La Exteriorización de la Jerarquía - Primera Parte - El Período de Transición
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Untitled Document El Período de Transición Marzo de 1934
[e9] [i3]
Uno de los resultados en la actual condición
mundial es la aceleración de todas las vidas atómicas sobre y dentro
del planeta. Necesariamente esto involucra la acrecentada actividad vibratoria
del mecanismo humano, con el consiguiente efecto sobre la naturaleza psíquica,
que produce una sensibilidad y una percepción psíquica anormal.
Aquí sería útil recordar que la actual condición de
la humanidad no es simplemente el resultado de un sólo factor, sino de
varios todos simultáneamente activos, porque este período
marca el fin de una era y la inauguración de la nueva.
¿Cómo entrenaremos a nuestros ' sensitivos y síquicos para evitar los peligros, y que los hombres avancen con seguridad hacia su nueva y gloriosa herencia? [i10] Nos ocuparemos primero del entrenamiento y la protección de nuestros psíquicos
y sensitivos. Entonces entrará momentáneamente el nuevo ocupante mediante la vibración sincronizada a través del orificio de la cabeza y el consiguiente empleo del instrumento, facilitado para prestar algún tipo de servicio. Pero este procedimiento nunca deberá seguirse para satisfacer la vana curiosidad o un sufrimiento análogamente vano, basado en la soledad y en la autoconmiseración personales. En la actualidad muchos de los médium de tipo inferior son explotados por el público curioso o infeliz, y por esos peculiares seres humanos cuya conciencia está centrada totalmente abajo del diafragma y cuyo plexo solar es en realidad su cerebro (como lo es el del animal), viéndose obligados a actuar como médium para satisfacer el amor a la sensación o el ansia de consuelo de sus semejantes, igualmente ignorantes. También hay médium, de orden superior, que ofrecen sus vidas para servir a las almas avanzadas que están en el más allá, a fin de que sus semejantes las conozcan, de allí que tanto aquí como en el más allá, hay almas que reciben ayuda y se les da la oportunidad de oír o de servir. Pero también se beneficiarían mediante un entrenamiento más inteligente y una comprensión más [e16] exacta de la técnica de su trabajo y la organización de sus cuerpos. Entonces serían mejores canales e intermediarios más seguros. Ante todo, los psíquicos del mundo deberán captar la necesidad de controlar y no de ser controlados; comprender que todo lo que hacen puede ser hecho por cualquier discípulo entrenado de la Sabiduría Eterna, si la ocasión lo exige y las circunstancias justifican tal despliegue de fuerza. Los psíquicos son fácilmente engañados. Por ejemplo, es evidente que existe en el plano astral una forma mental de mí mismo, vuestro hermano Tibetano. Quienes han recibido las instrucciones mensuales del grado de discípulos, los que han leído los libros que di al mundo con la ayuda de A.A.B. [i12] y también aquellos que trabajan en mi grupo personal de discípulos natural y automáticamente, han ayudado a construir esta forma mental astral. No soy yo, ni está ligada a mí, tampoco la empleo. Me he disociado definitivamente de la misma y no la uso como medio para entrar en contacto con quienes enseño, porque decidí trabajar totalmente en niveles mentales, limitando por ello, sin duda, mi campo de contactos, pero aumentando la efectividad de mi trabajo. Esta forma mental astral es una distorsión de mi persona y de mi trabajo, y es inútil decirlo que se parece a un cascarón animal energetizado. Debido a que esta forma contiene mucha sustancia emocional y también cierta cantidad de sustancia mental, puede tener un amplio atractivo, y su validez es análoga a la de todos los cascarones con los que se entra en contacto, por ejemplo en las sesiones mediumnímicas, y se presenta como si fuera yo, y cuando la intuición no está despierta la ilusión es completa y real. Por lo tanto, los devotos pueden sintonizarse con gran facilidad con esta forma ilusoria y ser totalmente engañados. Su vibración es de un orden relativamente elevado. Su efecto mental es como una bella parodia de mí mismo y sirve para poner a los devotos engañados en contacto con los papiros de la luz astral, que son el reflejo de los registros akáshicos, los cuales se trasforman en los rollos etéricos donde está inscripto el plan para nuestro mundo y del cual, quienes enseñamos, extraemos datos y gran parte de nuestra información. Esto lo distorsiona y aminora la luz astral. Debido a que esta imagen es distorsionada, actúa en los tres mundos de la forma y carece de una fuente valedera superior a la de la forma que contiene en sí las simientes de la separatividad y del desastre. De ella emanan ciertos tipos de alabanza, las ideas de separatividad, los pensamientos que nutren la ambición y fomentan el amor al poder y esos gérmenes de deseo y de anhelo personal que dividen a los grupos. Las consecuencias son muy penosas para los que han sido engañados así. Quisiera señalar además, que la mediumnidad de trance, tal [e17] como se la llama, debe ser inevitablemente reemplazada por esa mediumnidad del hombre o la mujer clarividente o clariaudiente en el plano astral y que, por lo tanto, en plena conciencia vigílica y con el cerebro físico alerta y [i13] activo, puede ofrecerse como intermediario entre los hombres que poseen cuerpos en el plano físico (y, por lo tanto, son ciegos y sordos en niveles sutiles) y quienes han descargado sus cuerpos, y están impedidos de toda comunicación física. Este tipo de psíquico puede comunicarse con ambos grupos, y su valor y utilidad como médium está más allá de todo cálculo cuando tiene una mente centrada o altruista, pura y dedicada al servicio. Pero en el entrenamiento al que se sometan deberán evitar los actuales métodos negativos y, en vez de tratar de desarrollar la mediumnidad en un silencio vacuo y expectante, deben esforzarse por actuar positivamente como almas, y permanecer consciente e inteligentemente en posesión del mecanismo inferior de sus cuerpos; además deben saber qué centro de ese cuerpo emplean mientras trabajan psíquicamente, y aprender a observar, como almas, el mundo de ilusión en el cual emprenden el trabajo; desde su posición elevada y pura deben ver con nitidez, oír con claridad e informar con exactitud, y de este modo servir a su era y generación, haciendo del plano astral un lugar bien conocido de actividad familiar y acostumbrando al género humano a llevar una existencia donde sus semejantes experimenten, vivan y sigan el sendero. No puedo explayarme sobre la técnica de dicho entrenamiento. El tema es demasiado vasto para un breve artículo. Pero sí digo, enfáticamente, que es necesario un entrenamiento más cuidadoso y sensato y el empleo más inteligente del conocimiento que, si se lo busca, está disponible. Apelo a todos los que se interesan en desarrollar el conocimiento psíquico a fin de estudiar, pensar, experimentar, enseñar y aprender, hasta el momento en que el nivel de los fenómenos psíquicos haya sido elevado de su actual posición de ignorancia especulativa y negativa a otra de firme seguridad, de probada técnica y de expresión espiritual. Exhorto a los movimientos tales como las Sociedades de Investigaciones Psíquicas del mundo y al vasto movimiento espiritista, para que pongan el énfasis sobre la expresión divina y no sobre los fenómenos; que aborden el tema desde el ángulo del servicio, y lleven sus investigaciones al reino de la energía y cesen de brindar al público lo que éste desea. La oportunidad [i14] que se les ofrece es grande y la necesidad de su trabajo vital. El servicio prestado ha sido real y esencial, pero si estos movimientos quieren aprovechar la afluencia entrante de energía espiritual, deben trasladar su atención a la esfera de los valores verdaderos. El entrenamiento del intelecto y la presentación al mundo de un grupo de psíquicos inteligentes, [e18] debería ser uno de los objetivos principales, entonces el plano astral será para ellos sólo una etapa en el camino a ese mundo donde se encuentran todos los Guías y Maestros espirituales y desde donde todas las almas vienen a la encarnación y vuelven del lugar de experiencia y experimento. Quizás se pregunten qué terreno debería abarcar este entrenamiento. Sugeriría que la enseñanza se diera sobre la naturaleza del hombre y el propósito y los objetivos del alma; podría ofrecerse también entrenamiento sobre la técnica de expresión, y darse además una cuidadosa instrucción sobre el empleo de los centros del cuerpo etérico, y el desarrollo de la capacidad para mantener incólume la actitud del observador positivo, que es siempre el factor director controlante. Deberá hacerse un cuidadoso análisis del tipo y del carácter del psíquico y luego aplicar métodos diferenciados y adecuados para que pueda progresar con menor dificultad. Las escuelas y clases de entrenamiento, que tratan de desarrollar al estudiante, deben ser graduadas de acuerdo a la etapa de evolución y deberá evitarse el ingreso en un grupo, con la esperanza optimista que algo sobrenatural le suceda. La meta para el psíquico negativo de grado inferior debería ser el entrenamiento de la mente y el cierre del plexo solar, hasta el momento en que pueda funcionar como verdadero mediador; si esto involucra la cesación temporaria de sus poderes mediumnímicos (y, por lo tanto, de su explotación comercial), entonces tanto mejor para él, considerándoselo como alma inmortal, espiritualmente útil, que tiene también un destino espiritual. La instrucción dada al médium y psíquico inteligente debe conducirlo a una plena comprensión de sí mismo y de sus poderes; debería desarrollar esos poderes con cuidado y sin riesgo y estar bien afianzado en la posición [i15] del factor controlante positivo. Sus poderes clarividentes y clariaudientes deberían ser gradualmente perfeccionados, cultivándose la correcta interpretación de lo que ve, con lo cual entra en contacto en el plano de la ilusión, el astral. Veremos así emerger gradualmente en el mundo un gran grupo de psíquicos entrenados cuyos poderes son comprendidos, actuando en el plano astral con tanta inteligencia como cuando lo hacen en el plano físico, y preparándose para expresar los poderes psíquicos superiores -percepción y telepatía espirituales. Estas personas constituirán oportunamente un grupo de almas vinculadoras, mediando entre les que no pueden ver ni oír en el plano astral, por ser prisioneros del cuerpo físico, y los que son igualmente prisioneros del plano astral, por carecer del mecanismo físico de respuesta. Por lo tanto, la gran necesidad no es de que cesemos de consultar [e19] y entrenar a nuestros psíquicos y médiums, sino de que los entrenemos correctamente y los protejamos inteligentemente, vinculando así, por su intermedio, los dos mundos, el físico y el astral. * II. Escuelas y Disciplinas Esotéricas Nuestra segunda pregunta se relaciona con el trabajo de las escuelas o "disciplinas" esotéricas, como a veces se las denomina, y el entrenamiento y la protección de los aspirantes que trabajan en ellas. Ante todo, quisiera aclarar un punto. El gran obstáculo para el trabajo de la mayoría de las escuelas esotéricas, en la actualidad, es su sentido de la separatividad y su intolerancia para otras escuelas y métodos. Los conductores de dichas escuelas deben asimilar el hecho siguiente: Todas las escuelas que reconocen la influencia de la Logia Transhimaláyica y cuyos trabajadores están vinculados, consciente o incons-cientemente, con los Maestros de Sabiduría, tales como el Maestro Morya o el Maestro K. H., constituyen una escuela y parte de una "disciplina". Por lo tanto, no existen esencialmente conflictos de intereses, y en [i16] el aspecto interno -si actúan de alguna manera en forma eficaz- las diferentes escuelas y presentaciones son consideradas como una unidad. No hay diferencia básica en la enseñanza, aunque la terminología empleada pueda variar y la técnica del trabajo sea fundamentalmente idéntica. Si el trabajo de los Grandes Seres debe ir adelante, como es de desear en estos días de tensión y necesidad mundiales, es imperativo que los diferentes grupos empiecen a reconocer la verdadera unidad de su meta, guía y técnica, y sus conductores comprendan que el temor hacia los otros conductores y el deseo de que su grupo sea numéricamente el más importante, predispone al frecuente empleo de las palabras, ésta es una disciplina diferente o su trabajo no es el mismo que el nuestro. Tal actitud obstaculiza el verdadero desarrollo de la vida y la comprensión espirituales, entre los innumerables estudiantes reunidos en las numerosas organizaciones externas, contaminadas en la actualidad por la gran herejía de la separatividad. Los conductores y miembros hablan en términos de nuestra y vuestra, de esta disciplina y de aquella, que este método es el correcto (generalmente el propio) y el otro quizás sea correcto, pero probablemente dudoso o sino, positivamente erróneo. Cada uno considera que su propio grupo está específicamente consagrado a él y a su método de instrucción, [e20] y amenaza a los miembros con terribles resultados si colaboran con miembros de otros grupos. En cambio, deberían reconocer que los estudiantes de escuelas análogas, que trabajan bajo los mismos impulsos espirituales, son miembros de la escuela una y están vinculados en una unidad subjetiva básica. Llegará el momento en que estos diversos grupos esotéricos, actualmente separatistas, tendrán que proclamar su identificación, cuando los conductores, trabajadores y secretarios, se reúnan y aprendan a conocerse y comprenderse. Algún día tal reconocimiento y comprensión los llevará al punto en que procurarán complementar los esfuerzos de cada uno, intercambiar ideas y constituirán, en verdad y de hecho, una gran escuela de esoterismo en el mundo, con diferentes clases y grados, pero todos ocupados en la tarea de entrenar aspirantes y prepararlos para el discipulado, o en supervisar el trabajo de los discípulos que se preparan [i17] para recibir la iniciación. Entonces cesarán las tentativas actuales de obstaculizarse el trabajo mutuamente, mediante la comparación de métodos y técnicas, la crítica y la difamación, la prevención y el cultivo del temor y la insistencia sobre la exclusividad. Estas actitudes y métodos obstaculizan en la actualidad la entrada de la luz pura de la verdad. Los aspirantes de estas escuelas presentan un problema diferente del psiquismo y la mediumnidad comunes. Estos hombres y mujeres se ofrecieron para el entrenamiento intelectual y se sometieron a un proceso forzado, destinado al pleno florecimiento del alma en forma prematura, a fin de servir a la raza, más rápida y eficazmente, y colaborar con el plan de la Jerarquía. Dichos estudiantes se exponen a peligros y dificultades que se hubieran evitado, eligiendo el camino más lento y análogamente más seguro. Este hecho debería ser comprendido por todos los estudiantes de esas escuelas, y el problema cuidadosamente explicado al aspirante que ingresa, para estar alerta y adherirse cuidadosamente a las reglas e instrucciones. No debería permitírsele temer y tampoco negarse él a ser sometido a este proceso forzado; debería ingresar con los ojos totalmente abiertos y aprender a valerse de las protecciones ofrecidas y de la experiencia de los estudiantes más antiguos. En todas las escuelas esotéricas, el énfasis es puesto necesaria y correctamente sobre la meditación. Técnicamente hablando, la meditación es el proceso por el cual el centro coronario despierta, se lo controla y utiliza. Cuando esto sucede, el alma y la personalidad se coordinan y fusionan, y tiene lugar la unificación que produce en el aspirante una enorme afluencia de energía espiritual, energetizando todo su ser para que entre en actividad, trayendo a la superficie el bien latente y también el mal. Aquí reside gran [e21] parte del problema y del peligro. Por eso la insistencia de tales escuelas verdaderas, sobre la necesidad de que haya pureza y veracidad. Se ha insistido demasiado en la necesidad de pureza física y no suficientemente en la necesidad de evitar todo fanatismo e intolerancia. Estos dos defectos obstaculizan al estudiante mucho más [i18] que la dieta errónea, y nutren los fuegos de la separatividad más que cualquier otro factor. La meditación implica vivir una vida enfocada cada día y siempre. Esto impone forzosamente una indebida tensión a las células del cerebro, porque entran en actividad las células pasivas, y despierta la conciencia cerebral a la luz del alma. Este proceso de meditación ordenada, cuando se lleva a cabo durante un período de años, complementado por la vida meditativa y un servicio concentrado, despertará exitosamente todo el sistema y pondrá al hombre inferior bajo la influencia y el control del hombre espiritual; además despertará los centros de fuerza en el cuerpo etérico y estimulará, para entrar en actividad, esa misteriosa corriente de energía que duerme en la base de la columna vertebral. Cuando este proceso sea llevado adelante con cuidado y con la debida protección y dirección y cuando el proceso se extienda durante un largo lapso, se aminorará el peligro y el despertar tendrá lugar en forma normal y de acuerdo a la ley del ser. No obstante, si la sintonización y el despertar es forzado, o llevado a cabo por ejercicios de distintos tipos, antes de que el estudiante esté preparado y los cuerpos coordinados y desarrollados, entonces el aspirante va directamente al desastre. Los ejercicios de respiración o entrenamiento de pranayama, no deberían emprenderse sin una guía experta y sólo después de años de dedicación, de devoción y servicio espirituales; la concentración sobre los centros que existen en el cuerpo físico (con la intención de despertarlos) debe evitarse siempre, pues provocará el sobreestímulo y abrirá las puertas al plano astral, que el estudiante tendrá dificultad en cerrar. Nunca insistiré demasiado a los aspirantes de todas las escuelas ocultistas que para este período de transición se recomienda la yoga de la intención enfocada, del propósito dirigido, de la constante práctica de la Presencia de Dios y de la meditación regular ordenada, practicada sistemática y constantemente durante años de esfuerzo. Cuando esto se efectúa con desapego y va acompañado por una vida de servicio amoroso, el despertar de los centros y la elevación del adormecido fuego kundalínico tendrá lugar sin peligro y con cordura, y todo el sistema será llevado a [i19] la requerida etapa de vivencia. No puedo evitar de precaver suficientemente a los estudiantes contra la práctica de los intensos procesos de meditación durante horas, o contra las prácticas que tienen por objetivo la elevación de los fuegos del cuerpo, el despertar de un centro [e22] determinado y el movimiento del fuego serpentino. El estímulo mundial general es tan grande en este momento y el aspirante común es tan sensible y sutilmente organizado, que la excesiva meditación, la dieta fanática, el cercenamiento, de las horas de sueño o el indebido interés en la experiencia psíquica y su énfasis, romperá el equilibrio mental y producirá a menudo un daño irreparable. Que los estudiantes de las escuelas esotéricas se dispongan a realizar un trabajo firme, tranquilo y no emocional. Que se abstengan de horas de estudio y de meditación prolongadas. Sus cuerpos son todavía incapaces de mantener la tensión requerida y sólo se perjudican a sí mismos. Que lleven vidas normales de trabajo y recuerden, en la presión de los deberes y servicios diarios, quiénes son ellos esencialmente y cuáles son sus metas y objetivos. Que mediten regularmente cada mañana, empezando con un período de quince minutos, no excediendo nunca los cuarenta. Que se olviden de sí mismos al servir y que no concentren su interés sobre su propio desarrollo psíquico. Que entrenen sus mentes con una medida normal de estudio y aprendan a pensar inteligentemente, de manera de equilibrar sus emociones y permitirles interpretar correctamente aquello con lo que entran en contacto a medida que aumenta su percepción y se expande su conciencia. Los estudiantes deben recordar que no es suficiente tener devoción al Sendero o al Maestro. Los Grandes Seres buscan colaboradores y trabajadores inteligentes, más que devoción a Sus Personalidades, y al estudiante que camina independientemente a la luz de su propia alma lo consideran un instrumento en el cual se puede confiar, más que en un fanático devoto. La luz de su alma le revelará al aspirante serio la unidad que subyace en todos los grupos y le permitirá eliminar el veneno de la intolerancia que contamina y obstaculiza a tantos; le hará reconocer los fundamentos espirituales que guían los pasos de la humanidad; lo obligará [i20] a pasar por alto la intolerancia, el fanatismo y la separatividad que caracterizan a las mentes pequeñas y al principiante en el sendero, y lo ayudará a amar en tal forma que comenzará a ver con más veracidad y ampliará su horizonte; le permitirá estimar en verdad el valor esotérico del servicio y le enseñará sobre todo a practicar esa inofensividad que es la cualidad sobresaliente de todo hijo de Dios. La inofensividad que no pronuncia ninguna palabra que perjudique a otra persona, que no tiene ningún pensamiento que envenene o produzca un malentendido, y que no efectúa ninguna acción que pueda herir al más insignificante de sus hermanos virtud principal que permitirá al estudiante esotérico hollar sin peligro el difícil sendero del desarrollo. Cuando se acentúa el servicio al semejante y la tendencia de la fuerza vital se exterioriza [e23] hacia el mundo, entonces no existe peligro y el aspirante puede meditar, aspirar y trabajar sin riesgos. Su móvil es puro y trata de descentralizar su personalidad y apartar de sí mismo el foco de su atención, dirigiéndolo al grupo. De esta manera, la vida del alma puede afluir a través suyo y expresarse como amor hacia todos los seres. Sabe que es parte de un todo y la vida de ese todo puede afluir conscientemente a través de él, conduciéndolo a la comprensión de la hermandad y de su unicidad en relación con todas las vidas manifestadas. * Tratado sobre los Siete Rayos, T. II (Psicología Esotérica), págs. 418-450. |
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