del espíritu humano? ¿Tendrán fe en el valor intrínseco de la humanidad? ¿Se darán cuenta que la entera tendencia del proceso evolutivo los lleva hacia la Victoria?

El firme establecimiento de las correctas relaciones humanas es una parte ya determinada del propósito divino, y nada puede detener su oportuna aparición. Sin embargo se puede acelerar mediante una acción correcta y altruista


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