De Belén al Calvario - Nuestra Meta Inmediata

      


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CAPITULO VII


NUESTRA META INMEDIATA ... LA FUNDACIÓN
DEL REINO


Pensamiento Clave


[i255] "En cualquier momento dado de la vida debe elegirse entre dos dioses, psicológicamente incompatibles. Por una parte, la paz del ermitaño, el silencio del bosque, la exaltación del sacrificio, la grandeza de la simplificación y la unidad, el goce del propio abandono, la calma de la absoluta contemplación, la visión de Dios. Por otra, la diversidad y tensión de la vida, el acicate de los fines comunes, el dominio de los medios, la gloria de la continua actividad, el orgullo de la creatividad y la autoposesión. El mundo moderno, en general, ha hecho su mejor elección; es decir, elegir a ambos dioses. La vida de cada uno consiste en que se pierda a sí misma de vez en cuando en la vida del otro. Y esto, que es evidente en las cosas parciales, es verdad —y realmente cierto— en las cosas totales."

The Meaning of God in Human Experience

por W. E. Hocking, pág. 427



1


[e259] [i257] Hemos seguido a Cristo de Belén al Calvario, a través de la Resurrección, hasta el episodio en que desapareció del mundo tangible y penetró en el mundo de los valores subjetivos, para actuar allí como "Maestro de Maestros e Instructor de ángeles y hombres". Encaramos el tema de las cinco crisis de Su vida desde el ángulo de su importancia mundial, mucho más de lo que significa individualmente para nosotros. Vimos que se produjo una verdadera rebelión (y con justicia) contra el énfasis que los teólogos del pasado han puesto sobre el sacrificio de la sangre de Cristo, y llegamos a la conclusión de que el mundo necesita reconocer hoy al Salvador resucitado. Hemos observado que el carácter excepcional de Su misión consistió en que en la "plenitud [e260] de los tiempos", Él vino a fundar el reino de Dios, a crear en la tierra una nuevo reino de la naturaleza y a establecer la línea limítrofe entre lo objetivo y lo ilusorio, lo subjetivo y lo real. Su venida marcó la línea de demarcación entre el mundo de las formas o símbolos, y el de los valores o significados. En este último mundo estamos penetrando con suma rapidez. La ciencia, la religión y la filosofía, se ocupan hoy de la significación, y sus investigaciones los están llevando fuera del mundo de las apariencias; los gobiernos y las ciencias afines —política, economía y sociología— tratan a su vez de ideas e ideales. Aún en [i258] el campo de los desórdenes sociales y de las guerras —generales, esporádicas o civiles— vemos el conflicto de los distintos ideales y que ya no hay guerras agresoras ni para defender las propiedades. Esas diferencias entre lo objetivo y lo subjetivo, lo tangible y lo intangible, lo visible y lo invisible, fueron fomentadas por el cristianismo debido a que estas diferencias presentaban el reino de Dios y el reino del hombre. Cristo vino para dar significado y valor a la vida, así como Buda vino a aclararnos la falsedad de los valores sobre los que está basado nuestro mundo moderno.

Un estudio de las enseñanzas dadas anteriormente demostrará que toda enseñanza y todo sufriente Hijo de Dios, que vino antes de Cristo, hicieron dos cosas:

Primero, preparar el camino para el Cristo, dando las enseñanzas que Su era, período y civilización particular, requerían; segundo, representó con su vida la enseñanza de los Misterios, que antes de la época de Cristo se limitaba a los muy pocos que se preparaban para la iniciación, o que por derecho de iniciación podían entrar en los templos de los Misterios.

Fue entonces que vino el Buda y habló a las multitudes, explicándoles el origen de su miseria y descontento, dándoles, en las Cuatro Nobles Verdades, un enunciado conciso de la situación humana. Bosquejó el Noble Óctuple Sendero que rige la verdadera conducta del individuo y dio, en realidad, las reglas que deben controlarnos en el sendero del discipulado. Luego, después de haber alcanzado Él Mismo la Iluminación, entró en el "Lugar Secreto del Altísimo", del que sale una vez al año, según la leyenda, para bendecir al mundo. Ese día de bendición (el día de la Luna llena de Tauro), se celebra en Oriente como una festividad general, y en Occidente muchos cientos de personas Lo aguardan como día de recordación espiritual.

Luego vino el Cristo que presentó al mundo los cinco grandes procesos iniciáticos, haciéndolos públicos en Su vida y Sus crisis, [e261] crisis que tienen por delante [i259] quienes cumplen las reglas establecidas por su Gran Hermano. Cristo hizo avanzar la enseñanza un paso más y la puso al alcance de las masas. De este modo se perpetuó la continuidad de la revelación. El Buda enseñó las reglas a los discípulos que se preparaban para los Misterios de la iniciación, mientras que Cristo proporcionó la siguiente etapa, nos mostró el proceso de la iniciación, desde el momento del nuevo nacimiento en el reino, hasta la resurrección final. Su trabajo fue único en Su época y lugar, porque marcó la culminación del pasado y la entrada en algo totalmente nuevo, en lo concerniente a la humanidad.

La humanidad alcanzó una etapa excepcional en su desarrollo. La raza llegó a ser inteligente y el hombre, la personalidad —física, emocional y mental— fue llevada a un punto definido de integración y coordinación. Esto, realizado en tan inmensa escala, fue único en su género. Existieron personalidades aisladas, pero ahora, en la era cristiana, vivimos en una época de personalidades. Tan elevado es el nivel general de vida de la personalidad integrada, que tendemos a creer haber alcanzado una era en la que no hay figuras prominentes. Esto se debe probablemente a que el promedio general del desarrollo humano es tan alto que la capacidad de destacarse predominantemente es mucho más limitada. Debido a este desarrollo, la humanidad (considerada como un reino de la naturaleza) ha alcanzado un punto del que puede surgir algo nuevo, como siempre ocurrió en circunstancias análogas en otros reinos. Podemos producir y, como raza, dar nacimiento al nuevo reino de la naturaleza que el Cristo denominó el reino de Dios, el reino de las almas, el de las vidas espirituales, en el que Él surge en forma excepcional. Es el fundador de ese reino. Proclamó la existencia de ese reino e indicó su naturaleza. Cristo constituyó una expresión de sus cualidades y demostró las características del ciudadano de ese reino.

Por el ejemplo que dio su Fundador, el cristianismo tiene también una misión excepcional: inaugurar la era del servicio. El servicio, el bienestar, el interés y la intercomunicación mundiales [i260] y la importancia del bien general, constituyen el producto del énfasis que puso el Cristo en la divinidad humana y en la hermandad del hombre, basada en la Paternidad de Dios. En ninguna otra era ni religión se han subrayado esos puntos de este modo. De muchas maneras siguen siendo ideales, pero están en el lento proceso de convertirse en realidades.

Por lo tanto, mediante Su trabajo, el Cristo llevó a cabo lo siguiente:[e262]

  1. Exteriorizó los Misterios, para que fueran conocidos por la entera humanidad y no constituyeran únicamente posesión secreta de los Iniciados.
  2. Representó el drama de la iniciación ante el mundo, para que su simbolismo pudiera penetrar en la conciencia humana.
  3. Demostró la perfección para que no dudáramos más de la naturaleza de Dios y al mismo tiempo garantizó que también nosotros somos hijos de Dios, y por lo tanto podemos alcanzar la divinidad si seguimos Sus pasos.
  4. Reveló el mundo de significados, y en la Persona del Cristo histórico mostró la significación del Cristo Cósmico, del Cristo Mítico y del Cristo Místico, presente en el corazón de cada hombre. Reveló así la naturaleza de Dios trascendente y de Dios inmanente.
  5. El pasado de la humanidad culminó con el Cristo; el presente encuentra su solución en Él, y el futuro está simbolizado en Su vida y muerte. En consecuencia, las tres líneas, pasado, presente y futuro, convergen en Él dándole el carácter de significación excepcional.
  6. Fundó el reino de Dios a su debido tiempo, cuando el reino humano llegaba a su madurez; demostró los valores de ese reino con Su propia vida, personificando el carácter de la ciudadanía de ese reino, y abrió la puerta de par en par a quienes pudieran capacitarse (mediante el servicio y la disciplina) para salir del reino humano y entrar en el espiritual.
  7. [i261] Alzó Su Cruz como un símbolo y un ejemplo del método y como un límite entre el mundo de los valores tangibles y el de los valores espirituales, exhortándonos a dominar la naturaleza inferior, para que el espíritu de Dios tenga plena libertad.
  8. Enseñó que la muerte debe finalizar y que el destino de la humanidad es resucitar de entre los muertos. La inmortalidad debe ocupar el lugar de la mortalidad. Para beneficiarnos, el Cristo resucitó de entre los muertos, probándonos que los lazos de la muerte no pueden retener a ningún ser humano que actúe como Hijo de Dios.

Muchos hijos de Dios pasaron por los Templos de los Misterios, aprendieron a actuar en forma divina y, en el proceso de expresar la divinidad, vivieron, sirvieron y murieron. Pero ninguno de ellos vino en un determinado período de desenvolvimiento que hiciera posible el reconocimiento universal que el Cristo evocó, y tampoco el intelecto de las masas estaba entonces suficientemente desarrollado como para beneficiarse de Sus enseñanzas en amplia escala. En lo que a esto concierne, el Cristo y Su misión fue de excepcional importancia. Cristo enseñó a trabajar para lograr la unidad y poner fin al aislamiento, el odio y la separatividad, exhortándonos a amar á nuestros semejantes como a nosotros mismos. Dio un mensaje universal de sus implicaciones, porque el reino de Dios está abierto para todos aquellos que aman, sirven y purifican la naturaleza inferior, al margen de [e263] toda creencia y dogma. Enseñó la unidad de la fe, la Paternidad de Dios y la necesidad de caminar con amor y comprensión, no sólo con Dios sino con nuestros semejantes. Subrayó la necesidad de la colaboración, indicándonos que si seguimos realmente el Camino, pondremos fin a la rivalidad y la sustituiremos por la colaboración. Incitó a vivir de acuerdo a principios divinos, básicos y fundamentales, y a no poner el énfasis sobre las personalidades.

El amor, la hermandad, la colaboración, el servicio, el autosacrificio, la inclusividad, la no-sujeción a la doctrina, el reconocimiento de la divinidad en nosotros, tales son las características del ciudadano del reino de Dios, [i262] y siguen aún constituyendo nuestros ideales. Por consiguiente, el interrogante de importancia que hoy enfrenta la humanidad, qué debe hacerse para lograr los tres objetivos principales que el Cristo presentó, constituyen los objetivos para todo el género humano, y siendo así serán reconocidos en forma general, aunque se ignore su interpretación cristiana o no se reconozca al Cristo. ¿Cómo poder perfeccionar al ser humano para que maneje la vida y sus actitudes hacia las personas y su medio ambiente, correcta y constructivamente? ¿Cómo materializar en la tierra ese estado de conciencia, a la par de un sistema de vida, cuyo resultado sea el reino de Dios, reconocido como tal? ¿Cómo llegar a comprender el problema de la muerte, superando el proceso de morir, y alcanzar la resurrección? Cristo proporcionó una respuesta y un programa definido para la solución del problema de la perfección humana, el problema del nuevo mundo y el problema de la inmortalidad.

Se reconoce en forma general que la humanidad está en camino de llegar a acontecimientos vitales e importantes. Hemos avanzado en el pasado, pasando por diversas civilizaciones, hasta alcanzar la importancia del presente, y estamos en condiciones de alcanzar aún mayores realizaciones. El interrogante es, si debemos apresurar el proceso, o si por la correcta comprensión del Cristo y Su enseñanza, podríamos allanar las cosas de modo que puedan tener vigencia el reino y sus leyes, mucho antes de lo previsto. Ningún sacrificio de nuestra parte será demasiado grande si el Cristo estuvo en lo cierto en la posición que adoptó y en las enseñanzas que impartió, acerca de la naturaleza del hombre. Cierto autor subraya este punto del modo siguiente:

"Pero, aunque en última instancia la liberación final fuera sólo una, existen tantos caminos como hombres, que conducen a ese fin, y estoy seguro que cada uno en cada camino, es inapreciable para el esquema del todo, aunque él constituya únicamente una hoja, de los millones que caen y fertilizan el suelo en que crecerá el tierno roble. La naturaleza no da importancia alguna al individuo, para ella el fertilizante es una [e264] necesidad tan vital como la simiente que germina. Ninguno podría existir sin el otro. Pero los hombres que hemos alcanzado una voluntad consciente, aunque las evoluciones pueden haber logrado mucho por la supervivencia azarosa del más apto, poseemos ahora el poder de trazar nuestro rumbo, y el Hombre, por propia voluntad y perseverancia, puede hacer que la bellota produzca un árbol cuyas ramas lleguen al cielo dentro de 800.000 años, o dejar que la Vida se desarrolle por sí misma en 2.000 millones. Poseemos ahora el poder de elección; en nosotros está dar el siguiente paso: 'Si yo no hubiera venido y les hubiese hablado, no hubieran pecado; pero ahora no tenéis manto para vuestro pecado'." 1

La decisión es nuestra. La elección debemos realizarla nosotros. Por lo tanto, y en último análisis, ¿cuál es la decisión que debemos tomar? ¿Cuál es la pregunta que debemos contestar? Cristo dijo que el hombre es divino. ¿Tenía razón? Si el hombre es divino e hijo del Padre, entonces expresemos esa divinidad y reclamemos nuestra primogenitura. En el pasado hemos reflexionado y discutido demasiado acerca de Dios. Dios trascendente fue reconocido y negado a la vez. Dios inmanente está al borde del reconocimiento, y sin duda en ese reconocimiento [i263] está la salida para el hombre. ¿Somos divinos? He aquí la pregunta más importante. Se ha asegurado que el "espíritu humano intuye a Dios en forma concreta, pero oscura. Como factor constante en la experiencia humana es por cierto tan oscuro que no puede verse lo que es... Sin embargo, lo prueba el testimonio unánime, hombres y mujeres de todas edades, razas y creencias, cuya sinceridad e inteligencia no puede objetarse razonablemente".2 El Dr. Emile Marcault3 expresa el mismo pensamiento:

"La propia religión está empezando a destacar la inmanencia más bien que la trascendencia, como campo y objetivo de la experiencia religiosa. Por supuesto que no niega que la vida inmanente en el hombre es la vida de una Deidad trascendente, un Absoluto al respecto, pero desde que se admite una evolución en la experiencia mística, no podemos evitar concebirla como marchando a la par del progreso de la autoconciencia en la vida inmanente. La evolución es la vida que desenvuelve sus potencialidades, de manera que si la vida espiritual del hombre evoluciona, su experiencia y autoconciencia también evoluciona."

Si el hombre es divino y el testimonio de las edades es verdadero, y si el Cristo vino a demostrar la expresión de la divinidad y a fundar el nuevo reino, entonces el derrumbe de las viejas formas y la amplia destrucción de las estructuras familiares de la sociedad y la religión, pueden ser simplemente parte de la institución de los nuevos procesos de la vida y el trabajo planificado de un espíritu vital y evolucionante. La reacción por la [e265] aparición del reino puede tener justificación en la inquietud de las masas, y la sensible respuesta general a los nuevos ideales, quizá se deba al impacto de la fuerza del reino en la mente de las personas más avanzadas. El místico y el cristiano pueden hablar en términos del reino de Dios; los filántropos y los filósofos, de la comunidad mundial, de la nueva civilización, de la federación mundial de naciones y de la humanidad como un grupo colectivo, de la vida en comunidad y del internacionalismo e interdependencia económica y de la unidad mundial. Pero éstas son meras palabras y nombres que los diversos tipos de mentes aplican a la gran realidad que surge de un nuevo reino de la naturaleza, originado en el reino humano, con sus propios principios de vida, sus leyes para el bienestar grupal y su hermandad.

En el desarrollo de la conciencia humana estamos saliendo de la necesaria etapa del individualismo; temporariamente hemos perdido de vista las verdades más profundas, los valores místicos y la Vida una que subyace en todas las formas. Nos interesamos en demasía en asuntos materiales y egoístas. Pero esta etapa ha sido necesaria, aunque quizá haya durado demasiado. Es hora ya de poner fin al período del individualismo egoísta, para que no sea el factor controlador en nuestra vida; es tiempo de que se mezclen y unifiquen los elementos más profundos del mundo de la realidad, con la vida externa.

Karl Pfleger
4 hace un comentario a este respecto en términos muy reales, si bien cáusticos:

"Si los hombres son insolentes y viles, injustos entre sí y si carecen de mutua comprensión y son desgraciados en sus relaciones ¿no podría deberse esto a que han permanecido demasiado tiempo en la parte superficial de la vida, perdiendo contacto durante largo tiempo con sus profundidades elementales? ¿Cómo podrían evitar la lucha contra el abuso y el clamor, por estar amontonados en una superficie bidimensional, la superficie de los intereses puramente materiales? ¿Cómo podrían apartarse uno de otros si no hay profundidades en donde podrían sumergirse, profundidades en las que aparecieran los símbolos de lo eterno y lo divino, en las que pudieran contemplar su propia naturaleza y la verdadera vocación del hombre en el universo? En la superficie de la vida, toda la cultura se reduce a un sistema de placeres bien calculados y asegurados o, si se derrumba, degenera en una egoísta y brutal lucha por la existencia. La verdadera cultura y un tipo elevado de vida humana, puede surgir únicamente de las profundidades elementales. La vitalidad se nutre en la fuente mística. Éste es el verdadero secreto de la historia humana, y cuando las fuentes de las profundidades se secan, viene un período de sequía, vital, en que las fuerzas creadoras del hombre fracasan, y aparecen enfermedades de orden intelectual de todo [e266] tipo y epidemias morales y sociales. La cultura humana experimenta una crisis, sólo porque el hombre la ha experimentado primero."

Los mejores intelectos de la era están percibiendo ya estas cosas, y en todas partes se clama por una profundización de la vida, un reconocimiento de la naturaleza y la necesidad de una comprensión coherente de los procesos mundiales y su integración consciente e [i264] inteligente, en un orden mundial reconocible. La desintegración en esta época mundial es correcta y necesaria, siempre que comprendamos por qué se efectúa y qué la reemplazará. La destrucción que se lleva a cabo con el objeto de llegar a una construcción eventual, es correcta y apropiada, pero los planes para la edificación posterior deben ser conocidos en alguna parte y debe existir alguna idea referente a la reconstrucción consiguiente. En un libro citado anteriormente, la situación actual está sintetizada en términos que todos compartimos:

"Es común hoy observar que 'las viejas creencias han desaparecido'. En el mundo de la física, el científico se enfrenta con la necesidad de aceptar conclusiones que, a la luz de los dogmas, leyes y conceptos aceptados anteriormente, parecen meros desatinos. En la religión se ha llegado a reconocer popularmente que la mayoría de las creencias, de hace apenas veinte años, carecen de toda vitalidad. Las artes están en proceso de realizar cambios revolucionarios. En la economía el laissez faire ha sido ampliamente objetado. Y, lógicamente, el mundo político está convulsionado." 5

El mencionado autor agrega que "... el molde de las cosas se está rompiendo porque el cemento que los unía se va desintegrando. Y por cemento significamos los credos, ideales y objetivos, mediante, los cuales se ha vivido una vida de seis siglos".6 Nuestra necesidad actual es descubrir el hilo oculto del propósito que nos sacará de este aparente atolladero y extraer de entre las numerosas teorías, la teoría básica que no sólo tiene sus raíces en el pasado, sino que puede ser aplicada de un modo nuevo y con términos renovados, por quienes se han impregnado de la nueva visión. Necesitamos lo que el Dr. Albert Schweitzer 7 llama "... el reconocimiento de que la civilización se basa en alguna teoría sobre el universo, y puede ser restaurada sólo por el despertar espiritual y una voluntad de bien moral en el género humano". Este despertar ya se produjo y la voluntad al bien está presente. Las enseñanzas del Cristo no han caducado ni son anticuadas. Sólo deben ser rescatadas de las interpretaciones teológicas del pasado y consideradas, por su valor intrínseco, una expresión de la [e267] divinidad en el hombre, con su participación en el reino, en proceso de ser reconocido, y su inmortalidad como ciudadano de ese reino. Estamos pasando en realidad por "una iniciación religiosa en los misterios el Ser",8 de la que surgiremos con un sentido más profundo del Dios inmanente en nosotros y en toda la humanidad. La necesidad de esta revaluación se nos impone constantemente. Hallamos un ejemplo en las palabras de Richard Rothschild:9

"Sin embargo, en todo este caos no sería imposible que estuviera tomando forma una nueva actitud, espíritu u objetivo mundial, una nueva cultura, una nueva civilización. Y en cualquier acceso inteligente a los innumerables problemas que enfrenta la humanidad, debe tenerse en cuenta esta posibilidad. Aplicar el pensamiento del siglo XIX a los problemas de la nueva era, sería tan impropio como tratar de valorar el siglo XIX de acuerdo al pensamiento griego o medieval."

Por lo tanto, sería de valor aceptar esta posibilidad y considerar en forma práctica nuestra relación individual con el trabajo que Cristo hizo e inauguró, encarar el problema del perfeccionamiento individual para poder ayudar a fundar [i265] el reino y desarrollar esos valores que justifiquen la inmortalidad.

Alguien ha observado que en esta época nuestras dificultades se deben principalmente a la carencia de percepción intuitiva, por parte de quienes pueden impresionar a las masas y llevar adelante a los pueblos. Estos conductores tratan de guiar a los otros por medio de procesos y coacciones mentales y no por la presentación intuitiva de la realidad que el niño y el sabio pueden reconocer simultáneamente. Se requiere visión porque "sin visión los pueblos perecen".
10 No hemos carecido de idealismo ni tampoco somos muy ignorantes. La mayoría de la gente actúa con sinceridad al enfrentar problemas y decisiones, aunque su actuación pueda parecer equívoca. El error más evidente ha sido nuestro fracaso en los reajustes y sacrificios personales que hubieran hecho posible la realización.

La gente busca a quien la guíe, demanda correcta conducción, espera ser dirigida por el camino que debe tomar y, sin embargo, siempre ha tenido esa guía, conducción y dirección. Cristo abrió la senda y espera todavía que Lo sigan, no uno por uno, sino —guiados por discípulos inspirados— como raza. Así como los hijos de Israel, guiados por Moisés, debemos ir y descubrir la "tierra santa". "Más profunda y más fundamental que la sexualidad, más hondo que el anhelo de poder social y hasta el deseo [e268] de posesiones, hay un anhelo aún más generalizado y universal en el conjunto humano. Es el anhelo de conocer la correcta dirección de orientación".11 ¿Cómo pueden entrenarse para expresar la visión (y son muchos) a fin de ayudar en la correcta orientación de la humanidad? ¿Cómo pueden convertirse en los conductores que tanto se necesitan? Aprendiendo a ser guiados por el Cristo y siguiendo la guía del Cristo místico interno, que inevitablemente llevará directamente al Cristo, el Iniciador. Como aspirantes a los Misterios debemos aprender el camino, obedeciendo, por amor, a la luz que poseemos, y haciéndonos sensibles a la inspiración que nos llega de lo alto. No hay otro camino. No tenemos una excusa valedera si fracasamos, porque otros han seguido adelante y el Cristo lo ha aclarado y simplificado.

"'Sabéis que estoy en el Padre y vosotros en mí y yo en vosotros'. Nadie desde entonces ha dicho esto, pero donde alguien ha hollado el camino, otros podrán ciertamente seguirlo, y en su corazón los hombres saben que pueden seguirlo; ¿de qué otra manera hubieran persistido en seguir a Jesús a través de las vicisitudes de 2.000 años de fracaso? 'Cristo y Buda son los nombres de un estado a alcanzarse, Jesús y Gautama fueron las personas que lo manifestaron'. Y ese estado es eterno, no está restringido por tiempo ni lugar, tampoco pertenece a ningún individuo, secta o posición; allí terminan para siempre todas las diferencias." 12

La obediencia a lo más elevado, practicada en las cosas más pequeñas como en las más grandes, es una regla demasiado simple para muchos, pero, no obstante, es el secreto del Camino. Pedimos demasiado, y cuando [i266] se da una regla sencilla que dice simplemente obedecer la voz de la conciencia y seguir el destello de luz que vemos, no resulta bastante interesante el hecho de obedecerla rápidamente. Pero esta regla fue la primera que siguió Cristo y, aún siendo niño, dijo venir a ocuparse de los asuntos de su Padre. Cristo obedeció el llamado. Hizo lo que Dios le dijo; siguió paso a paso la voz interna —y Lo condujo de Belén al Calvario. Pero con el tiempo lo llevó al Monte de la Ascensión. Cristo demostró los resultados de la obediencia y Él Mismo "aprendió la obediencia por lo que sufrió". Pagó el precio y reveló lo que Dios podía ser y hacer en el hombre. Karl Pfleger 13 dice:

"Es Dios hecho hombre quien enseña primero al hombre a ser verdaderamente hombre. Salvar la esencia de nuestro ser, que provino de Dios y fue asumida por Dios mismo en Su personalidad humano-divina, y salvarla por medio de Él y en Él, es lo que el Cristo quiere enseñarnos. [e269] Una humanidad que cree en el Cristo, cree también en sí misma, en su futuro y, ciertamente, en su futuro eterno, y puede hacerlo porque la naturaleza humana ha sido establecida, eternidad tras eternidad, por medio del Cristo, y para toda la eternidad, en el seno de Dios Triuno."

La realización de la perfección humana no consiste simplemente en el desarrollo de un buen carácter, ni en ser afable y simpático. Se trata de algo más. Es asunto de comprensión y de una nueva y regulada actitud interna, orientada hacia Dios, porque está orientada al servicio del hombre, en quien Dios se expresa. "Porque el que no ama a su hermano al cual ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?".14 He aquí el interrogante de San Juan, el Apóstol bienamado, al que hasta ahora no hemos tratado de responder como raza. Hay una necesidad vital de volver a las sencillas instrucciones fundamentales que impartió el Cristo, y aprender a amar a nuestro hermano. El amor no es un estado de conciencia sentimental y emocional. Tiene en cuenta el grado de evolución y el carácter de quienes amamos; pero a pesar de todo, es un amor que realmente ve y, precisamente porque ve en forma tan real, puede actuar sabiamente. Es un amor que percibe la necesidad de amor que tiene el mundo, y que el espíritu del amor (que posee inclusividad, tolerancia, sabio razonamiento y amplia visión) puede atraer a todos los hombres hacia esa unidad externa basada sobre una reconocida relación interna.

"Si debe realizarse verdaderamente el objetivo del mundo, la única manera de hacerlo, que concibo, sería mediante la intensificación del amor fraterno y del espíritu de autosacrificio, en tal medida que sólo podría ser factible si los corazones de los hombres cambiaran súbitamente la arcilla de que están hechos, por algún material mucho más inflamable. Sin embargo, el propio sentido de nuestra vida parece inseparable de la realidad de que no somos lo que quisiéramos ser, aunque lo estamos aprendiendo; no sólo aprendemos única y principalmente lecciones intelectuales, sino que continua, lenta y más profundamente, lecciones de moral —entre las que ubico a la libertad, es decir, el arte de ser inofensivo a nuestro semejante, y a la caridad, el arte aún más difícil, de serle útil. Los hombres y las razas atrasadas sólo pueden avanzar si quienes están avanzados se humillan y renuncian a sí mismos; debe existir 'la mano amiga que auxilia a los rezagados'. Adónde puede llegar cualquiera de ellos, resulta incierto; la medida del esfuerzo depende también de lo que se dispone, y el amor sólo puede adjudicar lo que únicamente éste puede proporcionar. La esperanza del mundo reside en que cuanto más despierte en nosotros este amor, más convencidos estaremos de que habremos de alcanzar la realidad final, de modo que lo que parece sacrificio, enriquece la verdad."15

[e270] Todos estamos dispuestos a ser amados. Todos ansiamos ser amados, porque nos damos cuenta, inconsciente o conscientemente, [i267] que amor significa servicio, y nos gusta ser servidos. Ha llegado el momento de cambiar esta actitud egoísta de la vida y de aprender a dar amor y no a pedirlo, a darnos en servicio a todos aquellos con quienes entramos en contacto día a día, y a no separar ni exigir nada para el yo separado. Cuando este espíritu (que no es otro que el espíritu crístico y el de quienes mejor lo conocen) se generalice, podremos ver una consumación más rápida de los cambios deseados. Teológicamente se ha dicho que "Dios es amor", y lo hemos interpretado en términos de odios, ideales limitados, teologías estrechas y actitudes separatistas. Reconocimos al Cristo cómo al gran servidor de la raza y lo señalamos como ejemplo de lo que es posible realizar. Pero no prestamos ningún servicio general, y esta cualidad no es todavía el poder motivador en la vida del mundo. La motivación de la vida es más definida que nunca, pero los esfuerzos que se hacen ahora —veinte siglos después que el Cristo nos dejó con el mandato de seguir Sus pasos— sólo sirven para mostrarnos cuán lentos fuimos, cuánto resta por hacerse, y cuán desesperadamente necesitamos ser servidos por quienes poseen la visión y el amor de Dios en sus corazones. Es evidente el poco amor que se experimenta en el mundo en la actualidad. Debemos recordar esencialmente que la razón por la cual reconocemos a Dios como Dios de amor, es que, básica y potencialmente, nosotros mismos somos de cualidad deiforme, que en sí constituye un problema, porque a no ser que lo divino en nosotros despierte, aunque sea parcialmente, es difícil interpretar al amor correctamente, e imposible para las masas que huellan recién el sendero del devenir, que en muchos casos apenas son seres humanos para comprender el significado real del amor. A esto se refiere el párrafo siguiente:

"Podemos decir que Dios es espíritu y Dios es amor. Sin embargo, ambas afirmaciones entrañan dificultades. El hombre sólo puede sostener que Dios es espíritu si él mismo es parcialmente espíritu en cierto modo, con lo que quiere significar que no está totalmente dominado por la vida y sus reglas, sino que extrae del mundo superior parte de su ser... El hombre es espíritu hasta donde es una personalidad, lo cual significa hasta donde expresa esa unión interna de la razón y de la voluntad que subyace en la variedad de experiencias humanas. Es una personalidad, cuando no se pierde en la diversidad de la vida, sino que permanece como individuo con unidad de propósito, la cual, según el punto de vista de Scheler, es la unidad de la consumación de los actos en que la personalidad está interesada, especialmente el acto de experimentar los valores. La personalidad del hombre y la de Dios deben encontrarse por igual en la consumación de estas experiencias. O, como lo expresa Scheler en otra parte, Dios es la unión concreta del Ser [e271] (Seins-einheit), donde la razón y la voluntad, y el conocimiento de la verdad y la experiencia del bien, encuentran su consumación. Puede ser deducido metafísicamente como lo absoluto, pero su naturaleza como ente personal y en esta unión de cualidades, sólo puede captarse completamente en una experiencia donde la razón y la voluntad tengan raíces comunes, la experiencia del amor." 16

La comprensión del amor y su expresión son asuntos estrictamente personales. El amor puede quedar indefinidamente como teoría o como experiencia emocional. Puede convertirse en un factor motivador de la vida, algo que contribuya a la formación del todo. Es una verdad eterna el que "... la bondad, la cultura, el arte y el amor que los crea, sólo devienen reales a expensas del tiempo y del espacio: por el latir del corazón, el sudor de la frente, la tarea de las manos y de los pies y por el servicio espontáneo —solamente por esto se convierten en posesión nuestra: ningún hombre puede otorgarlo a otros, cada uno debe ganarlo por sí mismo".17 Si cada cual reflexionara de por sí para llegar al significado del amor en su vida, y si todos decidieran dar amor y comprensión (no reacciones emocionales, sino un amor [i268] firme, comprensivo), entonces la maraña de este agitado mundo nuestro se devanaría y sería un mejor lugar para vivir. El caos y el torbellino de hoy desaparecerían con mayor rapidez. El amor es en esencia la comprensión de la hermandad. Es el reconocimiento de que todos somos hijos del Padre Uno. Es conmiseración, compasión, comprensión y paciencia. Es la verdadera expresión de la vida de Dios. El poeta Samuel Taylor Colaridge así lo sintió, y expresó su pensamiento en las siguientes palabras:

"Oh la vida una, interna y externa,
que enfrenta todo movimiento y se convierte en su alma,
una luz en sonido y un poder análogo al sonido en luz,
es ritmo en todo pensamiento y júbilo doquiera
—creo que hubiera sido imposible
no amar todas las cosas en un mundo tan pleno;
donde la brisa arrulla y el mudo y silencioso aire
es música, soñando en su instrumento...
Y qué sería si toda la naturaleza animada
no fuera sino arpas orgánicas de formas diversas,
que tiemblan al pensar, cuando sobre ellas pasa
plástica y vasta, la intelectual brisa,
el Alma de cada una y el Dios de todas?"
18

Si el primer requisito del hombre que trata de prepararse para los Misterios de Jesús, es la obediencia a lo más elevado [e272] que pueda sentir y conocer, y si el segundo es la práctica del amor, el tercero será el desenvolvimiento de la sensibilidad y la atención interna, mediante los cuales podrá alcanzar la significación y el estado de inspiración. De ningún modo se trata del desarrollo de la facultad psíquica, según se entiende; está presente entre los hijos de Dios, en muchas formas, desde la atención a la voz interna de la conciencia y el deber (dos de las formas inferiores de la inspiración), hasta la realización espiritual superior expresada en las inspiradas escrituras del mundo. Esta idea está desarrollada en el párrafo siguiente:

"De la mente subconsciente, surgen entre los hombres más iluminados, visiones que ellos, mediante su lengua, su pluma, sus cinceles o sus notas, reflejan en el horizonte limitado de sus semejantes más toscamente constituidos; los iluminados poseen un sentido de espacio más vasto, de poderes más grandes, de horizontes más amplios, de fuerzas inmensas que juegan con los universos, y ese impulso interno les roba todo descanso hasta que descubren su origen. Dentro de ese subconsciente, del cual extraen sus visiones, puede también haber la Realidad, que deja su marca en la mente y hace que siempre la inquiete el mundo ilusorio de los sentidos. Por ser ilusorio, constituye otra de esas internas convicciones que no admiten dudas, ¿de qué otro modo los hombres tratarían siempre de descubrir cómo son 'realmente' las cosas? Si estuvieran seguros de que lo que ven a su alrededor es la ultérrima realidad, no inventarían siempre medios de investigación cada vez más perfectos, ni sondearían las variadas formas del mundo que enfrentan a cada paso. De no ser así, Einstein no hubiera descubierto sus Leyes de la Relatividad y de la Gravitación. Bose no hubiera dilucidado la verdadera naturaleza de la vida vegetal, etc.; sabemos instintivamente que no conocemos nada de la Realidad y, en consecuencia, no podemos descansar. Pero quien conozca esto debe poseer algún conocimiento de lo que es real, de lo contrario, no podría haber un criterio de lo que no existe." 19

Si no existe tal inspiración, un hombre no puede entrar en el templo y comulgar con Aquel que lo introduce en los sutiles procesos de la iniciación. El primer iniciador es la propia alma, el yo divino en el hombre, el hombre espiritual que está detrás de la cortina del hombre externo, que lucha para controlar y actuar a través de la personalidad externa. Es esa alma o yo, que abre al hombre la puerta de la inspiración, revelándole la naturaleza de la conciencia divina y sintonizando su oído para captar el sonido de esa "Voz que habla en el silencio", cuando el hombre ha acallado todas las voces externas. El doctor S. Radhakrishnan 20 dice, artículo citado anteriormente:

"La relación de nuestra vida con un mundo espiritual mayor, se [e273] revela en la conciencia vigílica por medio de nuestros ideales intelectuales, las aspiraciones morales, las ansias de belleza y el anhelo de alcanzar la perfección. Detrás de nuestro yo consciente está nuestro ser secreto, sin el cual la conciencia superficial no podría existir ni actuar. Nuestra conciencia está parcialmente manifestada y oculta. Podemos ampliar la parte vigílica poniendo en actividad esferas de nuestro ser que están ahora ocultas. Es nuestro deber considerarnos seres espirituales en vez de identificamos erróneamente con el cuerpo, la vida o la mente. Aunque comencemos con lo inmediato y lo actual, es posible acrecentar y enriquecer constantemente nuestra limitada autoconciencia, reuniendo allí todo lo que podemos comprender de lo visible y lo invisible, del mundo que está alrededor y por encima nuestro. Ésa es la meta del hombre. Su evolución es un auto-trascender constante, hasta que alcanza su naturaleza ultérrima y potencial, a la cual las apariencias de la vida ocultan o expresan inadecuadamente. Mediante este proceso no eliminamos nuestra individualidad, sino que la trasformamos en parte consciente del ser universal, expresión de la divinidad trascendente. Lo instintivo y lo intelectual fructifican en la personalidad espiritual. La carne se santifica y armoniza con el espíritu; el intelecto es iluminado e incluido en el reino de los fines. El cuerpo y la mente, el instinto y el intelecto se convierten en servidores voluntarios del espíritu y no en amos tiránicos.

"La cualidad excepcional del hombre, entre todos los productos de la naturaleza, reside en que en él la naturaleza trata de excederse conscientemente, no mediante una actividad automática o inconsciente, sino por el esfuerzo mental y espiritual. El hombre no es una planta o un animal sino un ser espiritual y pensante, determinado a forjar su naturaleza a fin de cumplir propósitos más elevados. Trata de establecer orden y armonía entre las diversas partes de su naturaleza, y se esfuerza por alcanzar una vida integrada. Se siente defraudado si no logra el éxito en su tentativa de llegar a esa plenitud orgánica de la vida. Siempre hay en él un fermento mental y moral, una tensión entre lo que es y lo que quisiera ser, entre la materia que le ofrece la posibilidad de la existencia, y el espíritu que lo moldea en un ser significativo".

Desarrollar la facultad de la inspiración es esencial para progresar en el sendero de la iniciación, y presupone también un desarrollo de la inteligencia, lo que permitirá al hombre establecer las diferenciaciones necesarias. La verdadera inspiración no es en manera alguna la afluencia del yo subconsciente o mente; ni la afluencia, en el hombre, de las corrientes de ideas y [i269] pensamientos que le pertenecen —raciales, nacionales o familiares; tampoco es la sintonización, con el mundo del pensamiento, que pueden realizar tan fácilmente quienes lograron desarrollar cierto grado de facultad telepática; ni oír las innumerables voces que se oyen cuando el hombre llega a ser tan completamente negativo y tan desprovisto de todo pensamiento inteligente, que los sonidos, ideas y sugestiones del mundo de los fenómenos psíquicos, pueden introducirse fácilmente. Esto ocurre por lo general cuando el coeficiente de inteligencia es relativamente bajo. La inspiración [e274] es algo totalmente distinto. Es una penetración en el mundo del pensamiento y de las ideas, que el Cristo escuchó cuando oyó una Voz y le habló el Padre. Es la respuesta intuitiva de una mente inteligente, a impresiones provenientes del alma y del mundo de las almas. Entonces el lenguaje de ese reino se nos hace familiar. Entramos en contacto con las almas liberadas que actúan en ese reino, con las ondas mentales y las ideas que tratan de plasmar en las mentes de los hombres y entran en circulación mediante las mentes sintonizadas de los discípulos del mundo. Esto es inspiración, facultad que los aspirantes de todas partes deberían empezar a desarrollar y alcanzar en el mundo del vivir cotidiano. Este poder se genera por los procesos de la correcta meditación. Es una expresión del alma actuando por medio de la mente, activando así al cerebro, mediante impulsos estrictamente espirituales. La inspiración es responsable de todas las nuevas ideas e ideales que se desarrollan en nuestro mundo moderno. La era de la inspiración no ha pasado, está presente aquí y ahora. Dios habla todavía a los hombres, porque nuestro mundo aún proporciona los medios adecuados para el desarrollo, en el corazón humano, de esas cualidades características del Cristo, del alma, el Hijo de Dios encarnado, que mora en este valle de lágrimas, o como se ha dicho, "este valle constructor de almas". El Dr. Bosanquet 12 lo explica en forma iluminadora:

"... digo, 'constructor de almas', diferenciando el Alma de la Inteligencia. Puede haber inteligencias o chispas de la divinidad en millones de seres, pero no son almas hasta adquirir identidad, hasta que cada una es una personalidad propia. Las inteligencias son átomos de percepción, saben, ven y tienen pureza, y son, en síntesis, Dios. ¿Cómo se construyen las almas? ¿Cómo se les otorga identidad a esas chispas que son Dios, para que cada una posea una bienaventuranza peculiar por su existencia individual? De qué otro modo sino por intermedio de un mundo... Esto se efectúa mediante tres espléndidos materiales que actúan uno sobre otro, durante una serie de años, y son: la inteligencia, el corazón humano (diferenciándolo de la inteligencia y de la mente) y el mundo, o espacio elemental apropiado, para la acción mutua de la Mente y el Corazón, con el propósito de formar el alma o inteligencia, destinada a poseer el sentido de Identidad... Para que pueda apreciarse con más claridad, voy a repetirlo de la manera más sencilla posible. Llamaré al mundo, la Escuela instituida con el propósito de enseñar a leer a los párvulos; al corazón humano, la cartilla empleada en dicha escuela, y diré que el niño es capaz de leer el alma por esa escuela y su cartilla. ¿Pueden ver cuán necesario es un mundo de dolor y angustia para adiestrar una Inteligencia a fin de convertirla en un alma?"

Pero para alcanzar este contacto definido y consciente con el alma, el aspirante debe aprender a obedecer mediante el [i270] sufrimiento [e275] y también a practicar el amor. Esto no es fácil. Requiere disciplina, esfuerzo y empeño incesante, pues la conquista del yo, que significa una crucifixión diaria y una centrada atención perfecta, nunca aparta sus ojos de la meta, porque es consciente siempre de sus propósitos, progreso y orientación. Lo maravilloso de este proceso es que puede ser realizado aquí y ahora, en la situación en que nos encontramos, sin incurrir en la menor desviación desde el lugar del deber y la responsabilidad. El autor, Dr. Bonsanquet,22 continúa diciendo que "... el yo, en su esfuerzo por completarse, hará pedazos toda forma parcial de su propio ser cristalizado, recibirá con agrado cualquier accidente y se embarcará en el conflicto y la aventura... Este reconocimiento será representado como si surgiera y se mantuviera por todas partes y, en efecto, por los dolores de la propia formación, de la venturosa vida finita, y captando la seguridad del yo por la unión con el todo, en proporción con el alcance de la propia trascendencia que, aunque se amplifique en dirección al todo, muestra en sí todavía la debilidad e inutilidad de la existencia finita."

Tal es la meta del hombre que trata de estar junto al Cristo en la fundación del reino, cumpliendo así con la voluntad de Dios. No hay otro objetivo digno de la atención del hombre, ninguno que pueda absorber todo su poder, todos los dones y talentos que posee en todo momento de su ser. Hoy se exhorta a los servidores de la raza y se hace un llamado a los hombres y mujeres para trabajar en la tarea de perfeccionar el yo, a fin de poder estar mejor equipados para servir, en el hombre, a sus semejantes y a Dios. El Dr. D'Arcy
23 dice:

"No cabe duda que Ortega y Gasset tiene razón cuando declara en La Rebelión de las Masas que

"... la vida humana, por su propia naturaleza, tiene que estar dedicada a algo, a una empresa gloriosa o humilde, a un destino ilustre o trivial. Enfrentamos una condición, extraña pero inexorable, involucrada en nuestra propia existencia. En primer término, vivir es algo que cada cual realiza por sí mismo y para sí mismo. Por otra parte, si a esa vida mía, que sólo a mí concierne, no la dirijo hacia algo, estará desarticulada, carecerá de tensión y de 'forma'. Somos testigos en estos años del gigantesco espectáculo de innumerables vidas humanas que deambulan perdidas en su propio laberinto, porque no tienen nada a qué dedicarse... Librada a sí misma, la vida se torna vacía, sin nada que hacer. Y para llenarla de algo, se inventan frivolidades, se crean ocupaciones falsas que no tienen nada de íntimo y de sincero. Hoy es una cosa, mañana otra contraria a la primera. La vida se pierde al encontrarse tan sola. El mero egoísmo es un laberinto. Esto es bastante comprensible. Vivir es [e276] realmente dirigirse hacia algo, avanzar hacia una meta. La meta no es ni movimiento ni mi vida, es algo a lo cual aplico mi vida y que, en consecuencia, está afuera, más allá de ella. Si me decido a marchar sólo dentro de mi propia existencia, egoístamente, no progreso ni llego a ninguna parte."

Se dice que cuando penetramos en el mundo de los ideales, "las diferencias entre las religiones resultan insignificantes, mientras las coincidencias se tornan sorprendentes. Existe un solo ideal para el hombre: hacerse profundamente humano. 'Sed perfectos'. El entero hombre, el hombre completo, es el hombre ideal, el hombre divino. 'Sois completos en la Divinidad', dice San Pablo. La búsqueda de nuestro yo superior y más íntimo, es la búsqueda de Dios. Descubrirse a sí mismo, conocerse a sí mismo y realizarse a sí mismo, es el destino del hombre.24 En el sendero de la purificación descubrimos cuán débil e imperfecto es el hombre inferior; en el sendero del discipulado trabajamos por el desenvolvimiento de las cualidades que caracterizan al hombre que está preparado para hollar el Camino y nacer en Belén. Entonces sabremos la verdad acerca de nosotros y de Dios, y mediante la realización, sabremos si lo que se nos ha dicho es o no verdadero. Se ha dicho que "...nadie puede comprender exactamente la verdad histórica de documentos tales como los Evangelios, a menos de haber experimentado el significado místico que ellos contienen... Ángelus Silesius, ya había expresado en el siglo XVII la actitud crística, hacia esta clase de investigación:

"Aunque Cristo hubiera de nacer año tras año en Belén y nunca
naciese en nosotros mismos, estaríamos perdidos para siempre; [i271]
y si en nuestro interior no surgiera otra vez,
la Cruz del Gólgota no nos libraría del dolor."
25

El conocimiento de nosotros mismos nos lleva al conocimiento de Dios. Es el primer paso. La purificación del yo nos lleva al portal de la iniciación, de donde podemos hollar el Camino por el que Cristo marchó de Belén al Calvario.

Somos seres humanos, pero también divinos. Somos ciudadanos del reino aunque no lo hayamos reclamado aún, ni entrado en posesión de nuestra divina herencia. La inspiración fluye continuamente; el amor está latente en todo corazón humano. En el primer paso sólo se requiere obediencia y, cuando se ha cumplido, entonces viene el servicio, que es la expresión del amor, y también la inspiración, que es la influencia del reino, haciéndose parte definida de nuestra expresión de la vida. Esto es lo que el Cristo [e277] vino a revelarnos y ésta es la palabra que emitió. Cristo demostró nuestras posibilidades divinas y humanas, y al aceptar la realidad de nuestra naturaleza dual aunque divina, podemos empezar a ayudar en la fundación del reino.

Debemos llegar a comprender que "la Más exaltada, pura y absolutamente adecuada expresión del misterio del hombre, es el Cristo, el Dios-hombre. Sólo Él, ubica verdadera y fundamentalmente a la naturaleza humana en la luz correcta. Su aparición en la historia da derecho al hombre a considerarse algo más que una simple criatura. Si existe realmente un Dios-hombre también existe un Hombre-dios, es decir, un 'hombre' que ha recibido en sí mismo la divinidad... Este Hombre-dios es colectivo y universal, es decir, es todo el género humano o una iglesia mundial. Porque sólo en comunión con sus semejantes el hombre puede recibir a Dios."
26

La actitud individual al ejemplo del Cristo es, en consecuencia, la obediencia al mandato de alcanzar la perfección. Pero, el móvil debe ser el que incitó al Cristo a emprender toda Su actividad divina, la fundación del nuevo reino y el logro de ese estado de conciencia en escala humana y universal, que hará al ser humano [i272] ciudadano del reino, en el cual actuará conscientemente, se someterá voluntariamente a sus leyes y se esforzará constantemente para que se expanda en la tierra. El hombre es el mensajero del reino y la tarea auto-asignada consiste en elevar la conciencia de sus semejantes, para que puedan trascenderse a sí mismos. Compartir con ellos los beneficios del reino y fortalecerlos a medida que avanzan por el difícil sendero, hacia el portal que los admitirá en ese reino, es el único y preciado deber inmediato. El alma que ha establecido contacto con la expresión inferior, el yo personal, arrastra a ese yo al sendero del Servicio. El hombre no puede descansar hasta llevar a otros al Camino y a la libertad, otorgada a los hijos de Dios, que caracterizan al nuevo y venidero reino. El Dr. A. N. Whitehead 27 lo señala al decirnos que "... lo que se sabe en secreto debe ser disfrutado y verificado en común. La convicción inmediata del momento, a este respecto, se justifica como un principio racional que ilumina el objetivo mundial. La gran convicción instantánea se convierte de esta manera en el Evangelio, en las 'buenas nuevas'. Insiste en su universalidad porque, o es eso, o un capricho pasajero".

La nueva religión está en camino y para ello todas las [e278] religiones anteriores nos prepararon. Difiere únicamente en que ya no estará caracterizada por dogmas ni doctrinas, sino que será esencialmente una actitud de la mente, una orientación hacia la vida, el hombre y Dios. Será también un servicio viviente. El egoísmo y los intereses auto-centrados finalmente se eliminarán, porque el reino de Dios es la vida del todo colectivo, sentido y deseado por todos sus ciudadanos; todos los que huellan el Camino trabajan por alcanzarlo y expresarlo. La iniciación no es nada más que el proceso de desarrollar en nuestro interior los poderes y facultades de ese nuevo reino superior, cuyos poderes nos liberan en un mundo más amplio, y tienden a hacernos sensible al todo orgánico, no a la parte. El individualismo y la separatividad desaparecerán cuando el reino venga a la existencia. La conciencia colectiva es su expresión y cualidad sobresaliente. Es el próximo paso definido, claramente indicado en el Sendero de la Evolución, y esto es ineludible. No podemos evitar que finalmente seamos conscientes del todo mayor, o participemos activamente en su vida unificada. Citemos a Lord J. S. Haldane,28 la mayor autoridad que, sobre el tema, hemos encontrado:

"Referente a la interpretación biológica, indiqué que no sólo la determinación orgánica se extiende hasta el medio ambiente de un organismo, sino que, cuando los centros de vida u organismos aparentemente separados están en estrecho contacto entre sí, de modo que coincide su medio ambiente, estas vidas llegan a manifestar en sí mismas una vida más amplia que la evidenciada en conexión con cada organismo componente si estuviera separado del resto. En el caso de la personalidad consciente, vemos que ocurre lo mismo en el plano psicológico, ejemplificado de modo sorprendente. Los intereses de personas asociadas se convierten en interés común. Esto no significa que el interés común sea meramente la suma algebraica de los intereses más o menos antagónicos de las personas asociadas, sino que existe un interés extenso y organizado y la percepción correspondiente y una actividad voluntaria donde se manifiesta este extendido interés... Aunque se distingue aún el interés individual, queda completamente subyugado al interés común. La percepción y la actividad consciente individuales, se fusionan en una percepción y actividad consciente más amplia..., para el interés consciente no hay limitación de tiempo ni espacio..., vemos que en la conducta consciente no tratamos con algo que como los 'cuerpos' del mundo newtoniano pueden considerarse simplemente que existen aquí y ahora. El aquí y ahora del comportamiento consciente se extiende por encima de todos los otros aquí y ahora."

Sin embargo, es posible acelerar la venida del reino, y la necesidad del mundo en la actualidad y la orientación de los hombres hacia el mundo de las ideas, parecerían indicar que ha llegado el momento de [i273] realizar un esfuerzo suplementario que precipitará [e279] la aparición del reino y traerá a la manifestación lo que espera la revelación inmediata. Éste es el desafió que hoy debe enfrentar la Iglesia cristiana. Se necesita visión, sabiduría y esa amplia tolerancia que ve a la divinidad en todas partes y reconoce a Cristo en todo ser humano. Citamos nuevamente a Otto Karrer:29

"Podemos decir con toda verdad, que únicamente el cristiano, cuya visión abarca no sólo todas las formas organizadas del cristianismo, sino también al cristianismo inconsciente, y la religiosidad y la santidad que existe en toda la raza humana, puede lograr una comprensión adecuada de lo que significa 'el reino de Dios', la comunión universal de los Redimidos, la Iglesia invisible y, por lo tanto, la visible. En consecuencia, ese cristiano sabrá que hay un laso que lo une con todos sus semejantes, sean paganos, o correligionarios judíos, unión más íntima que el vinculo de la sangre, determinada por la posesión común de una religión, cualquiera sea."

Cuando captamos la significación del reino de Dios, empezamos a comprender lo que significa la Iglesia de Cristo y el significado de esa "nube de testigos",30 que nos cubre constantemente. El reino de Dios no es alguna iglesia particular con sus propias doctrinas peculiares, sus especiales formulaciones de la verdad y su método especializado de gobierno en la tierra y su acercamiento a Dios.

La verdadera Iglesia es el reino de Dios en la Tierra, separado de todo gobierno clerical, y se halla compuesta por todos los que, sin tener en cuenta su raza o creencia, viven guiados por la luz interna, por quienes descubren la realidad del Cristo místico en su corazón y se preparan para hollar el Camino de la Iniciación. El autor que acabamos de citar añade:

"Es una Iglesia que no está confinada a las iglesias y catedrales del mundo occidental, ni circunscrita por diferencias de nación o de cultura, no obstante la 'Iglesia ha existido desde el comienzo de la historia humana', la Iglesia universal (Pribilla), tan vasta como amplio es el género humano, en el pasado, presente y futuro, vivo y muerto, la Iglesia que incluye a todos los hombres religiosos, en virtud de su deseo religioso, su determinación, sus plegarias, y por la gracia de Aquél que oró por ellos, para que fueran 'uno', como Él es uno con Su Padre, el Padre de todos los hombres. En resumen, el hombre religioso es consciente de ser miembro de la familia humana. Es imposible ser religioso y dejar al género humano fuera de la propia religión. 'Porque sólo la simpatía humana hace alegrar y expandir el corazón del hombre'."31

El reino no está compuesto por personas ortodoxas de mente teológica. Su ciudadanía es más amplia que eso, incluye a todo ser humano que piensa en términos más amplios que el individual, el [e280] ortodoxo, el nacional y el racial. Los miembros del venidero reino pensarán en toda la humanidad y mientras sean separatistas o nacionalistas, religiosamente fanáticos o comercialmente egoístas, no tendrán ubicación en ese reino. La palabra espiritual tendrá un significado más amplio que el dado en la era anterior, que afortunadamente está pasando. Todas las formas de vida serán observadas desde el punto de vista de los fenómenos espirituales y no consideraremos como espiritual a una actividad, y a otra no. El móvil, el propósito y la utilidad grupal, determinarán la naturaleza espiritual de cualquier actividad. Trabajar para el todo, ocuparse en ayudar al grupo, conocer que la Vida una palpita en todas las formas, y trabajar siendo consciente de que todos los hombres son hermanos, constituyen cualidades iniciales que debe ostentar un ciudadano [i274] del reino. La familia humana es individualmente autoconsciente. Esta etapa de la conciencia separadora ha sido necesaria y útil, pero ha llegado el momento de ser ya conscientes de contactos mayores, de implicancias más amplias y de una inclusividad más general. A este respecto dice un escritor:

"...no podemos permitir que nuestro prójimo, se trate de una nación o de un individuo, se encamine a la destrucción, sin que por lo menos compartamos su sufrimiento y desgracia. Todas las personas están orgánicamente relacionadas. La humanidad sólo puede progresar si todas las naciones progresan. Ninguna nación puede sobresalir egoístamente, dejando que las demás perezcan... Tenemos que percibir la realidad científica de la solidaridad del género humano. Debemos reconocer que la prosperidad, el bienestar, la salud y la felicidad de cada uno de nosotros, pueden asegurarse únicamente si cada uno actúa de manera que los demás, nuestros semejantes, tengan la misma paz, la misma felicidad, las mismas ventajas económicas y las mismas oportunidades para educarse, que las nuestras." 32

¿Cómo se materializará en la tierra este reino de Dios? Mediante el acrecentamiento gradual y seguro del número de ciudadanos de ese reino que viven ahora en la tierra, demostrando las cualidades y la conciencia, características de tales ciudadanos; mediante hombres y mujeres de todas partes, que cultiven la expansión de conciencia y se hagan cada vez más incluyentes. "Cualquier reflexión que pueda derribar infaliblemente las paredes del yo", dice el Dr. W. E. Hocking,33 "abre de inmediato un campo mundial infinito. Agreguen un segundo número a mi Uno y tendré todos los números". Continúa este autor dándonos la clave del proceso que debe aplicarse a este trabajo de unidad esencial, diciendo que "... el verdadero místico es quien se mantiene en la [e281] realidad de ambos mundos y deja que el esfuerzo y el tiempo comprendan su unión".34 El reino de Dios no está divorciado del práctico vivir cotidiano, en el nivel de los asuntos diarios. El ciudadano del reino tiene conciencia del mundo y conciencia de Dios. Sus líneas de contacto están claramente señaladas en ambas direcciones: no se interesa en sí mismo, sino en Dios y en sus semejantes, y su deber para con Dios aparece en el amor que experimenta y demuestra hacia quienes lo rodean. No reconoce barreras ni divisiones; vive como alma en todos los aspectos de su naturaleza, a través de su mente y de sus emociones y también en el plano físico de la vida. Trabaja a través del amor, con amor y por amor a Dios. En el párrafo siguiente encontramos resumida su actitud:

"El amor tiene muchas ventanas y necesita aprendizaje y sabiduría; la vida del cristiano exige el ejercicio de cada una de sus facultades y de todo lo que está en él. Su vida está oculta en el Cristo. Se libera por la renunciación interna, de modo que el amor divino pueda penetrar todos sus actos, y cuando juzga los hechos y actuaciones de su prójimo es, no sólo bien intencionado, sino sabio. Debe estar en el mundo y no ser del mundo; debe combinar derechos y deberes, intereses de los individuos con los grupos, los grupos con las naciones y las naciones con el mundo civilizado; debe ajustar los cánones de la belleza, de la moral y de la libertad, a los cánones del control y la autoridad, los del conocimiento a los de la tradición y la fe." 35

Un detenido estudio del Evangelio y una profunda atención a las palabras del Cristo revelarán que las tres características descollantes de Su obra y las tres líneas principales de Su actividad, están destinadas a ser también las nuestras. Como ya vimos, esas características son, primero, el logro de la perfección y su demostración [i275] por medio de los cinco grandes acontecimientos que llamamos las crisis de la vida de Cristo, las cinco iniciaciones mayores de oriente y de las escuelas esotéricas; segundo, la fundación del reino —responsabilidad que nos cabe a cada uno de nosotros, porque aunque el Cristo ciertamente abrió la puerta hacia el reino, el resto del trabajo descansa sobre nuestros hombros; tercero, el logro de la inmortalidad, basado en el desarrollo de lo que tenemos internamente, cuya naturaleza es real, posee verdadero valor y merece afrontar la prueba de la inmortalidad. Esta última idea demanda mucha atención. Impresionante por lo que implica, es triste y profundamente cierto que "... el hombre, tal como hoy existe, no está capacitado para sobrevivir. Debe cambiar o perecer. El hombre, tal cual es, no constituye la última palabra de la [e282] creación. Si no se adapta, y no puede adaptarse él mismo y sus instituciones al nuevo mundo, tendrá que ceder su lugar a especies más sensibles y de naturaleza menos grosera. Si el hombre no puede realizar el trabajo que se le pide, surgirá otra criatura que lo pueda hacer." 36

Tal ha sido siempre el plan evolutivo. La vida de Dios ha construido para sí un vehículo tras otro, a fin de manifestarse, y los reinos se han sucedido unos tras otros. La misma gran expansión es inminente hoy. El hombre, ese ser autoconsciente, puede diferir radicalmente de las formas de vida de los otros reinos, porque puede avanzar sobre la oleada de vida con plena conciencia. Puede compartir el "gozo del Señor" a medida que obtiene más amplias expansiones de conciencia, y conocer la naturaleza de esa bienaventuranza, condición destacada de la naturaleza de Dios. No es necesario el fracaso humano ni la ruptura definitiva de la continuidad de la revelación. Hay algo en el hombre que le permite eliminar la brecha que existe entre el reino en que se encuentra, y el nuevo que alborea en el horizonte. Los seres humanos, ciudadanos de ambos reinos, el humano y el espiritual, están hoy con nosotros como lo han estado siempre. Se mueven con entera libertad en cualesquiera de estos mundos, y el Cristo mismo demostró perfectamente [i276] esa ciudadanía y dijo que podríamos hacer "cosas más grandes que las que Él hizo". Tal es el futuro esplendoroso hacia el que se orienta hoy el hombre y para el cual todos los acontecimientos mundiales lo están preparando. Este hecho ha sido subrayado por L. C. Beckett:37

"No podemos eludirlo, querramos o no, todos debemos, tarde o temprano, entrar en el reino que está en nosotros. Creo que hemos avanzado un poco en el camino, al percibir lo que nunca se comprendió antes, esto es, que este reino, el Nirvana, no es más ni menos que la siguiente ola que llevará la marea a un paso más cerca de la costa, el próximo latido en el Hálito de Dios. Y aunque esa condición futura parezca increíble, como la del hombre respecto a la ameba, sin embargo tenemos la seguridad de quien conoció el camino nos alentará a seguirlo: 'Abierta de par en par está la puerta de lo imperecedero, para todos los que escuchan, que demuestren su fe para enfrentarla' (Mahavagga Sutta)."

En un capítulo anterior de la misma obra, Beckett 38 dice que: "En el sentido místico de la creación que nos rodea, en la expresión del arte, en el anhelo de Dios, el alma asciende y halla la realización de algo implantado en su naturaleza. La confirmación [e283] de este desarrollo está dentro nuestro, y es un esfuerzo surgido en nuestra conciencia, o una luz interna que procede de un Poder más grande que el nuestro."

La preparación para este reino la constituye la tarea del discipulado y también la férrea disciplina del quíntuple sendero de la iniciación. El trabajo del discípulo consiste en la fundación del reino, siendo la inmortalidad la característica primordial de sus ciudadanos. Son miembros de una Raza Inmortal, y el último enemigo que vencen es la muerte. Actúan conscientemente dentro o fuera del cuerpo, no importa cuál sea; tienen vida perpetua, porque hay en ellos algo que no puede morir, pues es de naturaleza divina. Ser inmortal, porque nuestros pecados han sido perdonados, es una explicación inadecuada para una mente inteligente; gozar de vida eterna porque el Cristo murió hace dos mil años, no resulta satisfactorio para el hombre consciente de sus propia responsabilidad e identidad; vivir eternamente porque se es religioso o se ha aceptado cierta creencia, es una razón que repudia el hombre consciente de su propio poder y naturaleza interna; basar nuestra fe en la supervivencia, en la tradición o en un sentido innato de la persistencia, no nos parece suficiente. Mucho sabemos acerca del poder y de la tenacidad en la autoconservación y del impulso creador en la autoperpetuación. Tal vez ambos se realizan en un sentido idealista cuando el hombre enfrenta la finalidad.

Sin embargo, la humanidad posee el innato sentido de pertenecer a otro lugar; hay un divino descontento que sin duda alguna está basado en una herencia natural, que es la garantía de nuestro origen. Este anhelo por una vida más amplia y plena, es tanto una característica humana, como la tendencia normal del individuo de orientarse hacia la vida familiar y contactos sociales. En consecuencia, es tan capaz de realización como esa tendencia, y a esto contribuye el testimonio de las edades. La salvación personal, después de todo, es de poca importancia, a no ser que tenga lugar dentro de una salvación más general y universal. La Biblia nos promete que el que "cumple la voluntad [i277] de Dios, permanece para siempre",39 en estas palabras reside la, clave. Siempre se ha tendido a creer que cuando Dios creó al hombre, Su voluntad de expresión quedó perfectamente satisfecha. Verdaderamente, no hay base real para tal creencia. Si Dios no es capaz de producir algo mucho más perfecto que la humanidad, y si la vida que afluye a través del mundo natural no tiende hacia algo importante, mejor [e284] y bello, de lo que hasta ahora ha creado, entonces Dios no es divino, en el sentido en que se acepta el término comúnmente. Exigimos algo más que esto de Dios, una grandeza que sobrepase todo lo que conocemos. Lo creemos posible. Nos respaldamos en la divinidad y estamos seguros de que no nos defraudará. Pero la revelación de la ultérrima perfección sea cual fuere (sin que limitemos a Dios con nuestras propias ideas preconcebidas), debe exigir el desarrollo de poderes y de un mecanismo en el hombre, que le permita reconocerla y compartir sus maravillas y su más amplia esfera de contactos. Quizá nosotros mismos tendremos que cambiar para poder expresar lo divino como lo expresó Cristo, antes de que Dios pueda ir adelante con la manifestación de la belleza del reino oculto. Dios necesita la colaboración del hombre. Exhorta a los hombres a cumplir Su voluntad. Consideramos esto como un medio para nuestro propio bien individual, aunque quizá haya sido una actitud equívoca. Debemos levantarnos y llevar adelante el Plan interno, equipándonos para la perfección, a fin de que Dios "de la aflicción de su alma pueda ver y quedar satisfecho".40 Debemos constituir el experimento crucial de Dios. El germen de la vida divina está en nosotros, pero debemos hacer algo al respecto; ha llegado el momento en que toda la humanidad debe dedicarse a fomentar la vida divina en la forma racial. Lord Conway of Allington41 dice, con palabras iluminadoras, que lo importante en la vida radica en esta urgente responsabilidad:

"Un cristal sólo puede construirse capa por capa y no podemos elaborarlo de un trozo de materia; lo mismo sucede con la vida que se genera eternamente en un Eterno Ahora. Nada puede existir en cuatro dimensiones si fue construido en tres dimensiones, para bien o mal. Parece que lo divino actúa únicamente en la superficie de la actividad. Quienes están en comunión con lo divino, con Dios, llevan vidas inspiradas, y al dar forma a su cuerpo eterno, manifiestan y erigen en la estructura eterna, la belleza y, finalmente, la gloria de Dios. 'El mundo pasa', esto es, se desvanece para los mortales, porque se hace eterno. 'El que hace la voluntad de Dios permanece para siempre'; el hombre que cumple Su voluntad y en consecuencia su actividad creadora, en armonía con la Voluntad divina, posee vida eterna, y esto, no en el más allá ni en algún estado futuro, sino aquí y ahora, 'pasando de la muerte a la vida'. El nacimiento y la muerte son los meros límites de la vida eterna en el hombre. Nada son en sí. Entre esos límites cuatridimensionales, está la materia de su vehículo. El gran Enigma no se resuelve con la muerte sino con la vida. La enorme importancia de la vida está en que durante cada hora de la misma, el hombre hace o deshace su alma eterna. Así cada hora es significativa. Lo que el hombre hace para sí en cada hora, es un acto eterno".

[e285] Por lo tanto nuestro deber inmediato, en bien del reino, cuyos ciudadanos son inmortales, es desarrollar lo que hay de divino en nosotros, cuyas características pueden conocerse por el sentido de los valores, el atributo de la luz y la naturaleza de su amor y sus amores. La total expresión del "Hombre [i278] Oculto en el Corazón", es lo que hoy se necesita. La revelación del yo dentro del no-yo es la demanda, que se aclara en los siguientes términos:

"El hombre sobrevive a la muerte. Pero, ¿cómo y en qué forma? El ego terreno no es el yo definitivo. Pertenece al orden de la generación, que es simplemente el proceso de desarrollo en el tiempo. ¿Qué ocurre, entonces, cuando no existe el tiempo? El ego, en su forma terrena y temporal, no tiene cabida en la eternidad. Y es bueno que así sea. Ese no-yo no es el verdadero hombre, el hombre ideal. El hombre ideal, el hombre final y completo es el no-yo, que está 'fusionado en una entrega indivisa e ilimitada, con todos y cada uno'. Sólo un Yo tan amplio, abierto al mundo entero, puede la verdadera personalidad humana ser la realización del auténtico humanismo".42

Este no-yo, nutrido, alentado, entrenado y desarrollado, es el aspecto inmortal del hombre, y somos responsables de ese no-yo. Esto es ineludible y tampoco podemos evadir el hecho de que Somos parte de un todo y que sólo cuando Cristo sea reconocido por la raza entera y expresado por toda la humanidad, lograremos aquello por lo cual fuimos creados: el cumplimiento de la voluntad de Dios, tal como Cristo la cumplió. Es necesario trascender el complejo de inferioridad que se convierte en una duda cuando nos encontramos con frases como la recién mencionada: 'como Cristo la cumplió'. Un libro citado anteriormente, establece que la idea de un Cristo personal debe ser borrada y reemplazada por el Cristo, como la vida y la esperanza de todos nosotros. Karl Pfleger 43 dice que "habiendo logrado la humanidad-divina su realización individual, absolutamente perfecta en la Persona de Cristo, debe ser alcanzada socialmente por el proceso histórico que Él inauguró. En Cristo, el Principio divino se convirtió en una realidad física, y esta realidad constituye la nueva sustancia vital de la que extrae su alimento la humanidad unida a Dios, o más bien, a medida que asimila la esencia de Cristo, se eleva gradualmente hasta la esfera de la humanidad divina". J. S. Haldane 44 remarca la misma idea desde otro ángulo, cuando dice:

"La meta de toda vida finita es simplemente la totalidad, de la cual esta vida es un fragmento. Cuando busco mi propia meta, busco la totalidad de mi ser. En cuanto mi objetivo sea la completación absoluta de mi ser, mi meta es idéntica a toda la vida de Dios. En todos nuestros [e286] esfuerzos, el logro de la meta significa mucho más de lo que podría darnos cualquier instante futuro. El yo, en su integridad, es el todo de un sistema autorrepresentativo, y no meramente el último momento o etapa del proceso, si esto pudiera ser. Y ello sólo puede ser así, porque en Dios tenemos nuestra individualidad. En la Mente Absoluta está el significado de que tenemos existencia. Nuestra misma dependencia es la condición de nuestra libertad y significación excepcional".

Solamente quien es excepcional comprende el verdadero significado interno de la inmortalidad. Aquellos en quienes el sentido de los valores está subordinado a los valores del alma, cuya conciencia es la de la eternidad, son eternos en sus procesos vivientes. Debe recordarse esto.

¿Estamos interesados en el todo vital? ¿El bienestar de la raza tiene verdadera importancia para nosotros? ¿Estamos dispuestos a sacrificarlo todo para bien del todo? Estos interrogantes son de suma importancia para el aspirante individual, y debe responderlos si quiere comprender con claridad lo que trata de hacer. Este proceso de dar preferencia al todo ha sido sintetizado por el Dr. Albert Schweitzer,
45 quien nos presenta un maravilloso cuadro del reino de Dios:

"La civilización, para decirlo con sencillez, consiste en entregarnos como seres humanos, al esfuerzo de lograr el perfeccionamiento de la raza humana y a la actualización de todo tipo de progreso, en las circunstancias humanas y las del mundo objetivo. Esta actitud mental, sin embargo, implica una doble predisposición: primero, estar preparados para actuar afirmativamente en lo que respecta al mundo y a la vida y, segundo, ser éticos.

"Sólo cuando podamos atribuir un significado real al mundo y a la vida, podremos dedicarnos a esa actividad que [i279] producirá resultados de verdadero valor. Mientras consideremos nuestra existencia en el mundo como carente de significado, no tiene objeto desear hacer algo en el mundo. Nos convertimos en trabajadores de ese progreso universal, espiritual y material, llamado civilización, sólo en la medida en que afirmemos que el mundo y la vida tienen algún significado, o lo que es lo mismo, en la medida en que pensemos con optimismo. La civilización nace cuando los hombres se inspiran en una potente y clara determinación de obtener progreso, y se consagran, como resultado de esta determinación, al servicio de la vida y del mundo. En la ética salo encontramos la fuerza impulsora de tal acción, que transciende, como lo hace, los límites de la propia existencia.

"Nada que tenga verdadero valor en el mundo se consigue sin entusiasmo ni autosacrificio."

Lord Conway of Allington,
46 se refiere a la misma verdad, desde otro punto de vista:

[e287] "Todo ideal que ha logrado introducirse en el alma humana, empezó por generar una 'multitud', por la cual y en la cual se ha incorporado. De este modo, el budismo, el cristianismo, el islamismo y las demás religiones (cada una procedente de una simiente que germinó en una mente individual), se difundieron en los corazones de las multitudes y penetraron en un período extenso o breve de la vida colectiva. Toda multitud que idealiza, debido a que tiene un comienzo, también debe tener un fin. Con el tiempo su organización se debilita, disminuye el número de miembros, su entusiasmo se desvanece, sus ideales se hacen borrosos, pero la verdad que cualquier ideal victorioso haya expresado, no cesa de existir ni de ser verdad, aunque ya no constituye la chispa vital que encendió a la multitud. Se convierte en propiedad general de la raza humana y penetra en la conciencia normal del género humano.

"Crear una idea nueva es la tarea del vidente; propagarla queda a cargo de un profeta o de varios; organizar la multitud resultante es obra de los hombres prácticos que saben imponer a la multitud la disciplina por la cual sólo puede moverse y organizarse para un gran fin".

Ningún hombre que no pueda tener conciencia de los verdaderos valores, está preparado para la inmortalidad, prerrogativa de los hijos de Dios. La construcción de la estructura interna que constituye el cuerpo espiritual, se lleva a cabo mediante la purificación, el perfeccionamiento, la meditación, la iniciación y sobre todo por el servicio. No hay otro camino. Los verdaderos valores a los que el iniciado entrega su vida, son los del espíritu, los del reino de Dios, los que conciernen al todo y no ponen el énfasis primordialmente en el individuo. Se expresan por medio de la expansión, el servicio y la incorporación consciente en el todo. Pueden sintetizarse en la palabra servicio. Se demuestran por la inclusividad y la no separatividad. Aquí la Iglesia, como comúnmente se entiende, enfrenta su principal desafío. ¿Es suficientemente espiritual como para abandonar la teología y hacerse realmente humana? ¿Tiene bastante interés para ampliar su horizonte y reconocer como verdadero cristiano a todo el que muestre un espíritu crístico, sea hindú, mahometano o budista, o esté tildado por cualquier nombre que no sea el de cristiano ortodoxo? El Dr. Huizinga 47 hace esta misma pregunta, diciendo con optimismo, en su obra iluminadora:

"Si el planeamiento y cambio estructural no pueden prometernos un nuevo espíritu, ¿podrá hacerlo la Iglesia? Probablemente la Iglesia pueda surgir purificada y fortalecida después de las persecuciones a las que hoy es sometida en más de un país. Es concebible que algún día el espíritu religioso, latino, germano, anglosajón y eslavo, se unan y penetren en las profundidades pétreas del cristianismo, en un mundo que capte también la rectitud del islamismo y las profundidades del orientalismo. Las Iglesias, como organizaciones, pueden, sin embargo, triunfar [e288] hasta donde logran purificar el corazón de sus miembros. La imposición de la voluntad o el dictamen, no detendrá el avance del mal".

De todo lo considerado surge otro pensamiento básico y es que estamos hoy transitando de la era de la autoridad a la de la experiencia, y [i280] esta transición indica que la raza se está preparando rápidamente para la iniciación. Nos rebelamos contra las doctrinas que no nos interesan en lo más mínimo, y la razón reside, dice el Dr. Dewey,48 en que "... la adhesión a cualquier cuerpo de doctrinas y dogmas basados en una autoridad específica, significa desconfiar en el poder de la experiencia, que proporciona en su propio movimiento progresivo, los principios necesarios de creencia y acción. La fe, en su sentido más reciente, significa que la propia experiencia es la sola y esencial autoridad".

Es evidente que esto no presupone uniformidad, sino el reconocimiento de nuestra unidad esencial. El Dr. A. E. Haydon
49 lo señala en los siguientes términos:

"... todas las religiones se esfuerzan por alcanzar los mismos valores supremos. Por cierto no significa que todos profesaremos la misma religión. Nacimos bajo condiciones históricas distintas, en medios social y geográficamente diferentes, que hacen que cada religión particular esté de acuerdo a nuestro propio desenvolvimiento; pero debemos comprender que hay una religión detrás de todas estas religiones, y que el deber de las personas de mentes religiosas, es no apartarse por sus diferencias, sino unirse y trabajar por una más grande gloria de Dios y mayor felicidad del género humano."




2


Así, paso a paso, hemos seguido a Cristo en Su estupenda tarea y estudiamos esta tarea en lo que respecta a su excepcionalidad. Hizo algo de tal significación para la raza, que recién ahora estamos en condiciones de comprenderlo. Tanto nos ocupamos de nuestra propia salvación individual y nuestra esperanza de ganar el cielo, que las cosas realmente únicas que Cristo efectuó, escaparon a nuestra observación. Sin duda siguió los pasos de muchos hijos de Dios, que en su día y generación sirvieron, sufrieron y trajeron la salvación al mundo; tampoco se duda que dio un ejemplo de lo que es una humanidad perfecta, como el mundo jamás había visto antes. El más grande de los anteriores hijos de Dios, Buda, después de incesante lucha, alcanzó la iluminación, abrió la senda [e289] para la humanidad hasta y a través del portal de la iniciación. Pero Cristo fue perfecto y aprendió la obediencia (¿nos atreveremos a decir que Lo hizo en algún ciclo previo de vidas?) por medio del sufrimiento. También es cierto que venció a la muerte y abrió los portales de la inmortalidad a toda la humanidad. Pero desde los primeros albores de la historia humana, los hombres siempre sufrieron mutuamente; repetidas veces, unos aquí y otros allá, lograron la perfección y desaparecieron de la vista humana. La chispa divina en el hombre, siempre lo ha hecho inmortal. Los hombres siempre [i281] presintieron su divinidad y tendieron sus manos y sus corazones a Dios. Los hijos del Padre nunca olvidaron el hogar del Padre, por mucho que se hayan alejado. De igual modo, Dios siempre nos buscó y siglo tras siglo envió a Sus mensajeros como personificación de Su recuerdo. Escuchemos los versos de James Russell Lowell:50

"Dios no es mudo, como para no hablar;
si has ambulado por los desiertos
y no encuentras el Sinaí, es porque tu alma es débil;
allí se levanta nada menos que el monte de la Voz,
y lo encontrará quien lo busca; pero quien se inclina
a recoger el maná y las metas mortales,
no verá ni oirá su estruendosa llamada.

Lentamente se escribe la Biblia de la raza,
no en hojas de papel ni de piedra;
cada edad, cada pueblo, agrega un versículo
cuyo texto será de desesperación o esperanza, de alegría o de
(queja.
Mientras se mece el mar y las nieblas cubren las cimas, mientras el trueno ruge en abismos de nubes, las naciones siempre se han sentado a los pies de los profetas."

Pero Cristo vino como Mensajero especial. Vino a fundar el reino de Dios en la tierra y a instituir una nueva y tangible expresión de la Deidad en nuestro planeta. Las palabras que siguen ¿no son acaso palabras verdaderamente de Cristo y expresan el carácter excepcional de su misión? Dicen:

"El hombre entra ahora en escena como representante de la idea de totalidad y paladín ordenado por la providencia para la reunión entre Dios y la humanidad. 'Su personalidad espiritual no es en sí nada más que la expresión viviente de la primera unión interna del alma del mundo con el divino Logos'. Por medio del hombre la historia se liberará de la insignificancia de un proceso determinado, donde todo ha sido mecánicamente elevado a un orden universal determinado por Dios y el espíritu. Es un proceso humano-divino, caracterizado por revelaciones que progresivamente se hacen más perfectas en sus profundizaciones religiosas respecto al misterio de Dios y del hombre y, finalmente, conducen a [e290] una viviente síntesis individual de toda verdad, la Encarnación del Logos, el advenimiento del Dios-hombre. ¿Termina aquí la historia humana? Hablando estrictamente, es su punto de partida".51

La misión de Cristo no ha fracasado. El reino está ahora organizado en la tierra, formado por hombres y mujeres de todas partes que perdieron de vista su propia salvación individual y esperanza de alcanzar el cielo, porque saben que si el cielo no se expresa aquí y ahora, sólo sería una esperanza vana. Esas personas se ocupan de los procesos de autoperfección y autopurificación, porque tratan de servir a sus semejantes en forma cada vez más eficiente y adecuada, para así "glorificar al Padre que está en los cielos".52 Tales personas no se interesan en el autoengrandecimiento ni abrigan pretensión alguna, excepto la estupenda proclama de ser hijos de Dios, como todos los somos; no hablan acerca de la iniciación ni se denominan, iniciados; se conforman con marchar entre los hombres como servidores y ciudadanos del reino de Dios. Son los servidores del mundo y su único interés está en seguir los pasos de Aquel que anduvo por la tierra haciendo el bien y proclamando las nuevas del reino. No dicen que el suyo es el único camino para entrar en el reino, pero a quienes no conocen a Cristo les dicen: "Hijitos, amaos los unos a los otros". No condenan a los que nada saben del sacrificio de Cristo en la Cruz, pero dicen, a quienes buscan el camino: "Toma tu cruz" y sigue a Cristo. A sus condiscípulos les recuerdan constantemente que "si un grano de trigo no cae en la tierra, muere y queda solo", y establecen para sí la meta del nuevo nacimiento. La masa de los hombres y mujeres del mundo que piensan y son bien intencionados, [i282] marchan hoy desde Nazaret, en Galilea, a Belén. Algunos, quizá más de los que pensamos, van encaminándose hacia el Bautismo en el Jordán, en tanto que unos pocos escalan con valentía el Monte de la Transfiguración. Habrá alguno aquí o allá que vuelve firmemente su rostro para ir a Jerusalén y ser crucificado allí, pero son los menos. La mayoría de nosotros está aprendiendo a morir diariamente para el yo, a adaptarse a la última iniciación de la Crucifixión, y a la constante renunciación de todo lo que detenga la expresión de la divinidad; nos preparamos para la tremenda experiencia espiritual que siempre ha precedido a la Resurrección, denominada la Gran Renunciación.

Visualicemos con claridad la etapa en que nos hallamos en el Sendero de la Evolución. Hemos puesto nuestros pies en el sendero de probación, ese difícil sendero de la purificación que [e291] constituye necesariamente el primer paso. ¿O nos encontramos decididamente en el sendero del discipulado, sabiendo lo que estamos haciendo, cultivando los valores más refinados y las cualidades características que constituyen la marca distintiva de la divinidad manifestada?

El único incentivo suficientemente poderoso (o cualquiera que haya sido) para permitir a un hombre hollar el quíntuple camino hacia el centro del que surge la palabra, es la comprensión de la profunda y afligente necesidad que tiene nuestro mundo moderno de revelación, de ejemplo y de servicio amoroso. No existe otro medio para que este triste mundo nuestro, desgarrado por las guerras, se salve, y las vidas de los hombres se transfiguren, excepto por la manifestación del espíritu de Dios. 'En vez de esperar que Dios actúe y envíe algún Salvador (que probablemente no sería reconocido, como no lo fue Cristo), ha llegado la hora y el género humano ha evolucionado suficientemente para que surja la vida divina interna y se eleve hacia Dios, invocando Su respuesta y reconocimiento, otorgado una y otra vez. Dios está dispuesto a otorgar. Somos Sus hijos y comenzamos a vivir en forma divina, pensando (como Él piensa) en términos de la totalidad y no del individuo egoísta y separatista; esta es una época de crisis, en que todos los seres humanos se necesitan y se exhorta a cada uno [i283] a realizar un esfuerzo extra para lograr el desinterés y ese impulso mental que conducirá a pensar con claridad, que de aspirantes bien intencionados los transformará en discípulos de clara visión, animados por un espíritu de amor y buena voluntad hacia todos los hombres, prescindiendo de raza, creencia o color. El Dr. Berdyaev 53 dice que:

"Por una parte, la crisis de la cultura se produce porque una civilización realista exige vida y poder; por otra, la crisis se asocia con el surgimiento de una voluntad religiosa que aspira a transfigurar la vida, a lograr un nuevo ser, a crear un nuevo cielo y una nueva tierra. Esta voluntad para completar la realidad, una verdadera voluntad ontológica, marchando hacia la unidad y la integridad, no se satisface con actividades culturales divididas y autosuficientes".

La voluntad religiosa se está expresando ahora, no se dirige a la teología ni a la formación de doctrinas, tampoco se ocupa de que se cumplan, sino de amar y servir, olvidando al yo, dando lo máximo posible para ayudar al mundo. Esta voluntad derriba todas las barreras y eleva a los hijos de los hombres donde hay voluntad de ser ayudados. Es algo que se está organizando lentamente en el mundo de hoy, cuya cualidad es la universalidad y su [e292] técnica el servicio amoroso. Por todas partes los hombres responden al mismo impulso espiritual interno, tal como aparece en el bello relato referente al Buda:

"En la creencia de que había alcanzado la última etapa de la perfección, el Buda está dispuesto a abandonar la existencia en el espacio y tiempo finito y a trocar todo el dolor y el sufrimiento por la bienaventuranza universal y eterna.

"En ese momento, un mosquito zumbador fue atrapado por un murciélago que pasaba.

"'Detente', pensó el iluminado, 'el estado de perfección al que estoy entrando es sólo la perfección de mí mismo, perfección excepcional, y mi plenitud es única, entonces aún no soy un ser universal. Otros seres aún sufren la imperfección, la existencia y la muerte resultante. La compasión se despierta en mí cuando contemplo su sufrimiento'.

"'He iluminado para ellos el camino de la vida hasta la perfección, en verdad y en hecho, pero ¿podrán ellos hollar ese sendero sin mí'?

"'Soñé la excepcional perfección de mí mismo; la perfección de mi propio carácter y personalidad, es sólo imperfección, mientras otro ser —un solo mosquito— sufra la imperfección de su especie'.

"'Ningún ser alcanzó la bienaventuranza solo; todos deben lograrla juntos, y ésa debe ser la bienaventuranza adecuada a cada uno'. ¿Acaso no estoy en todo otro ser, y todo otro ser no está acaso en mí?

[i284] "Con queda y tenue voz habla el Buda a cada ser, mediante su inspiración, para que adquiera carácter interno; su aspiración hacia la personalidad externa, transmuta perpetuamente este yo en el no-yo, cada realidad depende de la otra, un eterno sendero de vida para hollar hacia la perfección de cada uno y de Todos".54

Cristo enseña la misma lección, y Sus discípulos trataron siempre, en su propio lugar y época, de enseñar la ley del servicio.

"La experiencia personal de esos hombres excepcionales ha sido llevar la evidencia reiteradamente a millones y millones de hombres... Por eso, la experiencia de la realidad debe darse por sentada. Además, tal 'evidencia' ha resultado ser una fuerza elevadora; en consecuencia, debe haber entrado en actividad una realidad de orden superior. Debemos recordar que ninguna sugerencia, como tal, sino la de lo Real y lo Verdadero, crean nuevas realidades que puedan continuar viviendo."55

Así habló Keyserling, y este testigo suyo que lo testimoniaron las edades, es un verdadero testigo. A veces parecería como si los dos extremos continuaran viviendo en la conciencia del hombre, los notorios y ambiciosos y los grandes servidores del mundo. Hasta ahora, la secuencia ha sido: servicio a nosotros mismos, a nuestra familia, a los que amamos, a algún dirigente, a alguna causa, a alguna escuela de política o de religión. Ha llegado el momento en que el servicio debe ampliarse y expresarse en forma [e293] más abierta e incluyente. Tenemos que aprender a servir como sirvió Cristo, a amar a todos los hombres como Él los amó, y por la potencia de nuestra vitalidad espiritual y la calidad de nuestro servicio, estimular a todos aquellos con quienes entramos en contacto para que también puedan servir y amar y llegar a ser miembros del reino. Cuando esto sea claramente visto y estemos preparados para realizar los sacrificios y las renunciaciones necesarias, se manifestará más rápidamente el reino de Dios en la Tierra. El llamado no es para los fanáticos ni para el ferviente devoto que al tratar de querer expresarla, tergiversa la divinidad. El llamado es para los hombres y mujeres sensatos y normales que pueden comprender la situación, encarar lo que debe hacerse, y dar su vida para expresar ante el mundo las cualidades de los ciudadanos del reino de las almas: amor, sabiduría, silencio, no separatividad, no abrigar odios ni partidismos, ni creencias doctrinarias. Cuando puedan reunirse un gran número de hombres así (y se están reuniendo aceleradamente), se cumplirán las palabras del canto de los ángeles en Belén: "En la tierra paz y buena voluntad entre los hombres".




Notas:

1.The World Breath, de L. C. Beckett, pág. 280.
2.A Philosophy of Form, de E. I. Watkin, pág. 370.
3.The Next Step in Evolution, pág. 68.
4.Wrestlers with Christ, págs. 14, 15.
5.Reality and Illusion, de Richard Rothschild, pág. 11.
6.ídem, pág. 11.
7.The Decay cLnd Restoration of Civilization, págs. 78, 79.
8.The End of Our Time, de Nicholas Berdyaev, pág. 105.
9.Reality and Illusion, pág. 13.
10.Pr. 29:18.
11.Psychology and The Promethean Will, de W. H. Sheldon, pág. 34.
12.Ídem, pág. 34.
13.Wrestlers with Christ, págs. 19, 20.
14.I Jn., 4:20.
15.Extraído de The Observer por Basil de Selincourt, citado en The Testament of Man, de Arthur Stanley, pág. 618.
16.Religious Realism, de D. G. Macintosh y otros, pág. 85.
17.Eros and Psyche, de Benchara Branford, pág. 363.
18.De The Eolian Harp.
19.The World Breath, de L. C. Beckett, pág. 19.
20.The Supreme Spiritual Ideal, editado en The Hibbert Journal, octubre 1956, pág. 28.
21.The Value and Destiny of the Individual, pág. 64.
22.The Value and Destiny of the Individual, págs. 17, 18.
23.Citado en Mirage and Tuth, págs. 73, 74.
24.The Supreme Spiritual Ideal, de S. Radhakrishnan, en The Hibbert Journal, octubre de 1936.
25.Citado en The Way of the Initiation, de Rudolf Steiner, pág. 46.
26.Wrestlers with Christ, de Karl Pfleger, pág. 235.
27.Religion in the Making, pág. 138.
28.The Sciences and Philosophy, pág. 108.
29.Religions of Mankind, pág. 5.
30.He., 12:1.
31.Religions of Mankind, de Otto Karrer, pág. 2
32.Modern Trends in World Religions, de A. E. Haydon, págs. 57, 58.
33.The Meaning of God in Human Experience,
> pág. 315.
34.The Meaning of God in Human Experience, pág. 399.
35.Miratge and Truth, de M. C. D'Arcy, S. J., pág. 203.
36.The Supreme Spiritual Ideal, de S. Radhakrishnan, en "The Hibbert Journal", octubre de 1986.
37.The World Breath, págs. 266, 267.
38.Ídem, pág. 18.
39.I Jn. 2:17.
40.Is. 53:11.
41."A Pilgrim's Quest for the Divine", pág. 227.
42.Wrestler with Christ, de Karl Pfleger, pág. 207.
43.Ídem, pág. 257.
44.The Pathway to Reality, pág. 403.
45.The Decay and Restoration of Civilization, Prefacio, pág. VIII.
46.A Pilgrim's Quest for the Divine, pág. 235.
47.In the Shadow of To-morrow, pág. 209.
48.Citado en Reality and Illusion, de Richard Rothschild, pág. 320.
49.Modern Trends in World Religions, pág. 57.
50.Bibliolatres, pág. 99.
51.Wrestlers with Christ, pág. 57.
52. 1.Mt., 5:16 53.The End of Our Time, pág. 107.
54.Eros and Psyche, de Benchara Branford, pág. 355.
55.The Recovery of Truth, pág. 156.


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